Brasil: el lado oscuro del agronegocio

Días calientes en el corazón de Brasil. Septiembre ya llega a su fin. El cielo no moja la tierra y el fuego avanza sobre la floresta, con el soplo del viento que pasa. Sobrevolando Tocantins, es posible ver, a la noche, columnas inmensas de llamas devorando, insaciables, lo que todavía resta de verde-esperanza. Sin embargo, es preciso seguir viaje. Ver de cerca lo que el corazón siente de lejos

Comenzamos a cortar el mapa. Por los caminos, mucha devastación. La balsa, entonces, nos cruza hasta Pará. El Araguaia, azul de otros tiempos, está envuelto en una espesa cortina de humo. Ya es posible sentir el clamor de la vida allí sofocada. El sol arde la piel, y las almas... Regina, profesora en aquellas tierras lejanas, vuelve a su casa desolada: "Hoy está muy oscuro, sin brillo, pero hay días en que está peor. Parece que la humareda se concentra en el río".

Del otro lado del río, policías fuertemente armados, vigilan la frontera del Estado. Más tarde, sabemos que tamaño arsenal existe para tratar de cohibir el tráfico de madera, tan intenso en aquella región.

Siguiendo adelante, conseguimos darnos cuenta del tamaño de la destrucción. Son kilómetros y kilómetros y más kilómetros de tierra seca, lista para recibir una plantación cualquiera. La humareda de las quemazones se mezcla con la polvadera de los caminos y de vidas olvidadas.

La soja devasta la floresta

Casi en el límite con el estado de Mato Grosso, vemos en el medio de una extensa planicie, un galpón inmenso de la empresa alimenticia Bunge. Descubrimos entonces, que buena parte de ese territorio devastado existe para producir soja, y soja posiblemente transgénica, esto es, genéticamente modificada. Decimos posiblemente transgénica porque, según Greenpeace, la Bunge ya afirmó, más de una vez, que puede estar utilizando soja transgénica en la fabricación de sus aceites, margarinas y mayonesas.

La empresa no informa, en los envoltorios de los productos, la utilización de transgénicos, como reglamenta un decreto del año 2003, mismo año en que fue liberada, por una medida provisoria, la siembra de soja transgénica en Brasil. No cumple con el decreto y falta el respeto al consumidor brasileño, ya que en Europa, la empresa garantiza soja libre de transgénicos. Lo peor es que la falta de transparencia no puede ser remediada por exámenes a los productos, pues el DNA del gen transgénico es destruido en el proceso de fabricación.

Es posible ver alrededor de las instalaciones de la empresa, cómo la soja devasta el verde de la región. Greenpeace afirma que la "Bunge ha sido el gran cómplice del avance de la frontera de la soja en Brasil, colaborando con la destrucción de áreas de floresta amazónica y de cerrado".

En nombre del progreso

El propio gobernador de Mato Grosso, Blairo Maggi, es el mayor productor de soja del mundo y el responsable por el 48% del total deforestado en toda la Amazonia Legal, habiendo dicho en su discurso de toma de posesión del cargo, que nada iba a detener el progreso del Estado a través del agronegocio. La política fuerte de incentivo al agronegocio en todo el país se ha convertido en una gran amenaza para la supervivencia de pequeños agricultores y de comunidades indígenas en el interior del país, además de proporcionar la devastación de inmensas porciones de floresta nativa, matando decenas de especies vegetales y animales. Vale recordar también que Mato Grosso es uno de los estados en que no hubo, en 2005, ningún asentamiento del MST (Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra).

Monocultura destruye nacientes y vidas

Llegamos a la ciudad de Confresa, Mato Grosso. Tomamos la carretera que lleva a la sede de Gameleira, un ingenio azucarero que industrializa la caña de azúcar de la región. Sólo la ventana nos protege de la humareda y del mal olor. Es el residuo de la caña de azúcar elaborada, conocido como vinote, un líquido espeso y oscuro que se mezcla con las aguas, contaminando el canal donde algunos animales se alimentan y matan la sed. Inmensos canales empujan agua de arroyos de la región para irrigar algunas hectáreas de plantación.

Más adelante, una naciente agoniza. Es un brazo del río Gameleira, que está siendo tapado por aluviones de tierra del camino que lo corta. El río que da nombre a la empresa es el mismo que está siendo sacrificado por su ambición. Y de señales de ambición se reviste el camino. Son muchos los caminos en esa región que llevan a instalaciones de empresas y de grandes latifundios.

Desarrollo insustentable

Es mucha la humareda, con tanta sequía en este semiárido. Ni siquiera los trechos de florestas, que por ley deben ser preservados, escapan a las quemazones. Más triste es pensar que toda esa floresta transformada en carbón es energía generada para alimentar el mercado, más que a las bocas hambrientas. Sí, porque ya en 1996, Vicente Verdú, en El crimen capital, publicado en el Diario El País, denunciaba que sólo el 2% de la producción mundial de granos bastarían para alimentar a 1.000 millones de hambrientos condenados a morir de hambre por no tener dinero en el bolsillo.

Cualquier proyecto de desarrollo sustentable suena como una ironía cuando todo es realizado en nombre del lucro. La reforestación y la recuperación del suelo no pagan el precio del rescate de animales sacrificados, de las nacientes abortadas, del aumento de la temperatura, de los conflictos por la posesión de la tierra, de la pérdida de la autonomía del pequeño agricultor, del compromiso de la calidad de vida de las poblaciones locales, en especial niños y ancianos que tanto sufren con el aire seco y contaminado por las quemazones.

Desde el cielo se espera la lluvia, una buena lluvia para saciar el suelo y aliviar los efectos de las quemazones. Y desde el cielo se desparraman nubes de agrotóxicos, derramados por aviones de terratenientes, expulsando las plagas y a los pocos agricultores más resistentes en vender sus tierras por precios atrayentes. En realidad, no tienen muchas alternativas: o venden sus tierras a desconocidos, que una vez en posesión de ellas, revelan su identidad de terratenientes, o quedan aislados en el medio de una gran monocultura.

¿Y hacia donde emigran esos pequeños agricultores? Algunos salen en la búsqueda de otras tierras, otros van "a parar a la calle", como dicen por allá, se mudan a la ciudad con la esperanza de que aquel monto de dinero los sustente para toda la vida. Y la esperanza termina en el desempleo o en la vida de asalariado. Por ello, José, sindicalista de los trabajadores rurales de la región, advierte y con razón: "va a llegar un momento en que ustedes van a llorar por un pedacito de tierra".

Y nosotros, en el sudeste, sentados en nuestro sofá, consumiendo enlatados transgénicos, nos sentimos muy distantes de esa tierra colorada, como si la industria nos blindase de todos los problemas de la vida. Y, al cruzarnos con habitantes de la calle, preguntamos indignados, pero sin mucho interés: "¿por qué este pueblo dejó sus tierras para venir a pasar dificultades en la ciudad?"

Miramos extasiados las noticias de otro Brasil, y en seguida, nos adormecemos, empaquetados por el ritmo del engranaje.

¿QUÉ PRODECE LA BUNGE Y PUEDE CONTENER TRANSGÊNICOS?**
Aceites Margarinas Mayonesas Bebidas
Soya
Salada
PrimorDelícia
Cyclus
Primor
Soya
All Day
Delícia
Primor
Soya
Maionegg´sAll Day
Cyclus Saúde
Cyclus Crescimento
Cyclus Equilíbrio

** Lista proporcionada por Greenpeace, válida para Brasil.

Adital - Maria Cecília Guimarães y Roberta Lessa

Roberta Lessa es Periodista y comunicadora social.

Traducción: Daniel Barrantes - moc.liamg@leinad.setnarrab

Fuente: ADITAL

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