Mitch, el huracán que hizo retroceder 30 años a Honduras: a 28 años de la tragedia

Idioma Español
País Honduras

Se cumplen 28 años del paso del huracán Mitch por Centroamérica. Su fuerza de categoría 5 explica parte de la catástrofe; su lentitud, sus cambios de rumbo y la vulnerabilidad social explican el resto. Honduras registró alrededor de 7 mil muertes, más de 8 mil desaparecidos, 1,5 millones de damnificados y daños por US$3.793,6 millones. Santa Rosa de Aguán, una de las zonas más golpeadas, recuerda más de 43 muertes y reclama justicia climática.

Mitch comenzó el 22 de octubre de 1998 como una perturbación tropical frente a las costas colombianas del Caribe. Entre el 23 y el 24 adquirió rango de tormenta tropical y entre el 24 y el 25 se convirtió en huracán. Del 24 al 27 de octubre escaló desde la categoría 1 hasta la 5 de la clasificación Saffir-Simpson. En su punto de mayor intensidad, frente a las costas septentrionales de Honduras, registró una presión de 905 mb y vientos superiores a los 250 km/h 

Pero el factor decisivo no fue solo su potencia. El huracán se desplazó de forma inusualmente lenta —entre 3 y 9 km/h— y permaneció casi estacionario en las inmediaciones de la isla de Guanaja, con un área de mayor afectación de unos 150 kilómetros a la redonda. Esa lentitud saturó los suelos, hizo desbordar los ríos e incrementó la carga energética del ciclón.

Un hombre observa los restos de un edificio el 11 de noviembre después de que el huracán Mitch inundara la región y provocara el desbordamiento del río Choluteca, inundando Tegucigalpa, Honduras. (Foto de YURI CORTEZ / AFP)

La noche del 29 al 30 de octubre tocó tierra centroamericana y no la abandonó hasta el 3 de noviembre. En su recorrido pasó de huracán a tormenta tropical y luego a perturbación. El 30 de octubre cambió de rumbo, entró al territorio hondureño, atravesó Colón, Olancho, Yoro y Francisco Morazán, se acercó a El Paraíso y luego regresó con fuerza destructora por Tegucigalpa hacia La Paz, Intibucá, Lempira y Ocotepeque, hasta salir por la frontera con El Salvador el 1 de noviembre 

Su rastro llegó incluso al Atlántico norte: el 9 de noviembre pasó sobre el oeste de Irlanda con 960 hPa y un anemómetro de las Islas Feroe registró 191 km/h momentos antes de quedar destruido.

 Fue un fenómeno de escala oceánica y de impacto prolongado.

Honduras: el país más castigado

Las cifras documentales deben leerse con cuidado: el primer informe ofrece balances regionales y el segundo, el detalle nacional de Honduras. Para Honduras, la Secretaría de Salud y la OPS consignan aproximadamente 7 mil muertes, más de 8 mil desaparecidos, 12 mil heridos y 1,5 millones de damnificados. Unas 285.000 personas perdieron sus viviendas y se habilitaron 1.375 albergues temporales. Cerca de 600.000 a 700.000 personas —alrededor del 10% de la población— tuvieron que desplazarse. Para 4,2 millones de habitantes, casi el 70% del total, Mitch supuso la pérdida del suministro de agua.

La destrucción material fue masiva: se estima que el 60% de la infraestructura vial quedó seriamente dañada; 424 caminos y 107 carreteras quedaron inutilizados; se destruyeron 189 puentes y 81 ciudades quedaron incomunicadas en mayor o menor grado. La FAO calculó que el 70% de los cultivos —café, banano y piña, entre otros— quedaron destruidos o seriamente afectados, con pérdidas superiores a los US$800 millones solo en el sector agrícola.

En salud, 23 de los 28 hospitales sufrieron daños parciales o totales en sus sistemas de distribución de agua; 123 centros de salud quedaron seriamente dañados y 68 dejaron de funcionar. En educación, cerca del 25% de las escuelas —más de 2.000 aulas— resultaron averiadas; más de 100.000 niños de primaria quedaron sin escuela y unos 150.000 alumnos fueron afectados en conjunto.

El impacto epidemiológico también fue severo: después de Mitch se notificó un incremento del 20% de casos de diarrea en menores de 15 años; hasta finales de 1998 se acumularon unos 50.000 casos de diarreas agudas. Se reportaron 306 casos de cólera en 1998 —aunque solo tres fueron clínico-epidemiológicos posteriores al huracán—, un brote de 172 casos de leptospirosis con siete muertes y 75 casos confirmados de dengue hemorrágico hasta finales de 1998.

La contaminación del río Choluteca alcanzó concentraciones de bacterias coliformes de origen fecal superiores a 100.000 por 100 ml.

La factura económica: US$3.793,6 millones y un retroceso de 30 años

Las autoridades nacionales declararon que el país “ha retrocedido en sus expectativas de desarrollo unos 30 años”. En el conjunto centroamericano, el primer documento consigna 17.000 muertos y desaparecidos, entre 750.000 y 1.000.000 de viviendas perdidas, 3 millones de afectados, 70% de carreteras dañadas, 400 puentes destruidos y daños por valor de 10.000 millones de dólares.

Las víctimas sin hogar del huracán Mitch en refugios improvisados y chozas a lo largo de la carretera en El Progreso, Honduras, cerca de San Pedro Sula, en octubre de 1999, un año después de que azotara la tormenta mortal. (Foto de Jean-Marc Giboux/Liaison)

Las causas antrópicas: la pobreza también fue un factor de riesgo

El informe de riesgos naturales es explícito: aunque la formación y el desarrollo del ciclón fueron determinantes, “son razones antrópicas las que explican la magnitud de la catástrofe”. La pobreza de estos países condicionó una escasa preocupación de gobiernos y administraciones locales por la vulnerabilidad de las poblaciones ante episodios naturales extraordinarios.

Antes de Mitch, Honduras tenía un ingreso anual por habitante de US$713 y aproximadamente el 77% de la población vivía en condiciones de pobreza. El 53% de la población era rural y el 27% de los hogares tenía como jefe de familia a una mujer. La mayor parte de las poblaciones periurbanas estaban asentadas en zonas de alto riesgo de aludes e inundaciones. Esa combinación de exposición, pobreza y débil planificación convirtió un huracán extremo en una catástrofe social.

Santa Rosa de Aguán: la memoria que exige justicia climática

El texto del licenciado Dixon Morales, “28 años del huracán Mitch”, recoge la dimensión humana de la tragedia en Santa Rosa de Aguán. Allí, más de 43 personas perdieron la vida; barrios enteros desaparecieron bajo las aguas; se perdieron cosechas, animales y viviendas; muchas familias quedaron sin nada, viendo cómo el esfuerzo de toda una vida era arrastrado por la fuerza de las corrientes del río Aguán.

Dixon Morales subraya que detrás de cada cifra hubo un rostro, una familia, una historia y sueños marcados para siempre. Mitch enseñó la vulnerabilidad ante los fenómenos climáticos extremos, pero también la fuerza, la solidaridad y la capacidad de los pueblos para levantarse. Sin embargo, 28 años después, Aguán sigue siendo una región vulnerable que necesita atención, inversión y justicia climática. 

Fuentes: 

MitchenRiesgosNaturales2002.pdf, pp. 1-3.

Secretaría de Salud de Honduras y Organización Panamericana de la Salud, El huracán Mitch en Honduras (Huracan-Mitch-Honduras.pdf), pp. 2-24, 34-38; datos de CEPAL. ( https://criterio.hn/wp-content/uploads/2020/11/Huracan-Mitch-Honduras.pdf )

Texto “28 años del huracán Mitch”, del licenciado Dixon Morales.

Fuente: Criterio.hn

Temas: Crisis climática, Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades

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