Declaratoria de Lachivixa, Istmo de Tehuantepec
Somos delegadas y delegados de 18 organizaciones campesinas y redes de comunidades de pueblos originarios y campesinos de 12 regiones, 45 municipios y 150 comunidades de 14 estados del país. En nuestros territorios habitan pueblos rarámuri, o’dame, o’oba, mixe, zapoteca, ikoots, chontal, maya, totonaco, otomí, cuitlateco, chinanteco, tseltal, náhua, ñha ñhu, me’phaa y purépecha, además de numerosas comunidades campesinas.
LA VÍA CAMPESINA MÉXICO
INSTITUTO AGROECOLÓGICO LATINOAMERICANO (IALA) MÉXICO
Nos hemos reunido los días 17, 18 y 19 de septiembre de 2026 en la comunidad de Lachivixa, municipio de Santa María Guienagati, en el Istmo de Oaxaca, sede de la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI), para celebrar nuestra 2ª Asamblea Nacional Agroecológica. Somos 229 personas provenientes de los IALAs territoriales, organizaciones auspiciantes, delegadas y delegados de la UNORCA, EAPPI e invitadas e invitados especiales.
Nuestras organizaciones están conformando La Vía Campesina México y el Instituto Agroecológico Latinoamericano (IALA) México, este último constituido en junio de 2022 como una herramienta para fortalecer la continuidad histórica de los saberes, las prácticas y las formas de organización que sostienen la riqueza agrícola, alimentaria, cultural y espiritual de nuestros pueblos. Buscamos crear las condiciones para que las juventudes permanezcan en sus comunidades y asuman el papel de liderar y facilitar procesos sociales y organizativos para territorializar la agroecología y disputar los sistemas agroalimentarios hegemónicos.
Por la defensa de nuestros sistemas alimentarios
En nuestros territorios hemos experimentado la creciente irrupción de productos procesados y ultraprocesados que están transformando nuestras formas de alimentarnos y afectando la vida de nuestras comunidades. La televisión, las redes sociales, la publicidad y los programas de gobierno han contribuido a la expansión de productos industrializados que desplazan la comida tradicional y las formas de producción campesina que históricamente han sostenido nuestros sistemas alimentarios.
No se trata solamente de un cambio en lo que comemos. Nuestros sistemas alimentarios tejen relaciones, sostienen conocimientos, organizan el trabajo y crean formas de vivir en comunidad. Cuando estos sistemas son desplazados, también se desarticulan nuestras formas de vida, comunidades e identidades.
Estamos perdiendo variedades de plantas comestibles y medicinales presentes en la milpa, como los quelites, chiles, calabazas y chayotes, entre muchas otras. Esta pérdida se relaciona con el abandono de prácticas agrícolas tradicionales, el uso intensivo de agroquímicos y la expansión de modelos de monocultivo. Al mismo tiempo, los nuevos sistemas productivos desplazan plantas silvestres que históricamente han complementado nuestra alimentación.
Frente a esta situación, afirmamos que recuperar nuestra alimentación significa recuperar nuestros territorios. No podemos pensar la alimentación únicamente desde la parcela: los alimentos provienen también de la recolección, de los montes, de los espacios comunitarios, y están profundamente vinculados con nuestra espiritualidad y nuestras formas de vida.
Por eso afirmamos que la disputa por nuestros sistemas agroalimentarios comienza en nuestras propias comunidades y territorios. Recuperar nuestras semillas, cultivos, alimentos y sistemas productivos campesinos e indígenas es también recuperar nuestra autonomía y nuestra soberanía alimentaria.
Necesitamos recuperar los conocimientos y saberes de nuestras abuelas y abuelos, así como la espiritualidad y las ceremonias que nos recuerdan el carácter sagrado de la vida. Comer en colectivo, celebrar nuestras fiestas, trabajar la tierra y compartir nuestros alimentos son prácticas que sostienen nuestros vínculos comunitarios, y que debemos defender y fortalecer.
Sin mujeres no hay agroecología
La transformación de nuestros sistemas alimentarios no afecta a todas y todos por igual. Las mujeres enfrentamos desigualdades particulares. Producimos, cultivamos, conservamos y preparamos gran parte de los alimentos, muchas veces sin acceso a la tierra, al crédito, a la formación ni a los espacios de toma de decisiones.
A esto se suma la doble o triple jornada: el trabajo productivo, las labores domésticas y el cuidado de hijas, hijos y personas mayores, casi siempre sin reconocimiento. Esta carga limita nuestro tiempo, nuestra salud y nuestras oportunidades, y nos coloca en primera línea cuando los alimentos escasean, se encarecen o se vuelven poco saludables.
Por ello sostenemos que la recuperación de nuestros sistemas agroalimentarios no puede recaer únicamente sobre las mujeres. Es una tarea de todas y todos. Requiere que las familias compartan el trabajo doméstico y de cuidados, que las comunidades reconozcan nuestros saberes y que las mujeres participemos de forma igualitaria en la organización, en la toma de decisiones y en la compartición de la palabra.
Las mujeres, desde nuestras casas, parcelas y espacios familiares y comunitarios, reconocemos y declaramos el poder transformador de nuestro andar cotidiano. Históricamente hemos sido guardianas de las semillas, la tierra, el agua y la alimentación, y de ahí nace un conocimiento que hoy queremos sea plenamente reconocido y valorado IALA México.
Nos comprometemos a participar activamente, haciendo escuchar nuestra palabra, expresando nuestras opiniones y tomando parte en las decisiones. Cada IALA se fortalece cuando se construye desde las necesidades, los saberes y los sueños de quienes sostenemos la vida en los territorios, con igualdad y justicia.
La suma de nuestra palabra y de nuestro trabajo tiene la potencia de impulsar procesos colectivos equitativos capaces de mejorar las condiciones de vida de las familias y de las comunidades, permitiendo que la agroecología se arraigue, se practique y se defienda en cada territorio.
Las juventudes, niñeces y la defensa del territorio
Las juventudes observamos con preocupación la transformación de nuestros hábitos de consumo. La comida rápida, los productos ultraprocesados, los alimentos genéticamente modificados, las bebidas embotelladas y las bebidas energizantes ocupan cada vez más espacio en nuestra alimentación.
Esta transformación está generando problemas de salud desde edades tempranas y debilitando nuestra relación con las formas propias de alimentarnos. Particularmente, las niñas y niños requieren una atención especial, ya que el gusto por la comida tradicional y saludable esta siendo reemplazado por la comida industrializada. Cada vez más se trata de llenarnos en lugar de nutrirnos. La disputa por recuperar la alimentación saludable implica, además, recuperar las recetas y asumir el reto creativo por gastronomías que sean más llamativas y deseables que la comida chatarra.
También advertimos que estos cambios contribuyen al abandono del campo y, con ello, a la pérdida de semillas, conocimientos y prácticas agrícolas. Cuando dejamos de sembrar nuestros cultivos, cedemos nuestra soberanía alimentaria y permitimos que nuestros territorios dependan cada vez más de sistemas alimentarios externos.
Por ello afirmamos que recuperar la alimentación y la agricultura también es una tarea de las juventudes. Necesitamos recuperar las semillas y los cultivos de importancia nutricional, fortalecer los huertos y los espacios de cultivo como lugares de aprendizaje y encuentro, y generar condiciones para que las nuevas generaciones puedan permanecer en sus territorios.
Queremos aprender de nuestras abuelas y abuelos y, al mismo tiempo, utilizar las herramientas de nuestro tiempo. Las redes sociales y las nuevas tecnologías pueden ponerse al servicio de nuestras comunidades para comunicar, convocar y fortalecer nuestros procesos organizativos.
Defender el territorio por la justicia climática
También reflexionamos sobre la manera en que el cambio climático está afectando nuestros territorios. En particular, enfrentamos con gran dificultad los efectos del fenómeno de El Niño, que ha traído sequías que afectan nuestras milpas, nuestros cultivos y la vida de los animales.
Frente a esta situación, necesitamos recuperar nuestra capacidad de leer el paisaje de manera integral y fortalecer prácticas que nos permitan enfrentar las transformaciones del clima desde nuestros propios territorios.
Debemos diversificar nuestras parcelas, recuperar nuestras semillas nativas, fortalecer prácticas de conservación de agua como los acolchados y las curvas a nivel, utilizar abonos orgánicos, reforestar y establecer barreras rompeviento. Pero también debemos recuperar la sabiduría de nuestras abuelas y abuelos, nuestra espiritualidad, nuestras ceremonias agrícolas y el respeto y la humildad ante la naturaleza.
La respuesta a la crisis climática no puede reducirse a paquetes tecnológicos. Defendemos una agroecología basada en nuestros saberes, en la diversidad, en el cuidado del agua, en la defensa de las semillas y en la relación integral con nuestros territorios.
Fortalecer nuestra organización
Durante esta Asamblea trabajamos en cuatro mesas: organización, Comité Pedagógico Político (CPP), mujeres y juventudes.
A partir de este trabajo, las organizaciones reunidas decidimos fortalecer una fuerza colectiva integrada por comisiones horizontales de cada uno de los IALAs, respetando plenamente nuestras autonomías, procesos organizativos y luchas.
En el Comité Pedagógico Político acordamos dar seguimiento a la implementación de los planes formativos, programar reuniones periódicas y mantener una comunicación permanente con los distintos IALAs territoriales para favorecer el intercambio de aprendizajes y fortalecer el trabajo político-pedagógico y el sentido colectivo del IALA México.
Las juventudes decidimos nombrar dos vocerías que mantendrán comunicación con las y los coordinadores juveniles de cada IALA, con el propósito de fortalecer nuestra participación y articulación dentro del proceso nacional.
Las mujeres acordamos continuar fortaleciendo nuestro proceso organizativo y nuestra participación en todos los espacios de decisión, para romper con las prácticas machistas y garantizar que los procesos transformadores que estamos construyendo cuenten con nuestra voz, presencia y protagonismo.
Seguimos construyendo el IALA México
Agradecemos profundamente a la UCIRI por su hospitalidad. En este encuentro aprendimos de su larga experiencia y de su importante proceso organizativo, que forma parte de la historia de lucha y construcción colectiva de nuestros pueblos.
Queremos expresar nuestra solidaridad a todos los pueblos campesinos e indígenas de América Latina que sufren el asedio de las ultraderechas y gobiernos neofascistas. En particular, expresamos nuestro cariño a la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y, en general, a todo el campesinado cubano que enfrenta el peor ataque a su soberanía por parte de los Estados Unidos. También expresamos nuestra solidaridad con el pueblo palestino que resiste ante el genocidio perpetrado por el gobierno de Israel.
Desde La Vía Campesina México y el IALA México nos mantenemos organizados y decididos a fortalecer la soberanía alimentaria, defender la vida, profundizar el ejercicio de nuestros derechos colectivos y construir dignidad junto con nuestras comunidades y la Madre Tierra.
Seguiremos fortaleciendo nuestros procesos organizativos, articulando nuestros territorios y territorializando la agroecología desde abajo, desde nuestras comunidades y desde nuestros propios saberes.
Nos encontraremos en la 3ª Asamblea Nacional Agroecológica en otoño de 2027.
¡Que vivan las organizaciones que conforman La Vía Campesina México!
¡Que viva el IALA México!
¡Que vivan las mujeres y las juventudes que sostienen nuestros territorios!
¡Que viva la Agroecología Comunitaria!
¡Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza!
Lachivixa, Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, México
19 de septiembre de 2026
Notas relacionadas:
Declaratoria de Lachivixa, Istmo de Tehuantepec
Vida, lucha y legado de una pionera de las “Bartolinas”
Ginebra: Las voces campesinas en las Naciones Unidas continúan defendiendo el derecho a las semillas