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Autor Pastor Batista Valdés Idioma Español Pais Cuba Publicado 21 agosto 2007 13:45

El llamado de las plantas: jardines botánicos cubanos trabajan para salvar especies en peligro de extinción

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Mientras en numerosas regiones del planeta (como sucede en la Amazonia ecuatoriana por estos días), la voracidad capitalista envenena en grado ascendente al reino vegetal, Cuba acentúa el trabajo de preservación al que llaman las metas fijadas para el año 2010, por la convención internacional sobre biodiversidad

Conozco gran cantidad de niños que jamás han visitado el Jardín Botánico, en las afueras de la ciudad de Las Tunas. Igual les ocurre a muchos jóvenes e, incluso, a adultos.

No se puede culpar de ello solo a las escuelas. Cientos de familias también están en deuda con sus hijos y con ese apacible lugar.

Muchas personas ignoran que, lejos de ser un sitio donde "recrearse contemplando plantas raras, lindas o desconocidas", los jardines botánicos son verdaderas instituciones científicas a favor de la supervivencia del reino vegetal y, en consecuencia, aulas a cielo abierto para conocer la naturaleza y defenderla, a tiempo, de su evitable holocausto.

Búsqueda, Rescate, Salvamento...

Ni la exigua cantidad de especialistas (apenas 4, incluidos dos directivos), ni dificultades materiales, ni limitaciones subjetivas han impedido que el jardín tunero extienda y afiance su "cruzada de vida", incluso mucho más allá de los límites provinciales.

"Lo primero que hemos hecho —explica Raúl Verdecia Pérez, director— es conocer la diversidad florística y las 45 especies amenazadas en nuestro territorio. Eso nos ha permitido localizar e identificar ya a 43 de esos tipos de plantas con algún peligro o grado de vulnerabilidad, a fin de evitar que les ocurra como al Guayo Blanco, única declarada extinta en la provincia."

Sobre esa base, el equipo de trabajo desarrolla una incesante labor, tanto para preservar in situ esas variedades como para cultivarlas y conservarlas ex situ: en el área que ocupa la entidad.

Así, cerca de 80 especies "condenadas" al deceso dentro del territorio o en distantes puntos del Archipiélago cubano, han sido ubicadas, rescatadas, cultivadas y reproducidas aquí, a veces en mayor cantidad que los ejemplares existentes en el lugar de asentamiento natural.

Agujas en el pajar del tiempo

Aquel día, Verdecia pensó que deliraba. La fatigosa marcha entre la ciénaga y el litoral yumurinos lo había situado, inesperadamente, frente al Copernicia Brittonorum: legendaria especie con cuyo nombre el Hermano León (Joseph S. Sauget) honró en los años 30 del siglo pasado a Nathaniel Lord Britton, fundador y director del jardín botánico neoyorquino.

No fue esa, en cambio, la única variedad encontrada por los investigadores tuneros —como aguja en el pajar del tiempo—, luego de años y décadas "desaparecida" u oculta a la pupila de la ciencia.

Según afirma Verdecia, otras como la Rondeletia gamboana, la Acacia cupeyensis, la Acacia Roigii, el Baccharis Orientalis..., habían permanecido imperceptibles a toda búsqueda, desde su colecta original, aun cuando quizás cientos de personas pasaron infinidad de veces junto a los pocos ejemplares vivos, y hasta atentaron contra su supervivencia, sin saber que corrían el riesgo de exterminarlos para siempre.

Por ello, en opinión de los especialistas, "cada día es más necesario el conocimiento social y el aporte de campesinos, serranos, guardabosques, trabajadores de Flora y Fauna, estudiantes, medios de difusión..."

Sobre la sensibilidad de la población cubana frente a este asunto, el director del jardín tunero evoca el celo con que familias campesinas de Maisí cultivan el café, sin dañar ninguna de las cuatro especies de palmas endémicas que se empinan en medio de sus plantaciones.

Igual aliento le llega por intermedio del matrimonio que forman Benito y Ana Delia (avileños). En su patio, un robusto Yarey de Falla goza de envidiable salud gracias a que ambos se niegan a cortarle ni una sola penca, sobre todo, desde que supieron una terrible verdad: la desmedida explotación de esas palmas en la zona, con fines artesanales, ha dañado seriamente su capacidad natural de producir frutos.

Apuntes para meditar

Mientras en numerosas regiones del planeta (como sucede en la Amazonia ecuatoriana por estos días), la voracidad capitalista envenena en grado ascendente al reino vegetal, Cuba acentúa el trabajo de preservación al que llaman las metas fijadas para el año 2010, por la convención internacional sobre biodiversidad.

Mundialmente, el problema es más grave de lo que ni siquiera imaginan millones de personas.

De las 60 000 especies evaluadas hasta ahora, sobre 34 000 gravita alguna amenaza real de extinción. Más funesto que el embate del propio clima (inundaciones, deslaves, sequías...) es el oído imperial, incapaz de escuchar alertas y de aplicar acciones realmente efectivas a favor del medio ambiente.

Los expertos cubanos, en estrecho nexo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (UICN), no viven al dorso de esas realidades.

Por eso Cuba no da la espalda a sus más de 6 500 especies de plantas vasculares. "Somos la Isla con mayor riqueza florística luego de Borneo, Nueva Guinea y Madagascar", —afirma Verdecia.

Mientras Gran Bretaña reporta unas 13 especies endémicas, Cuba tiene más de 3 000. Eso, como es lógico, obliga a obrar con extrema precaución.

Nuestros investigadores conocen también la vulnerabilidad superior de los ecosistemas insulares, en comparación con los continentales.

Siglos de bregar agrícola e industrial transformaron unos 80 000 kilómetros cuadrados de superficie, no siempre bajo conceptos como los que aplica y exige hoy la Revolución.

Unas 315 especies viven en peligro crítico de extinción en el Archipiélago, y cifras similares peligran o son vulnerables.

Con mayores o menores resultados, la red de jardines botánicos trabaja para salvar esa flora. Pero no pueden estar solos; el concurso tiene que ser de todos y, como la educación, venir desde la cuna misma.

Por Pastor Batista Valdés

Granma

EcoPortal, Internet, 20-08-07


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