Las secuelas de la sequía siguen calentando el planeta
Un estudio publicado en Nature Communications, con participación del CSIC y el CREAF, encontró que los efectos de una sequía sobre la temperatura persisten incluso un año después de haber terminado, y que las lluvias posteriores no alcanzan a revertir ese calentamiento adicional, con la Amazonía entre las regiones más vulnerables.
Las secuelas de la sequía pueden persistir incluso un año después de que haya pasado, una situación que las lluvias posteriores no consiguen compensar y que contribuye a intensificar el calentamiento global. Es la conclusión de un estudio realizado a escala mundial y publicado en la revista científica Nature Communications, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales, ambos de España.
Un desequilibrio entre lo que se pierde y lo que se recupera
Los resultados muestran que, si el suelo sigue perdiendo humedad a lo largo del año posterior a una sequía, la temperatura aumenta más de lo que disminuye cuando ese mismo suelo recupera la cantidad de agua que había perdido. En concreto, cuando el suelo pierde una determinada cantidad de agua, la temperatura sube 0,13°C, pero cuando recupera esa misma cantidad de agua, la temperatura baja solo 0,06°C: un desequilibrio que deja un saldo neto de calentamiento aun cuando las lluvias posteriores logren restituir el agua perdida. Esto se debe, en parte, a que las plantas no se recuperan al mismo ritmo que el agua del suelo: después de una sequía pueden haber acumulado daños en los tejidos vegetales, y su capacidad de transpirar y absorber dióxido de carbono tarda en reactivarse, lo que reduce el efecto de enfriamiento que normalmente aporta la vegetación y aumenta el calentamiento del planeta.
La Amazonía, entre las zonas más vulnerables
Este efecto prolongado de la sequía se observó en más del 60% de la superficie terrestre, aunque los datos indican que las zonas más afectadas se ubican en Norteamérica, el este de China, África subsahariana y el oeste de la Amazonía. "La Amazonía actúa como el aire acondicionado de todo el planeta gracias a la ingente cantidad de agua que transpira a la atmósfera", explicó el investigador del CSIC en el CREAF Josep Peñuelas. Según detalló, cuando una sequía extrema hace caer la humedad en el oeste de esa selva, los árboles reducen su transpiración, y el ecosistema "no solo deja de enfriar el mundo, sino que frena su función vital como gran sumidero de carbono, acercando el ecosistema a puntos críticos de no retorno".
Cómo se llegó a estas conclusiones
Para sacar estas conclusiones, el equipo analizó datos climáticos y de humedad del suelo desde 1980 hasta 2024. Esa información fue combinada con 17 modelos del sistema terrestre, que simulan las interacciones entre la atmósfera, el suelo, la vegetación y otros componentes del ciclo climático, con el objetivo de identificar específicamente el efecto de una sequía un año después de ocurrida sobre la temperatura, la vegetación, la transpiración y la capacidad de absorción de carbono. El hallazgo se suma a una línea de investigación que el mismo equipo viene desarrollando desde hace años sobre la relación entre sequías, vegetación y clima, y refuerza la idea de que los efectos de estos eventos extremos no terminan cuando cesa la falta de lluvia, sino que pueden proyectarse en el tiempo con consecuencias directas sobre el calentamiento global.