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Biodiversidad en América Latina y El Caribe

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Autor Gustavo Portocarrero Valda Idioma Español Pais Internacional Publicado 5 enero 2010 11:54

Rousseau en Copenhague

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"Todo el denominado “progreso”, “civilización” y “tecnología” está basado en la iniquidad, en la mentira, y en el interés económico privado, la cultura es privilegio de quienes se apoderan del Estado, y que la mugre de la producción industrial se opone a nuestras vidas."

Cuentan que en un atardecer de la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas por el Cambio Climático, hizo su aparición un personaje vestido a la antigua, de aspecto sombrío (como la muerte) cuya presencia infundía una rara dosis de temor. Sin embargo, sus ademanes, energía y seguridad, --que lo mostraban como una respetable personalidad del pasado-- le abrieron confianza del conglomerado humano, hacinado y comprimido en avenidas, parques y plazas. En esos momentos, aquella aglomeración de masas, indignada y frustrada, se manifestaba sin poder ingresar a los recintos de la Conferencia, dedicándose a la ruidosa protesta y al intercambio de ideas, entre ciudadanos del orbe, mostrando inconfundibles rasgos aborígenes. El pueblo de Copenhague, brindó amplia apertura y solidaridad.

Un silencio sepulcral impresionante fue la respuesta espontánea, ante semejante presencia de misterioso personaje. Como por arte de magia, cesaron las voces de protesta e incluso las hostilidades de la policía y su visible infraestructura represiva, que la acompañaba. Todo quedó acallado. Los periodistas, en su conturbación, dejaron de tomar fotografías, hacer funcionar grabadoras y aún tomar notas. Se trataba de un sexto sentido que recomendaba atender con todo cuidado. Pero… ¿quién era tan extraño personaje?

- Se trataba de Juan Jacobo Rousseau, salido desde su tumba y llegado inexplicable y sorpresivamente hasta el lugar, para lanzar un vibrante discurso cuyas partes centrales son como sigue:

“¡Ciudadanos del mundo! ¡Sois ahora la realidad, con la que yo siempre soñé!

Habéis venido, desde todos los rincones del orbe, a haceros escuchar con los todopoderosos; mas no lograsteis vuestro propósito. Yo lo sabía de antemano, cuando --hace dos siglos y medio-- sostuve en mis libros que las desventuras de la humanidad son efecto de las conveniencias y los intereses de los ricos, a quienes vosotros pretendisteis --con toda ingenuidad-- sensibilizar en esta Cumbre Mundial, sin daros cuenta que nada hay que esperar de aquellos que no sean limosnas. Quede claro que aunque vengo del pasado, no provengo de izquierda alguna ni de pensamiento socialista, porque toda mi obra fue pura e invariablemente liberal, aunque en época donde no existía la bestia mundial opresora.

Aunque mi muerte estuvo muy cerca de la Revolución Francesa –extremo que me impidió participar en ésta-- no dejé de conocer (desde ultratumba) sobre su vergonzante fracaso y claudicación, en beneficio de una clase que no representaba a la sociedad en su plenitud. Esta clase, compuesta por avezados mercaderes y productores de rara “libre empresa”, se tomó el honor abusivo de disfrazar sus intereses y actuar a nombre de toda la humanidad, desvirtuando todo mi esfuerzo intelectual en favor del ser humano. ¡Y yo que quemé mis pestañas a la luz de velas y mechas, para escribir y brindaros un mundo mejor, acorde con la racionalidad y excelencias de la naturaleza! ¡Y yo que condenado como hereje, fui perseguido por monarquía e Iglesia! ¡Y yo que fui odiado por la intelectualidad aristocrática, por haber demostrado la falsedad de sus fundamentos, su mentira y farsa dentro la falsa “civilización”!

Toda esta excrecencia, agrupada dentro el concepto genérico de “nobleza”, que combatí con toda la fuerza de mis ideas, acabó convertida en el decurso de los tiempos, en otra clase opresora, aún peor: la clase de los negocios. ¡Y ahora es la dueña del mundo! Empero, y pese a su monstruoso desarrollo y poderío- tiene cuentas para ajustar con naturaleza. Esta última –y todos lo saben-- es destruida en forma acelerada, concentrada y multiplicada, en su afán de mayor riqueza, torciendo las sagradas ideas de cambio, por las que arriesgué mi vida.

Con la misma autoridad moral de adoctrinar generaciones, aún después de muerto, vuelvo a repetir que los mismos fundamentos de mis textos continúan con todo su valor y fuerza. Todo el denominado “progreso”, “civilización” y “tecnología” está basado en la iniquidad, en la mentira, y en el interés económico privado, la cultura es privilegio de quienes se apoderan del Estado, y que la mugre de la producción industrial se opone a nuestras vidas. Para saciar su ansia de dominio mundial, la avidez ya está a punto de acabar también con nuestra naturaleza, en la que siempre he encontrado bondades, virtudes y el reino de la efectiva paz y libertad, como fuente de felicidad para la humanidad entera.

Ante el fracaso de no poder hacer nada por la vía persuasiva, ha llegado el momento de seguir el legado de las enseñanzas que os he dado. Vosotros sois la voluntad general del pueblo terrestre reunido en asamblea directa, cosa jamás sucedida en tiempo alguno anterior. Pues, entonces, vosotros deberéis asumir esa tarea para hacer realidad vuestra salvación, sin hacer valer más a vuestros adversarios.

Ahora es el momento para decidir vuestra estrategia ¡y ejecutarla! Sois la mayoría. Imponed con inteligencia, fuerza y sin temor, vuestro objetivo. ¡No se puede contra los pueblos!...”

Las palabras del misterioso, pero respetable espectro hablante, se hicieron realidad inmediata, mostrando que su pensamiento continúa altamente vigoroso, por ser verdadero y encarnar aspiraciones de la humanidad plena. Y ya se comenzó a pensar y hablar en forma diferente:

· Copenhague demostró que no es posible llegar a un acuerdo sobre el Cambio Climático entre los países del Tercer Mundo y los del mundo industrializado. Probablemente ya no habrá otra reunión similar, ante la realidad imposible de mezclar el agua con el aceite.

· La inmensa mayoría de la humanidad descubrió que no puede perderse más tiempo y que su lucha --para que los riesgos del cambio climático no lleguen a un punto sin retorno-- no debe claudicar sino continuar. No importa lo que se deba hacer para lograr ese objetivo.

· Ha hecho su aparición --tan sorpresiva como el espectro hablante-- un ejército incontenible de soldados por la Tierra, dispuesto a no ceder en su lucha por la vida. Exhibirán sacrificios insospechables.

· Ante la terquedad de los países poderosos ha enraizado ya la semilla ideológica de que si queremos salvar al mundo, primero hay que cambiar el sistema destructivo dominante. Esto abre el surgimiento de una nueva lucha política especial, con nuevas circunstancias, coyunturas y estrategias.

· Las próximas reuniones internacionales de los países directamente afectados comenzarán a fijar las estrategias adecuadas. No es de extrañar que se hagan inevitables las rupturas de relaciones y suspensiones de exportaciones hacia el Primer Mundo, más sabotajes directos de los pueblos, e infinita gama de situaciones nuevas. Como bien se dice: De la necesidad nace el ingenio.

· Las presiones de los pueblos contra sus gobiernos van a ser cada vez más poderosas como efectivas.

· Las entidades privadas internacionales ecologistas, --al igual que las nacionales-- se apercibirán que deben aplicar nueva estrategia frente a la crisis. O coordinan su actuación entre todas, reparten y racionalizan su trabajo o acabarán reducidas a simples ecologistas burocráticos de escritorio.

· Todo aquello va a converger –fatalmente—en la aparición de un Nuevo Orden Mundial por la Tierra. Empero aquello va a ir surgiendo de las entrañas de los pueblos y sus asambleas. Recoger sus fundamentos será tarea de los escritores por la tierra.

Gustavo Portocarrero Valda


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