Argentina: Otra vez Alto Paraná SA

Idioma Español
País Argentina

La semana pasada, una cuadrilla de 20 operarios al mando de un ingeniero rociaron con herbicidas los cultivos de un poblado de Colonia Delicia. Desde hace 25 años, 14 familias del lugar obtienen de esas tierras su sustento. Antes “abundaba la vida” dicen los vecinos, había colectivos, salas de salud y “casas de Perón”. Ahora el monte cercano fue “transformado en ceniza” por una mega pastera de Misiones. Los agricultores denuncian que les están “envenenando” los suelos y piden que las autoridades los defiendan por ser “hijos del país”.

YA QUEDA POCO DEL ESPLENDOR DE LAS COLONIAS MISIONERAS

Las tristes experiencias en el campo misionero demuestran que la agricultura familiar no puede coexistir con las cada día más extensas forestaciones de especies resinosas. Por sí sola, la expansión de los monocultivos amenaza con el desalojo silencioso a las comunidades rurales. Esta vez, una comunidad de agricultores de Colonia Delicia, 100 kilómetros al sur de las Cataratas del Iguazú, clama porque se respete la vida que siempre han llevado en sus pequeñas chacras misioneras.

En el Municipio de Colonia Delicia, sobre la ruta provincia 18, se encuentra la comunidad de Delicia Km. 22. Hace 30 años la sede municipal funcionaba allí, con registro civil, destacamento de policía, la escuela 335 y una numerosa población que vivía en las chacras familiares que daban vida a la zona rica en montes y arroyos, como el Aguaray Guazú, el principal de los cursos.

Del monte original no quedó nada

En el lugar había hasta un barrio con casas de material construido por un plan de viviendas de la primera presidencia de Perón. Testigo privilegiada de aquellas épocas es Doña Victoriana Paiva que con sus 105 años a cuestas recuerda, en lengua guaraní, aquella época dorada donde los peces y los animales del monte eran parte de su vida cotidiana. Vivíamos felices, recuerda la abuela. Ella y su marido, Don Juan Bautista González (86) son el tesoro de la comunidad, la historia viva del lugar.

Llegaban cuatro frecuencias diarias de la línea de colectivos Iguazú uniendo a Eldorado con Delicia 33, 22 y 15... Hoy muy poco queda de aquel esplendor.

Capueras (yuyales) crecen donde era el centro cívico más importante de la comunidad y las 190 hectáreas de monte contiguo al caserío del lugar fueron transformados en cenizas hace 8 años, cuando se hizo más fuerte la presencia de la empresa forestal Alto Paraná SA, APSA. Lo desmontaron y quemaron en grandes colleras, recuerdan los vecinos. En ese lugar donde abundaba la vida, crece hoy un gran pinar, formando parte de las 233 mil hectáreas de tierra que hoy declara APSA como de su propiedad en la provincia de Misiones.

Donde había gente, ahora sólo hay pinos

- Donde habían arroyos y bañados hoy crecen pinares de APSA; plantaron sobre las vertientes, sin necesidad, denuncian los vecinos.

La empresa comenzó a comprar tierras a los colonos, compró chacras, plantaciones y monte; pagaba hasta el doble de lo que valía. Así la gente comenzó a irse... relatan. Esto llevó a que también se cerraran las salas de salud de Delicia 33, 22 y 15 que tenían atención médica permanente. Una cosa llevó a la otra, y lo cierto es que hoy somos los últimos que quedamos, dice Rubén Rivas, criado en el lugar.

Mucho tiempo atrás, otra empresa ( Joisson) donó 47 hectáreas para que se construya la escuela 335 y para que cultivemos los pobladores. Hace como 25 años que allí 14 familias cultivamos nuestros productos básicos de subsistencia, maíz, poroto, mandioca, batata, zapallo. Esto nos permite criar gallinas y cerdos para el autoconsumo y así completar lo que nos falta para parar la olla.

Les dije que no echen veneno

Pero el jueves 5 y viernes 6 de noviembre pasado llegó una cuadrilla de 20 operarios de Alto Paraná a cargo del ingeniero Gabriel Rodríguez. Traían mochilas automáticas cargadas de una mezcla de herbicidas. Comenzaron a rociar todo el lugar, les dije que no echen veneno sobre el mandiocal porque de ahí también cosechamos para los chicos de la escuela que consumen en el comedor, precisó uno de los vecinos.

Ahora van a ver lo que es una empresa…” me contestó este ingeniero, dijo indignado Ramón Aquino.

Lo cierto es envenenaron toda la superficie que teníamos destinada al cultivo de esta temporada, y en partes plantaron pino. Lo que viene creciendo ya crece mal, la mandioca está amarillenta, dudamos si consumir o no el poroto que pronto estará para cosechar.

No sabemos qué hacer porque está todo envenenado; sólo sabemos que de acá no nos vamos a ir, le duela a quien le duela, acá están nuestras raíces. Como pequeños productores familiares les pedimos a las autoridades municipales, provinciales y nacionales que nos protejan y nos ayuden a defender lo que es nuestro, porque somos hijos del país... dijeron los vecinos.

Ya hicimos la denuncia en la comisaría. Nosotros vamos a continuar resistiendo, concluyeron.

La empresa Alto Paraná SA (APSA) pertenece al grupo chileno Arauco. APSA, radicada en el norte de Misiones, declara poseer 233.700 hectáreas en esta provincia argentina. Gran parte de esa extensión está forestada con pinos destinados a la industria celulósica. Pero el avance del monocultivo no es la única amenaza que enfrentan las familias agricultoras. Sobre el río Paraná, los efluentes gaseosos y líquidos de la planta de pasta de celulosa motivan permanentes reclamos de las comunidades vecinas, tanto argentinas como paraguayas.

Contactos en Colonia Delicia Km. 22

Rubén Rivas (03751) 15567452
Ramón Aquino (03757) 487099 (cabina semipública)
Ignacio Zimmer 03757 15501881

CRÓNICA: Raúl Gorritti y Claudio Salvador / FOTOS: R.G.

Temas: Agrotóxicos

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