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Biodiversidad en América Latina y El Caribe

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Autor Revista Biodiversidad, sustento y culturas Idioma Español Pais América Latina y El Caribe Publicado 1 diciembre 2017 12:57

De un vistazo y muchas aristas: De guardianes, ferias y casas de semillas

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Por mas asedios a las que se las someta, las semillas agrícolas, criollas, nativas, campesinas, indígenas siguen su viaje. Y como lo han hecho los últimos diez mil años lo hacen de la mano de las sabias y sabios que las crearon, las multiplicaron, las compartieron y las sembraron en todo el planeta.

Hoy el viaje de las semillas continúa de la misma manera que comenzó cuando muchas mujeres de todo el mundo, a través de vaya a saber qué conexión, decidieron tomar las semillas de los frutos que las rodeaban y comenzar a sembrarlas. A lo largo y ancho del planeta lo siguen haciendo hoy. Pero además, el camino de las resistencias a la apropiación corporativa inauguró nuevas formas de compartir, defender y guardar semillas y como siempre estas nuevas formas son diversas, múltiples e incomparables. Más de treinta años han pasado desde que RAFI (hoy Grupo ETC) publicara su “kit de bancos comunitarios de semillas” que fue uno de los primeros intentos de aportar a la protección local de las semillas desde las mismas comunidades.

Esta semilla pionera se multiplicó por miles de experiencias a lo largo del mundo y se complementa con un movimiento de guardianas y guardianes, de madrinas y padrinos que se comprometen a hacer lo que siempre hicieron, pero esta vez con un claro compromiso y mandato de sus comunidades. Finalmente las ferias de semillas son el espacio donde la semilla baila al compás de los intercambios, de semillas y de saberes, y donde se concreta de manera más visible su viaje de mano en mano a través de la vida de los pueblos.

Las semillas que tiene hoy la humanidad para alimentarse y vivir son producto de 10 mil años de trabajo de mujeres y hombres que han hecho agricultura. Existen agricultores que han heredado las semillas de sus ancestros por generaciones, comunidades indígenas, campesinas y afro que manejan sistemas de producción biodiversos, con gran cantidad de semillas y plantas para diferentes usos: alimentación, medicina natural y tradicional, construcción de viviendas y herramientas, muebles y artesanías, rituales y ceremonias, entre otros. Estas semillas han caminado con los pueblos desde los inicios de la agricultura, y se han adaptado en sistemas productivos que evolucionan con las culturas y el ambiente donde fueron sembradas. La diversidad de semillas adaptadas a diferentes condiciones climáticas y de manejo permitirá hacer frente al cambio climático. Son éstas las que tienen una memoria de adaptación y sobrevivencia a las condiciones desfavorables, de sequías o inundaciones. La permanencia de las semillas nativas y criollas en los territorios depende de la disponibilidad y calidad; del acceso de los agricultores a los demás recursos de producción como son la tierra, agua, abonos y capacidad de trabajo; y de la definición de políticas públicas que promuevan la soberanía alimentaria en el marco de una autonomía en la producción de semillas nativas y criollas.

La “Guía para redes de custodios de semillas nativas y criollas” contribuye a mejorar la producción local de semillas, su calidad y conservación, además de fortalecer y multiplicar los procesos de construcción de Redes y Casas Comunitarias de Semillas —CCS— nativas y criollas; es un esfuerzo de sistematización del trabajo realizado con 15 redes de semillas, en el marco de la Campaña Semillas de Identidad Colombia. Se constituye en un primer paso para lograr el abastecimiento local de semillas, conservar y recuperar la diversidad biológica, cultural y la soberanía alimentaria de las comunidades en sus territorios, que deberá ser complementado y ajustado con trabajos futuros. Las semillas nativas y criollas son herencia de los pueblos, deben estar en manos de los agricultores, sembradas y propagadas en los territorios, disfrutadas en las mesas y, conservadas como patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad. Semillas de Identidad, Campaña por la Defensa de la Biodiversidad y la Soberanía Alimentaria, Guía metodológica. Redes de custodios y guardianes de semillas y casas comunitarias de semillas nativas y criollas.

Las más de 300 personas, pertenecientes a 100 organizaciones, con representación de hermanos y hermanas de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, El Salvador, México, Paraguay, Uruguay y Venezuela, reunidos del 26 al 29 de octubre de 2012 en Monte Carmelo, Estado Lara, Venezuela, en el 1er Encuentro Internacional de Guardianes de Semillas, con motivo de la séptima celebración del Día Nacional de la Semilla Campesina, declaramos: comprendemos la semilla campesina e indígena de libre dominio como portadora del conocimiento, la identidad y la cultura milenaria capaz de proyectar la política y la economía de la verdadera independencia. Consideramos que el tratamiento actual que reciben nuestras semillas autóctonas es evidencia de que seguimos operando bajo un modelo económico insaciable, mercantilista y despiadado. En Venezuela tenemos un reto inmenso: apropiarnos del sentir de que la agroecología es la vía de la verdadera emancipación en el marco de una economía rentista petrolera que sigue mercantilizando la naturaleza con sus prácticas extractivistas. Reconocemos que la transformación de este modelo vendrá cargada de tensiones y contradicciones, y por tanto entendemos la necesidad de comenzar lo antes posible.

Es urgente, inevitable e invitamos al país a asumir la semilla campesina e indígena como fundamento para la construcción del ecosocialismo, mediante el rescate de las prácticas ancestrales de producción, custodia y multiplicación de las semillas. Reconocemos a las semillas indígenas y campesinas como patrimonio de la humanidad y consideramos que deben estar en manos de la gente que las cuida y no de un puñado de empresas que las modifican y alteran para su propio beneficio. Al uso de agroquímicos y transgénicos le decimos “¡NO!”. Promovemos el uso de buenas semillas, sus cultivos y sus conocimientos asociados. Existe un vínculo sagrado entre el alimento y las medicinas que consumimos y las semillas generadoras de los mismos. Este vínculo está oculto tras las cortinas impuestas por la lógica del capital. Los guardianes de semillas hemos asumido el reto de descorrer el velo que cubre este ancestral y sagrado vínculo. Queremos abrir la ventana para mostrar los potenciales horizontes que se dibujan cuando asumimos un rol más consciente, responsable, proactivo, ético y empoderado en el proceso de generación y usos de estos productos. Consideramos que corresponde al maestro-pueblo dirigir este proceso de refundación del modelo económico. Partiendo de la experiencia de las personas que con su proyecto de vida y ejemplo nos muestran que sólo quien bien hace es quien bien sabe, nos proponemos superar colectivamente la idea de que el conocimiento nace en la universidad y en las instituciones. Consideramos que la maestra naturaleza es la escuela viva más lúcida y vigente a la cual podemos acceder para despertar nuestras conciencias. Reconociendo que los indígenas, conuqueros, campesinos y campesinas de pequeña escala y luchadores agroecológicos son sus intérpretes más atentos, pensamos que son ellos y ellas quienes pueden orientarnos en este camino hacia el postcapitalismo. Asumimos el compromiso de sembrar en las personas, comunidades, colectivos, escuelas, universidades y espacios de trabajo la importancia de la semilla como herramienta de liberación. Las estrategias para poner en práctica este compromiso deben ser consonantes con los principios éticos del ecosocialismo: respetando las realidades locales en su diversidad, las dinámicas de cada comunidad y reconociendo el potencial de los saberes que allí habitan. Sólo así se podrán establecer verdaderas redes horizontales para consolidar un sistema económico comunal sustentable y una escuela viva de cultura popular. 1° Encuentro Internacional de Guardianes de Semillas 26-29 de octubre de 2012 Monte Carmelo, Sanare, Estado Lara, Venezuela.

Cuando en el año 2009 el Resguardo de Cañamomo, en Colombia, se declara Territorio Libre de Transgénicos se inicia la conformación de la red de guardianes o custodios de semillas, que no fue más que encontrar esos agricultores que durante toda su vida habían estado cuidando y conservando algunas semillas tradicionales, que habían heredado o adquirido a través de algún proceso organizativo o productivo; y que quisieran hacer parte de un grupo que se denominó red de custodios; contando con alrededor de cuarenta guardianes, de los cuatro resguardos, donde la meta era producir las semillas que requería el resguardo y el municipio, para los diferentes proyectos productivos que requieren semillas, principalmente de maíz y frijol que se ejecutaban desde la alcaldía municipal y los mismos resguardos.

Aunque los custodios siempre han cultivado sus semillas, el reto era producirlas en mayores volúmenes, de buena calidad y de manera agroecológica, para suplir la demanda que se requiere en algunos momentos. Se inició un proceso de acompañamiento para fortalecer lo organizativo de la red y en la parte técnica para mejorar la calidad de las semillas en términos de sanidad y vigorosidad del cultivo y de la semilla; en la germinación para ciertas especies se verificaron que los porcentajes fueran mayores al 90 % y la fidelidad de la semilla en cuanto a la variedad y clima. Con este proceso se hace resistencia ante el modelo de Revolución Verde que con los monocultivos de café y caña panelera, y los proyectos asistenciales de entrega de semillas “desmejoradas” e insumos, afectaron a las comunidades y cambiaron la tradición de producir y guardar la semilla tradicional para las siembras.

Con el trabajo de la red se promovió la recuperación y producción de las semillas criollas y nativas de buena calidad, desde los diferentes proyectos, que apuntan a la soberanía alimentaria de las familias. La campaña Semillas de Identidad ha realizado el acompañamiento permanente de todos los momentos por los que ha evolucionado la red; apoyando lo organizativo y lo técnico; mediante la cofinanciación con recursos para las actividades que han permitido el crecimiento y la proyección hacia el futuro de la sostenibilidad y buscando mejorar las condiciones socio-económicas de los custodios por medio de la producción, el intercambio y la comercialización de las semillas tradicionales.

En 2013 se inició la construcción de la casa de las semillas, gracias al esfuerzo económico del resguardo de Cañamomo, la administración municipal y la campaña semillas de identidad, la cual se define como: “El espacio de encuentro de custodios y productores de semillas criollas y nativas, para la recuperación, conservación, intercambio y comercialización de las semillas producidas agroecológicamente, y libres de propiedad intelectual para fortalecer la autogestión, la economía local y la cultura”. La casa de las semillas está conformada por los custodios, los cosecheros, las parcelas donde se producen las semillas y el centro de semillas donde se reciben, seleccionan, identifican, registran, codifican y almacenan las semillas para garantizar la calidad en el intercambio, préstamo y/o la venta de semillas, convirtiéndose en un referente de la comunidad para el intercambio y el aprovisionamiento de semillas.

La casa de semillas hace parte de la red nacional de custodios de semillas y en los resguardos y asentamientos indígenas del departamento de Caldas (Colombia) hace parte de los planes de vida de las comunidades. Colombia: Tejiendo redes de guardianes de semillas agroecológicas criollas y nativas. Campaña Semillas de Identidad, Colombia.

El asentamiento Primavera Real fue fundado hace unos 16 años en el barrio San Pedro, distrito de Guayaibí, en Paraguay, en el segundo departamento. Es una comunidad agrícola de unas 800 familias que cultivan y viven según el modo de producción campesina. En esta localidad tiene su asiento la sucursal de Semilla Róga, iniciativa para la conservación y reproducción de semillas nativas y criollas que lleva adelante la Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas Conamuri. A un año de la inauguración de Semilla Róga en Guayaibí, las familias integrantes de la Asociación Jerovia ha Vy’a, y de comités tales como el “15 de Agosto” y el “11 de junio”, conmemoraron la fecha con un encuentro y una jornada laboral en la parcela comunitaria, ubicada en “11 de junio” en la vecina jurisdicción de Yryvukua. Muchos son los logros que se han cumplido en este primer año de “Semilla Róga’i”, como se la conoce también para diferenciarla del primer local de esta naturaleza, que abrió sus puertas en 2010 en la Colonia Santory, distrito de Repatriación (Caaguazú).

Entre los objetivos alcanzados se encuentra el local propio de la casa de semillas, se cuenta con insumos y equipos de conservación de las variedades y una coordinación de tareas y compromisos asumidos respecto a la producción y los cuidados en la parcela comunitaria, de una hectárea de extensión y donde se cultivan maíz, maní, legumbres, mandioca, abono verde y otros rubros básicos de la agricultura campesina, además de plantas medicinales.

Llegar a esta instancia colectiva no ha sido sencillo, es un avance significativo a partir de la organización de base y el proceso de empoderamiento de la comunidad respecto a su vinculación con el territorio ocupado. Conservar semillas nativas y criollas y cultivar alimentos sin aplicar agrotóxicos es una victoria de la formación de conciencia política y la promoción de saberes agroecológicos.

Una de las fortalezas, sin duda, es la presencia de la juventud que aporta entusiasmo y creatividad al proceso de crecimiento de Semilla Róga: “Tenemos mucha esperanza en el grupo de jóvenes que se formó en nuestra comunidad. Ellos están aprendiendo sobre el rescate de semillas y sobre alimentación saludable”, menciona nuestra compañera Josefina Ruíz Díaz, Secretaria de Organización de la Dirección Nacional de Conamuri. La comunidad se dispone a capacitarse para la habilitación y manejo de una radio comunitaria que sirva de herramienta y medio de difusión de sus actividades. Este proyecto es coordinado por Demoinfo, Iniciativa de Democratización de la Información y la Comunicación, y estará orientado al desarrollo de todas familias que tienen por común el deseo de buen vivir. Las y los jóvenes de Primavera Real asumieron el compromiso de levantar una biblioteca popular que va tomando forma lentamente. Semilla Róga no se trata sólo de un espacio para guardar semillas, sino que pretende ser la síntesis de los procesos colectivos en una comunidad en donde se reflejen los ideales que nos movilizan como clase trabajadora del campo y desde la lucha de las mujeres organizadas. Paraguay: Primer aniversario de Semilla Róga en San Pedro, de la resistencia campesina hacia un mundo mejor

Las semillas nativas y criollas son plantadas, cosechadas, seleccionadas y multiplicadas desde hace muchos años, y tienen la ventaja de estar adaptadas al medio en que son sembradas. Para el productor que las planta año a año son un insumo básico e insustituible por varios motivos: por el nivel de mejoramiento adquirido, porque el sistema comercial es bastante más pobre en variedad y porque le da autonomía: no depende del mercado.

Granos de maíz de diversos colores, tamaños y usos fueron compartidos el sábado en la Séptima Fiesta de la Semilla Criolla y la Agricultura Familiar: los intercambiaron los productores y llegaron a otras manos, que prometieron plantarlos y multiplicarlos. Pero no todo era fiesta, porque la expansión de los cultivos de maíces transgénicos acorrala esa diversidad. “Las variedades locales sufren un proceso de desaparición, consecuencia de la sustitución por cultivares modernos y la disminución del número de productores familiares que históricamente las han utilizado”, expresan en “Semillas criollas de maíz de Uruguay y contaminación con transgenes”, texto elaborado por docentes de las facultades de Química, Ciencias y Agronomía de la Universidad de la República, por integrantes de la Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas y de REDES Amigos de la Tierra.

La biodiversidad del maíz se discutió en una de las mesas de la Séptima Fiesta de la Semilla Criolla. Allí se plantearon testimonios que graficaron la pérdida. Una persona lamentó que perdió el maíz cultivado desde 1926 y que era “herencia de sus abuelos”. José Puigdeval, de la Quebrada de los Cuervos, mostró dos choclos, preciadas variedades de maíz cuarentón cosechado desde hace 45 años por Julián Díaz, productor olimareño que murió hace un mes. Como los maíces ya estaban plantados, les pidió a la hija y a la esposa de Díaz obtener algo de lo poco que quedaba plantado para colectivizarlo en la Fiesta de la Semilla, y así mantenerlo. Puigdeval mencionó el “legado” de Díaz. “Esta selección la hizo durante 45 años, selección masal: iba todos los años a la chacra y sacaba el mejor maíz.

La mejor selección no la hace ningún instituto de investigación: los productores tienen lectura ambiental directa, totalmente apropiada culturalmente a su conservación, a su uso”. Puigdeval reprodujo la sensación que vivió al recibir los maíces: “A mí me temblaron las piernas, y me responsabiliza sobre la posible pérdida de una variedad, porque el productor no está más y yo tengo que salir a colectivizar para ver si podemos mantenerlo”. Agregó que no puede plantarlo en la Quebrada porque las poblaciones de maíz de esa zona están contaminadas con transgénicos. “Lo que veo es que en Uruguay el maíz está tirado a la marchanta”, afirmó, “No tengo siquiera un lugar donde plantarlo, y nos hablan siempre de coexistencia regulada. Ésas son las cosas que habría que solucionar con urgencia”, añadió. El tercero de los casos mencionados fue el de la Cooperativa Granelera Ecológica (Graneco), que en 2016 sufrió contaminación con maíces transgénicos —en plantaciones de Canelones—, que comprometió la producción de harina de maíz y polenta orgánica de este año. Uruguay: Red de Semillas Nativas reitera que no es posible la “coexistencia regulada” entre maíces criollos y transgénicos

Productores de diferentes comunidades argentinas expusieron, intercambiaron y comercializaron semillas y productos. El pasado sábado se llevó a cabo la 15º edición de la Feria de Intercambio de Semillas Nativas y Criollas en el Club La Soledad de la localidad de Medanitos, Fiambalá. El encuentro fue organizado por Acampa, la Asociación Civil que nuclea a los Campesinos del Abaucán, con el apoyo de la Asociación Civil BePe, ProHuerta y la municipalidad de Fiambalá. De la jornada participaron productores de diferentes localidades de la zona como Antinaco y Tatón, Saujil, Pablo Blanco y de distintos departamentos de la provincia, así como también delegaciones de agricultores de Santiago del Estero. El encuentro anima a productores a mejorar la semilla tanto para el autoconsumo, como para compartir con otros y mantener viva la tradición milenaria de conservar, reproducir e intercambiar libremente las semillas.

Desde temprano los productores comenzaron a preparar sus puestos con variedad de semillas de frutas, hortalizas y flores; artesanías, comidas, “yuyos” y plantines. Luego se inició el espacio de intercambio de productos y saberes, y en una segunda instancia se abrió la posibilidad para la compra y venta. Johana Villagrán, presidenta de Acampa, contó que la Feria nació como una forma de recuperar la semilla, fuente de vida y soberanía alimentaria. “En cada pueblo se iban armando distintos grupos que empezaron a trabajar con el trueque, a intercambiar lo que producían con otros agricultores de otros departamentos. De ahí nació crear esta feria, para recuperar la semilla. Se recuperó la semilla de chía y la de quinoa que se estaba perdiendo”. “Ahora cada uno cosecha su semilla, trata de guardarla para intercambiarla, para venderla, para sembrar ellos mismos y no tener que estar comprándolas en otro lado. La Feria es importante porque se va concientizando al productor de cosechar y cultivar su propia semilla para su propio sustento”, reflexiona Johana. Argentina —Catamarca: Medanitos vivió una nueva edición de la Feria de Semillas.

Ñanderoga (en Argentina) comenzó a funcionar en 1992. El grupo fue aprendiendo con errores y aciertos, haciendo camino al andar. “En lengua guaraní Ñanderoga significa nuestra casa. Y no es cualquier casa, sino la casa donde se atesoran cosas, donde se atesora la vida; para el guaraní no existe la casa del buen vestir, de los peinados, nada de eso. Quiere decir la casa donde se desarrolla la vida, por eso la queremos rescatar”, nos dice Lucho Lemos, coordinador de este banco de semillas, en el marco de una feria realizada en Plaza Suecia (Weelrigh y el río Paraná). Ñanderoga actualmente cuenta con 687 variedades de semillas. No todas son comestibles; hay ornamentales, medicinales, aromáticas, árboles forestales, árboles y plantas usados en la cestería, pero el eje fundamental es el alimento. “Detrás de cada semilla hay gran cantidad de información, una cantidad de saberes que siempre se vino reciclando, eso también es el banco, no solamente la pieza, sino los conocimientos”, nos dice Lucho. “El banco de semillas es una estrategia para resguardar variedades que están en vías de extinción por la falta de uso. Las empresas alimentarias, generalmente multinacionales, han ideado dos o tres variedades que las venden en todo el mundo. Entonces hay peligro de perder muchas variedades que la humanidad utiliza, se va perdiendo el hábito de alimentarse con la variedad que atesoraron los pueblos y se corre el peligro de que cada vez el alimento pase a tener menos valor nutritivo, porque el valor nutritivo de los alimentos está en la variedad. No en una sola semilla”, explica, mostrándonos distintas variedades, colores, tamaños y texturas. Banco de Semillas Ñanderoga, Rosario Argentina.

En el sector Paredones de Auquinco, en la comuna de Chépica, en la región de OHiggins, en Chile, se encuentra un revolucionario proyecto comandado por un grupo de mujeres de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (Anamuri). En noviembre de 2015 se levantó en ese lugar un Instituto de Agroecología buscando mantener el patrimonio alimentario del país mediante la preservación y la multiplicación de semillas de origen autóctono, con técnicas traspasadas de generación en generación. “Tenemos un laboratorio y una bodega donde guardamos las semillas en sacos, a temperatura ambiente. Nuestra idea es conservar las prácticas tradicionales de los campesinos reconociendo el valor de esta cultura. Todas las técnicas que usamos son aprendidas en las visitas que hacemos a predios que están de Arica a Coyhaique. Son técnicas de bajo costo”, explica a La Hora Rosa Flores, ingeniera agrónoma y coordinadora alterna de la iniciativa. Aquí se realizan eventos y capacitaciones. En siete meses se pueden aprender métodos de conservación y agroecología. Cerca de 150 mujeres han aportado reproducción de semillas, con lo que se ha logrado un stock de 250 especies, señala Flores. Las campesinas que han donado semillas tienen la preferencia para recurrir al banco. Lo mismo pasa con las cerca de 10 mil socias que posee Anamuri. “Durante los años los campos han perdido diversidad y muchas especies comunes ya no se ven. Gracias a esto le podemos devolver a la tierra lo que le fue arrebatado”, Anamuri, Así funciona el banco de semillas autóctonas de Chile.

El 11 de marzo se realizó la 12º feria del maíz y las semillas criollas en la comunidad de Vicente Guerrero, municipio de Españita, Tlaxcala, evento creado e impulsado por el Proyecto de Desarrollo Integral Vicente Guerrero, AC, que año con año convoca a mayor número de campesinos, no sólo de la entidad sino de varios estados de México. Este aniversario fue muy significativo, por el contexto de la lucha contra de la destrucción del rico patrimonio genético del maíz de México y de Tlaxcala, por parte de las empresas transnacionales empeñadas en adueñarse de las semillas y los alimentos, no sólo como un mecanismo de explotación lucrativa del patrimonio natural de la humanidad, sino como arma de control social: quien controla los alimentos, puede controlarlo todo.

Fue muy clara la intervención del maestro Eckart Boege, quien hizo una recapitulación de las principales etapas de la lucha y del estado que guarda actualmente la demanda colectiva en contra de la autorización de la siembra comercial de maíz transgénico, que hasta ahora ha logrado detener la liberación oficial de esas semillas de muerte, aunque se sigue detectando en los campos la contaminación deliberada, no oficial, de las semillas criollas. Es notable el incremento de los participantes de la feria: son los campesinos que acuden a mostrar, intercambiar y exponer sus semillas y sus productos derivados del maíz, y están los visitantes. Vienen los productores de los cuatro rumbos del estado, y se hicieron presentes productores de Puebla, el Estado de México, Michoacán, y Chiapas. Sus variedades de maíz, son una clara muestra de esa biodiversidad que se pretende destruir.

Preservar e intercambiar las semillas criollas se traduce también en la rica gastronomía que sustenta el maíz en todas las poblaciones del país, presente en la gran variedad de platillos ofrecidos a los visitantes, pero también en el concurso de guisos tradicionales que formó parte del evento, con lo cual se reafirma la percepción ancestral de que el maíz es un don divino que sustentó y sigue sustentando muchas culturas, incluyendo la nuestra. La riqueza del evento no se queda aquí. Se trata también de un foro abierto en el que cualquier persona pudo hacer escuchar su voz para expresar su sentir en torno al maíz, la importancia de conservarlo, de luchar contra los intereses de las empresas y el gobierno cómplice. Se significa la “soberanía alimentaria, el papel que juega el maíz en la cultura campesina”. Gracias a esta conciencia creciente ha sido posible, hasta ahora, mediante el trabajo organizado, detener la siembra de maíz transgénico, Duodécima feria del maíz y las semillas criollas en la comunidad de Vicente Guerrero, Veinte años celebrando al maíz.

Fuente: Biodiversidad, sustento y culturas 93


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