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> RE:transgenicos la dieta del futuro?
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> Autor:
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> Juan Topo Fecha:
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> 24/05/2004 06:30
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> Texto:
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> >
> > Hola a todos quisiera dejar esta pregunta a todos
> aquellas
> > personas que tienen algun tipo de conocimiento respecto
> del
> > tema, ademas me gustaria que respondieran con bases y lo
>
> > mas serio posible.
> > ¿Son los alimentos transgenicos la dieta del futuro?
> >
> > chao..
> los alimentos transgenicos no son una herramienta para
> solucionar el hambre mundial (como argumentan las
> multinacionales) sino que son una herramienta mas para
> dominar el patrimonio alimenticio de los pueblos a través
> de patentes... cuando (después de un par de años de uso
> incontrolado de OGM) hallamos perdido nuestras reservas de
> semillas convencionales, estaremos a merced de los precios
> que impongan las empresas que tienen las patentes
>
A criterio del microbiólogo y Premio Nobel de la Paz Norman Borlaug:
SÓLO LA BIOTECNOLOGÍA SALVARÁ AL MUNDO
(Fuente: Texas A&M University – 29/01/01)
Hace casi 30 años, en mi discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz, dije que la
Revolución Verde era una victoria provisoria en la lucha del hombre contra el hambre que, si
se implementaba plenamente, podía proveer suficiente alimento para toda la humanidad
hasta fines del siglo XX. Pero advertí que, si no se le ponía freno al aterrador poder de la
reproducción humana, el éxito de la Revolución Verde sólo sería efímero. La ciencia de la
agricultura hasta ahora ha sido capaz de satisfacer las demandas de producción de alimento
en la medida de lo proyectado. Pero el monstruo de la población sigue haciendo estragos.
Sólo durante la década del 90, la población mundial creció 1.000 millones de habitantes y
volverá a crecer otros mil millones durante la primera década del siglo XXI. Se prevé que
alcanzará los 8.300 millones en 2025 antes de estabilizarse (es de esperar) en alrededor de
10.000 millones hacia fines del próximo siglo. Evidentemente, el desafío más importante que
nos espera es producir y distribuir equitativamente una provisión de alimentos adecuada a
este exigido planeta. Pienso que tenemos la tecnología agrícola - ya disponible o muy
avanzada en la línea de largada de la investigación - para alimentar a esos 8.300 millones
de personas previstos para el próximo cuarto de siglo. La pregunta más pertinente hoy es si
a los agricultores y los ganaderos se les permitirá usar esa tecnología.
Grupos ambientales bien financiados causan falsas alarmas:
Los extremistas del movimiento ambientalista de las naciones ricas parecen estar haciendo
todo lo posible para detener el progreso científico. Ludditas pequeños pero ruidosos,
sumamente eficaces y bien financiados, anuncian un cataclismo y provocan terror,
demorando la aplicación de la nueva tecnología, ya se trate de la transgénica, la
biotecnología o métodos más convencionales de la ciencia agrícola. Testimonio de ello es la
campaña lanzada contra los cultivos modificados genéticamente que llaman "comida
Frankenstein" los activistas de Gran Bretaña y otros países de Europa. Me alarman
particularmente aquellos elitistas que intentan negarles a los agricultores de pequeña escala
del Tercer Mundo, en especial del Africa sub-sahariana, el acceso a las semillas mejoradas
por métodos convencionales, los fertilizantes y los agroquímicos que han permitido a las
naciones ricas gozar de productos alimenticios abundantes y baratos que, a su vez, han
acelerado su desarrollo económico. Es obvio que debemos ser responsables en lo que hace
al medio ambiente. Siempre fui partidario de lo que en los viejos tiempos llamábamos
"administración integrada de los cultivos" y que hoy se denomina "sustentabilidad" - utilizar
la tierra para el mayor beneficio del mayor número de personas durante el mayor tiempo
posible -. Pero el pensamiento extremista de hoy comete un peligroso error. Lo que es más
preocupante, saca partido de la "brecha de conocimiento" sobre las complejidades de la
biología que existe en el público en general en las sociedades ricas - ahora netamente
urbanas y alejadas de toda relación con la tierra- y que crece con los veloces avances de la
genética y la biotecnología vegetal.
Sin duda, uno de los grandes desafíos del próximo siglo es la renovación y difusión de una
educación científica que esté a tono con la época. En ningún otro lugar es más importante
que el conocimiento enfrente el miedo nacido de la ignorancia que en esta actividad básica
de la humanidad – la producción de alimentos -. El innecesario enfrentamiento de los
consumidores con el uso de tecnología de cultivos transgénicos, ahora tan difundido en
Europa y en aumento en los Estados Unidos y Asia, podría haberse evitado con una sólida
formación sobre la diversidad y la variación genéticas. La realidad es que no podemos
atrasar el reloj de la agricultura y utilizar sólo métodos que fueron desarrollados para
alimentar a un número mucho menor de personas. Llevó 10.000 años aumentar la
producción de alimentos al nivel actual de alrededor de 5.000 millones de toneladas
anuales. Para 2025, tendremos que casi duplicar esa cifra, y ello no podrá lograrse si los
agricultores de todo el mundo no tienen acceso a los métodos actuales de producción de
alto rendimiento y a los permanentes avances de la biotecnología. "Organismo
genéticamente modificado" (OGM) y "alimento genéticamente modificado" (AGM) son
términos ambiguos e imprecisos que han contribuido enormemente al alboroto que suscita la
utilización de cultivos transgénicos - cultivos nacidos de semillas que contienen genes de
diferentes especies -. Pero mucho antes de que la humanidad comenzara a cultivar plantas,
la Madre Naturaleza ya lo había hecho. Las variedades de trigo que actualmente componen
gran parte de nuestra provisión de alimentos son resultado de cruzas naturales entre
diferentes especies de pastos. El pan que comemos está hecho de tres genomas vegetales
diferentes, cada uno de los cuales contiene una serie de siete cromosomas. Las variedades
más primitivas de trigo se llaman "diploides" y todavía crecen en forma silvestre en su zona
de origen en Cercano Oriente. Antes del nacimiento de la agricultura, el trigo diploide se
cruzó con otra gramínea silvestre y se convirtió en el primer cultivo comercial de trigo
importante, que ahora conocemos como "tetraploide" o trigo duro. Este trigo se remonta a
los sumerios del 3500 A.C. y siguió siendo el trigo comercial más importante hasta bien
entrado el período romano. Entonces, en algún lugar - nadie sabe dónde -, los tetraploides
se cruzaron con otras especies de gramíneas salvajes para producir los trigos con que hoy
hacemos el pan leudado. Lo que probablemente ocurrió fue que una ligera helada mató el
polen de los estambres masculinos a una temperatura justo por debajo del punto de
congelación, pero dejó receptivos los femeninos. El estigma femenino resistió en el exterior
de la planta, sobre el extremo plumoso del pecíolo, donde se unió al polen llegado de otra
planta. Así nació una nueva especie cruzada. Un "alimento GM" de la propia naturaleza.
¿Cómo alimentar tantas bocas?:
La producción mundial de alimentos en este momento se ubica en unos 5.000 millones de
toneladas anuales - si la producción mundial de alimentos se hubiera distribuido en forma
pareja en 1994, habría provisto una dieta adecuada de 2.350 calorías diarias durante un año
a 6.400 millones de personas, aproximadamente 800 millones más que la población actual -.
Para satisfacer la demanda de alimentos prevista; sin embargo, el rendimiento promedio de
todos los cereales debe elevarse un 80% entre este momento y 2025. Con el empleo de las
tecnologías de que se dispone hoy, el rendimiento podría duplicarse en gran parte del
subcontinente indio, América latina, la ex URSS y Europa oriental e incrementarse 100-
200% en el Africa subsahariana - siempre que se mantenga la estabilidad política, se libere
la iniciativa empresarial y se pongan los insumos de producción al alcance de los
campesinos.
El aumento del rendimiento en la América del Norte industrializada y Europa occidental será
más difícil de lograr porque estas regiones ya han alcanzado estos altos niveles. Sin
embargo, con los avances de la ingeniería genética, los rindes de estas zonas podrían
elevarse hasta un 20% en los próximos 35 años. La perspectiva más inquietante de
inseguridad alimentaria se da en el Africa subsahariana, donde el número de personas con
malnutrición crónica podría llegar a varios cientos de millones de seres humanos; si no se
revierten las actuales tendencias decrecientes de producción per capita. Las crecientes
presiones demográficas, la pobreza extrema, la enfermedad y la falta de atención médica, la
deficiente educación, los suelos pobres, las precipitaciones inciertas, los patrones
cambiantes de propiedad de la tierra y el ganado y una infraestructura poco desarrollada se
combinan para hacer muy difícil el desarrollo agrícola. A pesar de esos obstáculos, muchos
de los elementos que dieron buenos resultados en Asia y América latina durante los 60 y 70
también podrían servir para llevar la Revolución Verde al Africa subsahariana. Debe crearse
un sistema eficaz de entrega de insumos modernos - semillas, fertilizantes, agroquímicos - y
de comercialización de la producción.
Si se logra esto, los agricultores que se hallan en el nivel de subsistencia y constituyen más
del 70% de la población en la mayoría de los países de esa región podrán tener la
oportunidad de alimentar a su pueblo. Al finalizar la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de
Janeiro, más de 400 científicos hicieron un llamamiento a los jefes de Estado y gobierno.
Ese reclamo ya lleva la firma de miles de científicos, entre los que me encuentro.
Permítanme citar el último párrafo: "Los mayores males que aquejan a nuestra Tierra son la
ignorancia y la opresión y no la ciencia, la tecnología y la industria, cuyos instrumentos,
debidamente administrados, son herramientas indispensables para vencer la
superpoblación, el hambre y las enfermedades de alcance mundial." Los científicos y
funcionarios agrícolas tienen la obligación moral de advertir a los líderes políticos, docentes
y religiosos sobre la magnitud y la gravedad de los problemas que afectan a las tierras
cultivables, los alimentos y la población. También deben reconocer el efecto indirecto que
ejercen las grandes presiones demográficas en el hábitat de muchas especies salvajes de la
flora y la fauna, empujándolas a la extinción.
Si no lo hacemos de manera decidida, estaremos contribuyendo al caos inminente de
incalculables millones de muertes por inanición. El problema no se resolverá solo; seguir
ignorándolo dificultará aún más hallar una solución futura.
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