Desarrollo sin los pobres: la huella del Banco Mundial y el FMI en Tailandia

Idioma Español
País Asia

"Del 12 al 18 de octubre de 2026, el Banco Mundial y el FMI celebrarán nuevamente sus Reuniones Anuales en Tailandia. La Asamblea de los Pobres se movilizará para demostrar que sus prescripciones políticas han causado graves daños a nuestro pueblo desde el pasado hasta el presente y amenazan nuestro futuro".

Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos desempeñó un papel fundamental en la creación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional o FMI. Encargados originalmente de la reconstrucción de posguerra, pronto orientaron su atención hacia la ayuda al desarrollo de los países en desarrollo, incluida Tailandia. En 1961, estas dos instituciones dirigieron la elaboración del Primer Plan Nacional de Desarrollo Económico de Tailandia. Recomendaron inversiones a gran escala en infraestructuras -puertos, autopistas y megapresas-, junto con la industrialización por sustitución de importaciones, la reforma agrícola mediante la tecnología, los insumos químicos y el mejoramiento genético de cultivos y ganado, así como concesiones de explotación forestal destinadas a generar ingresos nacionales. También se introdujeron programas de asignación de tierras. En conjunto, estas políticas desencadenaron transformaciones que alteraron gravemente los medios de subsistencia de lxs pequeñxs agricultorxs y lxs campesinxs.

Las recomendaciones de ambas instituciones condujeron directamente a una deforestación generalizada y a la destrucción de los recursos naturales mediante concesiones de explotación forestal y proyectos de presas hidroeléctricas. Las reformas agrícolas degradaron los ecosistemas locales y elevaron los costos de producción, mientras que los precios de los cultivos se desplomaron, hundiendo a lxs agricultorxs en deudas abrumadoras y en la quiebra. Los programas de asignación de tierras fracasaron en gran medida a la hora de beneficiar a la población rural pobre; los títulos de propiedad quedaron predominantemente en manos de burócratas, funcionarios estatales e inversionistas adinerados. Lxs pequeñxs agricultorxs y campesinxs que sí recibieron parcelas tuvieron que desmontar y cultivar las tierras sin apoyo gubernamental, lo que finalmente obligó a muchxs a abandonar sus propiedades. Un número considerable de personas migró a los centros urbanos para trabajar como mano de obra barata, hacinándose en zonas de barrios marginales, enfrentándose a la falta de vivienda y quedándose sin tierras.

El desarrollo bajo la orientación del Banco Mundial y el FMI continuó en los sucesivos Planes Nacionales de Desarrollo Económico y Social -actualmente en su decimotercer plan-, pero siguió ignorando sistemáticamente a lxs pobres. Ambas instituciones celebran conjuntamente sus Reuniones Anuales en distintos lugares del mundo y se reunieron en Tailandia por primera vez en 1991. Ese mismo año, el Banco Mundial aprobó un préstamo para la presa de Pak Mun, en la provincia de Ubon Ratchathani, pese a la férrea oposición de numerosos habitantes de las aldeas locales y grupos de la sociedad civil. Las consecuencias de la presa fueron devastadoras: destrucción de las pesquerías, extinción de especies de peces, conflictos y divisiones en las comunidades, y una generación de electricidad muy inferior a las previsiones. Sigue siendo una mancha indeleble dejada por el Banco Mundial en Tailandia, notablemente ausente de su historia oficial.

Reafirmamos que el desarrollo genuino debe respetar los derechos de las comunidades sobre la tierra, el suelo, el agua y los bosques, defender la Soberanía Alimentaria y garantizar el bienestar universal como un derecho humano fundamental.

Las consecuencias de estos marcos de desarrollo provocaron graves dificultades generalizadas entre lxs pequeñxs agricultorxs, desencadenando protestas, peticiones y resistencia popular de base contra el desarrollo impuesto desde arriba en todos los rincones. El aumento de las tensiones entre las comunidades rurales y el Estado dio lugar a detenciones, procesos judiciales, represiones violentas y, en algunos casos, asesinatos de líderes de movimientos de base. En diciembre de 1995, lxs pobladorxs afectadxs por la construcción de presas, las comunidades expulsadas de zonas forestales, lxs residentes afectadxs por la construcción de una planta industrial, lxs pequeñxs pescadorxs perjudicadxs por la pesca comercial, lxs trabajadorxs marginadxs y lxs habitantes de barrios marginales se reunieron en la Universidad de Thammasat y anunciaron la creación de la «Asamblea de los Pobres» el 10 de diciembre de 1995. La Asamblea de los Pobres trasladó su asamblea al distrito de Khong Chiam, en la provincia de Ubon Ratchathani, a orillas del río Mun, donde redactó la «Declaración de Pak Mun». La declaración proclamaba que las comunidades locales habían sido empobrecidas sistemáticamente por políticas de desarrollo que ignoraban su existencia, dejándolas en la pobreza no solo económica, sino también en términos de derechos, oportunidades y poder político. Declararon que las habían empobrecido y que se levantarían para luchar y exigir que el Estado resolviera su pobreza.

Apenas dos años después, durante la crisis financiera asiática de 1997 (la «crisis Tom Yum Kung»), el FMI intervino con un paquete de rescate para Tailandia. Para garantizar el rápido reembolso de la deuda, el FMI impuso condiciones estrictas: aprobar leyes para regular el uso del agua, privatizar empresas estatales para reducir el gasto público y aumentar los ingresos, y promulgar legislación para retirar a las universidades y los hospitales del sistema de la función pública. Estas políticas recayeron directamente sobre lxs pobres y desencadenaron una resistencia popular generalizada.

El 3 de septiembre de este año, el Banco Mundial publicó su informe titulado Construir hoy el futuro de Tailandia, en el que declaraba que la pobreza en Tailandia prácticamente había sido erradicada y promovía una visión para elevar al país a la categoría de «país de ingresos altos» para 2037 mediante inversiones en cinco industrias del futuro. Para la Asamblea de los Pobres, esto representa una nueva ola de acaparamiento de recursos: proyectos de centros de datos que consumen enormes cantidades de agua y electricidad a costa de las comunidades locales; agendas de economía verde y créditos de carbono que amenazan los derechos de las comunidades; turismo de lujo que desplaza los asentamientos indígenas; acuerdos de libre comercio que socavan la soberanía local sobre las semillas; y desarrollos orientados al transporte público que desplazan a los pobres urbanos. El informe también instó a adoptar recomendaciones políticas inmediatas para establecer marcos jurídicos e institucionales para corredores económicos más allá del Corredor Económico Oriental (EEC), allanando el camino para un desarrollo estructural continuo y a largo plazo.

A esto se suma que el FMI instruyó al Gobierno tailandés a abandonar el bienestar social universal en favor de un «bienestar focalizado» para mantener la disciplina fiscal, obligando a lxs ciudadanxs vulnerables a someterse a humillantes «pruebas de pobreza» para acceder a prestaciones básicas de bienestar social. El Gobierno tailandés adoptó rápidamente estas recomendaciones y aceleró los proyectos alineados con ambas instituciones, trasladando una vez más la carga a lxs pobres y a lxs pequeñxs agricultorxs. Esto no es construir el futuro de la nación; es hipotecarlo al capital internacional bajo un paradigma de desarrollo que ha dominado Tailandia desde sus primeros Planes Nacionales de Desarrollo Económico y Social, manteniendo a lxs ciudadanxs privadxs de derechos, oportunidades y poder político durante más de siete décadas.

Del 12 al 18 de octubre de 2026, el Banco Mundial y el FMI celebrarán nuevamente sus Reuniones Anuales en Tailandia. La Asamblea de los Pobres se movilizará para demostrar que sus prescripciones políticas han causado graves daños a nuestro pueblo desde el pasado hasta el presente y amenazan nuestro futuro. Reafirmamos que el desarrollo genuino debe respetar los derechos de las comunidades sobre la tierra, el suelo, el agua y los bosques, defender la Soberanía Alimentaria y garantizar el bienestar universal como un derecho humano fundamental. Lo que está sucediendo en Tailandia no es una historia aislada; forma parte de un modelo neoliberal global mediante el cual las instituciones financieras internacionales despojan a las naciones en desarrollo, a lxs pobres y a lxs campesinxs de su soberanía en materia de políticas públicas. Nuestra movilización durante las Reuniones Anuales del Banco Mundial y el FMI de 2026 en Bangkok es una lucha internacional para denunciar estas políticas, exigir responsabilidades y recuperar la soberanía en materia de políticas públicas para el pueblo.

Baramee Chairat es un defensor tailandés de los derechos humanos y miembro de la junta directiva de Amnistía Internacional Tailandia. También es coordinador de la Asamblea de los Pobres (AOP), un movimiento de base fundado en 1995. Con el amplio apoyo de organizaciones comunitarias y ONG locales, el movimiento ayuda a los habitantes de las comunidades locales perjudicados por proyectos de desarrollo e industriales en Tailandia.

Fuente: La Vía Campesina

Temas: Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades, TLC y Tratados de inversión

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