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Biodiversidad en América Latina y El Caribe

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Autor Lucía Vásquez Celis Idioma Español Pais Colombia Publicado 5 abril 2017 10:11

La mujer en la agroecología, la mujer en las agriculturas para la vida

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La mujer ha jugado y juega un rol preponderante en las actividades agrícolas, en la producción para la vida. No en vano, la encontramos jugando un papel fundamental, desde la transición del Neolítico a la Edad de Bronce, después del 6.000 a. C., cuando los recolectores de alimentos que vivían en cuevas siguieron una transición hacia una forma de vida basada en la agricultura.

En dicha época, se habla de una sociedad matriarcal, agrícola, en la cual la mujer ocupó un papel primordial. Mientras el hombre cazaba, ella permanecía en casa cuidando y cultivando, era hortícola, con lo cual por un lado aportaba más alimentos que los hombres, pero por otro fue la domesticadora por excelencia de las plantas medicinales. Aprendió sus bondades e impulso su uso en la comunidad, con lo cual también arraigo su poder, el cual además de expresarse en el saber de la curación, se hizo evidente en el mito y las diosas que se crearos. “Su culto más importante se dedicaba a una diosa tierra, la Gran Madre, símbolo de fertilidad para las mujeres, animales y cosechas típico de las sociedades neolíticas; este culto era general entre las primeras comunidades agrícolas de Europa y Asia occidental y se mantiene casi con toda seguridad en la civilización minoica, hasta la llegada de los micénicos. Al parecer, este culto es reflejo y responde a una sociedad matriarcal”2 .

A partir del año 3000 a. C. que supuso el advenimiento de la Edad de Bronce, la mujer fue relegada. En esta época, se consolida plenamente la agricultura mediterránea, así como el maíz y la ganadería y el aceite se convierte en producto de uso corriente tanto en alimentación como en ungüentos, en iluminación y usos industriales posteriormente, se introdujeron el cereal y las legumbres, en más regiones de Grecia y se incrementó la población por la mejora de la alimentación, sobre todo en Creta y Mesenia y se impone el patriarcado porque entre otras, los hombres construyen muy pesadas herramientas para la agricultura, cuyo uso van relegando a la mujer, pero no totalmente porque ellas no abandonan su acercamiento desde entonces con las plantas medicinales, ornamentales, aromáticas y con especies menores.

En la tesis titulada “La valoración del trabajo de la mujer rural con perspectiva de género en sistemas de producción agropecuarios, en municipios del Departamento de Córdoba, 1997”, Gloria Vásquez Celis y Marina Vallejo Mendoza, dan cuenta del papel de la mujer rural, en la producción agrícola. Papel, según las autoras, íntimamente ligado con el cuido de la huerta y de especies menores y con una participación diferenciada en los cultivos comerciales y de pancoger.

Analizando la participación en las labores de siembra, fertilización, control de malezas, control de plagas, control de enfermedades, recolección, manejo post-cosecha y comercialiazción, encontraron en cuanto a tiempo horas laborales, en un año de cultivo la siguiente participación:

- En el cultivo de arroz tuvo una participación del 14.7% anual, fundamentada en el control de malezas y manejo post-cosecha, en relación del 85.3% de la participación de los hombres en todas las actividades de dicho cultivo.

- En el cultivo de maíz, participan muy poco, con porcentaje menores al 1% en el año.

- En el cultivo de la yuca su porcentaje de participación es del 1.6%, referido al manejo post-cosecha, en contraste al 98.4% de la participación de los hombres.

- En el cultivo del plátano su participación es importante, pero fundamentalmente en la recolección, con un porcentaje de participación del 31.6% en relación al 68.4% de participación de los hombres.

- En promedio la participación de la mujer en actividades productivas de sistemas de monocultivo es del 9.1%. También, encontraron a la mujer participando en labores agrícolas en asocios de Arroz// Yuca y Ñame//Yuca y fundamentalmente en manejo post-cosecha. En promedio, encontraron que la participación de la mujer en actividades agrícolas en sistemas de producción asociados es del 7.1%

Los porcentajes de participación de la mujer se muestran crecientes al referirlos a actividades pecuarias, en las cuales encontraron una participación del 48.3% para las mujeres, fundamentalmente en la alimentación y cuido de los animales y con aportes minoritarios en la comercialización.

La FAO y numerosas instancias en los ámbitos nacional e internacional han evidenciado el rol innegable de la mujer rural en la agricultura. “La mujer rural de hoy desempeña un importante papel en la agricultura, sobretodo en los sectores campesinos y de pequeños agricultores, y trabaja en actividades agrícolas y ganaderas. Las mujeres son las encargadas de establecer la estrategia de supervivencia de la unidad familiar. Aproximadamente el 20% de los hogares rurales tienen como cabeza de familia a una mujer, que asume la total responsabilidad de la producción agrícola. Las mujeres se ocupan sobre todo de cultivar hortalizas y de criar pequeños animales (aves de corral, cerdos y cabras). Si bien se dispone de escasos datos sobre la división del trabajo en la agricultura, la mujer participa en la mayor parte de las actividades y predominantemente en la elaboración de los alimentos. En el sector pesquero, la mujer trabaja también principalmente en actividades de elaboración. Las mujeres son responsables de las tareas domésticas, entre las que se incluye el acarreo de agua. Los hombres contribuyen significativamente a la recogida de leña”3.

Desde su relación permanente con plantas medicinales, ornamentales y aromáticas, así como con aves de corral, ampliando la gama de semillas y de razas, seleccionando y propiciando cruces entres semillas y razas para obtener plantas más rendidoras, razas de aves mas ponedoras, mejores cluecas, y desde la preparación de los alimentos y el cuidado de los hijos, la mujer se acercó de manera directa a las propuestas agroecológicas y de agriculturas ancestrales, una y otras, agriculturas de la vida, ya que en ellas encontró coincidencias con su sentir, sus aspiraciones, como el uso y re-uso de lo propio, la necesidad de salvaguardar la salud y la existencia de la familia, y desde su relación con las plantas medicinales, entendió muy fácil la necesidad de dejar insumos de síntesis química, recuperar e intercambiar semillas y coordinar e impulsar proyectos productivos agrícolas y agropecuarios que armonizarán la tierra, el agua, los suelos, el saber ancestral, con las actividades productivas, que vindicarán la unión de la familia.

La paradoja en Colombia es que su decisión de aprehender las agriculturas de vida, se da con mayor vehemencia en zonas en donde el “machismo”, aún es un escenario por transformar. Así las encontramos abanderadas en el departamento de Boyacá, uno de los cinco departamentos en donde la población rural predomina sobre la urbana y en donde el minifundio es la realidad predominante. A lo largo de los procesos organizativos de base como el de la “Asociación Comunitaria Semillas”, en Tópaga, Tibasosa y Sogamoso, el de la “Asociación Comunitaria Soñando Caminos”, en Beteitiva, en la “Asociación para el Desarrollo del Niño de Gámeza”, en Gámeza, en el de la “Asociación Comunitaria Trensando Abrazos”, de Socotá, en donde numéricamente son mayoría, pero no solo esto, ellas han sido las abanderadas de la tranformación de sus fincas de monocultivos de papa y/o cebolla, a sistemas múltiples en donde combinan cultivos, plantas medicinales y aromáticas y crían cuyes y gallinas criollas bajo el modelo de semipastoreo, en eso pedacitos de tierra, que en Boyacá, son simplemente MICROMINIFUNDIO. Son ellas, también quienes desde la estrategia de “Vecin@s solidari@s”, no solo transforman su finca, sino se dedican a apoyar la reconversión de otras fincas, y ante los resultado evidentes, los hombres no han podido resistirse y han empezado a entender que con ellas es la construcción de alternativas productivas.

En el departamento del Cauca, también con predominio de población rural sobre la urbana, las mujeres indígenas y campesinas desempeñan un papel fundamental en la recuperación y apropiación de propuestas agrícolas y agropecuarias armónicas con la vida. Las mujeres indígenas, han sido abanderadas de la recuperación y mejoramiento de sistemas productivos ancestrales. Las mujeres del pueblo Nasa, han jugado y juegan papel preponderante en la recuperación del Tull, sistema ancestral Nasa, “...esos tejidos de la tierra con plantas de alimento, pedacitos de montaña pero ya sembrados... para comer..”4.

Las mujeres indígenas del pueblo Kokonuko, desempeñando un rol fundamental en la recuperación y trueque “intercambio” de semillas y saberes, espacios que se han constituido en agenda programática de su pueblo. Las mujeres indígenas del pueblo Yanacona, también liderando la recuperación de semillas, saberes y fortaleciendo sus sistemas de producción para la vida.

En el Cauca también las mujeres Afrocolombianas, han venido jugando un papel preponderante en la recuperación y fortalecimiento de la finca ECONATIVA desde la validación de prácticas y tecnologías propias y agroecológicas.

En la costa Caribe, las mujeres se dedican a la reconstrucción o creación del “Patio Agroecológico Productivo”, con hortalizas, plantas medicinales y gallinas criollas. Entre otras, Swissaid-Colombia, La Fundación del Caribe, El Taller Prodesal, la Fundación Maria Cano, en Córdoba, la CDS en Bolivar, La Fundación Manos Unidas en Magangué, han jugado un papel fundamental en el empoderamiento y la visibilización de las mujeres, desde la reconstrucción de propuestas productivas sanas, sostenidas en la recuperación y mejoramiento de semillas locales y de razas de especies menores.

En otros departamento de Colombia, en donde el machismo, parece no ser tan marcado, las mujeres también vienen construyendo experiencias agroecológicas. Mujeres rurales en Antioquia, con las Corporaciones Vamos Mujer, Artemisa, Penca de Sábila, CIER, entre otros, han ido construyendo su propios escenarios productivos en las fincas. En pedacitos que antes solo usaban los hombres ellas han sembrado y cosechado, manejan especies menores, las cuales alimentan con productos del medio, con alimentos alternativos, libres de hormonas y de sustancias de síntesis química.

En el Choco, las mujeres Afrocolombianas, desde su participación en los Consejos Comunitarios han apostado fuertemente por el fortalecimiento de sistemas de producción ancestrales de los pueblos Afro, las “azoteas” y sistemas de producción agroforestales armónicos con las características de los ecosistemas territoriales “ bosque húmedo tropical”.

Otro aspecto a resaltar es que ellas no solo son agricultoras, sino que en general, han asumido como coordinadoras de proyectos orientados a recupera e intercambiar semillas y de aportar a la autonomía alimentaria de las familias y de las comunidades, dese estrategias territoriales zonales y/o departamentales. Son quienes convocan y desde la concertación, coordinan y promueven las agriculturas de la vida, como mujeres coordinan y acuerdan sus aspiraciones y se van metiendo poco a poco en las aspiraciones políticas de sus comunidades. Ellas con ellos, construyen estrategias y mecanismos para seguir construyendo desde la autonomía, desde la cultura, la unidad y la territorialidad. Ellas han jugado y juegan un papel importante en el sueño de construir de manera permanente territorios agroalimentarios, con áreas de Trueque e Intercambios de Semillas y Productos”, producidos con prácticas y tecnologías naturales.

SIEMPRE
Cansada del estruendo mágico de las vocales
Cansada de inquirir con los ojos elevados
Cansada de la espera del yo de paso
Cansada de aquel amor que no sucedió
Cansada de mis pies que sólo saben caminar
Cansada de la insidiosa fuga de preguntas
Cansada de dormir y de no poder mirarme
Cansada de abrir la boca y beber el viento
Cansada de sostener las mismas visceras
Cansada del mar indiferente a mis angustias
Cansada de Dios , Cansada de Dios
Cansada por fin de las muertes de turno......
(Alejandra Pizarnik)

Lucía Vásquez Celis M.Sc.1

Notas

1- En el 2016 por tres meses Consultora para Swissaid preparando “Una estrategia para el relacionamiento y recaudación de Fondos en la perspectiva de construcción de Paz”. En períodos de seis y tres meses, contratada en 2015 y 2012, por la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca -ACIN con la responsabilidad de formular proyectos zonales, en el contexto de construcción de Paz con autonomía territorial. En el 2013 gestora de proyectos comunitarios con la Asociación Indígena de Cabildos del Cauca-AIC-EPS Indígenas. Desde Agosto 2005 a marzo 2012 Coordinadora del Fondo del Canadá para Iniciativas Locales en Colombia. De Febrero 1998 a Julio del 2005, asesora en la Unidad Técnica de ECOFONDO. Colombia. En 1995 Codirectora de la investigación “legislación Ambiental en Colombia, 1950-1995), UNIJUS, Universidad Nacional de Colombia. Catedrática ocasional sobre Gestión Ambiental, en universidades Pontificia Javeriana y Surcolombiana. Desde 1988 a 1994 acompaño a comunidades indígenas y campesinas del departamento de Córdoba, en la recuperación, mejoramiento e intercambio de semillas criollas y nativas, Swissaid-Colombia.

2- Roberto Lérida Lafarga (IES Serranía Baja, Landete -Cuenca-) Proyecto Clío

3- FAO, 2004.La Mujer rural en Guatemala. Departamento de Desarrollo sostenible

4- PRAES “El sentimiento de la Mama Tierra”, Resguardos Indígenas de Toribio, Tacueyo y San Francisco, municipio de Toribio


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