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Autor Henry Picado Idioma Español Pais Costa Rica Publicado 29 enero 2016 10:07

Costa Rica: Empresas piñeras y su trastorno psicosocial

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El documental The Corporation (2003) dirigido por Jennifer Abbott explica cómo las compañías han sido tituladas con la mayoría de los derechos legales de un ser humano. Abbott evalúa a ciertas empresas por medio del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría; demostrando que cumplen con todo el perfil de un sociópata.

El trastorno antisocial de la personalidad, conocido también como sociopatía, es caracterizado por “un patrón general de desprecio y violación de los derechos de las demás personas; fracaso para adaptarse a normas; deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar nombre falsos; agresividad física y verbal; despreocupación por la seguridad de los demás; irresponsabilidad; falta de remordimiento o indiferencia de haber dañado o maltratado o robado”.

Podemos hacer este ejercicio con un ejemplo local, las empresas piñeras. Aunque estas tampoco son propiamente personas, el marco legal costarricense también les concede una figura legal llamada “personas jurídicas”, como tales pueden ser sujetas de derechos y deberes. ¿Pero qué tipo de personas son las empresas piñeras?

Cuando una casa, que durante años ha cobijado a una familia, se convierte en una trampa mortal debido a la presencia de vecinos agresivos y peligrosos deja de ser un hogar para convertirse en una amenaza constante. Esta misma imagen es la que viven miles de personas que desde hace unos pocos años han visto cómo sus casas, escuelas, clínicas, plazas, ríos, cultivos, etc. poco a poco son cercadas por el monocultivo de la piña.

Vivir cerca de una plantación de este tipo representa arriesgarse a tener el doble de probabilidades de padecer infecciones de piel, mareos, visión borrosa y diarreas. Tal y como lo demuestra la investigación de la Escuela de Salud Ambiental de la Universidad de Costa Rica. Situación que enfrentan comunidades de la Zona del Caribe de nuestro país como El Cairo, Luisiana y Milano, todas comunidades afectadas por la toxicidad generada por el cultivo agroindustrial de la piña, donde las empresas no han aceptado su responsabilidad e incluso la han negado, violando el derecho constitucional a un ambiente sano equilibrado.

Al sur del país, en Buenos Aires de Puntarenas, la productividad de las fincas campesinas bajó a tal punto que el rendimiento de una hectárea de frijoles pasó de 35 quintales a menos de 5 según reportan pequeños productores. Otra afectación más por estar cerca de una finca donde una de estas empresas piñeras desarrolla sus actividades de cultivo de piña MD2.

En la Zona Norte, Sur y Caribe, hombres y mujeres se enfrentan a la desesperación de no tener trabajo después de meses de andar buscándolo y no tener más opción que laborar en una plantación piñera, la cual erosiona la tierra y sus cuerpos. En promedio, un obrero agrícola no puede trabajar más de 5 años seguidos en esta actividad dentro de una empresa piñera, su salud se deteriorará velozmente y muchas veces sin acceso a garantías laborales o servicios médicos.

Incluso ha habido múltiples casos de persecución y acoso físico y laboral a las personas que decidieron organizarse para defender sus derechos. El acoso sufrido por dirigentes sindicales y comunitarios confirma serias violaciones al derecho a la privacidad por parte de personas que presuntamente fueron contratados por las empresas piñeras para vigilar y acosar a trabajadores/as por externar una posición crítica ante esta actividad.

El perfil sociópata presentado por estas empresas provoca preguntarnos si este tipo de actividad económica es la más apropiada para desarrollarse en un país que pretende venderse como el paraíso de la conservación ambiental y la paz social. Claramente la respuesta es no.

En el último encuentro del Frente Nacional de Sectores Afectados por la Producción Piñera (Frenasapp), celebrado el 14 y el 15 de noviembre anterior, se procuró ensanchar los lazos de apoyo y lucha contra esta industria tan contaminante. En la actualidad, la clave es la organización para fortalecer el vínculo con otras organizaciones e individualidades para continuar trabajando por la defensa del derecho a un ambiente sano y libre de toxicidad.

Fuente: Semanario Universidad

Temas: Agronegocio

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