Vigilantes de la Tierra. De su suelo, sus aguas. Del patrimonio intangible construido en siglos de practicar un humanismo comunal y solidario sin lucro ni más ambición que seguir cultivando y tripulando el planeta en su viaje sideral, durante el tiempo vital en que a cada generación le es dado para el cuidado y utilización racional de la Tierra, que para los pueblos indígenas es sólo la herencia que dejaremos a los que vienen después.
Revista Ojarasca
Autor | Ojarasca | Idioma | Español | Pais | América Latina | Publicado | 17 mayo 2011 12:44:28
Autor | Ojarasca | Idioma | Español | Pais | América Latina | Publicado | 04 enero 2011 14:12:43
El capitalismo caníbal destruye los ríos (Yaqui, Paraná, el que sea) porque quiere dinero. Las playas, porque quiere turistas (más dinero). Las selvas de Chiapas, Guatemala, Amazonía (Brasil, Ecuador, Perú, Venezuela, Colombia, Bolivia), porque quiere “recursos naturales” (y más dinero). Los bosques. Las montañas mismas.
El silencio es un espejo. Pero no sólo para quien escucha. También para el que calla. El silencio que hay ahora en México aturde a todos. Es atronador. Cuánto sentido tuvo que unos refulgentes compañeros le dijeran al mundo que cualquier espacio de diálogo donde se buscara entendimiento juntos era subversivo y vital.
Autor | Ojarasca | Idioma | Español | Pais | América Latina | Publicado | 21 octubre 2010 12:08:48
En este nuevo aniversario (21 años) Ojarasca hace un recuento de la situación en México, Bolivia, Ecuador, Brasil, Chile y Paraguay. Aquí algunos fragmentos de su editorial...
En México se lastima a nuestros países hermanos: México ha sido casa de todos los perseguidos del ámbito continental. Uno de nuestros orgullos históricos. Hoy, con un Estado retrógrado, rabioso en proporción directa a su ilegitimidad, y ante la expansión astronómica del llamado crimen organizado, el mercado libre ha encontrado nueva mercancía y nueva sangre que derramar.
Con tantos fantasmas de mala fama que recorren hoy México y América Latina, pasa desaperecibido un fantasma distinto que también recorre nuestras tierras: el de las victorias de los pueblos. Porque demasiado acostumbrados a las penurias y las denuncias –discursos de “combate a la pobreza extrema”, desastres sanitarios, mala educación-, se nos escapan las buenas noticias. Los pueblos, sus luchas de resistencia, sus autonomías, también la hacen.
Cruzar o no cruzar es el dilema de miles y miles hasta sumar millones de mexicanos pisando como advenedizos no deseados la tierra prometida. Hoy estamos enfrentados muy crudamente con la realidad, y más en la frontera norte, una de las regiones más peligrosas de este peligroso planeta. Allí no queda ni rastro de aquello que llamábamos inocencia.
México está enfrascado en engaños e ilusiones de muchos tipos. A la par de las pertinaces crisis (financiera, alimentaria, energética, climática, laboral), sufrimos también una crisis de la legalidad. De lo que conocemos como pacto social, lo que la gente invoca como derecho.
Ante el escenario actual del país, los mexicanos tendemos pensar que debe haber un límite, un hasta aquí que ya no puede estar muy lejos, pero la sucesión de hechos violentos, represivos o vergonzosos, trivializados por el poder y la inflación real de los números de víctimas (materia prima de los medios de comunicación comerciales), sugieren que sucede justo lo contrario: el límite no parece estar a la vista.
En el contexto de violencia en que transcurre la vida actual de los mexicanos -fruto de un Estado rijoso conducido por un grupo político irracional y reaccionario-, la represión política y las frecuentes agresiones contra pueblos y organizaciones sociales, pasen o no desapercibidas, quedan sistemáticamente impunes. ¿Qué tantos ajusticiados son tantitos? ¿Qué tantos los presos por resistir o protestar, en un país de cárceles sobresaturadas?
Durante milenios, la historia del maíz y la de los seres humanos corren paralelas en estas tierras. Más que paralelas: están indisolublemente ligadas. El maíz es una planta humana, cultural en el sentido más profundo del término, porque no existe sin la intervención inteligente y oportuna de la mano, no es capaz de reproducirse por sí misma. Más que domesticada, la planta de maíz fue creada por el trabajo humano...
"El descontrol del Estado, que no de los poderes reales, tiene a México en una encrucijada que no consiguen maquillar ni matizar los discursos, las promesas, las profesiones de buena voluntad de un gobierno que no la tiene para la democracia ni los derechos del pueblo. La militarización progresiva del país es el único saldo 'positivo' de la estrategia de seguridad calderonista."
"Las transformaciones que el país necesita deben surgir también con una visión mesoamericana -de los pueblos indígenas- y orientarse a que sus habitantes puedan tener una vida digna, satisfaciendo las necesidades básicas de alimentación, vivienda y diversión, cuestiones que el actual sistema no puede proporcionar porque está diseñado para generar ganancias económicas para un pequeño grupo de capitalistas, a costa de lo que sea."
Ojarasca es una revista que ha servido de recipiente para la voz, muchas veces no escuchada, de los pueblos indios de México y el continente americano -muchas veces invisibles para el poder.
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