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Autor Antonio Regalado Idioma Español Pais Internacional Publicado 8 octubre 2015 11:46

El próximo gran debate en transgénicos será sobre los aerosoles de ARN de Monsanto. Boletín N° 627 de la RALLT

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"Monsanto no es la única empresa que trabaja en el desarrollo de esprays genéticos. Otras grandes empresas de biotecnología agrícola, incluidas Bayer y Syngenta, también investigan esta tecnología. El atractivo es que ofrece un control sobre los genes sin necesidad de modificar el genoma de la planta – es decir, sin crear un OMG."

RED POR UNA AMÉRICA LATINA LIBRE DE TRANSGÉNICOS

BOLETÍN 627

EL PRÓXIMO GRAN DEBATE EN TRANSGÉNICOS SERÁ SOBRE LOS AEROSOLES DE ARN DE MONSANTO

La compañía está estudiando cómo sustituir la modificación de genes de las plantas por un espray de ARN que silencie genes de las plagas

Martes, 25 de agosto de 2015

Por Antonio Regalado

El escarabajo de la patata de Colorado (EEUU) es un devorador insaciable. El insecto puede ingerir hasta 10 centímetros cuadrados de hoja al día, y si no se le controla dejará la planta sin follaje. Pero los escarabajos que yo observaba ya estaban condenados. La planta de la que se alimentaban – de un verde vivo y cubierta cuidadosamente con una red dentro de los laboratorios de Monsanto en San Luis (EEUU) – había sido rociada con un espray de ARN.

El experimento se aprovechaba de un mecanismo llamado interferencia de ARN. Es un método para silenciar temporalmente la actividad de cualquier gen. En este caso, el gen en cuestión era responsable de la supervivencia del insecto. "Estoy bastante segura de que el 99% de ellos estarán muertos muy pronto ", dijo Jodi Beattie, una científica de Monsanto que me mostró su experimento.

El descubrimiento de la interferencia de ARN les sirvió a dos académicos para ganar el Premio Nobel en 2006, y desencadenó una carrera para crear fármacos que bloqueen los genes responsables de enfermedades. Utilizando esta misma tecnología, Monsanto ahora cree que ha dado con una alternativa a los organismos genéticamente modificados (OMG). Ya puede matar bichos al hacerles ingerir hojas cubiertas con el ARN diseñado específicamente para este propósito. Y si la empresa consigue desarrollar esprays que penetren en las células de las plantas, como intenta hacer, podría bloquear ciertos genes de plantas también. Imagina un espray que haga que los tomates sepan mejor o ayude a que las plantas sobrevivan a la sequía.

Monsanto no es la única empresa que trabaja en el desarrollo de esprays genéticos. Otras grandes empresas de biotecnología agrícola, incluidas Bayer y Syngenta, también investigan esta tecnología. El atractivo es que ofrece un control sobre los genes sin necesidad de modificar el genoma de la planta – es decir, sin crear un OMG.

Eso significa que los esprays podrían esquivar en gran parte la polémica que rodea la biotecnología agrícola. O eso esperan estas empresas. Lo seguro es que un método de cumplir los objetivos de la ingeniería genética sin tener que desarrollar OMG podría aportar ventajas comerciales. Los esprays se podrían adaptar rápidamente para combatir una plaga de insectos o un nuevo tipo de virus. No sólo resultaría más rápido que crear nuevas cosechas de OMG, sino que los efectos silenciadores sobre los genes de la interferencia de ARN podrían durar tan sólo unas semanas o incluso días. Eso significa que podrías rociar propiedades como la resistencia a la sequía en épocas de escasez sin afectar el rendimiento de la planta en condiciones climáticas normales.

Beattie me enseñó un gran tarro de vidrio donde ARN purificado deshidratado brillaba como unas bolitas de poliestireno. Hace un par de años, esta cantidad de ARN podría haber valido un millón de dólares (unos 900.000 euros), un motivo para que pocos hubiesen concebido que fuese esparcido desde un tractor sobre hileras de maizales. Pero el coste de fabricar ARN ha caído en picado. Monsanto calcula que ahora cuesta 50 dólares (unos 45 euros) por gramo. La empresa estima que la décima parte de esa cantidad sería suficiente para matar el 100% de los escarabajos de una hectárea de plantas.

Monsanto ha gastado millones de dólares en aprender a controlar las propiedades de las plantas mediante esprays genéticos. Sus oponentes divisan un nuevo riesgo.

En Monsanto, me reuní con Robb Fraley, el director tecnológico de la empresa, que supervisa una plantilla de 5.000 investigadores. Hace tres años, Fraley designó los esprays de ARN como uno de los nuevos enfoques para el desarrollo de productos. Cree que dentro de pocos "establecerán un método nuevo de emplear la biotecnología" que "no tendrá los mismos estigmas, ni los mismos intensos estudios regulatorios ni el coste que normalmente asociaríamos con los OMG". Para Fraley, estas herramientas son "increíbles" y "asombrosas" y que "de todas las plataformas en las que estamos trabajando, esta es la que más me recuerda a los primeros días de la biotecnología".

Fue Fraley el que creó las primeras plantas OMG de Monsanto en la década de 1980 – petunias resistentes a un veneno de plantas. Hoy, Monsanto cuenta con unos ingresos aproximados de 9.000 millones de dólares (unos 8.000 millones de euros) anuales procedentes de la venta de semillas de OMG para cosechas que producen la toxina para insectos Bt o son resistentes a la herbicida Roundup. 180 millones de hectáreas están sembradas con OMGs de maíz, soja y algodón. Y ha generado un debate público igual de vasto. Para sus críticos más acérrimos, la empresa es sencillamente "Monsatán".

Pero con la tecnología del espray de ARN, a la que Monsanto llama BioDirect, la empresa puede haber dado con algo que castigue a sus oponentes. Los esprays se producen desde una molécula ubicua que se degrada con rapidez al entrar en contacto con la tierra. Cuentan con suficiente precisión genética para matar todos los escarabajos mientras perdona a sus primas las mariquitas. Y hasta ahora, la ingesta de moléculas de ARN no parece resultar más tóxica que beberse un zumo de naranja. Como lo expresó Monsanto en una carta a los reguladores estadounidenses, "los humanos llevamos ingiriendo ARN desde que comemos".

La oposición pública, las regulaciones y el ritmo lento de la mejora vegetal hacen que, de media, el proceso de llevar una nueva cosecha de OMG al mercado dure unos 13 años. Pero imagínate que quisieras combatir un virus de plantas, dice James Carrington, el director de una empresa sin ánimo de lucro de Missouri (EEUU) llamada el Centro Danforth de la Ciencia de Plantas y también consejero de Monsanto. "Si puedes hacerte con el control mediante un espray, también puedes imaginarte un producto que se puede modificar con rapidez, que puedes probar más rápido, y llevar al mercado más rápido", dice. "Podrías responder a los problemas en cuanto surjan".

No obstante, no todos están convencidos de que aplicar ARN resulte comercialmente viable, ni de que sea menos controvertido que la modificación genética. "El público no acepta los OMG, y esto podría ser más alarmante. La gente dirá que se está cogiendo ARN y esparciéndolo por ahí", comenta Kassim Al-Khatib, un fisiólogo de plantas de la Universidad de California en Davis (EEUU). "La aceptación de la biotecnología tiene que existir antes de poder emplear otro enfoque. Esto no es una biotecnología para mañana. Es para pasado mañana".

Los esprays podrían modificarse con rapidez para combatir una plaga de insectos o un nuevo tipo de virus.

Cuando estuve con Fraley, no negó que existen obstáculos – de hecho, es lo que tanto le recuerda a los primeros días de la biotecnología. Dice que nadie entiende todavía exactamente cómo llevar ARN hasta el interior de las células mediante un pulverizador de cosechas – al menos no con el tipo de eficacia y fiabilidad que buscan los agricultores. Muchos insectos tampoco son fácilmente afectados. Monsanto ha gastado millones intentando resolver estos problemas y ha colaborado con empresas de biotecnología especializadas en el desarrollo de fármacos. "Nos quedan un par de descubrimientos por hacer aún", dice.

Control de malas hierbas

Las células de plantas y animales llevan instrucciones en forma de ADN. Para hacer una proteína, la secuencia de letras genéticas de cada gen se copia en cadenas idénticas de ARN, que a su vez salen del núcleo para guiar la maquinaria construye-proteínas de la célula. La interferencia de ARN, también conocida como silenciación genética, es una manera de destruir mensajeros ARN específicos para que no se produzca una proteína concreta.

Fotos. Arriba: Un escarabajo de patata de Colorado. En medio: Naranjas afectadas por una enfermedad de cítricos llamada huanglongbing. Abajo: Un tarro de ARN purificado expuesto en Monsanto.

El mecanismo es natural: parece haber evolucionado como un sistema de defensa contra los virus. Se activa cuando una célula se encuentra con ARN bicatenarios, o lo que es lo mismo de doble cadena – el tipo que producen los virus mientras intentan copiar su material genético. Para defenderse, la célula trocea la molécula de ARN de doble cadena y utiliza los trozos para buscar y destruir cualquier otro mensaje idéntico de ARN. Lo que descubrieron los científicos es que si diseñan un ARN bicatenario que corresponde con los genes propios de un animal o una planta, pueden conseguir es que las células silencien esos genes, no sólo los de un virus.

Algunas plantas OMG ya emplean la interferencia de ARN para desactivar las enzimas no deseadas, o para matar virus o insectos. El tomate Flavr Savr – la primera cosecha genéticamente modificada que se aprobó en Estados Unidos – aprovechó este mecanismo para bloquear una enzima que hace que los tomates se ablanden, para que puedan madurar durante más tiempo. Como el algodón y el maíz Roundup Ready de Monsanto, Flavr Savr fue un OMG. Sus semillas disponen de un gen extra que produce una determinada molécula de ARN. Desde entonces, las empresas han modificado más plantas para que aprovechen la interferencia de ARN. Este año una manzana Granny Smith modificada para silenciar el gen responsable de la oxidación ganó la aprobación de los reguladores. Antes de eso, la industria de la papaya de Hawái (EEUU) se salvó gracias a plantas modificadas genéticamente para producir un ARN que la defiende del virus anillado. Y Monsanto espera la aprobación para comercializar plantas de maíz que utilizan la interferencia de ARN para matar el gusano de la raíz del maíz occidental. Esa planta representa el primer OMG que incorpora ARN insecticida a su composición genética.

Pero, ¿y si se pudiera rociar con ARN en lugar de manipular el genoma de la planta? La idea se le ocurrió primero a un químico de Monsanto llamado Doug Sammons. Estudia las malas hierbas que se han vuelto resistentes al glisofato, la herbicida que comercializa Monsanto bajo el nombre Roundup. Estas especies se han convertido en un problema enorme para los agricultores y para Monsanto. Sammons determinó que algunas malas hierbas resistentes disponen de hasta 160 copias extra de un gen llamado EPSPS. Es justo la enzima con la que interfiere el glisofato, frenando el crecimiento de la planta. Las malas hierbas súperpotentes habían encontrado un truco para superar al herbicida.

Sammons creyó que los genes extra podrían eliminarse mediante la interferencia de ARN. El problema era que puesto que las malas hierbas son silvestres, Monsanto no tenía manera de controlar su composición genética como hacía con el maíz. "Así que nos dijo: '¿Por qué no rociamos las plantas?' y nosotros nos quedamos: '¿En serio?", recuerda Gregory Heck, un director de Investigación de Monsanto. "Hasta ese momento sólo pensábamos en los OMG".

Parecía poco probable que funcionara – pero funcionó, según Monsanto. En pruebas de laboratorio y en una parcela colindante a la carretera en Illinois (EEUU) que estaba completamente tomada por malas hierbas, una mezcla de Roundup y ARN bicatenario codificado para dirigirse al gen EPSPS logró que se marchitasen. Según las patentes de Monsanto, la técnica también incluyó el rociado de tensioactivo de silicona que permitió que las moléculas de ARN se colasen por agujeros de intercambio de aire en la superficie de las plantas. De alguna manera, recubrir las hojas con ARN hizo que el efecto silenciador se extendiera por toda la planta, y duraron los efectos el tiempo suficiente para que la herbicida realizara su función.

La tecnología podría dotar a Monsanto de una nueva y exclusiva fórmula de Roundup (que perdió su patente original hace un par de años) y ayudar a lidiar con las problemáticas malas hierbas que se han extendido por las tierras agrícolas de Estados Unidos. "Desde luego es un premio si conseguimos reactivar el glisofato", afirma Heck. Pero los científicos de la empresa vieron que podría hacer mucho más: en teoría podrían introducirse para bloquear cualquier gen de cualquier cosecha de forma temporal. "Podría tratarse de una mala hierba o una planta de maíz", dice Lyle Crossland, un director de Programa de Monsanto. "Se podría simplemente programar la información de la secuencia. Se podría desactivar el gen que provoca la oxidación de la fruta; se podría hacer algo acerca de la resistencia a la sequía, la fotosíntesis. Estamos haciendo muchos sondeos".

"Representa una manera elegante de dirigirse a genes concretos y desactivar esos genes. Y hay genes de rasgos indeseables en todas partes".

Algunos expertos aún no se han convencido de que este enfoque resulte práctico. Stephen Powles, el director de la Iniciativa Australiana de Resistencia Herbicida y profesor de la Universidad de Australia Occidental, me dijo que él había "probado suerte" intentando reproducir el experimento de Monsanto de las malas hierbas, pero no consiguió que funcionara. "Rociar cultivos con ARN bicatenario y conseguir que se adentre en ellos, y que mate las plantas, no es fácil, de hecho es muy, muy difícil", afirma. "Existe la tecnología de formulación, la fecha de caducidad, y puede estar dando tumbos en la parte de atrás de una camioneta durante una semana a 110 ºF (unos 43 ºC)".

Richard Jorgensen, un biólogo de plantas que fue el primero en observar la interferencia de ARN, cree que modificar las propiedades de las plantas mediante un espray "podría tener un resultado muy desigual" en comparación con un auténtico OMG. Pongamos por ejemplo que quisieras dar a una flor con un color concreto. "¿La rociarías cada semana, esperando que el producto penetrara en todas las células del capullo? Creo que tiene muchas limitaciones en comparación con los OMG", dice. Pero para Powles, la idea de propiedades pulverizadas tiene un fuerte atractivo. "Representa una manera elegante de dirigirse a genes concretos y desactivar esos genes. Y hay genes de rasgos indeseables en todo", explica.

Programas de desarrollo avanzado

Después del descubrimiento de las malas hierbas, que ocurrió en 2010, Monsanto empezó a realizar fuertes inversiones para posicionarse dentro del campo de la tecnología de ARN. Adquirió una empresa llamada Beeologics, que había desarrollado un método para introducir ARN en el agua azucarada que ingieren las abejas para matar un ácaro parasítico que ataca a las colmenas. La empresa también había desarrollado un método de fabricación de ARN mucho más barato.

Monsanto también comenzó a intentar resolver el problema de introducir ARN en las plantas de forma más eficiente. Pagó 30 millones de dólares (unos 27 millones de euros) por el acceso a los conocimientos de interferencia de ARN y las patentes de la empresa de biotecnología Alnylam, y cerró un acuerdo similar con Tekmira, una empresa especializada en la producción de ARN radicada en Burnaby, en la región Columbia Británica de Canadá. Monsanto es también el patrocinador financiero de una empresa de 15 personas llamada Preceres, una especie de skunk works (término empleado en la ingeniería u otros campos técnicos para designar a grupos de desarrollo avanzado que se forman para trabajar en proyectos avanzados o secretos con un alto grado de autonomía dentro de la organización) que se estableció junto al campus de MIT (EEUU), donde mezcladores robóticos están ocupados recubriendo ARN con tratamientos de nanopartículas especializadas.

La start-up fue fundada por especialistas en el desarrollo de fármacos, incluidos los profesores Daniel Anderson y Robert Langer de MIT (EEUU), que han dedicado una década al estudio de cómo introducir fármacos de ARN dentro de células humanas – un problema tan complicado que casi acabó con la idea de tales fármacos. Anderson me dijo que el proyecto de la cosecha se enfrenta a muchas dificultades también. "Es más fácil de imaginar si [el ARN] se inyecta por vena, pero si lo pulverizas desde un avión, supondría todo un conjunto nuevo de retos", dijo. "Con los fármacos, no tenemos que preocuparnos por las corrientes de aire".

La tarea básica a la que se enfrenta Preceres es cómo conseguir que una molécula con carga eléctrica como el ARN atraviese la cutícula cerosa de una planta hasta penetrar en sus células. Para ello, los investigadores trabajan en la encapsulación del ARN con nanopartículas sintéticas llamadas lipidoides – compuestos grasientos con una cola química especializada. La idea es introducirlos en una planta, donde el recubrimiento se desintegrará, liberando el ARN. Las formulaciones son enviadas a Monsanto para ser probadas en invernaderos.

El CEO de la empresa, Roger Wiegland, dice que también intenta matar insectos que no son tan susceptibles al ARN como el escarabajo de la patata de Colorado. "Existen insectos que se ríen del ARN bicatenario", dice. Incluyen una oruga que ha infestado las cosechas brasileñas de soja. Dice que algunas de las formulaciones se prueban para comprobar su resistencia a la saliva de la oruga que envía Monsanto a Cambridge (EEUU).

Wiegand cree que si consiguen resolver los problemas de entrega, los esprays de ARN serán "algo muy grande" y representarán "un avance similar a los propios OMG". Pero hasta ahora, sólo un par de publicaciones científicas hacen mención de la idea de los esprays de ARN, por lo que resulta difícil juzgar las afirmaciones de estas empresas. Y muchas ni hacen mención de ellos. Bayer rehusó hacer comentarios sobre su programa de investigación. Lo mismo ocurrió con Syngenta, que en 2012 pagó 523 millones de dólares (unos 457 millones de euros) para adquirir Devgen, una empresa europea de biotecnología con la que había trabajado en el desarrollo de insecticidas de ARN.

Sí conseguí información acerca del proyecto liderado por Nitzan Paldi, un emprendedor israelí que fue cofundador de Beeologics. Su start-up actual, llamada Forrest Innovations, está investigando una solución para el huanglongbing, una enfermedad que está destrozando la industria de los cítricos de Florida (EEUU) y también tiene presencia en Brasil. Causada por una bacteria diseminada por un insecto invasivo llamado el psílido asiático de los cítricos, deja a las naranjas duras y descoloridas, con un jugo que sabe a petróleo. El año pasado, el 22% de las naranjas de Florida se cayeron de los naranjos de forma repentina. Paldi no está dispuesto a revelar exactamente cómo aplica el ARN, pero sí afirmó que espera bloquear los genes implicados en la reacción del árbol a la bacteria. Su respuesta inmunológica a la infección provoca los síntomas de reverdecimiento. Si el tratamiento funciona, Paldi cree que el proceso de aprobación por parte de los reguladores para una intervención de ARN podría ser resuelto con mucha facilidad. Con unos productores desesperados, y la perspectiva de que desaparezca el zumo de naranja de Florida, el público podría tener la mente abierta también. "Puede que estemos posicionados para llegar montados a caballo para salvar la industria", dice.

Una concordancia mortal

En Monsanto, los esfuerzos para desarrollar un espray de ARN que mate los escarabajos de patata se ha impuesto a la idea de los herbicidas. Podría llegar al mercado para 2020, afirma Jeremy Williams, un genetista de Monsanto que dirige el Programa de Insectos. La empresa ha definido un gen objetivo y ha empezado los esfuerzos por desarrollar un espray a prueba de lluvia que se agarre a la hoja de la planta durante al menos una semana en lugar de verse echado a la tierra por las precipitaciones.

Una razón por la que el escarabajo de la patata representa un blanco interesante para los esprays de ARN es que se ha hecho famoso por ser resistente a los insecticidas convencionales. Desde 1952, ha desarrollado la resistencia a más de 60 insecticidas, empezando por el DDT. Pero la interferencia de ARN es un método de ataque que Williams no cree que sea fácil de superar. Si el escarabajo evoluciona para resistirse a una molécula de ARN, dice, los genetistas podrían lanzar con facilidad un nuevo ataque: simplemente "se desplazaría la secuencia" un par de letras o se dirigiría [el ARN] a varios genes de golpe.

"Los humanos llevamos ingiriendo ARN desde que comemos".

Monsanto también se ha interesado por el problema al que se enfrentan los productores de naranjas. Colabora con Wayne Hunter, un entomólogo de pelo pincho del laboratorio de investigaciones del Departamento de Agricultura de Fort Pierce, en la costa atlántica de Florida, donde los pomelos y los naranjos están afectados por la huanglongbing. Con la ayuda de Monsanto, Hunter ha estado intentando matar al insecto psílido con ARN. Me hizo una visita guiada por un terreno con 100 naranjos, explicando que había empapado sus raíces con ARN o inyectado ARN a los troncos. El resultado más interesante de Hunter es que los naranjos parecen absorber y retener el ARN bicatenario. Aplica una dosis relativamente grande a cada árbol, de unos 200 miligramos, y encuentra trazas de las moléculas aún presentes en el dosel arbóreo tres meses después.

En el laboratorio de Hunter, los psílidos se alimentaban de esquejes de los árboles colocados en vasos de líquidos que contenían ARN bicatenario. Hunter probaba secuencias concretas que concuerdan con genes claves del insecto. Uno, que codifica la arginina quinasa, interfiere con su capacidad de producir energía.

Antes de elegir el blanco, los científicos pueden repasar los archivos online de ADN para evitar concordancias con los genes de insectos amigos, como las abejas. Se requiere una concordancia de unas 20 letras genéticas para que la interferencia de ARN funcione. Las moléculas de ARN bicatenarios resultantes, normalmente de una longitud de unas 200 letras, entonces son suministrados a otras especies, como abejas, pulgones y moscas blancas, como una prueba práctica en busca de efectos no deseados. Monsanto ha encontrado que sus secuencias – a las que llama activadores – por lo general sólo afectan a las especies que guardan un estrecho parentesco, insectos del mismo género. "Los genes de los insectos no son idénticos. Si no concuerdan [los genes], [el producto] no los mata".

Por el contrario, los insecticidas convencionales eliminan tanto a los insectos amigos como a los perjudiciales. Para evitar la enfermedad de los cítricos, los productores de Florida han estado aplicando tales productos químicos a menudo cada dos semanas. Uno, llamado imidacloprid, es de uso restringido en Europa por la sospecha de que esté vinculado con el colapso de las colonias de abejas. "Simplemente nos tenemos que alejar del uso acérrimo de pesticidas", afirma David Hall, el líder de la unidad de investigaciones de insectos subtropicales en la que trabaja Hunter.

De momento, parece que los tratamientos de ARN al final representarán un complemento dentro de los naranjales, en vez de representar una bala de plata. El ARN no elimina los insectos de forma instintiva, como hace una neurotoxina. En el laboratorio de Hunter, los insectos sólo empiezan a morir después de cuatro días, y algunos sobreviven hasta dos semanas. "Es un biopesticida – tarda más", explica. Quizás en parte por este motivo el estudio de 100 árboles financiado por Monsanto dio resultados ambiguos. Los árboles seguían estando plagados de psílidos, pero podían haber venido volando de otra parte. Hunter tiene planes para repetir el estudio dentro de un gran invernadero cubierto donde puede aplicar ARN a cada árbol, imitando lo que sucedería si los agricultores emplearan una aplicación que englobe sus instalaciones al completo.

Mientras tanto, los productores prueban con cualquier cosa que tengan a su disposición. También existe un árbol OMG que es resistente a la plaga, gracias a un gen añadido de una planta de espinaca. Pero incluso si los consumidores aceptasen un zumo de naranja OMG, no se podrían plantar esos árboles con suficiente rapidez para reemplazar los árboles ya enfermos de Florida. Las moléculas de ARN de Hunter probablemente no llegarán a tiempo tampoco. "Aún nos faltan 10 años", afirma. "Ese es el problema con esta tecnología. Por aquí existe una grandísima presión para elaborar una solución".

Grandes incógnitas

Las personas de la plantilla de relaciones públicas de Monsanto me dijeron que esperaban poder comunicar mejor acerca de los esprays de ARN de lo que hicieron con los OMG. (Los que visiten las oficinas de la empresa pueden coger un panfleto titulado "10 mitos sobre Monsanto"; el número uno es el rumor de que prohíbe los OMG en su propia cafetería). Hasta ahora, los esprays han estado demasiado enterrados en la reserva de proyectos de I+D para atraer la atención de los oponentes a los OMG. Pero las plantas modificadas genéticamente para emplear el silenciamiento de ARN han sido atacadas. En 2012, la Fundación para Alimentos Seguros de Australia alegó que un trigo experimental desarrollado por el gobierno australiano podría matar. Dijeron que el activador de ARN diseñado para cambiar el contenido de almidón de la planta podría concordar con la enzima del cáncer de hígado además de interferir con ella. La alegación fue algo descabellada, puesto que no parece que el ARN sea capaz de sobrevivir a la saliva humana, por no hablar de los ácidos gástricos. Aun así, dice Wiegand, "la gran pregunta que planteará cualquier escéptico será: 'Si mata insectos, ¿qué efecto tendrá en mí?'"

Monsanto ha estado preparándose para el debate ineludible sobre la seguridad. Mandó a sus empleados a supermercados y puestos de mercado para recolectar frutas y verduras que parecían sufrir infecciones virales. Al analizarlas, encontraron miles de fragmentos de ARN virales, muchos de los cuales concordaban en gran parte con los genes humanos. Pero aún no se conocen casos de personas que hayan sido afectadas por el ARN de las frutas y verduras frescas. Dado este historial de "la historia del consumo seguro", concluyó la empresa, simples concordancias entre activadores de ARN y los genes humanos tienen "poca relevancia biológica".

El ARN será natural. Pero introducir grandes cantidades de moléculas de ARN dirigidas al entorno no lo es.

El año pasado, la Agencia de Protección del Medio Ambiente estadounidense (EPA, por sus siglas en inglés) pidió a un panel de expertos que ayudara a definir cómo se regularán los insecticidas de ARN, incluidos los esprays además de los que se incorporan en los genes de una planta. En una carta de 81 páginas dirigida a la agencia, Monsanto hizo una campaña en contra de regulaciones especiales. Alegó que los productos de ARN deberían estar exentos de las pruebas de seguridad a las que calificó de irrelevantes, incluidas las que evalúan si resultan tóxicos para los roedores y si podrían causar alergias, así como estudios en profundidad de lo que ocurre con las moléculas en el medio ambiente. Sólo las proteínas causan alergias, según Monsanto. Y cuando la empresa roció la tierra con ARN, se degradó y resultó indetectable después de 48 horas.

Las investigaciones corporativas probablemente nunca satisfarán a los críticos. El Consejo Nacional de Abejas le dijo a la EPA que el uso de interferencia de ARN en estos momentos colocaría a los sistemas naturales en "el epítome de riesgo" y podría ser tan lamentado como nuestra adopción anterior del DDT. "Quedan décadas para llegar al entendimiento científico de cómo permitir un uso sostenible y predecible de esta tecnología en el campo", afirmaron. A los apicultores les preocupa que los polonizadores sufran daños por los efectos no deseados. Señalaron que aún se desconocen los genomas de muchos insectos, por lo que los científicos no pueden predecir si existirá una concordancia entre sus genes y los objetivos del ARN.

Los consejeros de la EPA, en su informe del año pasado, estuvieron de acuerdo con que existen pocas pruebas que indiquen que la ingesta de ARN represente un riesgo. Pero, ¿existe algún tipo de riesgo ecológico? Esta pregunta les resultó mucho más difícil de contestar. Monsanto pinta el ARN como seguro y que desaparece rápido, pero el objetivo es que sea letal para los insectos y las malas hierbas, y la empresa quiere desarrollar fórmulas más longevas. ¿Hasta cuándo durarían? En los árboles de Hunter, las moléculas persistían durante meses. Es más, los propios descubrimientos de Monsanto han subrayado las maneras sorprendentes de las que el ARN bicatenario puede trasladarse entre especies.

Estos descubrimientos sugieren que la biología compleja está detrás de este enfoque, lo que provocó que los consejeros de la EPA afirmaran que la "escala en potencia" del ARN empleado en la agricultura "merece la exploración del potencial de efectos ecológicos no deseados". El ARN será natural. Pero introducir grandes cantidades de moléculas de ARN dirigidas al entorno no lo es. El panel de consejeros concluyó que "la falta de conocimientos podrían dificultar la predicción" de exactamente qué problemas podrían surgir.

Pero el mayor obstáculo para los esprays de ARN, según me dijo Nitzan Paldi, no vendrá de los reguladores. El problema de verdad se puede resumir con una sola palabra: Monsanto. "Para medio mundo, basta [ese nombre] para que la gente crea que se trata de algo malvado", afirma. "Monsanto está introduciendo una nueva tecnología, nada más. Pero Monsanto también es la mejor opción para convertir esto en una realidad. Para los entendidos, esta es la molécula del ensueño".

Fuente: http://www.technologyreview.es/...

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Fuente: RALLT


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