Gripe A: ¿Y los cerdos?

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Un año después del inicio de la gripe H1N1 hemos aprendido mucho del sistema sanitario mundial. Investigaciones y denuncias a contracorriente han sido claves para desvelar los tejemanejes de la industria sanitaria junto con –digamos- el beneplácito de gobiernos y de la Organización Mundial de la Salud. Pero ¿qué hemos aprendido del sistema agroalimentario?.

 

Seguramente ustedes recordaran que lo que hoy llamamos Gripe A era denominada Gripe porcina, mostrando su relación con los virus influenza que se desarrollan en los cerdos. Y quizás también tienen presente una de las primeras suposiciones del origen del foco infeccioso, al niño Edgardo Hernández al que se le diagnosticó la enfermedad en el pueblecito de La Gloria en el Valle del Perote, México. Casi automáticamente no se dudó en señalar como principal sospechoso del contagio a las granjas Carroll instaladas en la zona. La relación de esas granjas industriales porcinas con la nueva gripe parecía evidente. Pero esa opción no se ha confirmado técnicamente por varias razones. La primera es que según los informes de los que dispone el Gobierno de México en estas granjas no hay gripe porcina y por lo tanto no puede ser la fuente contagiosa. Lamentablemente la información que utilizan los órganos competentes de México son sólo las informaciones que facilitan los veterinarios de la propia granja. La segunda son los resultados en la población de La Gloria. Una muestra del 10% de las 450 personas afectadas de algún proceso respiratorio, de una población total de 3.000 habitantes, ofreció, curiosamente, sólo un caso positivo: Edgardo.

 

Esas son las informaciones oficiales que contrastan con las presentadas recientemente por el profesor de Economía de la Universidad Autónoma de México, Octavio Rosas Landa a través de un documental disponible en www.grain.org. El documental y el trabajo de Rosas dejan claro el malestar de las poblaciones de dicha región hacia instalaciones como las granjas Caroll a las que acusan del contagio de la gripe y otros impactos sociales y ecológicos que les ha llevado a movilizaciones y reivindicaciones desde el 2005. Granjas Caroll pertenece a la mayor empresa productora de cerdos en todo el mundo, la estadounidense Smithfield Foods, y al igual que las otras granjas se fueron instalando en el Valle del Perote a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio entre México, EEUU y Canadá. Sin aranceles de protección en las fronteras, el maíz de los Estados Unidos altamente subvencionado penetró rápidamente en el mercado mexicano empobreciendo a los agricultores locales. Mientras tanto Smithfield recibía denuncias por su comportamiento ambiental y por el trato dado a sus trabajadores allí donde estaba instalada. Algunos ejemplos: En 1985 un juez de la Corte de Justicia de Estados Unidos multó a Smithfield por contaminar el río Pagan, de Virginia. En 2000, organizaciones ambientalistas documentaron 36 demandas contra las operaciones de Smithfield en Carolina del Norte. En su informe de 2005, ‘Sangre, sudor y miedo’ la organización no gubernamental Human Rights Watch denunció los abusos de Smithfield y otras empresas cárnicas y avícolas de Estados Unidos realizados sobre sus trabajadores: dificultades para la sindicación, pocos medios para evitar lesiones y accidentes durante los trabajos y explotación de mano de obra inmigrante.

 

Así pues, la pobreza generada y las facilidades del gobierno mexicano permitieron la deslocalización de parte de la industria porcina de los EEUU hacia México donde se tendrán que preocupar menos por las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras, y donde el seguimiento de las leyes medioambientales es mucho más laxo. Y aquí radica uno de los problemas: En instalaciones como las Caroll se albergan en cada uno de los módulos a unos 18.000 cerdos. En su caso, multiplicado por 8 módulos suponen más de 90.000 cerdos en una instalación. Granjas de este tamaño requieren de un manejo muy riguroso para minimizar sus efectos contaminantes. Pero buscando el abaratamiento de la producción, deslocalizar es sinónimo de rebajar los umbrales de seguimiento. El documental citado muestra cómo en las Granjas Carroll los cerdos muertos no son siempre incinerados, como marcan las normativas, sino depositados en fosas. Los desechos líquidos de las granjas se mantienen en unas lagunas de oxidación sin una correcta impermeabilización y todo muy cerca de suministros de aguas para la población. Más allá de los graves problemas ecológicos que se ‘exportan’ a países empobrecidos, este modelo de granjas no aporta ninguna riqueza a la zona: emplean a muy pocas personas, 12 o 13 por granja y la alimentación de los animales no se hace con sus productos locales sino con pienso que trae la propia multinacional. En definitiva, tenemos un negocio de producción de carne barata que buena parte de ella se vende después en los McDonald’s de los Estados Unidos a los emigrantes mexicanos. El virtuosismo perfecto. Muchos datos a la vista y ninguna reacción al respecto. ¿Qué fuerzas y qué intereses protegen a esta industria intensiva?

 

- Gustavo Duch Guillot, Ex Director de Veterinarios Sin Fronteras y Colaborador de la Universidad Rural Paulo Freire http://gustavoduch.wordpress.com/

 

Fuente: ALAInet

Temas: Ganadería industrial

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