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Autor Eric Holt-Giménez y Ahna Kruzic Idioma Español Pais América del Norte Publicado 30 enero 2017 12:51

EE.UU.: Cómo la privatización de la presidencia por un billonario afectará nuestros alimentos

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"Ahora es momento de que el movimiento alimentario entienda la llegada de Trump al poder como un reflejo de lo que está mal con nuestro sistema económico y político. Sí, Donald Trump es un asalto atroz a los derechos humanos y a la mínima decencia – pero el problema no es él. El problema es el sistema que permitió que llegue Donald Trump y otros como él y que siga trabajando a favor de sus intereses."

Donald Trump es monumentalmente deplorable. Pero ese no es el asunto – el asunto es la crisis política y económica que posibilitó su elección. Hemos tenido muchas crisis desde el 2008, pero nos debemos preguntar: ¿qué significa esta crisis? Desaprovechar una crisis sería terrible. Estados Unidos – una de las primeras democracias liberales – fue fundada por una élite colonial que en un principio dirigió directamente la nueva república. Con el tiempo, traspasó la dirección del estado a políticos profesionales. Mientras que la misión de la clase de políticos profesionales es representar a los ciudadanos estadounidenses democráticamente, su trabajo es mediar las contradicciones entre los intereses empresariales de la élite y las necesidades del 99.9% del país. La presidencia de Trump es una señal fuerte de que este arreglo ya no está funcionando.

Las últimas décadas de neoliberalismo han expuesto el lado oscuro de la democracia liberal, destruyendo no solo economías locales, sino también la legitimidad social de tanto el Partido Demócrata como el Republicano. Uno de los miembros de la clase gobernante con menos experiencia política (y financieramente cuestionable), llenó el vacío de liderazgo político a base de puras bravatas. A pesar de que los gabinetes presidenciales típicamente han sido una puerta giratoria entre empresarios y políticos, la riqueza del actual gabinete es mayor al de una tercera parte de todos los estadounidenses, indicando que Trump está privatizando la presidencia bajo el manejo directo de billonarios.

El control directo de los billonarios refleja el quiebre general del modelo político que ha manejado al capitalismo durante los últimos 200 años. La captura billonaria de la Casa Blanca no es reflejo del poder de la élite, sino de su debilidad. Esto no significa que no sean poderosos fanfarrones – Trump es bueno en eso, pero Trump representa una ruptura entre las élites, no su consolidación. Podemos esperar que Trump y su gabinete clientelista continúen con el neoliberalismo y busquen ventajas competitivas ante su competencia – otra cosa para la cual son buenos. Pero Trump y Compañía no son buenos manejando la misión de la democracia y manteniendo a las masas calladas mientras las élites corporativas saquean la economía. Nos esperan tiempos de mucho enojo, nativismo, intolerancia, y ataques a chivos expiatorios mientras que el “neoliberalismo clientelista” sigue empujando nuestros sistemas alimentarias, ambientales, de salud, vivienda, trabajo y energía al límite extremo. El sistema alimentario jugará un papel especial en este drama histórico porque la manera en la que producimos y consumimos determina en gran medida cómo está organizada nuestra sociedad. Sin embargo, la manera en la que nos organizamos social y políticamente también puede determinar cómo producimos y consumimos nuestros alimentos. Las implicaciones de esto son profundas: nuestros sistemas alimentarios son puntos claves para la transformación sistémica social, política y económica. Nuestro sistema alimentario está en disputa porque:

  • Con Trump en el poder, Monsanto y Bayer ya están esperando que se apruebe la fusión más grande de agronegocios en la historia. Esta fusión les daría el control de una tercera parte del mercado global de semillas y una cuarta parte del mercado global de pesticidas. Cuando lo hagan, Syngenta, DuPont, Dow y ChemChina también buscarán fusiones.
  • Sonny Perdue, el nuevo Ministro de Agricultura y ex gobernador de Georgia, estará a cargo del desmantelamiento de los programas de nutrición, asistencia alimentaria y seguridad alimentaria comunitaria. Perdue es un mercantilista, fan de la antigua Confederación de Sur, y el político predilecto de la industria avícola. Se espera que protegerá los arreglos feudales entre proveedores como Perdue Farms (ninguna relación) y Tyson Foods con los productores de cerdo y pollo que están quebrando bajo contratos corporativos.
  • Una tercera parte de los 5 millones de trabajadores del campo en Estados Unidos son indocumentados, al igual que la mayoría de los trabajadores mal pagados de las procesadoras y los restaurantes. Estos trabajadores se están preparando para resistir las políticas de deportación masiva que Trump ha prometido.
  • Desde la semilla hasta la mesa, el sistema alimentario enfrentará intentos de intensificación y consolidación corporativa bajo Trump. La nanotecnología y la biología sintética han sobrepasado las tecnologías originales de modificación genética de semillas por años luz, permitiendo la manipulación directa del ADN sin tener que recurrir a transferencias genéticas caras e inexactas. Uno puede descargar un “mapa genético” del Internet y manipular el ADN directamente, cambiando su secuencia metabólica para expresar cualquier característica fenotípica, no solo para producir semillas, sino para crear cualquier tipo de forma de vida.
  • Las corporaciones están invirtiendo en la “agricultura digital,” la cual genera cantidades masivas de información sobre el ambiente, el clima, el suelo y los cultivos. Esta información es registrada cuidadosamente vía satélite y después es analizada y vendida a los agricultores. Todos las corporaciones grandes en la cadena alimentaria, desde Monsanto, John Deere y Cargill, hasta Nestlé, Wal-Mart y Amazon están usando estos sistemas de información de datos masivos.
  • El control integrado de información genética y ambiental aumenta la tendencia de consolidación corporativa y de tierras. Amazon, quien está en guerra abierta con el modelo de Wal-Mart, planea vender alimentos a través de centros de suministro gigantes que distribuirán comida con taxis y drones que entregarán alimentos desde grandes “globos dirigibles de comida.” Sus tiendas nuevas llamadas Amazon Go serán totalmente automatizadas, permitiendo al consumidor caminar a través de la tienda escogiendo artículos y salirse sin tener que pasar por un cajero. Una aplicación telefónica registrará las compras y cobrará a la tarjeta de crédito (y decían que es importante crear nuevos empleos…).
  • Toda la presión financiera y estructural de este sector multi-trillonario nos lleva a aun mayores sistemas de producción. Las semillas, insumos, maquinas, financiamiento, seguros, e información masiva son diseñadas para producir cada vez mas productos uniformes para los distribuidores, que son monopolios que están cada día más grandes y concentrados. Para poder participar en las nuevas cadenas productivas de alimentos, los productores necesitarán nuevos financiamientos. ¿De dónde sacarán el dinero? De la tierra.
  • Los bancos ahora ofrecen talleres para asesorar a los productores sobre la venta y finaciarización de la tierra como una medida empresarial para recapitalizar su negocio. El valor de cambio de la tierra agrícola en EEUU está sobrepasando su valor de uso, convirtiéndose en algo como “oro con cosecha.”

Ahora es momento de que el movimiento alimentario entienda la llegada de Trump al poder como un reflejo de lo que está mal con nuestro sistema económico y político. Sí, Donald Trump es un asalto atroz a los derechos humanos y a la mínima decencia – pero el problema no es él. El problema es el sistema que permitió que llegue Donald Trump y otros como él y que siga trabajando a favor de sus intereses. Como movimiento alimentario debemos evaluar las formas en las que nuestras luchas por la seguridad alimentaria, por la soberanía económica local, y por la justicia alimentaria, racial y agrícola están conectadas estructuralmente dentro del sistema alimentario capitalista. Este sistema no está roto – está funcionando justamente como debe funcionar: consolida la riqueza y el poder y transfiere los costos económicos y ambientales a la sociedad. Bajo la administración de Trump tenemos una oportunidad profunda para reflexionar y para luchar no solo por tener más mercados campesinos, seguridad alimentaria, igualdad racial, y justicia agrícola – sino que debemos trabajar juntos para la transformación alimentaria y para la construcción de un sistema completamente distinto que sirva a los trabajadores, agricultores, mujeres, personas de Color, y demás.

Tendremos que pelear las mismas batallas que siempre hemos peleado pero bajo circunstancias nuevas. Las viejas formas de hacer las cosas, incluyendo las peticiones, cartas firmadas, esfuerzos vinculando granjas y escuelas, huertos comunitarios y otras alternativas, no funcionan si están aisladas – ni cuando la élite corporativa está no solo representada en nuestro sistema político sino que se está convirtiendo en nuestro sistema política y económico en sí.

Cuarenta y cinco por ciento de los votantes escogieron no participar en un sistema electoral que sienten no aborda sus realidades. ¿En qué momento estamos cuando tanto la clase política y como los élites han perdido su legitimidad social? Es momento de unir esfuerzos para construir un sistema nuevo.

Por Eric Holt-Giménez y Ahna Kruzic

Food First/Institute for Food and Development Policy

20 de enero 2017


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