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Autor WRM Idioma Español Pais Argentina Publicado 21 noviembre 2002 15:15

Argentina: poblaciones y bosques amenazados por empresa minera canadiense

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"La extracción del oro es una de las actividades más destructivas y contaminantes. La de Esquel en particular sería extremadamente depredadora, ya que se realizaría dinamitando 42.000 toneladas de roca por día, de las cuales se molerían 3000 toneladas hasta reducirlas a polvo, que serían luego tratadas con cianuro de sodio disuelto en agua."

La ciudad de Esquel, se encuentra enclavada sobre las márgenes del Arroyo Esquel entre cerros cuyas faldas forman un imponente anfiteatro, realzado por bosques marginales de la región de los bosques subantárticos y en particular de la llamada selva Valdiviana, en la Provincia de Chubut, al Oeste de la Patagonia Argentina. Sus 31.000 habitantes viven y disfrutan de un entorno que ellos describen como una ciudad cuya naturaleza sorprende al viajero todas las estaciones del año por paisajes de inusitada belleza, árboles milenarios, ríos y cientos de espejos de agua protegidos por enigmáticos bosques. Muchos de sus habitantes se sienten orgullosos de anunciar que cultivan el respeto y el cuidado por la naturaleza. Pertenecen a una comarca donde quienes "habitamos aspiramos a que nuestros hijos y nietos puedan disfrutarla".

Este sentimiento parece no ser de mucha importancia para quienes promueven la instalación de una planta de tratamiento minero con cianuro para la explotación de oro a sólo 5 kilómetros aguas arriba de esta hermosa ciudad. Lamentablemente, éste sería sólo el primero de muchos otros proyectos de extracción minera, que afectarán a toda la región andino patagónica y en general a toda la cordillera de Los Andes de Argentina y Chile, debido a los privilegios otorgados a las multinacionales a través del Tratado de Integración Minera, firmado en diciembre de 1997.

La extracción del oro es una de las actividades más destructivas y contaminantes. La de Esquel en particular sería extremadamente depredadora, ya que se realizaría dinamitando 42.000 toneladas de roca por día, de las cuales se molerían 3000 toneladas hasta reducirlas a polvo, que serían luego tratadas con cianuro de sodio disuelto en agua. Como consecuencia, en forma inmediata aumentaría el consumo de agua, sin que se haya estudiado el potencial agotamiento de arroyos, lagunas y vertientes usadas en los campos y la ciudad. Habría además problemas sonoros por las explosiones y generación de polvos, especialmente durante el verano y riesgos de accidentes de todo tipo durante el transporte y uso de estas enormes cantidades de cianuro, considerado uno de los venenos más potentes que se conocen., además de ácido sulfúrico y otros compuestos letales. La calidad de vida de los habitantes, se vería enormemente afectada, tal como lo afirma un reciente informe elaborado por la Red Nacional de Acción Ecologista, RENACE, cuyo texto completo puede leerse aquí. Se comprometería además irreversiblemente el potencial turístico de la región conocida internacionalmente por su aún naturaleza prístina.

Haciendo uso de las facilidades y privilegios otorgados por el gobierno --tales como la exoneración total del pago de impuestos-- la Meridian Gold, multinacional de capitales canadienses, dueña del 90 % del paquete accionario de la empresa argentina El Desquite SA, obtendría ganancias que superarían los 1.000 millones de dólares "a cambio de unas docenas de puestos de trabajo y regalías prácticamente inexistentes", como también afirma el informe de RENACE.

La empresa no ha escatimado medidas para convencer a la población local de que no habrá contaminación ni fugas tóxicas, haciendo alarde del mito de la responsabilidad ambiental de las empresas canadienses. Sin embargo, es sabido que esto es solamente un mito, ya que "las peores repercusiones sociales y ecológicas de los últimos 15 años se pueden atribuir a algunas de las mayores empresas de Canadá, respaldadas por sus más respetadas instituciones privadas, financieras y gubernamentales", tal como lo afirma el informe del WRM sobre empresas mineras canadienses, que se encuentra disponible aquí.

En ambos informes se pueden encontrar ejemplos de la irresponsabilidad con la que han actuado las empresas y los desastres ambientales producto de ella. Sin embargo, las empresas utilizan todo tipo de métodos para que la población no reaccione mientras ellas "vacían las montañas": los llevan de visita a otros países, dan charlas para la comunidad y amenazan a quien se oponga. Algunos han mordido ingenuamente el anzuelo de las promesas de trabajo, que ya están desmintiendo las autoridades mineras y del supuesto desarrollo, que como ya ha ocurrido, es para pocos a expensas de los bienes públicos.

En Esquel se ha repetido el mismo esquema. Invitados por la empresa, un grupo de vecinos viajó recientemente a Antofagasta, al Norte de Chile a visitar un emprendimiento minero que se realiza en medio del desierto más árido del mundo, imposible de ser comparado con esta región, vecina al Parque Nacional Los Alerces, donde existen bosques (de Fitzroya cupressoides) de más de 2000 años, un verdadero sagrario natural.

Por otro lado, el Auditorio Municipal de Esquel fue el escenario de una vergonzosa conferencia --por el cúmulo de errores e inexactitudes-- dictada por un representante de Dupont, una de las empresas que posiblemente venda el cianuro, mientras representantes locales de la Dirección de Minas repartían folletos de Dupont y el propio Director ayudaba con la proyección de las imágenes.

Para completar el panorama, la Dra. Silvia González, docente e investigadora de la Universidad Nacional de la Patagonia, recibió amenazas telefónicas luego de haber presentado en escuelas de la ciudad un trabajo científico sobre los efectos del cianuro.

Pese a todo, esta comunidad, al igual que la de Tambogrande en Perú, de Los Encuentros en Ecuador, del Planalto en Colombia, de San Carlos en Costa Rica, está dispuesta a defender sus tierras, sus bosques y su calidad de vida y a exigir a las autoridades nacionales que no permitan el saqueo.

Fuente: Boletín Nº 64 del WRM, noviembre de 2002


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