Colombia: biodiversidad, propiedad intelectual y el TLC

Idioma Español
País Colombia

"A lo largo de la historia, Colombia ha sido un país arrodillado a los intereses internacionales que sobre el territorio nacional han posado sus colmillos, influyendo en el proceder de las élites del poder nacional hacia la mayoría de la población". Serie de documentos de análisis: TLC y biodiversidad: ¿qué ha pasado?; TLC, propiedad intelectual y biodiversidad; TLC Colombia-Estados Unidos: negociando a espaldas de la soberanía y de la justicia ambiental; TLC, propiedad intelectual y biodiversidad: atando cabos

TLC y biodiversidad: ¿qué ha pasado?

El subdesarrollo no es una etapa del desarrollo. Es su consecuencia. El subdesarrollo de América Latina proviene del desarrollo ajeno y continúa alimentándolo.Eduardo Galeano, 1973.

A manera de introducción

A lo largo de la historia, Colombia ha sido un país arrodillado a los intereses internacionales que sobre el territorio nacional han posado sus colmillos, influyendo en el proceder de las élites del poder nacional hacia la mayoría de la población. El servilismo casi mendigo de los dueños del poder ha hecho que el país haya sido víctima de un vampirismo voraz, que se ha llevado de paso gran parte de las riquezas del mismo.

Sin embargo esto no es solo un problema de política internacional, ni siquiera de política interna. Es un problema también que le atañe a la cultura del colombiano común: falto de cultura política, conformista y poco interesado en los temas trascendentales de la nación. El desconocimiento de lo que acontece en su sociedad y más en su medio ambiente han sido decisivos para que otros vengan e impongan las reglas del juego, haciéndonos creer que nos están mostrando la llave hacia el “desarrollo”, al tiempo que como sociedad hemos socavado juiciosamente nuestro precario destino.

Los anteriores aspectos mencionados sirven de colofón para tratar este (hasta ahora) misterioso tema, que sin duda alguna es el más invisibilizado, pero no por eso el más importante del país: la propiedad intelectual y biodiversidad en el TLC. Haciendo un análisis más profundo sobre la temática actual, se pueden visualizar fácilmente muchos de los conflictos políticos, culturales y sociales que tiene el país. Todo a partir de la falta de conocimiento y valoramiento de nuestro mayor patrimonio, que no es ni Juan Valdez, ni Shakira, ni Juanes, ni Gabriel García Márquez (con todo respeto) o ni siquiera nuestro falso orgullo patrio: es nuestra biodiversidad, los conocimientos tradicionales y populares en torno a ella y los territorios que los albergan (ecosistemas estratégicos).

En la siguiente entrega, estructurada en tres partes, no pretendo sentar la verdad absoluta. Simplemente recojo un pequeño conjunto de visiones (incluyendo la personal, por eso excuso un posible sesgo) en torno a este trascendental tema.

  • La primera parte constará de una introducción sobre el contexto de los tratados de libre comercio y su relación con patentes, propiedad intelectual y biodiversidad.
  • La segunda recogerá información puntual de la situación del TLC entre Colombia y Estados Unidos en este tema, en donde se esperaba consultar a personas idóneas en especial a académicos, pero por circunstancias ajenas a mi voluntad no fue posible. En cambio, pude obtener el contacto con una persona que ha estado cerca del proceso de negociación como único veedor ciudadano. A su vez, el contacto con este personaje permitió acceder a información-insumo, en donde se profundiza en los aspectos tocados someramente en la primera parte.
  • Finalmente la tercera parte tendrá una conclusión y reflexión en torno al tema, dejando abierta la discusión.

Antes de comenzar, vale la pena aclarar que el tema de propiedad intelectual y biodiversidad es un capítulo considerado aparte al de medio ambiente y recursos naturales en el Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos. Lo cual no indica que deban entenderse en este documento como algo aparte, sino, por el contrario, deben entenderse como un solo componente.

Entremos en materia.

TLC, propiedad intelectual y biodiversidad

Tratados de Libre Comercio (TLC)

Un tratado de libre comercio ( TLC) es un acuerdo entre dos o más países (de forma bilateral o regional, respectivamente) en el que se establece no sólo la eliminación progresiva de los aranceles, sino que toca aspectos que van desde la inversión, pasando por los derechos de propiedad intelectual, hasta las políticas de competencia, la legislación laboral e incluso temas ambientales. En otras palabras, es como si usted le brindara toda la confianza a su vecino para negociar con él pero bajo ciertas condiciones conocidas por ambas partes. Lo que no implica que dichas condiciones sean simétricas (iguales) entre una parte y la otra. Básicamente es una apertura comercial que no implica una integración comercial.

En teoría, un TLC debe buscar la eliminación de barreras que disminuyan el comercio (incluso las no arancelarias, o de importaciones), fomentar la competitividad económica en igualdad de condiciones, aumentar la inversión, proporcionar protección a los derechos de propiedad intelectual, estimular la producción nacional (por lo de la competitividad) y fomentar la cooperación entre naciones.

Ojo, TLC no se debe confundir con el ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas), pues este último será la unión de todos los TLC que se han negociado (como el de Centroamérica, Chile, Panamá) y los que aún están en proceso de aprobación (como Colombia y Perú). Aunque el ALCA como iniciativa surgió primero que todos estos TLC, al parecer sus directrices son las que han definido cada uno de estos por aparte. Algunos entonces han sugerido un desvanecimiento con el tiempo de dicha iniciativa.

Sin embargo, la polémica encendida por este tipo de tratados radica en un fundamento básico de lo que se puede entender por libre comercio (o Free Trade como le dicen los gringos). Este concepto tiene su base en el siglo XVIII y está asociado a corrientes del liberalismo mercantil de dicha época y que fue reintroducido en los años 50 del siglo XX, justo después de la Segunda Guerra Mundial. Según sus opositores (entre los que me incluyo), no es más que quitar del camino cualquier tipo de barrera comercial como los impuestos nacionales, decretos, etc., para que los grandes capitales multinacionales puedan hacer su agosto. Este modelo no es más que la verdadera globalización, que en nombre de un atractivo mundo libre de fronteras, es en realidad el culto a la mercantilización de todo lo que conocemos y a la concentración del poder económico en unas pocas manos, desechando por completo la noción del Estado-Nación, ya en peligro de extinción. No es que esté en contra de todo el fenómeno de globalización, pero una cosa es el pensar de forma global y universal y otra es la de pensar que el Planeta es un gran supermercado en donde todo tiene precio, hasta la vida misma.

Una visión interesante que se contrapone al libre comercio es el comercio justo (o Fair Trade siguiendo con el gringo). Palabras más, palabras menos, es una forma para hacer que el pequeño productor (preferiblemente el que cultiva de forma orgánica) reciba un valor agregado al valor comercial y que no requiera a intermediarios para poder vender. Hay que recordar que los productores de alimentos sólo ganan un 5% aproximadamente del monto de dinero que se ganan las multinacionales. Este modelo es un poco más coherente con el contexto latinoamericano, teniendo en cuenta que la adopción de otros modelos económicos de corte capitalista y neoliberal (y no soy un tirapiedra) ha beneficiado los intereses de las multinacionales y ha implicado la imposición de modelos productivos que van en detrimento no sólo de las condiciones laborales y sociales de la gente, sino del impacto al mismo ambiente y a la biodiversidad. Las dinámicas de la biodiversidad tropical no comprenden el afán mercantil del norte.

Antecedentes de la propiedad intelectual y la biodiversidad en relación con los TLC

La biodiversidad es una especie de biblioteca natural que contiene información valiosa que se ha generado a través de millones de años de evolución de los organismos vivos. La relación territorial de las comunidades indígenas con la biodiversidad ha permitido, por ejemplo, que las plantas que se usan en la actualidad en el sistema alimentario mundial sean asequibles por medio de la domesticación. Por más que los laboratorios de las multinacionales lo intenten, no van a lograr replicar la diversidad genética generada de la evolución de los seres vivos y su interacción con el ambiente y el mismo ser humano, a lo largo de miles y millones de años [1].

El tema de la propiedad intelectual y la biodiversidad es de vieja data, sin embargo, casi siempre ha estado reducido hacia el sector de los medicamentos. En el ámbito mercantil, la propiedad intelectual fue introducida en la Ronda de Uruguay de negociaciones del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (o el General Agreement on Tariffs and Trade, GATT, en inglés, hoy Organización Mundial de Comercio, OMC) por presión de los Estados Unidos y otros países industrializados, con el fin de uniformizar los parámetros internacionales en este campo [2].

Ya desde la década de 1970 estaba haciendo carrera la idea de que los bosques tropicales son como una especie de gran despensa de medicamentos para enfermedades de las que incluso su cura aún se desconoce. Esta idea surge debido a la gran diversidad de plantas presentes en los ecosistemas tropicales.

Thomas Eisner, entomólogo de la Universidad de Cornell a finales de los años 80, pensaba que hacía falta un elemento básico para que ese argumento pasara de una simple declaración a la práctica [3]. En el año de 1989, el señor Eisner propuso el término de “prospección química”, en donde una gran empresa farmacéutica estableciera un acuerdo con el país que poseyera el bosque, en donde la primera recibiera beneficios por la explotación del fármaco, supuestamente asegurando la conservación y uso sostenible de la biodiversidad.

Años más tarde se empezó a cambiar el término de “prospección química” por el de "bioprospección”. La búsqueda sistemática de nuevas fuentes de productos comercializables derivados de elementos de la biodiversidad se amplió para considerar no sólo el rastreo de extractos químicos de plantas, sino también el de animales y microorganismos silvestres y domesticados incluyendo el de sus propiedades genéticas.

Realmente la bioprospección ha existido desde que la humanidad surgió, pero hay que tener claro que el concepto de Eisner iba más allá de la mera búsqueda de productos naturales para uso humano. Era establecer una relación en donde el país que tiene el potencial científico comparta ganancias e incentivos con el país de origen de los recursos de biodiversidad, para apoyar sus esfuerzos de conservación in situ de los ecosistemas tropicales. Cosa que hasta ahora no ha sido ratificada en la práctica, pues los que reciben los beneficios son los que hacen el trabajo de prospección (prospectores o bioprospectores). Un caso bastante conocido es el del Instituto INBIO en Costa Rica, que ha sido pionero de estos controvertidos procesos de bioprospección.

El Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), biopiratería, bioprospección y propiedad intelectual

El Convenio sobre la Diversidad Biológica ( CDB) surge a raíz de la Cumbre de Río de Janeiro de 1992 y es firmado por 150 países, entre ellos Colombia. Según el mismo CBD, es una herramienta que permite aterrizar los principios de la Agenda 21 de la ONU en cuanto a la biodiversidad y llevarlos a la práctica. Es decir, reconoce que la biodiversidad ( en sus distintos niveles, genes, especies, ecosistemas y paisajes) es fundamental para el desarrollo de la humanidad y ante todo debe garantizarse su aprovechamiento de forma justa y sostenible.

Al interior del CDB, se ha estado trabajando en un Protocolo sobre Bioseguridad que sea legalmente vinculante para todos los países miembros. Una de las razones por las que los Estados Unidos no han ratificado el CDB es porque ve en las medidas de bioseguridad una barrera para el comercio mundial, esto sin tener en cuenta aspectos como la manipulación genética y los transgénicos. Un obstáculo más para el libre comercio.

EL CDB entonces establece el cambio de elementos y componentes de la biodiversidad porque ya no serán "patrimonio de la humanidad", sino que recaen bajo la soberanía y las leyes de cada estado nación, haciendo que las transnacionales de los recursos genéticos y bioquímicos se vean obligadas a formalizar contratos con los países fuente y establecer reglas del juego “equitativas”. Como ven, otro obstáculo más, que hasta el momento ha sido evitado al parecer por algunas multinacionales y también por la ambigüedad que contiene el Convenio.

Además, bajo el CDB es obligatorio realizar un paso previo de aprobación con conocimiento de causa por parte de las comunidades locales y pueblos indígenas localizados en las cercanías del área elegida para la investigación o prospección. En ese consentimiento informado previamente se incluiría la definición de beneficios derivados del uso de los recursos genéticos y bioquímicos, y del conocimiento asociado. Reitero, esto en la mayoría de los casos no se presenta.

Sin embargo como ya veíamos líneas arriba, los temas de la bioprospección ya han tenido una fuerte resistencia en el continente. Lastimosamente durante las negociaciones del TLC para los países andinos, nunca se consultó (ni aún se ha consultado) a los pueblos de la región andina sobre sus pretensiones. Por una parte los países andinos pretendieron que las normas de propiedad intelectual establecidas en el Tratado apoyaran la conservación y uso sostenible de la biodiversidad única de esta región. Sin embargo, Estados Unidos sólo se preocupó porque sus bioprospectores incrementaran las invenciones patentables. Este es un tema que implica directamente a las comunidades indígenas [4].

Acá es donde entra la definición de biocomercio. Este último se refiere al conjunto de actividades de recolección y/o producción, procesamiento y comercialización de bienes y servicios derivados de la biodiversidad nativa, bajo criterios de sostenibilidad ambiental, social y económica [5].

En la iniciativa de biocomercio los componentes de la biodiversidad son considerados como “productos y servicios”, por lo que se aplica también al componente netamente económico y mercantil. En otras palabras, la naturaleza mercantilizada, tal cual como lo han dicho personajes de la talla de Enrique Leff, Leonardo Boff o Joan Martínez-Alier en reiteradas ocasiones. Lo que finalmente ocasionaría todo esto es un gran impacto hacia las economías locales y por supuesto a la biodiversidad. Ampliamente se ha mencionado que la demanda de bioproductos puede acarrear impactos ecológicos y sociales. Los que defienden este tipo de iniciativas aducen que de por sí el comercio va a contribuir a la conservación de los recursos, tal y como veíamos en la bioprospección. Esto es discutible, porque el desarrollo va más hacia lo destructivo que a lo constructivo, que en términos prácticos es una básica relación demanda/oferta, en donde la oferta no siempre es infinita (la biodiversidad) para la cantidad de demanda. Sin embargo, la discusión también va hacia la equidad social del disfrute y goce del uso sustentable de la biodiversidad.

En Colombia, la iniciativa de biocomercio la lidera el Instituto Alexander von Humboldt, el cual la define de la siguiente manera:

“Diseñar y desarrollar mecanismos que impulsen la inversión y el comercio de los productos y servicios de la biodiversidad o amigables con ella para alcanzar los objetivos del Convenio de Diversidad Biológica (CDB) y el desarrollo sostenible en Colombia”.

Hace unos meses comenté de manera extensa el tema en mi blog, que lo conecta directamente con la dinámica de la biopiratería. Sintetizando un poco el post al cual hago referencia (bastante pertinente para estos temas), el biocomercio parece ser un instrumento respaldado por los grandes capitales financieros mundiales, para expropiar la biodiversidad de los países megadiversos incluyendo la propiedad intelectual asociada a la misma. En pocas palabras, el biocomercio y la bioprospección son marcos jurídicos que legalizan la biopiratería.

Con estas y otras prácticas de pillaje y chantaje, a países como el nuestro nos están metiendo un golazo. Otra cosa es que nadie lo vea porque con cuentos bonitos y sofismas de distracción a manera de cortinas de humo, la real situación se trata y ante todo se negocia a espaldas de todos.

(Espere mañana: TLC Colombia-Estados Unidos: Negociando a espaldas de la soberanía y de la justicia ambiental)

[1] Aportes de: Boege, E. 2000. Protegiendo lo nuestro. Manual para la gestión ambiental comunitaria, uso y conservación de la biodiversidad de los campesinos indígenas de América Latina. PNUMA. México D.F.

[2] Según Elizabeth Bravo, Estrategias de Bioprospección. Acción Ecológica, Ecuador [ enlace]

[3] Rodríguez, S. y Camacho, A. 1997. La bioprospección: Frente a las nuevas dimensiones de la responsabilidad . Ponencia presentada en taller internacional: Responsabilidad de los negocios para la protección ambiental en los países subdesarrollados. Programa CAMBIOS-UNA y UNRISD (United Nations Research Institute for Social Development). San José, Costa Rica.

[4] Gómez – Lee, M. I. 2005. Las patentes sobre biodiversidad en el TLC: Negocio inconsulto. Oasis (11): 103-134.

[5] Definición acordada por los programas de Biocomercio (PFT), la CAN, La UNCTAD y la CAF 2004 2. El término Biocomercio fue adoptado durante la VI conferencia de las partes del CDB en 1996.

TLC Colombia-Estados Unidos: negociando a espaldas de la soberanía y de la justicia ambiental

Efraín Olarte Olarte es un ciudadano común y corriente, como usted o como yo. Contador público retirado, quien se ha convertido en el representante de los veedores ciudadanos en la mesa de propiedad intelectual, patentes y biodiversidad del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos. Ha hecho un trabajo de control social desde hace más de tres años cuyos frutos no han sido reseñados ampliamente por los medios y de una u otra forma no han sido reconocidos ni tenidos en cuenta por el gobierno colombiano y demás entes estatales, no para infortunio de Efraín, sino para el de todos los colombianos. Una de sus principales acciones como veedor ciudadano fue la de haber coadyuvado una acción popular que demandó al Gobierno colombiano por violar la Constitución a la firma del TLC. Lastimosamente, el Consejo de Estado no dio curso a este proceso.

Paralelamente a esto, por estos lados (ambientalistas) el Foro Social Mundial que se realizó en Curitiba (Brasil) lo nominó a una distinción alternativa debido a su lucha contra la biopiratería. En estos momentos, debido a su insistencia, la Dirección de Acciones Judiciales de la Defensoría del Pueblo está estudiando a profundidad sus denuncias en la parte del interés del TLC para Estados Unidos.

Por estas razones, decidí contactarlo para este especial, en donde equinoXio sea el espacio que visibilice su valiente acción, pues ya ha sido hostigado en varias ocasiones por su labor y amerita su caso, para tenerse en cuenta, pues no debemos esperar que la solución venga de arriba sino que la ciudadanía entera puede tener el poder de injerencia sobre lo público. A continuación se presenta una entrevista con este personaje.

Germán Quimbayo: ¿Cómo y por qué se vinculó a este proceso de seguimiento al TLC, en especial del capítulo de propiedad intelectual y biodiversidad?

Efraín Olarte Olarte: En el año 2000 abandoné la parte lucrativa de mi profesión de contador público y decidí ser útil a la sociedad mediante el ejercicio del control social a la gestión publica, utilizando los diversos espacios de participación ciudadana creados en la Constitución: acciones populares, tutela, cumplimiento, derechos de petición, acciones voluntarias, veedurías ciudadanas, entre otros ( sic).

En ejercicio de esa noble labor, en el año 2002 entablé una acción popular contra el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo con el fin de evitar que mediante la reglamentación de una parte de la propiedad intelectual en medicamentos, el llamado secreto empresarial, se limitara el acceso universal a medicamentos, en especial a los portadores y potenciales enfermos de cáncer, sida, tuberculosis, hepatitis y otras enfermedades de las llamadas catastróficas. Infortunadamente fracasé debido a que el Consejo de Estado consideró que con base en un proyecto de decreto no era procedente la acción popular, olvidando la sentencia de la Corte Constitucional que dice que para tramitar una acción popular no es necesario la existencia de una norma; para darle trámite son suficientes su carácter preventivo, indicios y hechos en el sentido de que se pueden llegar a violar uno o algunos de los derechos colectivos, en este caso el de la salud.

Sin embargo no desfallecí y acudí a la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA e insistí ante el Ministerio de Protección Social y el de Comercio pidiéndoles que realizaran una audiencia pública para tratar la problemática de los medicamentos. El Mincomercio me contestó que no era necesario; además, me invitó a participar en el TLC con Estados Unidos que se estaba iniciando.

Al otro día de conocer la invitación, en un lugar público por primera vez en mi vida leí un folleto sobre el patentamiento de seres vivos (animales, plantas, partes del ser humano y microorganismos) quedando anonadado e incrédulo de tamaña monstruosidad, pues mi vocación cristiana me indica que el único dueño de la vida es Dios. A partir de ese momento mi vida sufrió un fuerte cambio, me fui metiendo en el maravilloso mundo de los defensores del medio ambiente y le dije al Ministro que aceptaba la invitación pero que haría un control social participativo sobre los seres vivos.

G.Q.: ¿Cuánto tiempo duró la mesa de seguimiento de este proceso? ¿Cómo era considerada la posición como veedor ciudadano?

E.O.O.: Mi participación en el TLC se inició en el último trimestre del 2003 y continúa mediante un informe al Congreso de la República donde ilustro sobre lo sucedido. Luego continuaré en la Corte Constitucional y seguiré luchando hasta el último día de mi vida.

En diversos escritos traté de convencer a los negociadores de la inconveniencia de negociar patentes sobre seres vivos. Fui leído, pero mis sugerencias fueron desechadas; prueba de ello son el primer oficio que le dirigí al Ministro el 2 de enero del 2004, donde le argumenté las razones por las cuales no debíamos negociar patentes: los bienes de uso público no son negociables, jurídicamente Colombia es débil ante Estados Unidos, existe una ausencia del Ministerio responsable del Medio Ambiente, hay una falta de claridad del Mincomex y el Gobierno no sabe qué va a negociar. Y un derecho de petición ( sic) formulado al Señor Presidente de la República, pocos meses antes de cerrarse la negociación en el 2006. En él le dije que siendo él único responsable (el Presidente de la República) del tema de la propiedad intelectual en biodiversidad –recursos genéticos- y conocimiento tradicional en el TLC, debía abstenerse de aprobar la propuesta de la CAN (Comunidad Andina de Naciones) complementada con la adhesión o ratificación de convenios y acuerdos internacionales lesivos a los intereses nacionales ( UPOV91, Tratado de Budapest y el artículo 27.3b del ADPIC) pues, mediante patentes, generarán la entrega de nuestro principal patrimonio público a cambio de nada, absolutamente nada, pudiendo ser la principal solución al subdesarrollo de Colombia ( sic).

G.Q.: ¿Cómo se llevaron a cabo esas sesiones?

E.O.O.: En el tema de la propiedad intelectual sobre recursos genéticos y conocimiento tradicional, me atrevo a decir que no hubo negociación, simplemente el señor Presidente de la Republica le dio a Estados Unidos todo lo que pidió desde un comienzo, con el agravante que fue a cambio de nada, absolutamente nada. He sostenido que todo lo regalado es responsabilidad del señor Presidente de la República, pues a través de esos tres años durante las reuniones en la Plaza de los Artesanos [1] y en varias entidades estatales, los negociadores, a los requerimientos de que nos ilustraran sobre el patentamiento de seres vivos, negaron que se estuviera negociando, siempre manifestaron que ese tema era manejado directamente por el Dr. Uribe, prueba de ello debe encontrase en las grabaciones que reposan en el Mincomercio.

G.Q.: ¿Por qué el capítulo de propiedad intelectual es uno de los menos discutidos siendo tan pertinente?

E.O.O.: El silencio impuesto por el poderoso a través de todo el tratado, los colombianos no conocieron los textos que se negociaban pues estaba prohibido divulgarlos. Además, para Estados Unidos es cuestión de seguridad nacional, para los negociadores colombianos, nada.

G.Q.: ¿Cuál es el estado del conocimiento de patentes científicas y de la biodiversidad en el país?

E.O.O.: Grave, muy grave, si se consultan los certificados obtentores expedidos por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y patentes expedidas por la Superintendencia de Industria y Comercio a centros de investigación y universidades colombianas, se puede decir con tristeza que en Colombia la investigación no existe.

Quiero aprovechar para formular dos denuncias: una, el hecho de que el Ministerio de Agricultura contrató el otorgamiento de patentes sobre los seres vivos y procedimientos relacionados a continuación, con base en la cantidad de dinero que se invierta en cada investigación genética, es decir, si en una investigación Colombia invierte un millón de dólares y la fundación x nueve millones de dólares, la fundación queda dueña del 90% de los derechos emanadas de la patente del producto final. Los seres vivos y procedimientos que pueden llegar a perderse vía patentes son:

Algodón; Arroz; Apicultura; Biocombustibles ; Cacao; Camarón de cultivo; Caña Panelera y Panela; Carne Bovina; Caucho; Fique; Forestal; Frutas; Guadua; Hortalizas; Lácteos; Sistema productivo Maíz y Soya; Ovinos y Caprinos; Palma; Papa; Pesca industrial y artesanal; Piscicultura; Plantas aromáticas, medicinales, condimentarias, aceites esenciales y afines; Porcicultura; Tabaco y Yuca; además, a un área transversal que corresponde al manejo integrado de mosca blanca.

Además, no sabemos el destino de los derechos de propiedad intelectual de todas las investigaciones realizadas por el Centro Internacional de Agricultura Tropical ( CIAT) sobre un inventario de más de 6.000 muestras de seres vivos (germoplamas). Lo que sí se sabe es que los principales beneficiarios van a ser fundaciones como la Kellog´s, Bill & Melinda Gates y la Rockefeller… incluso el Departamento Agrícola de los Estados Unidos.

G.Q.: Huy, ¿como así? ¿Bill Gates metido en esto? Esto es una bomba, entonces el señor Gates no se limita sólo a los computadores… Entonces, ¿cuál ha sido la posición y criterio de entidades como el Instituto Alexander von Humboldt, Colciencias o el mismo Ministerio del Ambiente Vivienda y Desarrollo Territorial?

E.O.O.: No se conocen las posiciones oficiales, sólo al interior del Gobierno se sabe cómo actuaron. Es de suponer que si guardan silencio es porque aprueban el saqueo que se va a legalizar; sin embargo, vale la pena transcribir el siguiente aparte de uno de los tantos oficios que escribí:

El Director del Instituto Humboldt en un encuentro regional sobre el TLC, ambiente y desarrollo, dictó una conferencia titulada: ACCESO A LOS RECURSOS GENETICOS AL AMPARO DE LOS TRATADOS COMERCIALES, su contenido genera preocupación y confirma lo que muchos colombiano creemos: no estamos preparados para negociar la biodiversidad, menos la propiedad intelectual que genera, por consiguiente debe ser excluirla totalmente del TLC o prorrogar su discusión por al menos dos años después de firmado el tratado, mientras llenamos los vacíos que tenemos para negociar, no debemos incluir en el TLC un solo artículo que genere la perdida de nuestra principal riqueza pública.” (Subrayado fuera de texto).

G.Q.: ¿Entonces usted dudaría de la voluntad de la academia colombiana en torno a estos temas? ¿Y la opinión pública?

E.O.O.: Respondo con otra pregunta: ¿conoces la opinión oficial y publica de alguna universidad y/o centro de investigación? La respuesta es un NO.

Si los que saben los efectos negativos del TLC permanecen silenciosos sobre la pérdida de la principal riqueza de Colombia, la opinión pública no existe.

G.Q.: ¿Precisando, realmente qué tan lesivo es el TLC para esta temática?

E.O.O.: Las consecuencias del TLC sobre la biodiversidad son una catástrofe ( fuera de texto: seguidamente Efraín me las enunció):

  • La mayor pérdida de parte patrimonio publico en toda la historia de Colombia, patrimonio representado en nuestra mega diversidad
  • Coloca límites al uso de las semillas por parte de nuestros agricultores
  • Impide la posibilidad de explotar autónomamente nuestra principal riqueza.
  • Facilita el patentamiento de seres y organismos vivos modificados genéticamente, sin límite alguno ( Transgénicos)
  • Facilita la legalización de las patentes sobre recursos genéticos obtenidos ilegalmente (biopiratería) concedidas hasta y después del día en que entre en vigor el TLC
  • Atenta contra el orden constitucional al no haberse consultado a las comunidades indígenas y afro colombianas, tal como lo dispone el artículo 8j del Convenio de Diversidad Biológica, CDB
  • Violación a varios derechos colectivos de las anteriores comunidades étnicas.
  • Para Estados Unidos los recursos genéticos colombianos dejaran de ser inalienables, imprescriptibles e inembargables, esto debido a que la normas solo se aplica a la CAN
  • Colombia, ante Estados Unidos, no podrá ejercer soberanía sobre recursos genéticos patentados a la fecha de entrar en vigor el tratado en Estados Unidos, esto solo se aplica a los países de la CAN.
  • Ante Estados Unidos los recursos genéticos no serán patrimonio de la Nación, esto sólo opera entre los países de la CAN.
  • Estados Unidos queda exento de la prohibición de patentar plantas y animales y los procedimientos especialmente biológicos para la producción de plantas y animales.

G.Q.: ¿Se sabe realmente qué fue lo que se negoció?

E.O.O.: Creo que no. El Gobierno sostuvo que con el TLC se perseguía ponerle límites a la biopiratería, [pero] la verdad es lo contrario, con el TLC se permite la legalización de toda la biopiratería ejercida durante el siglo pasado y el presente, sin que sepamos o tengamos un inventario de los recursos genéticos y el conocimiento tradicional biopirateados ( sic). El Instituto Humboldt, encargado por el Gobierno, realiza una investigación sobre biopiratería, guarda silencio, mientras en el Perú, Brasil y Bolivia se hacen públicos los descubrimientos y se toman medidas para impedir la biopiratería. A propósito, la Secretaria General de la CAN invirtió cuantiosos dólares, pero también guarda silencio.

G.Q.: Efraín, ¿qué alternativas propone usted para que se mitiguen los efectos de un TLC sobre la propiedad intelectual y la biodiversidad?

E.O.O.: Luchar, pero ante la Corte Constitucional pues según los resultados del debate realizado el martes 6 de febrero en el Congreso de la República, allí todo esta perdido pues la mayoría parlamentaria, sin análisis, aprueba lo que le pide el Gobierno.

Invito a todos los lectores a que profundicen el tema y enviar comunicaciones a la Corte Constitucional de Colombia pidiéndole que declare inconstitucionales los artículos del TLC que sean nocivos a la biodiversidad, para ello le pido a equinoXio incluir en el portal el oficio adjunto dirigido al Congreso con copia a los órganos de Control y Corte Constitucional.

G.Q.: Por supuesto que así será Efraín, pues son documentos de interés público decisivos para todos nosotros. Siguiendo entre líneas, ¿qué futuro le esperaría al país si se aprobara el dichoso tratado?

E.O.O.: Que los dueños de nuestro sistema alimentario y de nuestras vidas van a ser las fundaciones enunciadas en el oficio enviado al Congreso de la República, nunca debemos olvidar que los TLC son parte del Nuevo Orden Mundial. En internet se encuentran suficientes escritos que producen escalofríos.

Panorama oscuro el que nos pinta Efraín. Su experiencia nos hace tener en cuenta que si nosotros como ciudadanos tomáramos acción frente a estos temas que directamente nos afectan, la cosa sería distinta. La pobreza en Colombia al parecer es mental y cultural. Si desean ampliar más en la información, a continuación están los documentos en donde él recoge todo el trabajo de investigación y seguimiento que no le envidia nada a cualquier académico. Hablando de academia, el silencio de ésta en nuestro país es cómplice, lo peor de todo es que al parecer existen estudios, pero la ley del silencio opera. Con estos documentos Efraín intenta que el Congreso y los colombianos tomemos conciencia de la importancia de la biodiversidad, en especial la propiedad intelectual.

Pero antes quiero resaltar los puntos más importantes expuestos en uno de dichos documentos enviados al Congreso de la Republica, para que todos tengan en cuenta la magnitud de la situación.

…Importancia del TLC para USA . Para EE.UU. (sic) la verdadera razón del TLC no es la comercialización de bienes y servicios, su verdadero interés pasa desapercibido, es nada más y nada menos que asegurar el dominio mundial de las patentes originadas en los recursos genéticos [2] y el conocimiento tradicional, dominio que le brindara el liderazgo pleno en el manejo de la alimentación del mundo, las investigaciones sobre nuevos medicamentos útiles en toda clase de enfermedades y la evolución industrial del presente y futuros siglos, valga citar las industrias de biocombustibles [3] y computadores…”

“El TLC ya tiene incidencia sobre programas y proyectos de investigación realizados por el Ministerio de Agricultura, el Centro Internacional de Agricultura Tropical de Palmira, CIAT, y la Fundación Bill & Mellina Gates, sin que haya claridad sobre los derechos originados en la propiedad intelectual (patentes o certificado obtentor). Parece que Colombia está perdiendo la mejor oportunidad de su historia para salir del subdesarrollo económico, la causa, se preocupa por las hojas del TLC olvidándose de proteger la raíz…”

(Subrayado y puesto en cursiva fuera de texto)

Y ojo a esto:

“A la Sociedad Interamericana de Prensa el 28-09-2006, vía Internet, le solicité que en la reunión de Cartagena le pidiera a Bill Gates responder interrogantes relacionados con temas de propiedad intelectual, infortunadamente el hombre más rico del mundo (su fortuna la ha hecho con base en patentes) no trató el tema de su principal negocio, la agricultura, sustentado en derechos de propiedad intelectual [4] . Los periodistas pasaron por encima de la que pudo ser la mejor noticia del año. La quema de incienso no deja ver las realidades en las que se mueve el mundo como es el caso de que estamos perdiendo la mayor riqueza pública que Colombia posee, sin darnos por enterados…”

(Subrayado y puesto en cursiva fuera de texto)

Respecto a esto Olarte le pidió a la SIP:

“No creo que la única finalidad del ingeniero Gates sea hablar de democracia, computadores y software, el viene a algo más profundo, sus nuevos negocios en el campo de la biotecnología y la agricultura sustentados en la propiedad intelectual sobre los alimentos básicos de la nutrición mundial.

“Con base en lo anterior y el hecho de que la seguridad alimentaria del mundo es el sustento de cualquier democracia, le pido el favor de que el ingeniero Gates aclare interrogantes que muchos colombianos nos estamos formulando.

Interrogantes:

  1. Los nuevos negocios de la Fundación Bill & Mellina [sic] Gates, el interés del Banco Mundial en los transgénicos y las investigaciones en biofortificacion y biotecnológicas realizadas en Colombia generan el siguiente interrogante: ¿la soberanía alimentaría de Colombia esta en peligro al no poder disponer libremente de sus semillas?
    Tener presente que el Centro de Investigaciones de Agricultura Tropical, CIAT, que funciona en Palmira investigó e investiga modificaciones al: fríjol, yuca, maíz, arroz, batata, trigo, banano, plátano, la cebada, caupí, maní, lentejas, mijo, guandul, papa, sorgo y ñame.
  2. ¿Las multinacionales que financian esas investigaciones, caso la Fundación Gates, se pueden apropiar del conocimiento?
  3. Según José Antonio Gómez, Coordinador Biocomercio Sostenible del Instituto Alexander Von Humboldt “El creciente comercio internacional de productos de la biodiversidad está reflejado en transacciones que superan los 915 billones de dólares al año”. ¿En qué se ha beneficiado Colombia de las investigaciones del CIAT?; ¿en qué grado participa del mayor negocio del mundo?
  4. La intromisión de las mayores corporaciones del mundo en el control de la financiación, producción y mercadeo de los alimentos básicos de Colombia, ¿cómo afecta la economía de nuestros agricultores?

“En el hipotético caso que el CIAT, dentro de su plan de reestructuración, decida trasladar y continuar sus investigaciones, con material genético y conocimiento tradicional colombiano, a otras partes del mundo donde pueda fácilmente patentarlas, creo que el Congreso de la Republica, la Contraloría y la Procuraduría deben indagar el destino que se le dará a las investigaciones que realizó y realiza el CIAT en Colombia con seres vivos integrantes de nuestra biodiversidad, no sea que por desidia permitamos el mayor caso de biopiratería vía bioprospección, pues el CIAT comparte sus investigaciones con cualquier otro centro de investigación del mundo sin necesidad de rendir cuentas al Estado Colombiano, situación que se facilita con el TLC.

(Subrayado y puesto en cursiva fuera de texto)

Para ampliar más todo lo anterior en especial el caso del CIAT, Ministerio de Agricultura y lo de Bill Gates, aquí están los enlaces correspondientes:

  • Documento de soporte a la Acción Popular de demanda ante el Tribunal Administrativo de Cundinamarca ( PDF)
  • Oficio al Congreso de la República I ( Word) ( OpenOffice.org)
  • Oficio al Congreso de la República II ( Word) ( OpenOffice.org)

[1] Se refiere al Centro de Convenciones y Exposiciones en donde se llevaban a cabo las sesiones informativas del resultado de las rondas de discusión del TLC entre Colombia y Estados Unidos

[2] En el documento original, Olarte afirma que : “…según la Biblia el único dueño de los seres vivos es Dios, pero con el TLC las multinacionales de USA quebrantaran este mandato, pues ellas serán las que tendrán capacidad de permitir el uso de seres vivos al ser las dueñas de las patentes sobre animales, plantas, microorganismo y partes del cuerpo humano”

[3] Olarte afirma además en mencionado documento, que la reciente gira de George W. Bush por Latinoamérica se centró en biocombustibles y reducción de la pobreza.

[4] Olarte corrige pues, como se sabe, realmente el principal negocio de Bill Gates es la informática y que la labor de la Fundación Bill & Melinda Gates es solamente “humanitaria”.

TLC, propiedad intelectual y biodiversidad: atando cabos

Lastimosamente la apertura de los mercados ha permitido que los capitales actúen como agentes políticos buscando alterar por su influencia políticas ambientales e incluso laborales. Pero ese fin que justifica el intercambio de bienes y servicios viene a ser otro sofisma de distracción. Tal y como comenta Olarte en uno de su oficios, es un engaña-bobos, pues lo que realmente busca el Tratado de Libre Comercio (TLC) es un control económico e incluso geopolítico.

Si nos ponemos técnicos, bajo una perspectiva de fortaleza, este tipo de tratados, países como Estados Unidos poseen varios instrumentos de dominación: la biotecnología y la competitividad , soportados por un marco como el de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Esto de por sí ya hace que las condiciones sean asimétricas por más que digan que se "respetan" las condiciones de inequidad entre un país como el nuestro y uno industrializado. Un país como Colombia es muy débil no sólo en el ámbito económico sino en el jurídico para defender su patrimonio.

Viendo todo esto, uno de los aspectos más importantes, y al cual casi no se le ha prestado atención, es el de nuestra seguridad y soberanía alimentaria y la intromisión de los temidos transgénicos, es decir, sobre nuestra alimentación. Esto, aunque no parezca, es un tema político. El real interés de los grandes capitales sobre el control de semillas y la manipulación genética es la verdadera puja de fondo. Lo más asombroso es que Bill Gates al parecer no venía a Colombia propiamente a hacer obras de caridad o a infestar de su software al país. Es muy probable que con su supuesta filantropía pueda estar llenando al país también de alimentos transgénicos, de los cuales ya se han legalizado los primeros cultivos en el país, cosa que va en contra de una corriente mundial en contra de este tipo de cultivos.

Bueno, y ¿qué tienen que ver la propiedad intelectual y la biodiversidad con los transgénicos y el control de semillas? Pues que la obtención de patentes del uso de especies vegetales (e incluso animales) por parte de las multinacionales usurpa el conocimiento tradicional en torno a esta biodiversidad, que no es manipulada genéticamente como hacen los laboratorios creando mutantes, sino con técnicas simples de cultivo y uso extractivo siempre manteniendo un respeto hacia la vida en su forma más básica: el gen.

Estas prácticas y dinámicas monopólicas y homogenizadoras confirman y potencian lo que los biólogos de la conservación han llamado los Cuatro Jinetes del Apocalipsis de la biodiversidad [1]:

  • La pérdida del hábitat de las especies y su fragmentación.
  • La sobre-explotación que produce la reducción de los efectivos poblacionales.
  • La introducción de especies invasoras que compiten con las nativas o modifican sus hábitats.
  • Las interacciones sinérgicas por las cuales la extinción de unas especies produce extinciones en cadena de otras.

Es así como la nueva revolución verde [2] encaja perfectamente dentro del concepto de la globalización del mercado, en donde éste último es juez absoluto de ese Nuevo Orden que Efraín nos comentaba antes. Es absurdo que algo tan local como el yagé ( Banisteriopsis caapi), el guandul [3] ( Cajanus cajan), la ipecacuana ( Cephaelis ipecacuanha), entre otros seres vivos, sean patentados por las multinacionales.

Recomiendo ver este documental denominado El Futuro de la Comida , que contextualiza de forma excelente el tema y en donde se ve también que estos problemas no son ajenos en los países industrializados.

Concluyendo pero no cerrando la discusión

Frente a las descaradas posiciones del gobierno y su preocupación desmedida por el agotamiento en el plazo de aprobación del Tratado, el tema sigue despertando sin duda alguna las reacciones más airadas, en especial por los sectores políticos de oposición. Sin embargo la discusión en la práctica no avanza mucho. Como muchos otros temas, es un tira y afloje sin ningún argumento sólido de fondo, pues no se ahonda en temas tan vulnerables como el de la propiedad intelectual y la biodiversidad y en general de los temas ambientales. Si por lo menos para el sector agrícola, sin tener en cuenta los supuestos niveles de ayuda del AIS, los indicadores de pobreza rural, que ya se encuentran en niveles críticos, tenderían a aumentar por efectos del TLC [4], entonces imagínense para el resto.

El tratamiento de esta temática es muy complejo, y retomando un comentario de Álvaro Ramírez, toca muchas aristas y asuntos que se me salieron del tintero, como por ejemplo los biocombustibles, las fumigaciones con glifosato a Parques Nacionales Naturales, la libre entrada de desechos peligrosos al país e incluso intromisión en asuntos de soberanía del territorio nacional. Estos temas, junto a las patentes de propiedad intelectual y los transgénicos, fueron tratados en la sesión del día martes 10 de abril del Congreso de la República y las Comisiones Segundas de Senado y Cámara – Conjuntas, televisada por el Canal del Congreso y el Canal Institucional.

La senadora del MIRA Alexandra Moreno Piraquive expuso el real alcance del TLC sobre el ambiente y la biodiversidad, aduciendo así un interés estratégico por parte de Estados Unidos, en donde la soberanía nacional será vulnerada. A su vez la senadora radicó una ponencia del TLC con algunas “declaraciones positivas”. Mientras tanto, el senador del PDA Jorge Enrique Robledo hacía referencia sobre el anexo 1.3 del Tratado, que no incluyó en forma expresa como parte del territorio nacional el subsuelo, el mar territorial, la zona contigua, la plataforma continental, la zona económica exclusiva, el segmento de la órbita geoestacionaria y el espectro electromagnético, tal como lo estipula el artículo 101 de la Constitución Nacional. Es decir que se podría estar transgrediendo con el TLC al territorio colombiano en su conjunto.

Moreno Piraquive no es santa de mi devoción, pero me llamó mucho la atención (positivamente) que por lo menos tratara y expusiera estos temas, que en ocasiones son evitados en su discusión por los representantes del Gobierno. Robledo, por su parte, en estos temas de TLC es siempre contundente, así hace unos días tuviese unas salidas en falso en otros temas. Esta sesión, además, tuvo la presencia de algunos invitados como Aurelio Suárez Montoya (columnista del Diario de La Tarde de Pereira) y Fernando Márquez (Sociedad Colombiana de Automovilistas), quienes respectivamente tocaron los temas de transgénicos, fumigaciones y biocombustibles.

De otro lado el Ministro de Ambiente Juan Lozano estuvo presente en la sesión en donde su intervención inicial suscitó suspicacias en especial con los representantes de oposición y los invitados, y se tuvo que aguantar uno que otro puyazo. Además, las intervenciones de los senadores Nancy Patricia Gutiérrez y Jairo Clopatofsky confirman que las bancadas uribistas en el congreso obviamente defienden el Tratado, sin importar las condiciones que se le impongan a Colombia. Por ahora el Partido Liberal anunció una perla, aunque el representante en la Cámara de dicha colectividad por Cundinamarca, Joaquín Camelo Ramos, hizo una especie de llamado a un consenso entre la oposición y la bancada uribista para intentar llegar a un acuerdo en común, en lugar de mandarse rayos y dardos todos contra todos. Cosa poco factible en un país en donde la política apesta cada vez más y otras voces de la sociedad civil hacen falta en estas discusiones y brillan por su ausencia.

Durante esta semana se va a estar tratando esta discusión en el Congreso, que incluirán los puntos de vista de la senadora Cecilia López y de Juan Lozano, si bien la sensación que permanece en el ambiente es que acá se sigue preocupando por lo que digan en Estados Unidos y que no se emita un concepto claro desde el Congreso colombiano frente al tema.

Por otro lado, qué asco que en este momento sean los representantes del partido demócrata gringo los que aparentemente estén abogando por los derechos laborales, ambientales y de propiedad intelectual, cosa que deberían hacer nuestros gobernantes. Hasta la saciedad y el cansancio los sectores indígenas se han pronunciado y ante todo quejado en torno a la falta de consulta por parte del gobierno nacional a estas comunidades [5]. Y no sólo son los indígenas, los campesinos son vulnerados también día a día.

Todo lo que estipula la dinámica de un TLC involucra la formulación de una serie de políticas que ya se han venido implementando en el país por lo menos en la parte ambiental, como la Ley Forestal, el proyecto de Ley del Agua y la concesión turística (privatización) de algunos Parques Nacionales Naturales. Incluso a nivel continental iniciativas como el IIRSA que amenazan a los centros de diversidad biológica y cultural más importantes de este lado del Planeta. Esto degenera más las condiciones de inequidad y exclusión social propias de nuestro continente, que son perjudiciales también para la conservación de la biodiversidad y el ambiente.

Mientras tanto, el Ministerio de Ambiente es un decorado del gabinete ministerial, los institutos de investigación y la academia callan, pero tampoco se fomenta la investigación lo suficiente ni se protegen los hallazgos que se tienen en el país. Como ecólogo todo esto me da tristeza y quizá por ello me monté en esta cruzada de dar a conocer esta penosa situación.

Pero al parecer la aprobación y puesta en vigencia del Tratado con el tiempo se ha ido como medio complicando, pues por estos días se anunció la posible ampliación de la Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de Drogas (APTDEA), que podría desplazar el TLC, pues éste sobre el papel es el que iba a sustituir al APTDEA (por eso lo del aspecto geo-político). Si esto fuese así, sería un alivio para el país porque tendría la oportunidad de revisar bien todos los vacíos presentes en el documento del Tratado. Pero no hay que confiarse, pues gringo es gringo y Colombia es Colombia. Como ya hemos podido ver con TLC o sin el, con nuestro país hacen y deshacen y otros toman las decisiones por nosotros. Así nos la hemos pasado todo este tiempo.

Lo único que podría sugerir es que si se da ese escenario de volver a revisar el TLC, que ahora sí tengan en cuenta que existen muchos tratados internacionales (por más ambiguos que puedan parecer) y que el país ha suscrito, como el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD). Que también se tenga en cuenta el visto de las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas; de igual forma el punto de vista de científicos y ambientalistas y que no opere la ley del silencio. Y hago un fuerte llamado a la academia colombiana, en especial a las ciencias ambientales y naturales: que por lo menos se pronuncien, para bien o para mal, pero que lo hagan. Por todos los cielos, que no se resignen a la imposición de unas reglas de libre mercado a la vida. Pero todo esto depende también de nuestra participación y de nuestra cultura mental y política.

¿Será este el fin de la discusión?

[1] Para ver más: Primack, R., R. Rozzi, P. Feinsinger, R. Dirzo & F. Massardo. 2001. Fundamentos de conservación biológica: Perspectivas Latinoamericanas. Fondo de Cultura Económica. México.

[2] Definición de la Revolución Verde

[3] Pese a no ser nativa de Colombia, existen variedades que los campesinos colombianos han ayudado a mejorar por medio de sus técnicas de cultivo.

[4] Esto según el estudio de Luís Jorge Garay, Fernando Barbieri e Iván Mauricio Cardona, auspiciado por Planeta Paz y OXFAM a finales de 2006

[5] Recomiendo leer este artículo de Marta Gómez Lee.

Por Germán A. Quimbayo

Fuente: Equinoxio

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