Informe sobre el acaparimiento de tierras en Mozambique

Por GRAIN
Idioma Español
País África

"Desde hace milenios, la responsabilidad de alimentar al mundo, a las personas que lo habitamos, recae en los campesinos y campesinas [1]. Sin embargo, esta crucial responsabilidad viene siendo amenazada, desde hace décadas, por un sistema económico que amenaza las prácticas tradicionales de comunidades y pueblos por todo el mundo. Se busca pasar todo por el tamiz de la lógica económica capitalista y mercantilista. Una lógica que convierte todo en mercancía susceptible de ser vendida y comprada en un mercado que se presenta como la forma única de atender las necesidades de las personas".

Una lógica no sostenible, y actualmente cuestionada ante las actuales crisis económica, financiera, social, alimentaria y climática. Bajo esta lógica, hay una lucha abierta y desigual por acaparar los recursos naturales clave en la alimentación: agua, semillas y suelo/tierras.

El acaparamiento de tierras no es un fenómeno nuevo

La apropiación de tierras es un proceso que ha venido ocurriendo por siglos. Basta con pensar en el “descubrimiento” de América por Colón y en la brutal expulsión de las comunidades indígenas que desencadenó, o en los colonialistas blancos que se adueñaron de los territorios ocupados por pueblos originarios en todo el continente africano. Es un proceso violento muy vivo hoy en día, a escala mundial. No pasa ni un solo día sin que la prensa nos informe de las luchas por la tierra —y empresas mineras como Barrick Gold invaden las montañas de América del Sur, o corporaciones de alimentos como Dole o San Miguel estafan al campesinado filipino para quedarse con sus derechos sobre la tierra. En numerosos países los inversionistas privados están comprando grandes extensiones para disponer de ellas como parques naturales o áreas de conservación.

Y a dondequiera que uno mire, la nueva industria de los agrocombustibles, promovida como respuesta al cambio climático, parece basarse en expulsar a la gente de su tierra. No obstante, algo más peculiar está ocurriendo. Las dos grandes crisis globales que estallaron en 2007 – la crisis alimentaria mundial y la crisis financiera, más vasta, y de la que la crisis alimentaria forma parte – engendraron una nueva y preocupante tendencia a comprar tierras para la producción deslocalizada de alimentos. Son dos agendas paralelas que impulsan dos tipos diferentes de acaparadores de tierras. Pero aunque sus puntos de partida difieran, sus pasos terminan convergiendo.

El acaparamiento vinculado a la seguridad alimentaria

El primer tipo de especuladores está vinculado a la seguridad alimentaria. Varios países que dependen de la importación de alimentos y están preocupados por lo competido de los mercados, aún cuando tienen dinero en efectivo para repartir, buscan deslocalizar su producción interna de alimentos, es decir producirlos fuera del su país adueñándose y controlando tierras agrícolas en otros países. Consideran esto como una innovadora estrategia de largo plazo para alimentar a sus pueblos a buenos precios y con mucha mayor seguridad que hasta ahora. Arabia Saudita, Japón, China, India, Corea, Libia y Egipto están en ese camino. Desde marzo de 2008, funcionarios de alto rango de muchos de esos países han estado activamente en la búsqueda diplomática de tierras fértiles en lugares como Uganda, Brasil, Camboya, Sudán y Pakistán. Convencidos de que las oportunidades agrícolas son limitadas y de que no es posible confiar en el mercado, los gobiernos con “inseguridad alimentaria” están comprando tierras en todos lados para producir sus propios alimentos. Por otro lado, los gobiernos que están siendo “cortejados” para hacer uso de sus tierras agrícolas, generalmente dan la bienvenida a esos ofrecimientos de nuevas inversiones extranjeras.

El acaparamiento como medio para la especulación financiera

El segundo grupo de especuladores va por las ganancias financieras. Frente al desplome financiero actual, toda suerte de actores de las finanzas o la industria alimentaria —las casas de inversión que manejan las pensiones de los trabajadores, los fondos de capitales privados que buscan ganancias rápidas, los fondos de cobertura que huyen del mercado ahora derrumbado de los instrumentos derivados, los comerciantes de granos que buscan nuevas estrategias de crecimiento— están recurriendo a la tierra, para producir alimentos, para combustibles, y como nueva fuente de lucro. La tierra misma no es una inversión típica para gran parte de esas empresas transnacionales.

De hecho, es tan fácil que la tierra se vea envuelta en conflictos políticos que muchos países ni siquiera permiten que pueda ser propiedad de extranjeros. Y la tierra no se valoriza de la noche a la mañana, como los cerdos cebados o el oro. Para tener rentabilidad los inversionistas necesitan aumentar las capacidades productivas de la tierra —y a veces incluso ensuciarse las manos dirigiendo en los hechos un establecimiento  agropecuario. Pero las crisis alimentaria y financiera, juntas, han convertido las tierras agrícolas en un nuevo activo estratégico.

En muchos lugares de todo el mundo los precios de los alimentos son altos y los precios de la tierra son bajos. Y la mayoría de las “soluciones” a la crisis alimentaria hablan de extraerle más alimentos a la tierra con que contamos. Así que queda claro que va a ser negocio el tener el control de las mejores tierras, cerca de suministros de agua disponibles, cuanto antes.

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Fuente: GRAIN

Temas: Acaparamiento de tierras

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