Argentina: en lo profundo del monte

Idioma Español
País Argentina

El Foro “Contra el saqueo y la contaminación. Por la soberanía alimentaria” llevó las experiencias de los pequeños campesinos a los barrios. Afirman que no se sintieron representados durante el largo conflicto

“El campo”, pronunció la mujer haciendo referencia a la manida muletilla que durante cuatro meses repiqueteó desde algunos grandes medios para hacer referencia a uno de los actores sociales que participaron del conflicto por las retenciones móviles. Y tanto en su tono de voz como en su rostro se podía leer ironía, bronca y, sobre todo, la denuncia de injusticias. “Nosotros no nos sentimos representados por ninguno de los señores que decían que representaban al campo” agregó la mujer, como explicitando lo que ya había expresado antes con su rostro. “Algunos de esos señores son los mismos que pagaban a los parapoliciales para que nos quemen los ranchos, nos atropellen, nos repriman, nos echen de las tierras”, completó Leticia Luna, que pertenece al Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero (Mocase), y que llegó a Rosario para participar del Foro “Contra el saqueo y la contaminación. Por la soberanía alimentaria”, que arrancó con una conferencia de prensa el jueves en La Toma, continuó con mesas redondas y paneles en el Club Libertad (Felipe Moré 1120), entre otras actividades en distintos puntos de la ciudad, y cierra hoy con una feria de productos campesinos en la plaza San Martín y una marcha que partirá a las 12.30 desde plaza Sarmiento con dirección a la Bolsa.

Leticia es campesina y aborigen, y quizás por esa pertenencia, al pronunciar el término “el campo” una avalancha de historias, luchas y atropellos cinco veces centenarios tiñe cada una de sus expresiones. “Durante el conflicto, nosotros no nos sentimos representados”, insistió, y al ser consultada sobre cómo quedó su comunidad después del fin del conflicto, su respuesta fue contundente: “Fundidos. Ahora nos refundieron más, porque todo está más caro, y nosotros estamos mucho peor”, señaló la integrante del Mocase, que para reafirmar la distancia que separa a su organización de todas las partes contendientes, agregó: “Nosotros nunca vamos a tirar leche, ni verduras, ni carnes para cortar rutas. Jamás, porque sabemos que hay gente que necesita esa comida”. Las palabras de la mujer dejan entrever que su comunidad tiene otra relación con los alimentos. “Nosotros trabajamos para producir alimentos sanos, sin químicos. Luchamos por la soberanía alimentaria”, agregó Leticia. “Hablaban del campo, pero ¿qué campo? El campo somos nosotros, los verdaderos campesinos, los que estamos metidos dentro del monte. Nos consideramos la tierra y la semilla. No contaminamos. Los campesinos indígenas no estuvimos contemplados en todo esto”, concluyó Leticia.

La pelea en Paraguay

Alicia Amarilla, de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales Indígenas (Conamuri) se autodefinió como “campesina, indígena, afro descendiente y mujer” y el pormenorizado relato de las luchas y los padecimientos de los pequeños campesinos del Paraguay dejó en claro que cada uno de esos rasgos de identidad hace necesaria su militancia. “Estos encuentros fortalecen la articulación con otras organizaciones, dan más fuerza para enfrentar a las grandes empresas trasnacionales, los grandes opresores de América latina”, señaló Alicia ponderando la importancia del foro que se desarrolla hasta hoy en Rosario.

“Luchamos contra la opresión que sufren los sectores más desposeídos de la sociedad, y los problemas son similares en los distintos países: desplazamientos de los pequeños campesinos, a veces por la fuerza, para implantar otros cultivos; utilización de semillas transgénicas y elementos que dañan la salud y el medio ambiente, y la violencia contra la mujer”, enumeró la militante paraguaya.

“La organización que integro es de mujeres, campesinas e indígenas, y es la primera experiencia de este tipo en Paraguay, la primera coordinadora nacional. Ser indígenas y ser campesinas implica problemas similares: discriminación, no tener tierras, no tener derechos, violencia permanente, atropellos de todo tipo”, agregó Alicia al tiempo que señaló los problemas suplementarios que implica, en la militancia de las pequeñas campesinas, el hecho de ser mujer. “Se lucha en medio de una gran diversidad, hemos avanzado bastante y seguimos ganando espacio, pero no es nada fácil organizarse. Y cuesta mucho más siendo mujer, porque las mujeres tenemos doble trabajo, además de la lucha y el trabajo en la tierra, los hijos, y el trabajo en la casa”, concluyó Alicia.

La otra Santa Catarina

Para cierto imaginario Santa Catarina, estado del sur del Brasil, es apenas un sinónimo de hermosas playas. Pero la realidad parece ser más compleja. Justina Cima, del Movimiento Mujeres Campesinas de Santa Catarina, Brasil, da cuenta de una lucha “por otro modelo de sociedad y otro modelo de producción” en esa zona. “Nuestra misión es liberar a las mujeres de toda forma de opresión, transformar la sociedad capitalista, modificar la distribución de la renta, y construir un proyecto de agricultura no químico, sin monocultivos, y no centrado en la exportación de alimentos que deja sin comida al pueblo”, señaló la militante. “Pero en América latina cuando nos organizamos los movimientos sociales nos tachan de terroristas, cuando en realidad los que destruyen el planeta y producen enfermedades y todo tipo de violencia no somos nosotros”, concluyó Justina.

El Ciudadano, Argentina, 11-8-08

Comentarios

13/08/2008
La mujer y la Vida, por Niky Gonzalez.
Desde el comienzo de los tiempos, la mujer fue generadora de Vida, portadora de Vida, cuidadora de Vida. Hoy, con el mismo amor y dedicación cuida las semillas, la tierra, el agua, que son pura vida. Es una lucha dura y desigual frente a las grandes empresas transnacionales que sólo quieren imponer Capital, Transgénicos y Agrotóxicos. Pero no importa, porque quien pone pasión y amor en lo que hace, siempre consigue lo que busca. ¡Fuerza para todas! ¡Adelante! La humanidad confía en uds.
Niky Gonzalez (Norte de la Pcia de Santa Fe)