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Biodiversidad en América Latina y El Caribe

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Autor Naturaleza de Derechos Idioma Español Pais Argentina Publicado 13 febrero 2018 12:35

Vademécum toxicológico alimentario argentino

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"La agro - industrialización a través de la incorporación de semillas modificadas genéticamente y el uso masivo de agrotóxicos, tanto para los cultivos extensivos como los intensivos, no está sujeto a una regulación legislativa en la Argentina".

En el mes de Abril de 2017, Naturaleza de Derechos, accedió a los controles sobre frutas, verduras y hortalizas realizados por el SENASA, Servicio Nacional de Sanidad Vegetal y Calidad Agroalimentaria, entre los años 2011 y 2016 (ver aquí).

Tal como se informó en su momento, los resultados de los controles indican la situación de riesgo de daño alimentario en la que se encuentra la Argentina, por la altísima presencia de agrotóxicos en casi todos los productos alimenticios de consumo directo, o de materias primas esenciales, como el maíz, trigo y girasol.

Estamos hablando de residuos químicos que son incorporados diariamente al organismo humano, sobre los cuales la ciencia digna e independiente ha señalado que una exposición crónica a los mismos, representa una situación de riesgo grave para la salud humana, dado que en razón de evidencias claras, han sido caracterizados y hasta determinados, sin objeciones científicas y/o académicas, como agentes cancerígenos, disruptores endocrinos, genotóxicos, mutagénicos, teratogénicos.

Casi la totalidad del sistema agroalimentario argentino, esta sometido al modelo productivo impuesto por el Agronegocio, con la asquiescencia del poder político. La agro industrialización a través de la incorporación de semillas modificadas genéticamente y el uso masivo de agrotóxicos, tanto para los cultivos extensivos como los intensivos, no está sujeto a una regulación legislativa en la Argentina.

Efectivamente, en la Argentina, no hay una ley nacional que regule el proceso de registros, autorización y usos de los agrotóxicos, ya sea para su doméstico, línea jardín o en el sistema agroalimentario. Tampoco hay una ley sobre bioseguridad y Organismos Vegetales Genéticamente Modificados (OVGM).

CONTROL DE PRESENCIA DE AGROTÓXICOS SOBRE LOS ALIMENTOS

El Organismo estatal encargado de controlar los registros, las autorizaciones de uso y comercialización, suspensión y o cancelación de los agrotóxicos, en el sistema productivo de cultivos extensivos y frutihortícola, es el SENASA (Servicio de Sanidad Vegetal y Calidad Agroalimentaria). Este organismo se encuentra dentro de la órbita del Ministerio de Agroindustria de quien depende técnicamente. Su funcionamiento está regulado por una Resolución de la Ex Secretaria de Agricultura de la Nación Nro 350/1999. Dicha resolución, conjuntamente con el Decreto del Poder Ejecutivo Nacional 1585/96 le otorga funciones al SENASA para establecer condiciones de uso de los agrotóxicos, entre ellas, los valores de LMR, (Límite Máximo de Residuo o Tolerancia), que refieren a la máxima concentración de residuo de un agrotóxico, legalmente permitida, en productos de la agricultura. Es el SENASA quien debe controlar que los alimentos no superen esos límites.

El acceso a los datos de los controles realizados por el SENASA sobre las frutas, verduras y hortalizas en los mercados de abasto (Central, de La Plata y General Pueyrredón), ha sido una bisagra en el camino por una agricultura libre de agrótoxicos.

Pues se trata de información que confirma todas las sospechas sobre la seguridad de los alimentos de consumo directo sometidos al uso de agrotóxicos. Los resultados son elocuentes, un primer análisis ligero de los números de los controles , nos indica que más del 63 % de las frutas, verduras y hortalizas tiene al menos un residuo de agrotóxico.

Un segundo análisis, mas profundo, detallado y desclasificado (que hemos realizado en estos meses y que estamos presentado), nos advierte que estamos ante una situación de emergencia de inocuidad y seguridad alimentaría en la Argentina. Sin eufermismos denunciamos que toda la población esta expuesta a Daño Alimentario.

EL VATOXA

El informe del SENASA lo hemos sometido a un estudio pormenorizado, que comprendió, una individualización de todos los agrotóxicos detectados en los controles (el número asciende a 65 principios activos), una clasificación toxicológica de cada sustancia química - desde la perspectiva de los efectos crónicos y según la revisión realizada por la Universidad de Costa Rica-, la indicación de los formulados autorizados por cada sustancia y su respectiva titularidad, detalle de los alimentos examinados y efectivamente contaminados con agrotóxicos.

Toda esa información ha sido recopilada en lo que denominamos Vademécum Toxicológico Alimentario Argentino VATOXA, que en esta edición fundacional, presenta información básica pero esencial para saber cual es la situación actual de los alimentos en relación a los residuos de agrotóxicos en la Argentina. Y también saber de cada agrotóxico que nos visita la mesa de los alimentos diariamente.

Se trata de un documento dinámico, que se ira actualizando periódicamente, con al aditamento de transformarlo, de aquí en más, es una construcción colectiva y popular, que motive la participación de la gente, volcando novedades e información relevante sobre alguna sustancia química, o nuevos trabajos o investigaciones científicas significativas, o datos de relevamientos, pertinentes para ser consignados en el Vademécum.

La construcción de un Vademécum popular sobre los efectos de los agrotóxicos en los alimentos, es la mejor herramienta de información democrática con la que pueden contar los consumidores y las consumidoras y la sociedad civil en general, frente a la minimización que se realiza desde la propias autoridades y los medios de comunicación hegemónicos, en complicidad con las corporaciones del agronegocio, bajo los argumentos genéricos y falaces de las buenas prácticas o los mas absurdo que un simple lavado de las frutas, verduras y hortalizas, los libera de los agrotóxicos o que estos han sido sometidos a rigurosos estudios y evaluaciones de riesgos con la supervisión del SENASA.

Ambas falacias, quedaran desvirtuadas de plano. Y el VATOXA es una prueba que se sustenta en los propios registros oficiales del Estado.

La primera edición del VATOXA, Vademécum Toxicológico Alimentario Argentino, por un proceso agroalimentario libre de agrotóxicos, y en resguardo de la salud pública y la biodiversidad, ya es un hecho.

Es también intención, convertir al VATOXA, en una herramienta jurídica, dado que la información científica, - la ya reunida, mas la que se sume - servirá para consolidar los argumentos en las distintas presentaciones judiciales (precautorias y de acción publica) que se realicen en la materia (algunas ya proyectadas y a punto de ser iniciadas.

Al VATOXA, se puede acceder mediante tres Directorios: Directorio de Alimentos contaminados con Agrotóxicos (son 38); Directorio de Agrotóxicos detectados en los Alimentos y Directorio de Estadística y Gráficos (65, en total).

Para la determinación toxicológica de los agrotóxicos implicados en el VATOXA se han dispuesto 6 categorías; salvo las dos primeras, el resto se ajusta a la clasificación toxicológica por su mayor-menor peligro: Prohibido (por Resolución del SENASA), color Negro ; No Autorizado (No hay registros de formulados autorizados en Argentina), color Beige ; Muy Peligroso, color Rojo ; Moderadamente Peligroso, color Amarillo ;Ligeramente Peligroso, color Azul ; y normalmente no peligroso, color Verde .

Para la asignación de una categoría toxicológica a un agrotóxico, a los efectos del VATOXA, se ha considerado la banda de clasificación toxicológica con mayor número de registros de formulados comerciales autorizados por el SENASA, para cada agrotóxico determinado. Esa regla, cede en el caso de que un agrotóxico registre 10 autorizaciones de formulados comerciales de la categoría toxicológica mas alta, donde la que contiene un mayor numero de registros, pero de nivel inferior en cuanto a la peligrosidad, queda relegada por la primera. En el caso de empate, se elige la de mayor peligrosidad.

Adviértase que varios alimentos importantes no forman parte del estudio, atento a que el SENASA no ha dado respuestas de haber realizado controles sobre los mismos, a saber: Berenjenas, Zapallos, Arándanos, Repollos, Endibias, Remolachas, Higos, entre otros.

Será un trabajo inmediato que esos alimentos también sean controlados, mas allá de la inoficiosidad del SENASA.

DISCUSIÓN SOBRE LOS LMR EN LOS ALIMENTOS

Consideramos que corresponde realizar una discusión (política y jurídica) sobre los límites máximos de residuos (LMR) de agrotóxicos, dado que se han fijado - cuando así ha sucedido - bajo fórmulas que no tienen un respaldo científico. En efecto, el acto administrativo del Estado que los fija en Argentina (Resolución 934/2010 del SENASA), no expresa en los antecedentes, ni en las motivaciones, las razones del establecimiento del valor, no superando así el test mínimo de razonabilidad.

El único punto a favor de la resolución administrativa apuntada es la regla por defecto que contiene, según la cual si el SENASA no fijó un valor de LMR para un agrotóxico sobre un alimento determinado, se aplica el valor 0,01 mg.

Sucedió que en razón de que el SENASA no tiene una capacidad operativa y técnica para cumplir con sus funciones, no pudo desde el año 2010 completar la fijación de los valores de LMR para todos los alimentos, por lo tanto la mayoría de los productos químicos están alcanzados por la regla por defecto. Esto terminó constituyéndose en una norma de protección (en lo formal) para los consumidores y las consumidoras, dado que, cada vez que el SENASA reguló un valor de LMR lo hizo muy por encima del valor por defecto, justamente para garantizar el uso de agrotóxicos sin problemas, priorizando los intereses económicos sobre la salud pública.

El valor mínimo de 0,01 mg no da margen de error para que una sustancia química no sea detectada, y por lo tanto obliga a los mismos productores a desistir del uso de agrotóxicos en la producción de frutas, verduras y hortalizas. El tema es investigar si el SENASA es estricto en los controles y en el cumplimiento de ese valor mínimo, cuando rige. La Auditoria General de la Nación, al respecto, fue lapidaria.

Este plafón y juego normativo, aunque cueste creerlo, coloca a la Argentina, en la formalidad jurídica, en una mejor situación que otros países, e inclusive la Unión Europea, dado que en otras jurisdicciones se ha avanzado en la fijación de valores de LMR de cada agrotóxico sobre los alimentos, aunque siguiendo los lineamientos del Codex Alimentarius (un plexo reglamentario gobernado exclusivamente por las grandes corporaciones alimenticias, a través de los respectivos países desarrollados, miembros de la OMC). Por lo tanto, mayoría de los alimentos contienen, en Europa, un valor de LMR de agrotóxicos superior al 0,01 mg.-

El acuerdo entre la OMC y la FAO sobre la Aplicación de Medidas Sanitarias y “Fitosanitarias” (MSF), es la llave para que ello haya ocurrido. El Codex Alimentarius se sustenta en principios abstractos y utilitaristas, enajenado de criterios científicos e inclusive de razonabilidad mínima en relación al resguardo de la salud pública, privilegiando los intereses de la corporaciones del agronegocio.

En consecuencia, si realizamos una comparación de los LMR que hoy están vigentes en la Unión Europea, en promedio, están muy por encima de los que rigen en Argentina; ello gracias al valor por defecto establecido en la Resolucion 934/2010 y la omisión (esta vez bien vista y recibida) del SENASA.

Por eso, debe estarse atento a cualquier intento de modificación de la Resolución 934/2010, y más específicamente a la regla del LMR por defecto de 0,01 mg. Asimismo, el establecimiento de un valor de LMR superior al valor por defecto, sobre un alimento determinado respecto del cual se estaba aplicando éste último, sería pasible de serias objeciones, atento al principio jurídico de progresividad, que conlleva la no regresión, también aplicable en materia de salud pública y alimentación adecuada.

Más allá de este punto, la discusión sobre los LMR, se centra en que se parte de una falacia central: no existe un valor seguro de exposición a los agentes cancerígenos, disruptores endocrinos, genotóxicos o mutagénicos, esto es así, dado que los mismos actúan a muy bajas dosis en el tiempo y son bioacumulables, siendo absolutamente indeterminable el umbral de exposición ante el daño. A su vez, debe considerarse que los agrotóxicos se potencian entre ellos, es lo que se denomina efectos sinérgicos que no son considerados como un criterio de riesgo en ninguna normativa, ni local ni mundial.

Aun así, los estudios y evaluaciones que realizan las empresas para obtener las autorizaciones, no son seguros, dado que fueron realizados con protocolos absolutamente inadecuados para indagar sobre los efectos crónicos y cancerígenos de los agrotóxicos.

En efecto, las empresas como Monsanto, Bayer, Dow Chemical, Basf y Dupont, avalan la seguridad de consumir alimentos con residuos de agrotóxicos, en ensayos que sólo se han realizado por plazos de 90 días en ratas, cuando la ciencia digna, abstraída de intereses comerciales, ha demostrado que las conclusiones de esos estudios son muy endebles al no comprender el ciclo total de vida (o al menos la mitad) de los animales, en este caso roedores, cuyo promedio de vida es de 24 meses.

Los estudios e investigaciones científicas que se han proyectado a largo plazo (todo el ciclo de vida de los animales) en relación a los agrotóxicos, están demostrando claramente los efectos crónicos y carcinogenéticos que pueden tener sobre la salud humana, cuando la población queda expuesta en el tiempo a esta sustancias que aparecen como residuos en casi todos los alimentos.

La OCDE (Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico), impregnada del utilitarismo capitalista, no tuvo opción y le termino dando la razón a la ciencia digna, y en el año 2009, creó los protocolos 452/453 de evaluaciones de riesgos crónicos y cancerígenos, tanto de los químicos como de los OGM, a plazos de 1 y 2 años, respectivamente, los cuales comenzaron a tener vigencia para los países miembros de la OCDE, a mediados de 2011.

Si bien esos protocolos no son obligatorios mundialmente, son una pauta de reconocimiento insoslayable a la ciencia digna, y un argumento sustancial en el reclamo urgente ante las autoridades, para exigir la revisión de todos los agrotóxicos y someterlos a una evaluación rigurosa, ante las nuevas directrices creadas por la OCDE, que son en principio, una referencia válida.

Claramente, se sospecha cual va a ser el resultado, si ello sucediera, el SENASA y las corporaciones lo saben, por eso omiten ese paso, en cambio, desde esta lado se insiste, ahora con el VATOXA, en mano.

Fuente: Naturaleza de Derechos


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