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Autor Eric Vides Borrell y Rémy Vandame Idioma Español Pais México Publicado 2 marzo 2018 14:53

Miel y cultivos transgénicos en México: evidencias de contaminación y principios de precaución

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Desde septiembre de 2011, el mundo apícola está agitado a causa de una decisión de justicia de la Unión Europea que ha generado un intenso debate sobre la comercialización de la miel mexicana en Europa y el riesgo que significa para ésta el contener polen de organismos modificados genéticamente.

Figura 1. Áreas de pecoreo de las abejas

Esto cobra especial relevancia debido a que México es un gran productor de miel que tiende a permitir la siembra de cultivos transgénicos en forma creciente sin llevar a cabo un análisis de riesgos sociales y ambientales, entre otros, para su producción apícola. Y a ello se debe que tal debate haya motivado varias investigaciones científicas, así como acciones, mediáticas y jurídicas por parte de diferentes actores sociales, llegando hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Según datos de 2010 de sagarpa, México es el sexto productor y el tercer exportador mundial de miel de abeja Apis mellifera (85% va a los países de la Unión Europea), por lo que 40 000 apicultores y sus familias dependen de tal producción. Además de su importancia económica, la producción de miel se considera una poderosa herramienta de desarrollo sustentable, dado que al mismo tiempo es soporte de miles de familias de campesinos en situación de pobreza y es una forma de valorizar y aprovechar la biodiversidad que caracteriza a México.

En la Unión Europea existe una oposición masiva al cultivo de plantas transgénicas (según datos de 2010 de Eurobarómetro, 61% de los ciudadanos lo objetan) motivada por la falta de conocimiento científico respecto de su efecto a largo plazo para la salud humana y el ambiente, que no parece ser compensado por el beneficio económico. Por presión de la opinión pública, los gobiernos limitan mucho los permisos de cultivos transgénicos. Sin embargo, existen contradicciones, dado que se importa gran cantidad de productos transgénicos, en particular para la alimentación del ganado. Aun así, la presión de la opinión va en el sentido de limitar estas importaciones, por lo que la Unión Europea obliga a que sea señalado explícitamente en la etiqueta si un producto contiene más de 0.9% de ingredientes producidos por un cultivo transgénico.

En resonancia con tales medidas, el 6 de septiembre de 2011, una decisión de justicia de la Unión Europea obligó a considerar el polen, ya no como componente de la miel, sino como un ingrediente, lo cual obligaba a etiquetar las mieles cuyo contenido de polen contuviera más de 0.9% de polen de cultivos transgénicos en el total del polen de la miel. Esta decisión no fue muy precisa en su interpretación e implicaciones y duró poco tiempo.

El 15 de enero de 2014, la Comisión Europea replanteó volver a considerar el polen como un componente natural de la miel, por lo que se eliminó el requerimiento de etiquetar las mieles con polen de cultivos genéticamente modificados debido a que el porcentaje del polen se consideraría sobre el total del volumen de la miel y no sobre el total del polen. Dado que el polen no ocupa ni 0.5% del volumen de la miel, sería prácticamente imposible que se encontrara más de 0.9% de polen transgénico.

Independientemente de las normas del parlamento europeo, las exigencias comerciales de los importadores son diferentes; por ejemplo, en Suiza y Austria los compradores de miel aplican tolerancia cero a la presencia de polen de cultivos genéticamente modificados en la miel, es decir, no compran miel que lo contenga, incluso si no es normativo su etiquetado. Por lo que exigen a los productores demostrar que su miel esté libre de polen transgénico.

Riesgos

La presencia de cultivos transgénicos representa dos grandes riesgos en el contexto de la producción de miel en México; por una parte, pueden afectar negativamente a las poblaciones de abejas y, por otra, reducir significativamente la compra y exportación de la miel por contaminación con polen transgénico.

Las poblaciones de abejas se hallan en un momento difícil de salud a nivel mundial, especialmente en países caracterizados por sistemas agrícolas industrializados en donde se ha experimentado el llamado síndrome de colapso de las abejas en años recientes. Ciertamente, la situación es un poco más favorable en México que en otros países; en parte por el trabajo con abejas africanizadas y su resistencia a los parásitos y porque en la mayoría del país no se practica agricultura industrial. Sin embargo, existen varios trabajos en Apis mellifera o abejas solitarias que muestran que la exposición de las abejas a alimentos que contienen ingredientes transgénicos puede afectar su capacidad de aprendizaje o su tiempo de vida, aunque también hay trabajos que muestran que bajo ciertas condiciones dicha exposición no tiene efecto en su desarrollo. Algunos autores han sugerido posibles efectos indirectos en las abejas por cambios fenotípicos inesperados en las plantas. Estos trabajos sugieren entonces que los efectos de los transgénicos sobre la fauna no-blanco son diversos y mal conocidos, pero muchas veces son negativos, lo cual pone en riesgo la biodiversidad, así como la polinización de la flora silvestre y los cultivos. Considerando que las abejas son de los polinizadores más eficientes, responsables de 9.5% del valor de la producción agrícola mundial, que representa 153 billones de euros, parece importante reevaluar los riesgos ambientales y económicos derivados de los transgénicos antes de permitir su cultivo.

Sin embargo, uno de los riesgos más inmediatos y palpable es el de la contaminación de la miel por polen de cultivos transgénicos. Un elemento fundamental para entender los riesgos para la apicultura es el considerar que las abejas son muy diferentes a otros animales en su ecología y manejo. Las abejas pecorean normalmente en un radio de uno a dos kilómetros, cubriendo una superficie mayor de 300 hectáreas y hasta de tres kilómetros en periodo de escasez de néctar (más de 2 800 hectáreas). Sin embargo, pueden llegar a cubrir hasta seis o siete kilómetros a la redonda en ciertos casos (más de 15 000 hectáreas) y en condiciones extremas, hasta radios de doce kilómetros (más de 45 000 hectáreas). Por lo tanto, la zona explorada escapa completamente a los apicultores, quienes se vuelven dependientes de la forma en que es usado el suelo por los demás actores del territorio. De esto deriva, en particular, la posibilidad de usar la miel como bioindicador, permitiendo cuantificar el grado de contaminación ambiental por pesticidas o metales pesados. En el caso de los transgénicos, el cultivo de una simple parcela puede llegar a contaminar la miel con polen transgénico a grandes distancias, sin posibilidad de control por parte de los apicultores (figura 1).

Argentina es el segundo exportador de miel y está en grave riesgo dado que sus cultivos de soya (15 millones de hectáreas, 21% de la producción mundial) coinciden con la Pampa, región histórica de producción de miel. Por lo tanto, este país no tiene la posibilidad de evitar la contaminación, sino que sólo puede tratar de limitarla y negociar la interpretación de la decisión de justicia antes mencionada.

México, tercer exportador, está en una situación de menor riesgo dado que los cultivos transgénicos comerciales están aún relativamente limitados, pero en este caso conviene distinguir entre el cultivo de maíz (Zea mays) y soya (Glycine max) transgénicos.

Actualmente no existe ningún permiso de siembra de maíz genéticamente modificado en el territorio de México. Las suspensiones de permisos de siembras experimentales ocurrieron debido a una demanda de acción colectiva, en la que se solicitó aplicar una medida precautoria para suspender los permisos de liberación de siembra experimental, piloto y comercial de maíz transgénico, la cual fue concedida por el juez correspondiente. Pese a que en México no se han emitido permisos de liberación comercial de maíz genéticamente modificado, investigadores de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad han demostrado que el maíz criollo en Oaxaca y otros estados ha sido contaminado por transgenes, pero parece ser una situación excepcional y el riesgo de encontrar polen de maíz transgénico en la miel parece bajo. Sin embargo, la concepción de la miel de abeja como bioindicador permite proyectar el análisis de muestras de miel para detectar posible contaminación del maíz en regiones amplias alrededor de los apiarios.

Las flores de maíces criollos contaminados con transgenes puede llegar a ser alimento no sólo de Apis mellifera, sino también de abejas sin aguijón, es decir de meliponas. En el estado de Chiapas hay registro de al menos cinco especies de meliponinos pecoreando polen de maíz. La soya, por su parte, se cultiva en Chiapas (Soconusco) desde hace varios años y en éstos últimos se ha permitido en mayor extensión en Yucatán. Tan sólo en 2011 fue autorizada la siembra de 12 000 y 30 000 hectáreas respectivamente.

Según datos de la sagarpa, Yucatán, Campeche y Chiapas son los estados con mayor número de apicultores (más de 4 000 en cada estado). Para los dos primeros, existe un amplio traslape en zonas de apicultura y siembra de soya. En este contexto, dichos estados presentan el mayor riesgo de contaminación de la miel mexicana por polen de cultivos transgénicos.

El traslape entre territorios de producción apícola y de soya transgénica obliga a preguntarse: ¿cuál es la posibilidad de coexistencia entre ambas producciones? En términos socioeconómicos: ¿cuál es la posibilidad de permitir el crecimiento económico que busca el cultivo de soya sin afectar la existencia de miles de familias de productores campesinos pluriactivos? En términos técnicos, y planteándolo en el marco de la reciente decisión de justicia de la Unión Europea, ¿en qué condiciones es posible producir miel en la cercanía de cultivos de soya transgénica y que la miel esté 100% libre de polen transgénico?

Una búsqueda en la literatura científica muestra que casi no existen datos confiables —es decir publicados en revistas científicas arbitradas— que permitan responder a tales preguntas. Se cuenta con el trabajo de un grupo de investigadores argentinos que pone en evidencia que, de treinta y seis muestras de miel colectadas en regiones con cultivos de soya transgénica, 100% tenía polen de esa planta, de las cuales 97% contenían entre 3 y 15% de este polen, muy por arriba del límite de 0.9%.

En el caso de México se ha reportado la presencia de polen de cultivos transgénicos en cincuenta y ocho de cuatrocientos veintinueve muestras (13.52%) analizadas hasta el 6 de septiembre de 2011, y en quince de ciento cuarenta y un muestras (10.64%) analizadas después de esta fecha. No se detalla el estado de origen de las muestras, pero tratándose del laboratorio que analiza la gran mayoría de las mieles mexicanas exportadas a Alemania, es evidente que deben ser principalmente mieles de la península de Yucatán. Ambos trabajos muestran claramente el alto nivel de riesgo de presencia de polen de soya transgénica en la miel de abeja. Sin embargo, aún es necesario generar datos que permitan mejorar la evaluación de los riesgos, por lo que desde la ecología de Apis mellifera se han planteado las siguientes preguntas (que se han ido resolviendo por investigaciones realizadas entre 2012 y 2014 en diferentes centros de investigación, como El Colegio de la Frontera Sur (ecosur), Universidad Autónoma de Yucatán (uady) y el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias (inifap).

¿Hasta qué distancia de una parcela de soya hay riesgos de contaminación? Las abejas pecorean comúnmente en un radio de un kilómetro, y hasta 3 km en periodo de escasez de néctar. Aunque la soya no sea muy atractiva para las abejas, en caso de escasez de alimento sí la visitan y la polinizan, por lo que el pecoreo mismo es una fuente de contaminación de la miel. Considerando la dispersión anemófila y entomófila del polen, se desconoce la distancia crítica de contaminación. Se trata, sin embargo, de un dato crucial para evaluar la factibilidad de hacer coexistir cultivos de soya transgénica y apicultura en el mismo territorio. Algunos experimentos específicos han permitido determinar la distancia de contaminación, implicando la cuantificación del contenido de polen transgénico en muestras de miel de colmenas ubicadas a distancias crecientes de los cultivos de soya. El grupo de investigación de ecosur de Chetumal publicó en 2014 resultados que prueban la presencia de polen de soya en muestras de miel colectadas en apiarios ubicados a 300 metros de las parcelas de soya en el estado de Campeche en 2013. Dichos resultados son coherentes con los que nosotros encontramos en una investigación realizada en el Soconusco en 2012, en la cual vimos que la miel colectada en apiarios ubicados hasta a 1 000 metros de distancia de las parcelas de soya contenía polen de soya genéticamente modificado. Nuestros resultados indican que las abejas, además de colectar néctar, también colectan polen de soya genéticamente modificada y convencional a distancias de hasta 2 000 metros. Según tales investigaciones, los resultados pueden variar dependiendo de los diferentes tipos de uso de suelo y de la configuración del paisaje.

¿En qué periodo del cultivo de soya hay riesgos?

En la península de Yucatán, la floración de la soya ocurre en verano, mientras que la cosecha de miel se extiende de diciembre a junio, por lo que parece no haber traslape. Sin embargo, se sabe que las abejas pueden almacenar miel en la cámara de cría (no cosechada) en periodo de baja floración y subirla a las alzas (sí cosechada) en periodo de floración, lo cual abre la posibilidad de contaminación aun sin traslape de las producciones. Los resultados preliminares de una investigación que realizamos en Campeche entre 2013 y 2014 en colaboración con el laboratorio 312 de la unam, señalan que la miel colectada al inicio de la temporada de cosechas comerciales, entre enero y febrero de 2014, no contiene polen de soya en cantidades cuantificables. Sin embargo, en Campeche se han dado casos de floración de la soya en temporada de cosecha, lo cual ocurre por semillas que quedan en el campo y logran germinar (semillas voluntarias) y florecen al inicio del periodo de cosecha de miel, lo que aumenta la posibilidad de encontrar polen de soya en mieles comerciales. Es importante realizar monitoreos y análisis de miel que permitan garantizar la producción de miel libre de polen de cultivos genéticamente modificados.

¿Cuál es la realidad de la contaminación? En complemento a las dos preguntas anteriores, un muestreo extensivo de miel permitiría determinar el número de casos de contaminación y, por medio de un análisis multivariado, confirmar las respuestas dadas a las preguntas anteriores.

Propuestas

Considerando la oposición a los cultivos transgénicos en la Unión Europea es muy poco probable que los compradores de miel flexibilicen su exigencia en cuanto a la tolerancia cero a polen de organismos genéticamente modificados en la miel que importan. Debido a que se trata del mercado que consume 85% de la miel mexicana, es difícil buscar mercados alternativos (interno, Estados Unidos, otros) que puedan absorber tal volumen del producto a corto plazo. Para los próximos años parece entonces no haber otra opción que exportar miel libre de polen de cultivos transgénicos. Esto implica tres tipos de reflexiones y líneas de trabajo.

Principio de precaución. Considerando la evidencia disponible actualmente, seguir autorizando la siembra de cultivos transgénicos implica sacrificar en parte o completamente la producción apícola, las cuarenta mil familias que dependen de ella, arriesgar la salud de las abejas cultivadas y silvestres, y la polinización de flora silvestre y demás cultivos.

A esto refiere el principio de precaución, con el cual desde 2005 la unesco considera que “cuando las actividades humanas pueden conducir a un daño moralmente inaceptable que es científicamente plausible pero incierto, se adoptarán medidas para evitar o disminuir ese daño. Daño moralmente inaceptable consiste en el infligido a seres humanos o el medio ambiente que: 1) es una amenaza para la vida o la salud; 2) es grave y efectivamente irreversible; 3) es injusto para las generaciones presentes o futuras; 4) es impuesto sin una consideración adecuada de los derechos humanos de las personas afectadas”.

Sin duda, la siembra de soya transgénica podría implicar tales daños moralmente inaceptables para el ambiente, representando riesgos para la salud de plantas y animales, posibles efectos irreversibles, injusticia y falta de consideración de los derechos humanos.

Por lo que, en tanto no se lleve a cabo el estudio de riesgos para determinar en qué condiciones pueden coexistir la producción de miel y los cultivos transgénicos, y por principio de precaución, debe imponerse la decisión de suspender la siembra de cultivos transgénicos, evitando así los riesgos a la apicultura mexicana y valorando sus papeles económico, social y ambiental.

Coexistencia. Para determinar las condiciones de compatibilidad entre la producción de miel y la de soya transgénica se requiere, mediante investigaciones científicas, ahondar en las tres preguntas antes mencionadas en torno a la distancia y periodo de la posible contaminación, así como del estado actual de la misma: ¿hasta qué distancia de una parcela de soya hay riesgos?, ¿en qué periodo del cultivo de soya hay riesgos de contaminación?, ¿cuál es la realidad de la contaminación?

Una propuesta es llevar a cabo muestreos de apiarios a distancias crecientes de las parcelas de soya transgénica y en diferentes momentos posteriores a la floración de la soya. Esto requiere realizarse en un gran número de repeticiones, idealmente en las diferentes regiones de siembra transgénica en México (Yucatán, Chiapas, planicie huasteca), y también implica tener la ubicación exacta de las parcelas de soya transgénica.

En paralelo, es necesario establecer un laboratorio de rutina independiente, susceptible de realizar análisis de biología molecular confiables y rápidos, ofreciendo una respuesta segura a los productores en cuanto a la posible contaminación de su miel.

Zonas libres de transgénicos. A mediano plazo se recomienda resolver si es posible o no la coexistencia de los cultivos transgénicos y la apicultura. En caso de que el riesgo de contaminación de la miel sea importante, se deberá hacer una reevaluación de los costos y los beneficios de cultivar soya transgénica, en términos económicos, sociales y ambientales. También se recomienda evaluar la factibilidad de sembrar soya convencional (no transgénica), que podría proveer la misma producción a un costo similar, dado que los cultivos transgénicos no parecen permitir menores costos de producción.

A este respecto, el artículo 90 de la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados establece que “se podrán establecer zonas libres de ogms para la protección de productos agrícolas orgánicos y otros de interés de la comunidad solicitante […] Las zonas libres se establecerán cuando se trate de ogms de la misma especie a las que se produzcan mediante procesos de producción de productos agrícolas orgánicos, y se demuestre científica y técnicamente que no es viable su coexistencia o que no cumplirían con los requisitos normativos para su certificación”.

La generación de datos propuesta anteriormente es entonces de importancia capital, no sólo para llegar a conocer a profundidad los riesgos reales de contaminación de la miel, sino también para proveer evidencia para el posible establecimiento de una zona libre de organismos genéticamente modificados que abarque todos los estados mexicanos productores de miel destinada a la exportación.

Si bien la reflexión en este documento se centró en la soya y la apicultura por presentar un riesgo social y ambiental inminente, es capital llevarla también a otros cultivos, en particular el maíz, y a un estudio de pros y contras de los cultivos transgénicos para la sociedad mexicana en general.

Agradecimientos
A todos los amigos y colegas con quienes hemos madurado esta reflexión: Peter Gänz, Elena Álvarez-Buylla, Miguel A. Munguía, Aleira Lara, Federico Berrón, Xavier Moya, Irma Gomez por promover el debate.

Referencias Bibliográficas

Intertek Food Service GmbH. 2012. Annual Report 2012 Honey Analysis. Intertek Group, Bremen.
López Gómez, J. 2014. Diversidad de abejas (Hymenoptera: Apoidea) asociadas a milpas en paisajes con diferentes niveles de antropización. Tesis, El Colegio de la Frontera Sur.
sagarpa. 2010. Claridades Agropecuarias, núm. 199.
Villanueva Gutiérrez, et al. 2014. “Transgenic soybean pollen (Glycine max L.) in honey from the Yucatán peninsula, Mexico”, en Scientific Reports, núm. 4.
Vides Borrell, Eric y Rémy Vandame. 2012. Pecoreo de abejas Apis mellifera en flores de soya Glycine max. Reporte Técnico. El Colegio de la Frontera Sur, San Cristobal de las Casas.

En la red
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Rémy Vandame
Colegio de la Frontera Sur,
Programa de Agricultura y Alimentación (Apicultura) de la UCCS.

Rémy Vandame realizó su doctorado en ecología, para entender por qué las abejas africanizadas en el sureste de México eran resistentes al ácaro Varroa destructor, parásito de todas las otras razas de abejas. Desde el año 2000, es responsable de la Línea de Investigación “Abejas de Chiapas” en ecosur. Por medio del trabajo en equipo amplió los temas de trabajo a la ecología del paisaje, la biodiversidad y la ecología de abejas nativas, pero también a diferentes temas sociales, y a su aplicación en trabajos coordinados con las organizaciones de apicultores. Es el coordinador del programa de apicultura y alimentación de la uccs. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.

Eric Vides Borrell
Colegio de la Frontera Sur,
Programa de Agricultura y Alimentación (Apicultura) de la UCCS.

Eric Vides Borrell es candidato a doctor en ecosur, su propuesta doctoral gira en torno a las relaciones que existen entre la configuración del paisaje con la diversidad y abundancia de abejas, en paisajes con diferente nivel de heterogeneidad. Desde junio de 2012 a diciembre de 2013 trabajó con Rémy Vandame, investigando sobre la transferencia de polen de soya hacia la miel de Apis mellifera en el Soconusco, Chiapas y Campeche.

Vandame, Rémy y Eric Vides Borrell. 2016. Miel y cultivos transgénicos en México, evidencias de contaminación y principio de precaución. Ciencias, núm. 118-119, noviembre 2015-abril, pp. 94-101. [En línea],

Fuente: UCCS


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