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Biodiversidad en América Latina y El Caribe

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Autor Autonomía y bienvivir Idioma Español Pais Internacional Publicado 11 septiembre 2017 11:50

La Vía Campesina para cambiar el mundo, (también desde la ciudad)

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"Se trata de un movimiento transnacional que reúne a unos 200 millones de campesinos, jornaleros sin tierra, pequeños y medianos agricultores, jóvenes y mujeres rurales, indígenas y trabajadores agrícolas migrantes de todo el mundo. Defiende la agroecología campesina y la soberanía alimentaria como forma de promover la justicia social y la sostenibilidad, y se opone fuertemente a los agronegocios que destruyen las relaciones sociales y la naturaleza."

El pasado mes de julio se celebró en Bizkaia la VII conferencia internacional de La Vía Campesina bajo el lema “Alimentamos nuestros pueblos y construimos movimiento para cambiar el mundo”. Se trata de un movimiento transnacional que reúne a unos 200 millones de campesinos, jornaleros sin tierra, pequeños y medianos agricultores, jóvenes y mujeres rurales, indígenas y trabajadores agrícolas migrantes de todo el mundo. Defiende la agroecología campesina y la soberanía alimentaria como forma de promover la justicia social y la sostenibilidad, y se opone fuertemente a los agronegocios que destruyen las relaciones sociales y la naturaleza. La Vía Campesina cuenta con 164 organizaciones locales y nacionales en 73 países de todos los continentes. Es un movimiento político autónomo, plural y multicultural a la vez que se mantiene independiente de cualquier partido político y de cualquier tipo de afiliación económica o de otro tipo.

En la declaración final fruto de la conferencia desgranan los principales asuntos tratados y las líneas a seguir. Tras exponer los graves problemas provocados por el predominio de la economía financiera global y de las grandes corporaciones con importante ayuda institucional y apoyo de los medios de comunicación corporativos, ofrecen el contraste de su ejemplo frente a la crisis que vive la humanidad.

Mientras el agronegocio que ha crecido al calor de la mal llamada revolución verde ha propiciado un modelo excluyente e insostenible, la agricultura campesina e indígena sigue haciendo lo que ha hecho por milenios: producir alimentos sanos para sus familias, comunidades y pueblos.

Contra las leyes, privatizaciones y subvenciones que priorizan y ponen en bandeja los beneficios de las multinacionales a través de una burocracia uniformadora, la agroecología campesina ha preservado los conocimientos adaptados a cada ecosistema y la biodiversidad de las semillas compartidas.

Y ante las soluciones falsas como el capitalismo “verde”, los mercados de carbono y la agricultura “climáticamente inteligente”, la agroecología campesina es la base de la soberanía alimentaria que aquí se propone para los pueblos del mundo.

“Para hacerlo, urge una genuina reforma agraria integral y popular, la defensa de los territorios indígenas y campesinos y la recuperación de los sistemas alimentarios locales.”

En la construcción del movimiento que proponen destacan en varios apartados, (tal y como ya hemos tratado en este blog), la necesidad de “construir nuevas relaciones entre las clases populares del campo y de la ciudad”, así como la necesidad de “fortalecer las alianzas a nivel local, nacional e internacional”. La reforma agraria, la agroecología campesina y la soberanía alimentaria no son propuestas que competen exclusivamente a los trabajadores del campo sino que con ellas se mitiga el calentamiento climático y se construyen sociedades más justas y humanas.

Este movimiento también confronta el patriarcado y resalta el papel crucial de los jóvenes, temas a los que se dedicaron dos jornadas específicas en este simposio (y a los que nos referiremos más abajo). Entre otros aspectos, además, reivindica el papel de la educación para la lucha y para la transformación (por oposición a la estandarización conformista que impone la educación convencional) así como el papel de los medios de comunicación alternativos y la necesidad de construir una comunicación autónoma.

“En un contexto extremadamente complejo, La Vía Campesina es un motor de lucha por la transformación y vela por la paz en el mundo”. Está logrando un nuevo reconocimiento para el campesinado dándole voz en los debates internacionales a la par que va ganando la la confianza de buena parte de los pueblos y movimientos. Destaca, por ejemplo, el trabajo desarrollado últimamente para la consecución de una Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales. Finalmente hacen un llamamiento de colaboración para globalizar la lucha y la esperanza.

A lo largo de la semana de charlas también fueron presentados, además de otros documentos y mociones de solidaridad, dos informes clave. Por un lado, “Campesinos luchan por la justicia: casos de violaciones de los derechos humanos de los campesinos”, centrado en los continuos ataques a los movimientos campesinos; y por otro lado, “La reforma agraria y la defensa de la vida, la tierra y los territorios” que se fija en la incidencia de las luchas por la reforma agraria y en cómo han ido surgiendo nuevas estrategias para hacerle frente al rostro cambiante del agronegocio corporativo en el medio rural.

“Tras días de debate fructuosos, cerramos esta VII Conferencia de La Vía Campesina y marchamos en la ciudad para pedir el compromiso de la sociedad civil para luchar con nosotros por el derecho a la alimentación, a la tierra, al agua y a las semillas”, afirmó Unai Aranguren, del sindicato agrario EHNE-Bizkaia.

Declaración Política V Asamblea de Mujeres de La Vía Campesina

En la IV Asamblea de Mujeres de La Vía Campesina, del año 2013, fue redactado el Manifiesto de las Mujeres del Campo como guía para la práctica feminista rural y como “una propuesta de cambio para la sociedad toda” en la que hoy se ratifican. En este manifiesto se recordaba que “Las mujeres, creadoras históricas de conocimientos en agricultura y en alimentación, continúan produciendo el 80% de los alimentos en los países más pobres, actualmente son las principales guardianas de la biodiversidad y de las semillas de cultivo, siendo las más afectadas por las políticas neoliberales y sexistas”.

Junto a la critica general al agronegocio que realiza este movimiento, denuncian que sin embargo su trabajo sigue invisibilizado, especialmente en el caso del trabajo de cuidados, “no valorizado, no apoyado, ni asumido colectiva y socialmente”, lo que aumenta su sobrecarga de trabajo y restringe su participación plena.

A esto se añade que las formas de violencia estructural se han multiplicado: violencia económica, laboral, ambiental, física, sexual, psicológica. Aumentan los feminicidios y la criminalización de sus organizaciones que, junto con la impunidad, dificultan el avance de las luchas de las mujeres. A menudo la represión sobre de los familiares masculinos les deja todo el peso de la supervivencia y protección de los menores que también se ven afectados.

Se reconocen avances ideológicos, políticos y legislativos en torno a su participación política, pero a menudo estos no trascienden ni en las prácticas organizativas ni en la vida cotidiana.

¡Basta de violencia contra las mujeres!

Ante todo esto hoy se ratifican en su compromiso de resistencia en el campo exigiendo que se reconozca su trabajo productivo y se comparta el trabajo reproductivo y de cuidado, y buscando la participación plena en las organizaciones, así como dar batalla para erradicar la violencia contra las mujeres, repudiar la guerra y contribuir a la construcción de la paz con justicia social. Se trata de “defender la madre tierra y luchar por la recuperación del buen vivir para toda la humanidad.”

Reivindican un feminismo campesino y popular que, valorando la diversidad, luche por unas relaciones de género basadas en la igualdad, el respeto, la cooperación y el reconocimiento mutuo. Un feminismo “transformador, insumiso y autónomo”, construido colectivamente “en la reflexión y en las acciones concretas”, apoyado en una formación feminista y un espacio propio dentro de las organizaciones en el que pueda fortalecerse su autonomía solidariamente.

Como se dice en su manifiesto, “la lucha anticapitalista y antipatriarcal debe de ir a la par de la lucha por la igualdad entre los sexos y contra la opresión de las sociedades tradicionales y las sociedades modernas sexistas, individualistas y consumistas, basadas en el dominio del mercado."

Fuente: Autonomía y bienvivir


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