España: cultivadores temen contagio del maíz por ensayos con transgénicos
Los nuevos experimentos con híbridos en Corbillos y en Toral dividen al sector productivo. Agricultores, sindicatos y ecologistas difieren sobre los beneficios de las semillas tratadas
L. Urdiales - redacción - La definición genérica del maíz transgénico, «de semillas que pierden la propiedad de reproducirse naturalmente, si no es mediante la intervención de candados químicos», origina las primeras reacciones contrarias a este tipo de cultivos por parte de colectivos de agricultores o asociaciones ecologistas. El debate en el campo leonés no es menor, si se tiene en cuenta que en esta provincia se cultivaron en la última campaña alrededor de 68.000 hectáreas de maíz convencional. La llegada del transgénico en forma de ensayo, promovido por una multinacional del sector en las localidades leonesas de Corbillos de los Oteros y Toral de los Guzmanes aviva opiniones que terminan por alinear posturas proclives y opuestas al experimento. A favor, promotores de este tipo de manejos y organizaciones agrarias que, salvo excepción, defienden la normalización del cultivo de maíz transgénico, de la misma forma que en otros países europeos. En contra, los cultivadores de este cereal, con un rechazo que se acentúa en las comarcas próximas al lugar en el que se han efectuado las siembras de semillas híbridas, temerosos de sufrir una contaminación que dé al traste con el fin de sus cosechas.
En contra, también, asociaciones de ecologistas, que se han destacado en la difusión pública de posibles perjuicios que para los cultivos tradicionales va a acarrear la implantación de maizales con base genética modificada.
Ecologistas en Acción encabeza desde el pasado mes de enero una batalla mediática frente al ensayo de la multinacional de semillas que promueve los cultivos de maíces modificados, protegidos frente a la enfermedad del taladro y tolerantes a los glifosato, en la zona de los Oteros y la vega baja del Esla. «No hemos recibido ninguna respuesta a las alegaciones presentadas ante la iniciativa de la siembra», advierte Ecologistas en Acción en un comunicado en el que define la situación como «de hechos consumados».
El temor en la zona de experimentación que se plantea en periodos plurianuales (hasta el 2011) pasa por los efectos a las siembras tradicionales. «Hablamos de miles de hectáreas que se destinan al ensilado o al alimento del ganado, que nadie nos garantiza que no sean contaminadas por polinización», explican los afectados.