La Vía Campesina: Ante el riesgo de que se disparen los precios de los alimentos, los gobiernos deben intervenir para estabilizarlos

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(Bagnolet, 1 de octubre de 2026) Los precios de los alimentos  ya han comenzado a subir en los últimos meses, pero existen varios indicios de que podrían dispararse en los meses venideros. El Índice de Precios de los Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, que monitorea las variaciones mensuales de los precios internacionales de una cesta de productos alimentarios básicos comercializados a nivel mundial, se situó en un promedio de 133,3 puntos en agosto de 2026, lo que representa un aumento del 2,5 % respecto al año anterior.

Si analizamos estos datos junto con la edición de 2026 del informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo —que señala que 645 millones de personas padecieron hambre y que las dietas saludables resultan cada vez más inasequibles para unos 2700 millones de personas en todo el planeta—, vemos cómo se está gestando una crisis de enormes proporciones ante nuestros ojos.

¿Qué está causando el aumento de los precios?

Por un lado, el aumento de los precios del combustible y de los fertilizantes sintéticos —vinculado a la agresión de Israel y Estados Unidos contra Irán— está elevando considerablemente los costos de producción agrícola.

Por otro lado, las malas cosechas en diversas regiones del mundo, causadas por condiciones meteorológicas extremas (sequías, olas de calor, lluvias fuera de temporada e inundaciones), están generando presiones sobre el suministro. Es probable que el fenómeno de El Niño, previsto desde el otoño de 2026 hasta principios de 2027, agrave las crisis de producción, especialmente en Asia, América Latina y África, tal como han señalado miembros de La Vía Campesina en dichas regiones.

La experiencia nos ha demostrado que incluso presiones moderadas en los mercados agrícolas pueden provocar aumentos significativos en los precios de los alimentos. Así ocurrió durante la crisis financiera de 2008, durante la pandemia de COVID-19 y, nuevamente, al inicio de la guerra en Ucrania.

El mecanismo que impulsa esta inflación es bien conocido: la industria agroalimentaria, los actores financieros que especulan en los mercados de materias primas agrícolas y las grandes cadenas de distribución aprovechan el clima de pánico para aumentar sus márgenes y obtener beneficios extraordinarios.

Un ejemplo claro de ello es que, en tan solo nueve días de marzo de 2022, el precio del trigo en los mercados de futuros se disparó un 54 %; los datos de entonces indicaban que los especuladores financieros estaban volcándose a las inversiones en materias primas, apostando por el alza de los precios de los alimentos. En ese periodo,   los beneficios totales de las nueve mayores empresas de fertilizantes crecieron exponencialmente: pasaron de una media de unos 14.000 millones de dólares antes de la pandemia de COVID-19 a 28.000 millones en 2021 y, posteriormente, a la asombrosa cifra de 49.000 millones en 2022. Para nosotrxs es evidente que la especulación con materias primas agrícolas y el aumento de los márgenes de los intermediarios son los principales responsables del incremento de los precios mundiales de los alimentos, mucho más que el aumento de los precios agrícolas en origen.

Tales niveles de hiperinflación tienen un impacto devastador en las comunidades empobrecidas, que ya no pueden acceder a alimentos suficientes. Así, aunque la cantidad de alimentos producidos bastaría para alimentar adecuadamente a toda la población mundial, cientos de miles de personas caen en la inseguridad alimentaria debido a quienes se lucran con estas crisis.

Los estados deben intervenir ¡Ahora!

Ante el riesgo de un fuerte aumento del hambre a nivel mundial, los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales deben actuar con antelación para apoyar la producción local de alimentos y estabilizar los precios de los mismos.

Sin embargo, las autoridades públicas de muchos países se han visto paralizadas por una ideología neoliberal que considera la intervención pública en los precios como una herejía. Desde la década de 1980, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, FMI, han desempeñado un papel importante en el desmantelamiento de las políticas diseñadas para regular los precios de los alimentos, argumentando que los mercados se estabilizarían por sí solos.

En la práctica, no obstante, los Estados suelen intervenir con prontitud cuando las grandes empresas o los mercados de capitales exigen apoyo, mientras que las medidas públicas para controlar los precios de los alimentos o proteger a lxs campesinxs se tildan de heréticas. Los Estados recurren a la flexibilización cuantitativa para estabilizar los mercados financieros y sostener los precios de los activos; sin embargo, cuando lxs campesinxs exigen apoyo a los precios y los consumidores piden su control, tales medidas se desestiman por considerarse distorsionadoras del mercado.

Este enfoque de laissez-faire ha resultado letal. Cabe subrayar que la desregulación de los precios de los alimentos no ha beneficiado a lxs campesinxs.

Unos precios elevados de los alimentos no implican que los precios pagados a lxs campesinxs sean altos; por el contrario, a menudo los precios altos de los alimentos van acompañados de precios en origen inferiores a los costes de producción.

Esto está vinculado al excesivo poder oligopólico de la agroindustria y de las grandes cadenas de distribución: imponen precios bajos a agricultores y campesinos, y precios altos a los consumidores. Ante esta situación, resulta necesaria una alianza sólida entre campesinxs y consumidores, entre las comunidades rurales y las urbanas.

Exigimos precios mínimos garantizados que cubran nuestros costes de producción y aseguren unos ingresos dignos para todos los trabajadores de la tierra, Y, al mismo tiempo, precios controlados de los alimentos, para así cumplir nuestra función de abastecer de alimentos a la sociedad.

La Vía Campesina no puede aceptar que esta situación se repita. Las medidas de política pública han demostrado ser eficaces para apoyar la producción local de alimentos y estabilizar los precios; es urgente que se implementen.

A corto plazo, a partir de las próximas semanas, La Vía Campesina insta a los gobiernos a:
  • Establecer un control de precios sobre los diez productos alimenticios más comunes (esta lista de productos varía, naturalmente, de un país a otro)
  • Establecer precios mínimos garantizados para los agricultores por encima de los costes de producción. Estos precios mínimos deben revisarse al menos cada seis meses, en función de la evolución del precio de los insumos agrícolas;
  • Garantizar la distribución de los productos agrícolas de lxs pequeñxs agricultores a las ciudades y los principales núcleos de población;
  • Crear reservas alimentarias procedentes de la producción de lxs pequeñxs agricultores;
  • Apoyar e invertir en los bancos de semillas locales y comunitarios
  • Los gobiernos del Sur Global deberían negarse a pagar su deuda externa y dar prioridad a las necesidades esenciales de sus poblaciones frente a los intereses de sus acreedores.
  • Las instituciones internacionales de la ONU, en particular la FAO y el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, deberían:
    • Prohibir la especulación con los productos básicos agrícolas;
    • Coordinar los esfuerzos entre los principales países exportadores de productos agrícolas y aquellos que dependen de las importaciones de alimentos para desarrollar acuerdos entre gobiernos sobre el comercio de productos básicos esenciales, al margen de los mercados bursátiles y sus precios especulativos.
A medio plazo —en los próximos meses y años— es fundamental que los Estados:
  • Pongan en marcha políticas ambiciosas de reforma agraria para garantizar que la tierra, el agua y los territorios se utilicen para producir los alimentos esenciales para sus poblaciones;
  • Presten un apoyo masivo a la transición agroecológica, con el fin de aumentar la producción alimentaria, mejorar la calidad nutricional de los alimentos y reducir la dependencia de los fertilizantes sintéticos, los combustibles y los plaguicidas;
  • Garanticen la participación activa de las mujeres, lxs jóvenes y las personas de diversas identidades sexuales y de género en la formulación y aplicación de las políticas agrícolas y alimentarias;
  • Desarrollen infraestructuras de almacenamiento de alimentos en todo el país;
  • Establezcan organismos públicos de control de los precios agrícolas y alimentarios, con el fin de medir eficazmente los márgenes de los intermediarios y limitar la especulación;
  • Reorientar sus políticas comerciales sobre la base de la soberanía alimentaria, con el fin de proteger y apoyar su producción alimentaria local, al tiempo que se implementa un comercio basado en la solidaridad;
  • Los Estados deben adoptar medidas concretas para reducir la dependencia excesiva de los mercados de exportación y, cuando esto ocurra, reducir el papel desmesurado del dólar en las finanzas y el comercio internacionales. Los países deberían poder liquidar una mayor parte de sus intercambios comerciales en sus propias monedas o mediante acuerdos regionales, reduciendo así la necesidad de adquirir dólares para cada transacción.
  • Tomar la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales, UNDROP, como principio rector de las políticas públicas en materia de agricultura
  • Las organizaciones internacionales de las Naciones Unidas deberían:
    • Iniciar negociaciones en el seno de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, UNCTAD, para establecer un nuevo marco comercial internacional basado en la soberanía alimentaria;
    • Poner en práctica la propuesta de crear un panel internacional sobre la desigualdad;
    • Poner en práctica las propuestas presentadas por los Gobiernos de Brasil y Sudáfrica gobiernos a favor de un régimen fiscal internacional dirigido a las empresas transnacionales y a los ultrarricos.

La Vía Campesina hace un llamamiento a todas sus organizaciones miembros, regiones y aliados para que se movilicen en todo el mundo con el fin de forjar alianzas sólidas entre campesinxs y consumidores contra la inflación alimentaria.

¡Abajo las políticas neoliberales del FMI y del Banco Mundial!
¡Viva la solidaridad urbano-rural! ¡Viva la soberanía alimentaria!

Fuente:  La Vía Campesina

Temas: Agroecología, Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades, Defensa del Territorio , Sistema alimentario mundial, Soberanía alimentaria

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