Colapsó la Cumbre de la OMC en Cancún: temas pendientes y sus implicancias para América Latina, por Eduardo Gudynas

El domingo 14 de setiembre, a primera hora de la tarde, se anunció el fracaso de la cumbre ministerial de la OMC en Cancún. Desde el día anterior tenían lugar reuniones de negociación, algunas de ellas a puertas cerradas y en pequeños grupos de países claves, que en algunos casos llegaron hasta muy entrada la madrugada. Se volvieron a repetir los mecanismos antidemocráticos con reuniones restringidas, llamadas de la “sala verde”

Se repitió el descarrilamiento que tuvo lugar en Seattle, aunque desde otros actores y con otros énfasis, aunque una vez más con la presión ciudadana en las calles.

Por momentos la situación fue tragicómica: cuando se distribuyó el borrador de la declaración ministerial, los delegados se avalanzaban sobre las fotocopiadoras y lo leían en las mesas de la cafetería, en los sillones del hall, o simplemente recostados contra las paredes. Sólo disponían de unas 30 horas para comprender el texto, analizarlo y establecer sus posiciones. Un documento que cubre las regulaciones sobre el comercio mundial sobre bienes y servicios es distribuido contrareloj, ignorando los reclamos de muchas naciones del sur y en un clima de presión. Pude observar toda una delegación completa de un país asiático arrimando las mesas de la cafetería del Centro de Convenciones, y comenzar a leer renglón por renglón el borrador, lápices en mano, subrayando los puntos clave. La presiones del tiempo eran tales que las delegaciones estuvieron hasta altas horas de la madrugada discutiendo. Esta es una forma de funcionar que ni siquiera se ve en una asociación vecinal o parroquial … pero que es usual dentro de la OMC -así es que como se manejan los asuntos del comercio global.

A pesar de este pobre estilo, y de todas las presiones que ejercían Washington y Bruselas, el día domingo amaneció sin acuerdos. Un grupo muy importante de naciones en desarrollo de Africa y Asia rechazan de plano la incorporación de los “temas de Singapur”, como las regulaciones de las compras gubernamentales, facilitación del comercio e inversiones.

A tempranas horas de la tarde las tensiones y discrepancias desembocaron en que una buena parte de los delegados de los países africanos abandonaran la sala de sesiones; algunos de ellos llegaron a la sala de la prensa y en medio de un generalizado tumulto anunciaban que dejaban las negociaciones. Casi al mismo tiempo, el canciller mexicano, como presidente de las sesiones, indicaba que era evidente que las posiciones eran muy distantes y no se podía llegar a un acuerdo, ni siquiera extendiendo el plazo del encuentro. Y también casi al mismo tiempo, el comisario europeo de agricultura hacia declaraciones en el mismo sentido: no era posible el acuerdo.

En unos pocos minutos quedó en claro que la cumbre ministerial de Cancún fracasó. En sucesivas conferencias de prensa se ofrecieron las mas diversas explicaciones, mientras cientos de representantes de ONGs se felicitaban por haber contribuido a evitar un acuerdo que consideraban altamente negativo. En el centro de conferencias se cantaba “hemos ganado” y hasta los periodistas festejaban el resultado.

Inmediatamente después del anuncio se sucedieron las conferencias de prensa de las delegaciones. Todas ellas mantuvieron un tono calmado, en algunos casos se insinuaron responsabilidades, pero en genera el sentido evidente era de fracaso.

Se pueden señalar algunos resultados destacados del colapso en Cancún. El primero es que se evitó un acuerdo que fuera negativo, y por la propia naturaleza del fracaso, quedaron todavía más en evidencia las injustas relaciones en el comercio global en general, y en la agricultura en especial.

En segundo lugar, buena parte de los países del sur salen fortalecidos, y en particular las coaliciones de naciones africanas, las de la coalición Asia – Caribe – Pacífico, y el Grupo 20-plus liderado por Brasil, China, India y Sudáfrica. Si bien estos representan varias coaliaciones es un hecho notable que los países del sur lograran coordinar sus reclamos y mantenerse firmes en ellos, haciendo valer el poder de veto que de hecho poseen dentro de la OMC. Este es uno de los resultados destacables de la reunión de Cancún, y queda abierta la pregunta si esas coaliciones sur-sur se mantendrán.

El Grupo de los 20-plus que incluye a muchas naciones Latinoamericanas, sumó nuevos socios en las últimas horas (Nigeria e Indonesia), y mantuvieron una buena unidad en las negociaciones. El grupo está específicamente enfocado en los temas de agricultura, y no se expide en otras cuestiones, en algunas de las cuales las diferencias entre esas naciones son evidentes.

La existencia del Grupo 20-plus (como se lo denomina ahora) fortalece el poder de negociación de Brasil, reconocido por las demás países como uno de sus motores. Pero no todas las naciones Latinoamericanos se han sumado a esa iniciativa. Por otro lado, este grupo dejó claramente en segundo plano a un actor tradicional en los temas agropecuarios, el Grupo de Cairns, cuyo futuro queda entonces bajo un signo de interrogación.

En tercer lugar, con el colapso del encuentro el punto de referencia en los temas agropecuarios vuelve a ser el borrador de C. Pérez del Castillo, presentado en Ginebra a fines de agosto. Algunos países del Grupo 20-plus ya han indicado que desean que los avances que lograron en Cancún con esos temas sean respetados y mantenidos en la futura negociación. Permanece como acuerdo marco la resolución de Doha, la que tiene más de una ambigüedad. Se avecinan posibles conflictos comerciales serios; por ejemplo, la “cláusula de paz” que impide los reclamos contra las medidas de protección de los países del norte perderá su vigencia a fines de 2003, con lo que se abre una puerta a una avalancha de demandas desde las naciones del sur. El tema agrícola se convierte así en un factor clave para acelerar nuevas consultas dentro de la OMC.

En cuarto lugar, este fracaso ha dejado al desnudo la agenda contraria al desarrollo de los países industrializados, y en especial los Estados Unidos y la UE. Ambos han abusado de las promesas que luego no cumplen, y los casos del comercio en algodón como de incluir los temas de Singapur son un ejemplo de esas tácticas. Para muchas naciones de Africa y Asia, cuya participación es marginal en el comercio global, deja de tener sentido participar en un sistema multilateral de comercio que lo único que logra es legitimar las reglas por las cuales las excluyen. Varios ministros han enfatizado que sus pueblos ya no pueden esperar más.

El colapso de Cancún también ha dejado muy dañada a la OMC, reforzando su pésima imagen ante la opinión pública global. En estos días las naciones ricas han abusado de las presiones; por ejemplo Estados Unidos ha usado alternativamente las amenazas de represalias junto a las ofertas de ayudas y acuerdos de comercio. Todo el sistema de comercio multilateral queda dañado, y se deberá determinar los impactos concretos en los próximos meses. Es posible que esto refuerce la tendencia a los acuerdos regionales y multilaterales, lo que podría acentuar la fase de expansión del Mercosur hacia las naciones andinas.

Los hechos que se han vivido en Cancún han sido un importante avance para las organizaciones ciudadanas. Si alguien tenía dudas sobre los aspectos negativos de la OMC, la forma en que se ha comportado la organización y su incapacidad para tomar los temas de desarrollo, demuestran que casi todas las críticas están bien orientadas. No puede insistirse en que la OMC es una organización seria mientras distribuye un borrador de regulaciones sobre todo el comercio global un sábado por la tarde, dándole unas 30 horas a más de 140 países para que lo lean, entiendan y aprueben.

El fracaso en Cancún tiene además implicancias para las negociaciones del Area de Libre Comercio de las América (ALCA). Las posiciones de Brasil se refuerzan, la importancia del tema agrícola aumenta (al carecer de un acuerdo en la OMC sobre el cual basarse, la negociación agrícola en las Américas cobra una nueva importancia). Sin embargo, los gobiernos Latinoamericanos no ejercen un rechazo a los temas de inversiones, ya que muchas de las naciones han liberalizado en grado extremo el flujo financiero. En ese terreno las oposiciones más importantes están entre las organizaciones ciudadanas y los sindicatos.

El fracaso de la OMC refuerza la postura de R. Zoellick de insistir con los acuerdos bilaterales, una actitud que recordó en su conferencia de prensa. Muchos de esos acuerdos están en marcha con naciones Latinoamericanas, aunque uno de los líderes del congreso de ese país volvió a insistir con un mensaje casi amenazador de “tomar nota” de aquellas naciones “que no jugaron un rol constructivo” en Cancún. Se avanza de esta manera en un esquema individualista, donde se deja de lado poco a poco los sistemas multilaterales de mutua corresponsabilidad, y se apelan a convenios bilaterales (Chile – EE UU) o regionales (CAFTA y ALCA).

Cancún finaliza dejando al desnudo las debilidades de la OMC, el egoismo y petulancia de las naciones industrializadas, pero con un cierto sabor de esperanza al comprobar que si las organizaciones ciudadanas y los gobiernos se comprometen con el desarrollo de los pueblos, los cambios son posibles.

Eduardo Gudynas es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).

Fuente: La Insignia

Publicado por: SERPAL N° 247 - 03

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