Debemos prepararnos para este nuevo episodio de El Niño

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Las noticias de estos días en Ecuador están cargadas de información sobre los efectos del fenómeno de El Niño, especialmente en la costa ecuatoriana. Por ejemplo, el diario El Mercurio nos informa:

«Ángel Gabriel Anchundia, un joven de 18 años que se lanzó a un canal para rescatar a su amigo menor de edad, se convirtió en la cuarta víctima que deja la fuerza de las lluvias, producto del fenómeno de El Niño. El hecho ocurrió en Guayaquil el 26 de octubre de 2026, durante una de las peores precipitaciones que se han registrado en esta ciudad.» 

El Niño (conocido también como ENSO), junto con La Niña, constituye uno de los factores naturales de mayor influencia en el sistema climático mundial. Un episodio de gran intensidad aumenta la probabilidad de que se produzcan cambios significativos en los patrones de lluvias, temperaturas y circulación atmosférica en numerosas regiones del planeta.

Si bien el fenómeno de El Niño es un suceso natural que ha ocurrido siempre, el actual episodio bate récords en términos de aumento de la temperatura en las costas tropicales del océano Pacífico. Además, se está intensificando y ha provocado un aumento del nivel del mar de 40 centímetros a lo largo de toda la costa del Pacífico del continente americano, desde Alaska hasta Chile, pasando por Ecuador. Se trata de un incremento considerable y, a medida que el fenómeno siga fortaleciéndose, esta situación podría empeorar.

Esto puede provocar inundaciones, sequías y erosión y, como consecuencia, pérdidas de cosechas y hambrunas en muchos lugares. Sus impactos masivos ya se sienten también en otras regiones del mundo.

De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el fenómeno de El Niño está ya firmemente establecido y se intensificará hasta convertirse en un episodio muy fuerte, probablemente hasta febrero o incluso abril del próximo año.

Las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central y en las costas del continente americano —la región donde se origina El Niño— ya se sitúan muy por encima del promedio, uno de los indicadores característicos de este fenómeno, y siguen aumentando.

El índice Niño 3.4, ampliamente utilizado para medir las anomalías de la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central y en la costa de América, ha registrado un incremento notable: pasó de un promedio de +1,5 °C por encima de lo normal entre mayo y julio de 2026 a +2,0 °C en julio. Posteriormente, los valores semanales siguieron subiendo entre finales de julio y mediados de agosto, oscilando aproximadamente entre +2,2 °C y +2,6 °C por encima del promedio, lo que indica una intensificación continua.

Bajo la superficie del océano, el calor es aún mayor. En algunas zonas, las temperaturas subsuperficiales superaron los 8 °C durante julio y principios de agosto.

Este conjunto de condiciones oceánicas, tanto en la superficie como bajo el agua, sugiere la posibilidad de que el fenómeno se intensifique aún más en los próximos meses.

Y esto no ocurre solamente en el océano. Para el periodo de septiembre a noviembre de 2026, los pronósticos multimodelo de la OMM indican una mayor probabilidad de registrar temperaturas por encima de lo normal en prácticamente todas las zonas terrestres. Asimismo, los patrones de precipitación muestran una respuesta atmosférica marcada y característica del fenómeno de El Niño en el Pacífico.

Finalmente, debemos añadir que, en un contexto de cambio climático, los episodios recurrentes de El Niño agravarán la situación y dificultarán la prevención y el pronóstico de las condiciones meteorológicas, además de generar escasez de agua, incendios y lluvias extremas.Este episodio excepcional de El Niño exige una preparación y una respuesta también excepcionales, tanto por parte del Estado central y los gobiernos autónomos descentralizados como de las comunidades, las personas y las familias, para minimizar los riesgos y daños de este nuevo episodio climático.

Fuente: Acción Ecológica

Temas: Crisis climática

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