Biodiversidad, sustento y culturas #62

"En todo el continente los pueblos originarios, las comunidades campesinas, exigen autogobierno, soberanía alimentaria. Defienden sus fuentes de agua, el maíz nativo, todos los cultivos propios, la libertad de posesión, custodia e intercambio de las semillas, sus saberes de siempre. Defienden sus territorios y su biodiversidad de la tremenda invasión de todo tipo de proyectos de extracción y devastación. Rechazan los megaproyectos, los tratados de libre comercio, las leyes de privatización y certificación de sus cultivos, los decretos que rompen la comunalidad de sus entornos. Exigen que no se criminalice la resistencia."

Asomándonos a la mirada de esta niña que nos mira fijamente desde la plataforma donde presencia la acción que ocurre abajo y en el fondo, nos percatamos que el futuro es posible porque hay una entereza inexplicable en los ojos de la gente.

Es difícil leer esta foto sin la cercanía que da conocer su historia. Sabemos que la niña trabaja junto con

su familia en el lavado artesanal de hortalizas, como muchas familias vecinas trabajan también en el lavado más industrial de papa y zanahoria, con detergentes y hasta soluciones cloradas. Es un trabajo que la gente obvia cuando los alimentos llegan a las ferias regionales o a los grandes supermercados, incluso de otras partes del mundo. Pero suma (de a poco o de a mucho) tóxicos y energía fósil a la ya cargada cuenta que abulta los gases con efecto de invernadero. Es una cuenta que el sistema alimentario transnacional carga (pero no reconoce) en su enloquecida carrera por agregarle valor económico a los alimentos con más y más procesos —de la semilla certificada al suelo, a su fertilización y desinfección megaquímica, a la mecanización agrícola, al transporte, al lavado, procesamiento, empaque, estibado, almacenado y nuevo transporte (incluso internacional) hasta arribar a las mesas de hogares y comederos públicos. Esta suma de procesos contribuye a la crisis climática, pero también al sojuzgamiento de todas las personas atrapadas de una u otra forma en ese sistema alimentario transnacional que ni resuelve la alimentación de las comunidades ni los barrios pero sí los utiliza para realizar los trabajos más innobles y dañinos de toda la cadena mientras, como campesinos, los cerca en un sistema agropecuario industrial que le va robando futuro a sus labores y vuelve trabajo semiesclavizado lo que antes era tarea creativa, digna y de enormes cuidados.

Así ocurre en Santa Cruz, Pueblo Nuevo, Estado de México, la comunidad de donde viene la niña de la foto. Producen para el mercado en condiciones cada vez más mermadas por el aumento de casi un 70% en fertilizantes, “fumigantes, insecticidas y nematicidas químicos y en semilla certificada y dizque garantizada para dar fruto”. Y no les queda otra que alquilarse para no pasar hambre. Pero mientras la gente común está atrapada en estos entreveros, y tal vez no tiene cómo percatarse de la crisis climática, la crisis financiera, la crisis energética, la crisis alimentaria, la crisis ecológica, la crisis de la basura, la crisis del agua, la crisis de la urbanización salvaje (y sólo las vive todas juntas como enormidad aplastante de la cual hay que salir a como dé lugar, migrando a otra parte donde al menos se gane un poco más de plata), las instancias internacionales, los gobiernos de todo signo y las grandes empresas anuncian remedios a cada una de estas crisis y destinan cantidades millonarias a reacomodar el teatrito un poco, aunque sea a corto plazo, para seguir haciendo negocios como siempre.

Se privatiza toda el agua posible o la contaminan sin miramientos. Países y empresas acaparan tierras en el extranjero, y siembran allá para autoimportarse alimentos. Hay científicos que quieren dinero para investigar salidas tecnológicas “innovadoras”, a veces muy enloquecidas, para enfriar el planeta sin ir al fondo del asunto. Los intermediarios idean mecanismos mercantiles para comerciar derechos de contaminación mientras se piensa en las comunidades rurales como servidumbre que cuide los patrimonios “de la humanidad” que algún día podrán explotarse de algún modo. Las legislaciones de semillas intentan robarle por fin a las comunidades campesinas e indígenas las claves más profundas del futuro: las semillas. Se trata de certificar, “homologar” y criminalizar con precisión las variedades y los intercambios más eficaces y antiguos con los que la vida campesina ha logrado alimentar al mundo y a fin de cuentas cuidarlo por más de 10 mil años. Transgénicos y agrocombustibles. Tratados de libre comercio. La lógica industrial rompe las escalas de uno y otro y otro proceso: son las agroempresas, los agrotóxicos, el monocultivo, la minería, el petróleo y su química, la deforestación. Se profundiza la invasión de los territorios indígenas (en particular y en forma grave el espacio más vasto de biodiversidad que es la Amazonia). Se vacían las comunidades. Se colman las ciudades. Como todo tiene un límite y las crisis, en su complejidad, se potencian unas a otras y tarde o temprano pueden volcar una crisis irremediable, la gente se harta y se moviliza —sobre todo por el agravio brutal a la dignidad de las personas y las historias comunes.

América está gritando: Honduras lucha ahora contra la imposición militar de su régimen de gobierno. Pero en todo el continente los pueblos originarios, las comunidades campesinas, exigen autogobierno, soberanía alimentaria. Defienden sus fuentes de agua, el maíz nativo, todos los cultivos propios, la libertad de posesión, custodia e intercambio de las semillas, sus saberes de siempre. Defienden sus territorios y su biodiversidad de la tremenda invasión de todo tipo de proyectos de extracción y devastación. Rechazan los megaproyectos, los tratados de libre comercio, las leyes de privatización y certificación de sus cultivos, los decretos que rompen la comunalidad de sus entornos. Exigen que no se criminalice la resistencia. Por todos estos sueños Biodiversidad existe. No los puede capitalizar ningún programa común impuesto desde ninguna instancia inventada porque cada uno tiene su propio reloj y las reales transformaciones vendrán cuando cada uno de estos sueños se sintonicen juntos desde su propio corazón.

El fracaso del sistema alimentario transnacional - Aquí en PDF
Por GRAIN
El actual sistema alimentario mundial, con sus semillas de laboratorio y sus paquetes tecnológicos, no es capaz de alimentar a las personas. Este año más de mil millones de personas sufrirán hambre, y otros 500 millones sufrirán obesidad. Tres cuartas partes de quienes no tienen suficiente qué comer son campesinos y trabajadores rurales (los mismos que producen la comida), mientras un puñado de corporaciones agroindustriales (que deciden a dónde y a quién va el alimento) se embolsan miles de millones de dólares. Pese a su fracaso monumental, y a que enormes y crecientes movimientos sociales claman por un cambio, los gobiernos y las agencias internacionales del mundo siguen pujando por más de lo mismo: más agronegocios, más agricultura industrial, más globalización. El cambio climático en el planeta se recrudece, en gran medida, por seguir con el mismo modelo de agricultura. No emprender acciones significativas empeorará con rapidez esta intolerable situación. No obstante, en el movimiento global en pos de soberanía alimentaria hay una prometedora salida.

¿Terminó la crisis de los alimentos? - Aquí en PDF
PorSergio Schlesinger
En los medios de comunicación, la crisis financiera global substituyó el espacio que antes ocupaba la crisis de los alimentos. Pero mientras los noticieros hacen alarde de lo que nos presentan como la tragedia de los millonarios, la crisis de los alimentos sigue en pie y sus bases, intactas.

Energía, alimentación y gases con efecto de invernadero - Aquí en PDF
Por William Austen Bradbury
A nivel mundial, la tasa de consumo de energía se calcula en 15 teravatios de energía cada segundo. Más de un cuarto de este consumo se pierde en la generación y el transporte de la energía.

Ataques, políticas, resistencia, relatos - Aquí en PDF
Por Biodiversidad

Cuidar el suelo - Aquí en PDF
Por GRAIN
Para muchas personas, el suelo es una mezcla de minerales y polvo. En realidad, los suelos son uno de los ecosistemas vivos más asombrosos de la Tierra, donde millones de plantas, hongos, bacterias, insectos y otros organismos vivientes —la mayoría invisibles al ojo humano— están en un cambiante proceso de constante creación, composición y descomposición de materia orgánica y vida.

Manipular el clima y la gente - Aquí en PDF
Por Silvia Ribeiro
La geoingeniería es la nueva carta del lobby petrolero para negociar en Copenhague. Los gobiernos de grandes potencias muestran creciente entusiasmo con la perspectiva de no tener que cambiar nada ni reducir emisiones en sus fuentes y ya comenzaron a desviar recursos públicos para la investigación y experimentación en esta nueva tecnología, que con sus drásticas manipulaciones climáticas ocupa cada vez más espacios en medios, conferencias y reuniones.

Crisis climática y remiendos engañosos - Aquí en PDF
Por Biodiversidad
De un vistazo y muchas aristas

Crisis Climática
Por Ingrid Kossmann y GRAIN El mal llamado cambio climático. En los últimos años se habla mucho de cambio climático, se realizan reuniones y se firman compromisos pero el problema parece agravarse. En Biodiversidad, sustento y culturas queremos aportar información sencilla y clara sobre el tema y analizar falsas soluciones que se están proponiendo, por lo que en este cuaderno y el de nuestro número 63, en enero de 2010, abordaremos aspectos clave de la crisis climática.

Fuente: Biodiversidad, sustento y culturas

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