La voz de Colombia: propuestas para la paz

Idioma Español
País Colombia

El 8 de enero llegarán a La Habana 400 propuestas sobre tierra y régimen agrario, hechas en un foro multitudinario en Bogotá. ¿Les servirán al gobierno y las Farc para ponerse de acuerdo en el tema clave para poner fin al conflicto armado?

El foro ‘Política de Desarrollo Agrario Integral’ que sesionó la semana pasada en Bogotá a pedido de la mesa de negociación de La Habana, cerró el año en materia de paz dejando nítidamente claro lo crucial que es el tema de la tierra en Colombia para resolver el conflicto armado y lo difícil que será llegar un acuerdo en torno a este punto, el más de fondo en las negociaciones entre el gobierno y las Farc.

 

Este es el primer evento nacional en el que la sociedad, a pedido de las partes que negocian en Cuba el fin del conflicto armado, puede proponer insumos para los puntos en discusión en la agenda. La gran expectativa, ahora, es cómo y hasta dónde será tenido en cuenta el aluvión de más de 400 propuestas que salió del foro.

 

El foro fue un clamor en favor de soluciones de fondo a los problemas históricos del campo colombiano, raíz y motor del conflicto armado. Fueron temas insistentes en las diez relatorías que salieron del evento: reforma agraria, fortalecimiento de las zonas de reserva campesina, freno a la locomotora minera y a los megaproyectos, soberanía alimentaria, controles al latifundio, al monocultivo y a la venta de tierras a extranjeros, cierre de la frontera agrícola, respeto a las regiones y las comunidades y, en general, replanteamiento de un modelo agrario que todos, menos los privilegiados por él, reconocen como uno de los de mayor concentración de la propiedad en el mundo, más inequitativos y desventajosos para el campesinado.

 

Esas proposiciones van a poner a la mesa de conversaciones de La Habana en una situación paradójica. Se supone que el ‘modelo económico’ (incluido el agrario) no es parte de las discusiones en Cuba, pero muchos de los insumos del foro, que se entregarán a los negociadores en Cuba el 8 de enero, apuntan a soluciones de fondo a las iniquidades del régimen agrario colombiano. Para las Farc este es un punto clave, quizá el decisivo políticamente, como lo confirmó Iván Márquez, y, si el gobierno aspira a despacharlo con sus proyectos de restitución de tierras, titulación de baldíos y desarrollo rural y algunas concesiones en inversión, podría llevarse una sorpresa. Las expectativas de los participantes en el foro de Bogotá son de soluciones de fondo, no de paliativos a los problemas estructurales que arrastra el agro.

 

La ausencia del gremio de los ganaderos, la dura descalificación del evento que hizo su presidente, José Félix Lafourie, y las críticas que recibió por ello, del presidente para abajo, fueron una reveladora medida de lo difícil que es llegar a acuerdos sobre el tema agrario en Colombia. Que el representante de los propietarios de 38 de los 51 millones de hectáreas de tierras aprovechables del país llegara a sugerir que los asistentes al evento fueron movilizados por las Farc, y se quejara de que su gremio ha sido víctima de la guerrilla y estigmatizado como “paramilitar y victimario”, es un ejemplo de las inmensas prevenciones que deja medio siglo de una guerra que ha girado, primordialmente, en torno a la posesión de la tierra y su aprovechamiento, y de lo difícil que será luchar contra esos prejuicios para llegar a un acuerdo de paz.

 

El caso es que, por primera vez en años, organizaciones campesinas de base, de desplazados, de víctimas, de mujeres, de afros e indígenas y gremios del agro se oyeron unos a otros. Los asistentes fueron seleccionados por los organizadores, la Universidad Nacional y Naciones Unidas: 522 organizaciones que representaban la diversidad del campo y las regiones colombianas. Se destacó la participación de la SAC, el órgano rector de los empresarios agrícolas, pero poco se mencionó que los delegados gremiales eran casi 200 de los 1.314 que asistieron, y estaban representados cañeros, arroceros, lecheros y hasta la Andi. Hubo momentos de tensión, en particular con la SAC, pero se logró preservar un espacio de interlocución. Y hubo un ambiente en el que las organizaciones sociales, que vienen exigiendo ser oídas en Cuba, sintieron que se las tenía en cuenta. Que el proceso de paz empiece a fomentar este tipo de espacios de diálogo y respeto, involucrando a sectores enfrentados hace décadas, es un paso para avanzar en lo esencial: el fin del conflicto armado.

 

Fuente: Agencia Prensa Rural

Temas: Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades

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