Santa Cruz: qué pasa cuando YPF se va

- Foto de Nicolás Perrupato.

La provincia más austral del continente está en crisis mientras lidera el ranking de exportaciones mineras. Protestan docentes, policías, municipales y miles de nuevos desocupados que dejó la retirada de YPF. Mientras, la vida rural no da tregua entre el retorno de lo silvestre y los fantasmas de la Patagonia rebelde.

“YPF no te vallas” (sic). La pintada en la esquina resume la época. A metros, las oficinas ahora ocupadas por Clear Petroleum, la firma que tomó su lugar, históricamente asociada al empresario Cristóbal López. Oscurece temprano en esta parte del sur y todo lo que pueda imaginarse de Las Heras se confirma: un territorio raso, áspero, en el que las camionetas petroleras, los mamelucos, los cascos son parte del paisaje pero merman cada vez más al tiempo que crece la figura de los nuevos desocupados. Tal vez el par de botas de trabajo estaqueadas en la ruta junto a la figura de un San Cayetano, algo parecido al ruego o al abandono, resuma lo que aquí se vive.

El grafiti de la esquina es un anhelo estéril; YPF ya se fue. A fines de 2025 completó la cesión de sus áreas petroleras convencionales y campos maduros. Fue primero Santa Cruz, le siguió Chubut. La salida y el revoleo de áreas tiene una razón técnica —empresas pequeñas con más agilidad para operar yacimientos decrecientes— y otra política —acumulación de capital para empresarios amigos—. PAE y PECOM se quedaron con las áreas chubutenses. Fomicruz, la empresa estatal creada por Néstor Kirchner para el fomento minero, licitó las áreas del norte santacruceño, hoy en poder de siete compañías vinculadas a ilustres del rosqueo (entre ellas, Clear Petroleum, Quintana Energy y Patagonia Resources, del Grupo Neuss). Eso no evitó el descalabro. Desde que asumió Milei y hasta el primer trimestre de 2026, se destruyeron 16.511 empleos privados: 8377 chubutenses y 8138 santacruceños, de los cuales 5700 son petroleros. Quien lleva la cuenta es el periodista Marcelo García, que releva la zona para Extremo Sur. La paralización de la obra provincial explica gran parte del resto de la sangría.

La Difunta Correa, San Expedito, Ceferino Namuncurá, el Gauchito Gil; las ofrendas al costado de la ruta se divisan en cantidad y variedad. Camino a Caleta Olivia desde Comodoro Rivadavia, por varios kilómetros se suceden enmarcadas por el azul austral del Atlántico. En la radio suena el Mensajero al poblador rural, que llega a toda la Patagonia seis veces por día en las AM de Radio Nacional. La voz avisa que Juana espera a su vecino en Riacho San José, que Carlos llegó bien a Aldea Epulef, que Abelardo Soria se ofrece como puestero. Un alcance al que solo le compite Starlink pero que ni aun así supera su llegada a los rincones más inhóspitos.

- Foto de Nicolás Perrupato.

Ya al llegar a Caleta Olivia asoma el monumento al trabajador petrolero: un enorme obrero con casco de aires prusianos que gira una válvula. El homenaje hoy queda anacrónico, pues las llaves de paso se operan de manera remota.

Cuando en el año 2000 la entonces española Repsol YPF derramaba casi nada de mano de obra local, Las Heras, 135 kilómetros más adelante, ocupó las noticias por una serie de suicidios jóvenes. Ya se escribió mucho sobre eso. La oleada lúgubre parece haber pasado, aunque un docente de Gobernador Gregores, más al sur, dirá que en realidad se dejó de hablar pero que las muertes continúan. El futuro es nebuloso para los habitantes de esta tierra yerma que, entre el río Chico al sur, el río Deseado al norte y la ruta 40 al oeste, la geología llama Macizo del Deseado.

Ayelén es la vocera del grupo que espera en el interior de la Ciudad Deportiva. Son unos quince autoconvocados para exigir trabajo a través de intermitentes cortes de ruta. Tienen distintas procedencias, variadas edades, y nunca llegaron a colarse en la rueda de empleo formal aunque picoteaban con trabajos satelitales; un goteo que hace tiempo se cortó. “Empiezan a despedir en la pandemia cuando se dan cuenta de que el trabajo que hacían diez en un chupa (las máquinas extractoras del petróleo) podían resolverlo dos. Se fue mucha gente de acá. Hay casas abandonadas, en venta desde hace meses ya. ¿Quién va a invertir en este pueblo?”, dice Ayelén, que tiene treinta y pocos años, es madre soltera, con dos chiquitos. Hay mujeres que cuidan adultos mayores, exprofesores, choferes, y dos jóvenes que no logran juntar experiencia. A finales del año pasado, eran unas 800 las personas que reclamaban puestos. La municipalidad absorbió a algunos con planes de 450 mil pesos, otros abandonaron la ciudad, otros se quedaron, divididos. Un manojo está acá. El otro, apostado en la puerta de la mina Newmont.

Madrugada gélida de miércoles en la entrada del campamento Cerro Negro, donde opera la multinacional minera Newmont. Varios muchachos se calientan alrededor del fuego en una vigilia que lleva días. En el gran portón, unas banderas: “Cumplan el 90/10”. El pedido invoca la ley que obliga a las empresas operadoras y contratistas de los sectores hidrocarburífero, minero y pesquero en Santa Cruz a un mínimo del 90% de mano de obra local. Con esta medida, este grupo de desocupados de Las Heras ensaya nuevas formas de protesta: exigir a las mineras, flamante esperanza laboral de la provincia, que los contraten a ellos en vez de a “los norteños”. Atentos, cuentan los micros que entran y salen en los cambios de turno. Dicen que, si se aplicara la ley, Las Heras no sería el desastre que hoy es. A un costado de la ronda, Elvio explica que hoy changuea y por eso llegó más tarde. Su CV dice que participó de la construcción de La Anónima y del hotel de YPF. Eran otros tiempos.

- Foto de Nicolás Perrupato.

Toda esta gente manifiesta estar al margen del Sindicato del Petróleo, Gas Privado y Energías Renovables (SIPGER), dirigido por Rafael Güenchenen, cercano al gobernador Claudio Vidal, salido del mismo núcleo. Ese origen del líder en su momento generó expectativas (podría presionar a las empresas para que invirtieran) pero la ilusión chocó de frente con el plan de YPF de concentrarse en Vaca Muerta. Desde su lugar, Güenchenen sostuvo un reclamo discreto sin participación en la movilización general de docentes, policías, municipales y otros estatales que evidencian los múltiples sentidos de la crisis que vive esta provincia con 340 mil habitantes y alrededor de 55 mil empleados públicos. Hacia finales de invierno, ese manejo en puntas de pie pasó al enfrentamiento abierto y a las exigencias de inversión a las operadoras sumó los reclamos por una política hidrocarburífera seria al gobierno provincial.

“Aunque no lo creas, hay una comunidad del basural. La gente se organiza: ‘Vos el fin de semana pasado te llevaste los fiambres pero hoy me toca a mí. Él se llevó el inventario de ropa… Ahora te toca a vos’”. Lo cuenta un camionero en la puerta de Newmont. Por las tardes, desde Cerro Negro, la minera envía lo que desecha hacia el basural de Las Heras. En cada viaje de 220 kilómetros descartan colchones, ropa de trabajo, comida que sobra e insumos de todo tipo. Con puntualidad, los más desesperados esperan en destino y se ha inaugurado una organización ad hoc que clasifica y reparte. A veces hay duras peleas. En su restorán, por ejemplo, Cacho exhibe orgulloso una chaqueta de chef cuello mao que le rescató una amiga. En el pecho izquierdo tiene bordado el nombre de la minera. El cocinero cuenta que resiste la malaria y, consciente del cierre de otros colegas, indica que son clave los mineros que paran a comer. “Hay muchos extranjeros, buscan uranio”, tira al pasar, mientras toma el pedido.

Todavía no clarea al costado de la ruta 43, en Pico Truncado. Ocho laburantes hacen un fuego en la puerta de SIPGER, abrigados con camperas que dicen Marbar. “Trabajo urgente” reza la bandera que pintaron. Los autos y camionetas tocan bocina, saludan, y ellos levantan la mano mientras explican que en marzo de 2025, tras la salida de YPF, se desplomó la perforación. Al quedarse sin contratos, Marbar les notificó su desvinculación. “Lo único que teníamos para perder ya lo perdimos, el empleo. Por eso venimos acá y no nos vamos a ir hasta que logremos recuperarlo”, dice uno. La palabra gira, todos complementan: “Yo tenía ocho años la primera vez que escuché decir que se terminó el petróleo y hoy tengo cincuenta y sigue habiendo. Que los costos son más altos es real”, dice otro. Recuerdan que en las asambleas se llegó a pedir que YPF se fuera para que llegaran operadoras con intenciones reales de invertir. “Después nos dimos cuenta de que el único que tenía espalda era YPF, porque los que vinieron fueron todos amigos del poder sin capacidad para subir equipos de perforación”, reconocen.

Atraer gente para romper el 0,2 persona por km2 que hacía que la provincia superara los récords de Mongolia y Namibia en despoblamiento, fue política nacional. Así lo registran quienes fueron a trabajar en los ochenta y notaban la diferencia monetaria: “En cinco meses pagué mi coche”; “Ganaba cinco veces lo que cobraba”. Hoy se calcula 1,5 personas por km2.

“Se está apostando a que lo viejo funcione”, dice el geógrafo Alberto Vázquez en la Universidad de la Patagonia San Juan Bosco. “No va a haber monoproducción sino un collage de cosas: minería donde se pueda, lo hidrocarburífero seguirá deprimido”, pronostica. No descarta una vuelta de YPF si algo gira en lo político. “No hay una actividad que te vaya a salvar”, remata, mientras cartografía el Macizo y distingue minas, estancias, pueblos. No se ilustran en el mapa las huellas de aquellos que se van.

Una roca muy antigua, de millones de años, núcleo del continente, que heredó todos los eventos geológicos. Así describen los geólogos al Macizo del Deseado. Antes de la ley 3105, que zonificó las áreas en las que se puede hacer minería, la exploración se concentraba en la cordillera. A fines de los setenta, el plan Patagonia-Comahue exploró y encontró algunas anomalías. “Este macizo es muy avaro, no puede ser que no tenga nada”, decían los exploradores. En los noventa, con Néstor Kirchner a la cabeza de la provincia, se avanzó con el proyecto Cerro Vanguardia, que en 1998 produjo su primer bullón doré, y durante toda la década generó un boom exploratorio.

Hoy Santa Cruz es la provincia líder en exportaciones mineras. Cerró 2025 con siete minas activas, de alrededor de 8 mil empleos directos y 20 mil indirectos: Cerro Negro, Cerro Vanguardia, San José, Cerro Moro, Don Nicolás, entre otras. Bullón doré es la forma en la que exportan el oro y la plata: el mineral es procesado en las minas hasta lograr unas barras que son enviadas al exterior para fundir, principalmente a Suiza, Sudáfrica o Estados Unidos, y obtener el oro 24 kilates. El refinamiento no entra en el esquema, pues solo hay un puñado de empresas en todo el mundo y blindan esa exclusividad. “Para que eso sea rentable acá, se tendrían que refinar todos los minerales de Argentina, Perú y Chile. Además, ¿con qué energía se va a hacer? ¿Y con qué rutas, si están detonadas?”, dice un exfuncionario del rubro.

Puerto San Julián es una ciudad que a primera vista suena a navíos, marineros y se impregna de la radiante luz del mar, pero en sus prolijas calles con hosterías y aires galeses también se cruzan los trabajadores de la mina de Cerro Vanguardia, propiedad en un 92,5% de la multinacional AngloGold Ashanti y en un 7,5% de Fomicruz. Son unas 1220 personas que trabajan allá de manera directa y unas seiscientas a través de empresas contratistas.

En total, en la provincia, se cuentan unos siete mil afiliados a AOMA, el sindicato minero. Uno de los afiliados pero que no pertenece a la lista oficialista 17 de octubre sino a una corriente que busca disputarle espacio, la 27 de julio, en su casa en San Julián cuenta: “En la minería hay un montón de cosas que no funcionan. Hay otras maneras de producir, de sacar la misma cantidad de valor pero ganando menos. En vez de cianuro, que contamina, se podría usar unos jabones y sacar oro igual y sin tanto impacto. Pero a las empresas lo único que les importa es ganar más”. Luego reflexiona: “El minero ve a la actividad como su medio de vida, el sueldo que mantiene a su familia. Es difícil hacerles entender que la gente habla en contra de la minería, no de ellos. Es profunda la discusión y esa profundidad es difícil de alcanzar”.

- Foto de Nicolás Perrupato.

Cerro Vanguardia es la mina metalífera más longeva del país. Comenzó como un proyecto de diez años y se extendió a treinta. El año de cierre formal está fijado para 2028, pero la exploración sigue, apuntalada por la bonanza de los precios, y Ashanti confía en estirarlo más allá de 2030. El plan de cierre de mina fue aprobado en Río Gallegos a fines de 2025. Con la bonanza de las mínimas regalías y el precio del oro por las nubes, las exploraciones se aceleran.

“¿Por qué la minería no contrata a los miles de desocupados de Santa Cruz?”, versa el título de una nota de Extremo Minero de mediados de 2026. “No se trata únicamente de cubrir vacantes, sino de incorporar personas que cuenten con las competencias necesarias para desempeñarse en operaciones de alta complejidad técnica”, se responde el mismo medio de perfil minero, y sobre la 90/10 dice: “Más allá del espíritu de la norma, su aplicación práctica depende de una condición previa e indispensable: que los perfiles requeridos realmente existan en la provincia”.

“Veintipico de años de minería y seguimos dependiendo de la usina que funciona a gas, lo mismo que le pasó a Gregores”, dice la investigadora Gabriela Aguilar, en un café en Puerto San Julián. Ella trabajó en la Agencia de Desarrollo local y renunció disconforme con las dinámicas de inversión: el dinero que debería ir a un plan de desarrollo para cuando la minera ya no esté terminaba usándose en gastos superfluos. “Los cierres de empresas vinculadas a la minería no son nuevos pero parece que no hemos procesado eso socialmente”, agrega el sociólogo Larry Andrade, su compañero de investigaciones.

¿Qué sucede cuando una mina se agota? Gobernador Gregores permite ver una de esas caras. Son ejemplos que también se rastrean en lugares como Sierra Grande, en Río Negro, o la Alumbrera, en Catamarca. En esos finales hay pistas.

Doscientos kilómetros de un ancho ripio separan San Julián de Gregores. Por la ruta 25 se ven guanacos y choiques. Algunas ovejas muy cada tanto. Por ahí andan los pumas.

Una larga línea de columnas de hormigón forma un trazado sin cables. En las tranqueras, los guardaganados lucen desplomados. Son vestigios de una economía que cayó rendida. Hoy, los proyectos mineros se bautizan con el nombre de las estancias donde operan.

Después de la erupción del volcán Hudson en 1991, que sepultó en ceniza buena parte de la provincia y obligó a cortar con el campo, muchos abandonaron la ganadería, que ya les pesaba. La estancia Coronel, la más grande del país, de la familia Benetton, logra lo que nadie en el Macizo con la monoproducción de lana de ovejas en sus 350 mil hectáreas. Recién al sur del río Santa Cruz la actividad vuelve a adquirir vitalidad.

Gregores está en un pequeño valle escondido en la meseta, verdeado por el río Chico. Sobrevuela la memoria de la huelga de 1921, los rastros de la Patagonia Rebelde y los fusilamientos. Al llegar, parece que algo hubiera espantado a los pobladores: hay casas a medio hacer que aspiraban a ser mansiones. También, un busto de Néstor Kirchner con la banda presidencial, cacheteado, sin nariz, en una plaza con canchita (es uno de los tres que aún están de pie en la provincia). Por doquier, carteles de alquiler y venta. En Google Maps, persisten reseñas de locales que ya no están. Desde el cierre de Manantial Espejo, la última mina activa en 2024, la población se redujo a la mitad. “No hubo ningún tipo de red de contención. Se fue la empresa y se cayó todo”, dice Andrade, que viajó allá varias veces.

Radio Nacional funciona en una casa baja frente a lo que fueron las oficinas de la minera. En el estudio solo están la operadora y la locutora, Lucrecia Suárez, que desde jovencita participa del Mensajero al poblador rural. Sobre la importancia de este segmento dice: “En muchas estancias todavía no hay internet, y la gente del campo está acostumbrada o no saben cómo sintonizar por la web y prefieren la radio a pila”. Lucrecia ha comunicado nacimientos, fallecimientos, cumpleaños, pero últimamente se multiplican los que ofrecen su trabajo: “Muchísimo, cada vez más. Antes, de unos veinte mensajes, uno o dos eran así. Hoy son la mayoría: como peón por día, o mensuales, con recado propio, alambradores, y todos tienen perros leoneros, para correr a los pumas que hacen estragos en el campo”.

La ruta de la Huelga del 21 se promociona en un gran cartel en las afueras de Gregores. Un recorrido turístico donde se recuerda el levantamiento de los peones rurales durante el gobierno de Yrigoyen y la brutal represión que terminó con 1500 obreros fusilados. El anuncio de chapa, en plena meseta, tiene varios agujeros de bala. ¿Intervención artística? ¿Ofrenda a la memoria de los luchadores? En el pueblo dicen que lo más seguro es que sean cazadores que prueban sus armas. Como sea, la memoria de aquellos días de revuelta y el rostro de Osvaldo Bayer, que puso luz a esa historia, asoman en varios puntos de la provincia como otros santos en el camino.

- Foto de Nicolás Perrupato.

A Facón Grande lo mataron en Jaramillo. Al noreste de la provincia sobrevive otro de los pueblos que forman parte de la ruta de la Huelga de 1921. Donde fusilaron al líder hoy funciona una casa-museo que a la hora de la siesta permanece cerrada. Desde una casa vecina, sin embargo, asoma una mujer que mientras se apura por llegar se limpia las manos en su delantal y deja las marcas de la harina. Es Vilma Huentelican y trabaja en la oficina de patrimonio del municipio. Chilena de nacimiento, argentina por adopción, reflexiona espontáneamente sobre las vidas en esta parte del sur, sobre los cambios muchas veces invisibles en un modelo que va mutando, de las ovejas al petróleo, de las estancias a las mineras y los intermedios: “Hace unos años compartí una mesa de trabajo con la presidenta de la sociedad rural de Perito Moreno —cuenta—. Ella decía que lo que había ganado rentando a las mineras en diez años no lo había ganado su familia en cien. Lo decía con dolor, eh… ¿Cómo puedes contra eso?”. Y sigue por las juventudes, lo que ve a diario: “Con la flexibilización de la ley laboral a nuestros chicos los toman por noventa días y es legal. Un joven se va a trabajar con toda la ilusión y a los noventa días vuelve al estado en el que estaba, con una moto que se pudo comprar pero ya no puede mantener y tampoco está preparado para eso. Eso nos pasa sistemáticamente”. Vilma habla suave, mira por la ventana hacia la calle vacía: “La ruralidad tiene una dinámica diferente a las ciudades. Nosotros tenemos que lidiar con un padre que le dice a su hijo de 13 años, desde el amor, que termine de estudiar rápido así se va al campo con él. Y en esos tres meses la vida le cambia. Porque se va en diciembre a la marcada de ovejas y a la esquila y gana en tres meses dos millones de pesos, y cuando se dio cuenta ya se quedó en el campo trabajando”, cuenta. Con sensibilidad lúcida, explica cómo trata de convencer a esa familia y a ese chico de que su mejor opción es volver a la escuela secundaria el año que viene. “No siempre lo conseguimos. Aparte con esa cosa tan particular, tan patriarcal de ‘lo vamos a convertir en grande’, el niño que se fue no es el que vuelve a los cuatro meses”.

El primer Almacén de Guanaco se inaugura a comienzos de invierno, en Río Gallegos. La población de guanacos silvestres se duplicó en la última década, rondando los dos millones. El declive ovino y el abandono de estancias hizo que la especie nativa recolonizara rápidamente su lugar. Desde 2023 la autorización de cazar uno por día pasó a dos, previa inscripción y permiso de los propietarios. La carne se vende a un tercio de lo que se vende el kilo de vaca. La provincia experimenta opciones en medio de la malaria, pero los inventos saben a poco.

Para el primer trimestre de 2026, Santa Cruz pica en punta en el ranking de provincias que perdieron empleo formal: 16,4% de bajas. Neuquén, por el contrario, se posiciona entre las que crean empleo y hacia allá viajan a diario cientos de personas. A mediados de julio, en la televisión neuquina, desde Añelo, corazón de Vaca Muerta, el intendente Fernando Banderet dice: “Las escuelas quedaron superpobladas, el sistema de salud quedó con alta demanda… No se vengan con la familia, el que quiere venir que venga con algo seguro”.

“Sabemos de un montón de gente que se fue y volvió peor, más arruinada de lo que ya estaba. Y con la moral abajo porque vendió hasta la casa y no le salió porque hay que tener oficio” —dice Carlos Centeno sobre las promesas neuquinas—. ¿Tenemos que abandonar todo acá para irnos a alquilar un departamento peor que la casa que tenemos? —plantea—. Nosotros todos tenemos nuestro oficio pero estamos dispuestos a empezar de cero”.

A fines de julio, desde el sur llegan mensajes. Tantean repercusiones: “¿Y? ¿Salimos en las noticias? Acá estamos en la misma: igual o peor”, escribe Elvio. “Yo a full con el reciclaje, arrancando con ese tema”, tipea a la distancia Centeno, que impulsa la cooperativa Las Heras Limpia. Es la inventiva de los arraigados a esta tierra que en otras épocas fue explorada con devoción por sus secretos inhóspitos, sus paisajes salvajes, la variedad de especies, pero que hoy muestra su lado más delicado, tal vez incluso su misterio, en la delgada línea por la que caminan los humanos que la habitan.

- Esta nota forma parte de una serie de colaboraciones conjuntas entre la Fundación Rosa Luxemburgo y la revista crisis sobre el mundo del trabajo.

Fuente: Revista Crisis

Temas: Criminalización de la protesta social / Derechos humanos, Minería

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