México: La estética del despojo, el Arte Popular y el Arte del pueblo

Idioma Español
País México

"Resulta interesante repensar al Arte Popular más allá del discurso estético nacionalista y plantearlo más bien como un arte al servicio del pueblo, un arte que ayude a recuperar la autonomía y que proponga una semiótica constructiva y con un discurso de las identidades en resistencia."

Por Mariana Saravia

Hace algunos meses se hizo viral un artículo que informaba que la diseñadora francesa Isabel Marant Etoile había patentado los diseños de la comunidad de Tlahuitoltepec, Oaxaca, noticia que los representantes de la comunidad mixe negaron inmediatamente, sin embargo, reconocieron como verdadero el plagio de sus diseños por parte de la francesa.

Blusa de diseñadora francesa

El descontento de la gente fue grande, en redes sociales muchos expresaron sentir un gran enojo e indignación al saber que los diseños que representan parte de la identidad nacional estaban siendo “robados”.

La respuesta ante esta noticia puede ser un indicador para cuestionar sobre lo que pasa en México y hace reformular las siguientes preguntas:

¿Por qué una gran parte de mexicanos se sienten más ofendidos por el robo del diseño de una prenda que por el robo de recursos y tierras por parte de trasnacionales? ¿Por qué muchos de los indignados dicen apoyar el arte popular al mismo tiempo que lo regatean en los mercados? ¿Por qué prefieren gastar más en una prenda de marca de importación que en una elaborada artesanalmente? ¿Qué tiene el arte popular que conmueve tanto pero que al mismo tiempo es ignorado?

La respuesta está íntimamente relacionada con la construcción histórica del concepto “indígena” dentro del discurso nacional.

Si echamos un vistazo a la historiografía Mexicana, en rasgos generales, las corrientes de estudio han sido catalogadas desde un principio como “hispanistas” e “indigenistas” sin embargo, con el paso del tiempo los estudios se vuelven más complejos y resulta difícil catalogarlos en alguna de estas dos corrientes que comenzaron a denominarse así a partir de la guerra de Independencia. Incluso desde el Virreinato, existieron historiadores, como es el caso los primeros cronistas y del jesuita Francisco Javier Clavijero, quienes escribieron apologías indigenistas apoyándose de las ideas ilustradas con el fin de justificar y designar los orígenes de los pueblos indígenas como pilar de la historia mexicana.

En pocas palabras… La corriente “indigenista” incluye esta historia apologista a la Historia Nacional y la hacepilar de la identidad mexicana, por el contrario la corriente “hispanistadescarta la posibilidad de que aquellos tiempos ancestrales pudieran tener preponderancia en el presente.

Después de las guerras que siguieron a la Independencia y con la presencia del positivismo durante el Porfiriato, la Historia Nacional comenzó a “romantizar” la imagen de “lo indígena” pues resultaba necesariopresentar las costumbres indígenas como algo que quedaba en el pasado debido a que la función histórica del positivista era delimitar aquello pasado como algo muerto y estático para hacer notar la diferencia entre el pasado, que ya se había quedado atrás, y el progreso, que era lo que se presentaba como nuevo y presente.

Bordado original mixe

En la época de la Revolución, como consecuencia de las luchas campesinas, se buscó integrar al discurso nacional el concepto de “lo popular” como parte de “lo indígena”. La forma visual de representarlo fue con el Arte Popular: lo que en el Virreinato y el Porfiriato conocían como oficios y artesanías pasaron a ser considerados como el arte que proviene del pueblo, el cuál, después de la lucha armada, logró ganarse un lugar dentro de la Historia Oficial y se convirtió en pieza fundamental de la identidad mexicana. La historiadora María Teresa Pomar los describe como “aquellas expresiones de elementos que habían permanecido ocultos en las profundidades de las culturas milenarias”.

La imagen de “lo indígena” poco a poco comenzó a formar la estética de lo identitario; personajes como Diego Rivera, Frida Kahlo, Dr. Atl, Xavier Guerrero, José Chavez Morado, Roberto Montenegro Jorge Enciso, entre otros, voltearon la mirada a las obras artesanales y populares para restablecer un diálogo con todo aquello que el liberalismo decimonónico había ignorado.

Surgió así una apología visual por aquel pasado lleno de abusos por parte de aquello que representaba occidente. Sin embargo, la estética carente de reflexión se limitó a expresar estampas e imágenes de grupos y comunidades indígenas sin un profundo análisis y relacionándose de manera paternalista con estos grupos.

Actualmente, el Arte Popular tiene una gran importancia en la concepción de identidad del mexicano y por esta razón muchas personas se sienten más indignados por el robo de un diseño mixe que por el constante acoso a comunidades indígenas por parte de trasnacionales que buscan despojarlos de sus tierras.

El problema de fondo está en el discurso nacional y su falta de interés real por éstos grupos; del mismo modo que el Arte Popular puede ser una herramienta capaz de crear empatía y que traspasa fronteras, puede ser también un discurso estético del despojo: la falta de política con los censos de artesanos, la protección, el pago justo, el apoyo legal no parecen importar a las instituciones gubernamentales que dicen apoyarlos; la exportación, asociación desligada al clientelismo político, generan relaciones paternalistas que poco a poco van acabando con los talleres de artesanos y van creando una juventud desinteresada en continuar con las técnicas heredadas por sus abuelos.

Arte Popular que expresa la desigualdad y falta de oportunidades

Otro ejemplo de este tipo de despojo, comenta la antropóloga Victoria Novelo, es la mala administración del Museo de Arte Popular (MAP), el cual fue creado por gente de mucho dinero, entre ellos extranjeros, los cuales hicieron un censo de artesanos con sus correspondientes cosmogonías los cuales que no son adecuados a la realidad en la que viven. También comenta que “no hay política clara de fomento, conservación, innovación y comercialización” y que “tampoco hay normas de calidad ni del uso de materias primas, no hay legislación de los productores y a productos que son copiados.”

Victoria Novelo menciona también que el Arte Popular ha pasado a la categoría de artesanía y que lo fino es remplazado por lo vendible. El artesano busca producir piezas baratas y mal hechas porque no hay una apreciación de su trabajo por parte de los clientes. Finalmente, concluye que muchos grupos de intelectuales bien pagados desconocen la labor artesanal y las realidades que atraviesan la vida de los artesanos.

Ante estas dificultades, hay varias alternativas como marcas colectivas o cooperativas que sirven para defender los diseños de las piraterías y generar una ganancia en común, además de fomentar a los artesanos para que generen un discurso propio alejado del nacionalista.

Un ejemplo claro de estos discursos quedó retratado en 1994, dentro de los Acuerdos de San Andrés, cuando se hizo una petición de las mujeres zapatistas, que expresaron:

“Queremos que se construyan talleres, con materias primas para los artesanos y con comercio justo; los estados mas pobres son los que tienen más arte popular y más fiestas, ¿cómo es que la “tradición” sea lo más marginado?”

Mural: Gran Om

El Arte Popular ha sido, es, y será, un tema de discusión debido a que, por una parte, se presenta como una manera de conservación de la cultura e identidad de un grupo y, por otra, representa el despojo y la marginación al presentarlo como un producto “barato”, carente de utilidad dentro del mundo capitalista. Es por eso que debemos de repensar nuestra manera de aproximarnos al Arte Popular, porque como comentan las compañeras zapatistas este tipo de producciones son también formas de resistencia:

“De la artesanía ya casi hemos perdido todo porque muy bien sabemos que el neoliberalismo está modificando lo que nuestros abuelos tenían en la mano, pero tenemos el 50% todavía en la mano. Tenemos artesanías de barro, joyas de barro, comales de barro. Las tenemos porque las necesitamos para resistirnos, como el comal que nos sirve para hacer tostadas porque ahí no se queman, el comal de metal tiene desventajas […] El canasto de matamba sí lo tenemos todavía en la mano porque nos sirve para resistir lo que es el plástico […] también usamos tejas para resistir y no comprar láminas.” [1]

Resulta interesante repensar al Arte Popular más allá del discurso estético nacionalista y plantearlo más bien como un arte al servicio del pueblo, un arte que ayude a recuperar la autonomía y que proponga una semiótica constructiva y con un discurso de las identidades en resistencia.

Referencias
[1] Cuaderno de texto de primer grado del curso “La libertad según l@s Zapatistas”, Resistencia Autónoma. Pag 36.

@medicenmaris

Fuente: Más de 131

Temas: Pueblos indígenas, Saberes tradicionales, Tierra, territorio y bienes comunes

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