Contando cuentos sobre la agricultura familiar

Por GRAIN
Idioma Español

"Tomar como base la forma de propiedad para determinar qué es y no es una finca familiar, enmascara todas las desigualdades, injusticias y luchas en las cuales los campesinos y otros pequeños productores de alimentos, en todo el mundo, se encuentran sumidos. Esto le permite a FAO pintar una escena rosa e ignorar, convenientemente quizás, el factor más importante que afecta la capacidad de los pequeños agricultores para producir alimentos: falta de acceso a la tierra."

GRAIN | 24 noviembre 2014

 

Un artículo de opinión de GRAIN publicado por Reuters.

 

Las Naciones Unidas declaró al año 2014 como Año Internacional de la Agricultura Familiar. Como parte de las celebraciones, la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) publicó su anuario “ State of Food and Agriculture” (Estado de la Alimentación y la Agricultura), y que este año está dedicado a la agricultura familiar. Los agricultores familiares, señala FAO, manejan el 70 – 80 por ciento de las tierras agrícolas y producen el 80 por ciento del alimento mundial.

 

Pero en terreno – ya sea en Kenia, Brasil, China o España – los pueblos rurales están siendo marginados y amenazados, desplazados, maltratados e incluso asesinados por una diversidad de poderosos actores que desean sus tierras.

 

Un reciente y completo estudio realizado por GRAIN, que revisó datos de todo el mundo, encontró que mientras los pequeños agricultores alimentan al mundo, lo están haciendo con solamente el 24 por ciento de las tierras agrícolas del mundo – o 17 por ciento si dejamos fuera a la China y la India. El informe de GRAIN también muestra que esta escasa participación va disminuyendo rápidamente.

 

¿Cómo, entonces, puede FAO sostener que las fincas familiares ocupan del 70 al 80 por ciento de las tierras agrícolas del mundo? En el mismo informe, FAO sostiene que solamente el 1 por ciento de todas las propiedades agrícolas en el mundo son mayores a 50 hectáreas y que estas pocas fincas controlan el 65 por ciento de las tierras agrícolas del mundo, una cifra mucho más en la línea de los hallazgos de GRAIN.

 

La confusión proviene de la forma en que FAO usa el concepto de agricultura familiar, a la que definen, aproximadamente, como cualquier propiedad agrícola administrada por un individuo o una familia (Admiten que no es una definición precisa. Varios países, como Mali, tienen una definición propia).

 

De esta manera, una enorme finca de soja en Argentina, cuya familia propietaria vive en Buenos Aires, está incluida en la cuenta de “fincas familiares” de FAO. ¿Y qué hay con la Hacienda Luisita?, de propiedad de la poderosa familia Cojuanco en Las Filipinas y, desde décadas, epicentro de la batalla por la reforma agraria en el país. ¿Es esto una finca familiar?

 

Tomar como base la forma de propiedad para determinar qué es y no es una finca familiar, enmascara todas las desigualdades, injusticias y luchas en las cuales los campesinos y otros pequeños productores de alimentos, en todo el mundo, se encuentran sumidos.

 

Esto le permite a FAO pintar una escena rosa e ignorar, convenientemente quizás, el factor más importante que afecta la capacidad de los pequeños agricultores para producir alimentos: falta de acceso a la tierra. En lugar de esto, FAO centra su mensaje en cómo los agricultores familiares deben innovar y ser más productivos.

 

El tamaño de las propiedades de las familias campesinas e indígenas productoras de alimentos disminuye debido a un conjunto de fuerzas. Una, es debido la presión poblacional, las propiedades se están dividiendo entre los miembros de las familias. Otra, es la vertiginosa expansión de las plantaciones de monocultivos.

 

En los últimos 50 años, la asombrosa cantidad de 140 millones de hectáreas – el tamaño de casi toda la tierra agrícola en India – ha sido ocupada por cuatro cultivos industriales: soja, palma aceitera, raps o canola y caña de azúcar. Y esta tendencia se acelera cada vez más.

 

En las próximas décadas, los expertos predicen, el área global plantada con palma aceitera se duplicará, mientras que la soja aumentará un tercio. Estos cultivos no son para alimentar a las personas. Se cultivan para alimentar al complejo agroindustrial.

 

Otras presiones que empujan a los pequeños productores de alimentos fuera de sus tierras, incluye a la plaga descontrolada del acaparamiento de tierras a gran escala por los intereses corporativos. Sólo en los últimos años, de acuerdo al Banco Mundial, alrededor de 60 millones de hectáreas de tierra agrícola fértil han sido concesionadas a largo plazo, a inversionistas extranjeros y a la élite local, principalmente en el Sur.

 

Mientras que algunos de éstos son para producción de energía, una gran parte es para producir materias primas de alimentos para el mercado global, en lugar de la agricultura familiar.

 

Lo pequeño funciona mejor

 

La paradoja, sin embargo, y una de las razones por las cuales los pequeños productores están alimentando al planeta a pesar de tener tan poca tierra, es que los campesinos y campesinas son a menudo más productivos que los grandes.

 

Si los rendimientos alcanzados por los pequeños agricultores de Kenia fueran igualados por las operaciones a gran escala en el país, la producción agrícola sería el doble. En América Central, la producción de alimentos de la región se triplicaría. En Rusia, si los grandes agricultores fueran tan productivos como los pequeños, la producción se incrementaría por un factor de seis.

 

Otra razón de por qué los pequeños agricultores están alimentado el planeta, es porque priorizan la producción de alimentos. Ellos tienden a centrarse en los mercados locales y nacionales y en sus propias familias. De hecho, mucho de lo que ellos producen no queda en las estadísticas de comercio – pero llega a aquellos que más lo necesitan: los pobres rurales y urbanos.

 

Si el actual proceso de concentración de tierras continua, entonces no importa cuán trabajadores, eficientes o productivos sean los pequeños agricultores, simplemente no podrán seguir adelante. Los datos muestran que la concentración de tierras agrícolas, cada vez en menos manos, está directamente relacionada con la cantidad creciente de personas que pasan hambre cada día.

 

De acuerdo a un estudio de las Naciones Unidas, una política activa de apoyo a los pequeños productores y a los métodos ecológicos de agricultura podrían duplicar la producción global de alimentos en una década y permitir a los pequeños agricultores continuar produciendo y utilizando la biodiversidad, mantener los ecosistemas y las economías locales, a la vez que se multiplicarían y fortalecerían significativamente las oportunidades de trabajo y la cohesión social en áreas rurales.

 

Las reformas agrarias pueden y debieran ser el punto de partida para moverse en esta dirección.

 

Expertos y agencias de desarrollo están señalando, constantemente, que necesitamos duplicar la producción de alimentos en las próximas décadas. Para lograr esto, generalmente recomiendan una combinación de liberalización del comercio y la inversión, más las nuevas tecnologías.

 

Pero esto sólo le dará poder a las corporaciones y creará más desigualdad. La solución real es entregar el control a los propios pequeños productores y promulgar las políticas agrarias que los apoyen.

 

El mensaje es claro. Necesitamos urgentemente devolver la tierra a las manos de los pequeños agricultores y dar la lucha por una reforma agraria, genuina y extensiva, lo que es central para la lucha por mejores sistemas alimentarios en todo el mundo.

 

El apoyo de FAO a la agricultura familiar de la boca para afuera, sólo confunde e impide poner los temas reales sobre la mesa.

 

Fuente: GRAIN

Temas: Agricultura campesina y prácticas tradicionales, Agronegocio

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