Los peligros del 'fracking'

Idioma Español

Vivir cerca de un pozo de gas donde se realice fracturación sísmica, o fracking, aumenta en 200% la posibilidad de sufrir enfermedades respiratorias e infecciones de la piel, asegura un nuevo estudio de la Universidad de Yale. La investigación, realizada en la región de Marcellus, Pensilvania, en el este de Estados Unidos, encontró que dos de cada cinco personas de las que viven en un radio de un kilómetro de los pozos de gas que utilizan el controvertido procedimiento de extracción reportan síntomas de enfermedades respiratorias y de la piel.

“La proximidad al gas natural y su impacto en la salud” es el título del estudio publicado la semana pasada por el Environmental Health Perspectives Journal, con el aval del Departamento de Salud y Servicios humanos del gobierno de Estados Unidos. En la investigación participaron 492 personas pertenecientes a 180 familias en un radio de dos kilómetros de los pozos de extracción de gas, donde también había uso y consumo directo o indirecto de agua potable proveniente del subsuelo de la región. En Marcellus hay 624 pozos de extracción de gas natural que emplean la fracturación sísmica.

 

El fracking, procedimiento muy nombrado por estos días en Colombia, es un método que lleva ya más de sesenta años, pero que debido al agotamiento de las reservas de petróleo y gas se ha convertido en una nueva alternativa, sobre todo en Estados Unidos, donde hay más de millón y medio de estos pozos, es decir, más de la mitad de los que existen hoy en el mundo entero. La fracturación sísmica consiste en inyectar un exorbitante volumen de agua a presiones extremadamente altas, mezclada con arena y otros químicos para destruir y disolver la roca a cientos de metros bajo tierra. Una vez el agua deja de inyectarse, las partículas de arena y químicos se adhieren a las paredes de los cráteres que formaron, dejándolos abiertos y permitiendo así la salida del gas natural y el petróleo.

 

Además de ser un mecanismo que utiliza enormes recursos hídricos (de dos a ocho millones de galones por pozo), es el contenido de ese coctel de químicos industriales que se inyectan bajo tierra lo que tiene a la comunidad científica en ascuas. La industria energética se opone a revelar el contenido de estos químicos, paso fundamental para evaluar y mitigar los efectos que tendrían en el medio ambiente y la salud humana, explican los expertos. Sin embargo, ese gremio invoca secretos profesionales y derechos de propiedad intelectual, lo que ha hecho imposible conocer los verdaderos ingredientes.

 

Entretanto, oficiales de la industria energética y políticos en Estados Unidos siguen asegurando que este procedimiento es completamente inofensivo, contradiciendo lo que científicos y ambientalistas han venido reportando en los últimos años. El fracking está actualmente relacionado con la contaminación de agua subterránea, la creación de inestabilidad sísmica debido a las explosiones bajo tierra, el aumento de la sequía por el uso extenso de agua y el detrimento de la calidad del aire, así como con padecimientos y enfermedades para los humanos.

 

“Al ser la fracturación sísmica un proceso que se lleva bajo tierra, la probabilidad de que los contaminantes que utiliza terminen en la fuentes de agua subterráneas es muy alta. Me refiero a la misma agua que usan comunidades enteras para cocinar, comer, ducharse, nadar, regar plantas y cultivos”, explica el doctor Peter Rabinowitz, investigador del estudio.

 

No obstante, el estudio no encontró un aumento significativo en enfermedades o síntomas neurológicos o cardiovasculares en personas cercanas o que hayan tenido contacto de primera mano con el agua subterránea cercana a los pozos de extracción de gas con fracking. Los investigadores también llaman la atención sobre la bonanza del fracking que se vive en Estados Unidos y en otros lugares del planeta, al afirmar que todavía es muy prematuro para ver los verdaderos efectos y su relación con enfermedades congénitas. Para eso habrá que esperar al menos 10 años, aseguran.

 

Otro estudio publicado en enero de este año por la Escuela de Salud Pública de Colorado afirmó que el fracking afectó de manera grave a los fetos de madres embarazadas que vivían en un radio de 16 kilómetros alrededor de sitios de exploración de gas natural. En ese entonces se examinaron los casos de más de 124.842 niños nacidos entre 1996 y 2009 en zonas gasíferas en el estado de Colorado, lugar donde hay 47.000 pozos de gas, de los cuales el 26% está localizado a escasos 300 metros de lugares residenciales, en algunos casos tan cercanos como 30 metros. Luego de cotejar la información, se concluyó que los niños nacidos en las proximidades de los pozos tuvieron un riesgo mayor del 30% de nacer con defectos cardíacos y defectos del tubo neural, estructura de la que se desprende el sistema nervioso central. Hasta los contaminantes más inofensivos tienen la capacidad, según el estudio, de aumentar la exposición de los fetos a mutágenos malignos.

 

Luego de una dura batalla en el Parlamento francés liderada por ambientalistas, en 2012 se logró poner a rodar una moratoria universal del fracking hasta que exista evidencia científica de que el procedimiento no es nocivo para la salud humana ni para el medio ambiente. “Mientras sea el presidente de Francia no habrá exploración de gas con fracking”, dijo François Hollande.

 

Canadá, Alemania y Bulgaria tienen moratorias similares en contra de la fracturación sísmica. Por su parte, en Estados Unidos, Vermont se convirtió en el primer estado en implantar una prohibición a la práctica en noviembre de 2012. Lo siguieron Hawái, Pensilvania y Nueva York, que hace poco sancionó 72 moratorias municipales contra el fracking en todo el estado para pozos de extracción a menos de medio kilómetro de lugares residenciales.

 

En California, donde se vive una de las peores sequías de la historia, también se pasaron moratorias a distintos pozos que utilizan fracking, debido al alto uso de recursos hídricos provenientes de los reservorios de emergencia, utilizados por la comunidad.

 

Los científicos siguen haciendo el llamado a realizar más estudios sobre el caso, mientras que los ambientalistas continúan en su batalla para lograr que de una vez por todas la industria revele el contenido de los químicos utilizados, para así saber en qué nos estamos metiendo.

 

Fuente: El Espectador

Temas: Petróleo

Comentarios