Vandalismo genómico

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LOS RIESGOS Y REALIDADES DE LA MANIPULACIÓN DEL ADN

La edición génica (también llamada edición genética o genómica) refiere a un conjunto de nuevas biotecnologías para manipular el genoma de los seres vivos: plantas, animales y microorganismos. Pese a que las empresas de transgénicos y sus promotores la presentan como una tecnología “más exacta”, que permite alterar con precisión los genomas, la realidad contradice esta afirmación. Pero aun si así fuera, no significa que estas alteraciones sean inocuas. Los organismos manipulados con edición génica conllevan una enorme cantidad de incertidumbres y nuevos riesgos: al medioambiente y a la biodiversidad, a la salud de plantas, animales y humanos, a los sistemas de alimentación campesinos, a la seguridad y soberanía alimentaria. Aquí presentamos algunas de las razones para ello.

Toda edición génica es ingeniería genética. La técnica más usada es CRISPR, una construcción sintética que imita la de una bacteria, a la que se le adosa un sistema asociado para alterar el genoma (Cas). Se le ha llamado “GPS con tijeras”, porque puede reconocer un sitio específico en un genoma y cortar las dos hebras del ADN. Ese corte daña al gen y puede silenciarlo, o si se inserta nuevo material genético es un transgénico. En todos los casos altera las funciones naturales del organismo.

La edición génica no es precisa. Aunque con CRISPR-Cas se pueda intervenir en un sitio elegido como objetivo, ahí termina la supuesta precisión. La “reparación” de esa rotura no puede ser controlada por quien usa la técnica y en muchos casos es defectuosa, con impactos imprevistos. Además, es frecuente que CRISPR-Cas cause mutaciones no intencionales en otras partes del genoma, con efectos potencialmente peligrosos y alterando funciones vitales de los organismos. Por ejemplo, se han encontrado vértebras extra en cerdos manipulados con CRISPR para tener más músculo, para lo cual los científicos no tienen explicación. Los cambios inesperados en el genoma derivados de CRISPR son tantos que Georges Church, de la Universidad de Harvard, referente de la biotecnología llamó a CRISPR “un hacha desafilada”. Agregó “le llaman edición, pero en realidad es “vandalismo genómico”.

Es riesgosa y los productos no son seguros. Por las incertidumbres y falta de control de la edición génica, los productos resultantes pueden ser riesgosos en el consumo. Las alteraciones genómicas, intencionales o no, pueden ser origen de alergias, toxicidades y/o exacerbar esas propiedades en productos de consumo. También pueden producir resistencia a antibióticos en humanos y animales, un grave problema de salud en el mundo. Esto debido a que usan plásmidos para introducir CRISPR-Cas a los organismos, una molécula de ADN de bacterias, que se ha asociado a la transferencia de genes con resistencia a antibióticos. 

Expande el uso de agrotóxicos. Se afirma que los productos de edición génica tendrían beneficios nutricionales, resistencia a la sequía, a plagas, etc. Pero un gran porcentaje está manipulado para hacerlos tolerantes a nuevos agrotóxicos aún más peligrosos, porque las malezas se han hecho resistentes a los más usados por los transgénicos. Adicionalmente, la industria quiere desarrollar con CRISPR-Cas “impulsores genéticos”, una técnica de edición génica de alta peligrosidad, para que las malezas vuelvan a ser susceptibles a glifosato y otros agrotóxicos, o para extinguir especies enteras de malezas y plagas.

No es “mejoramiento” convencional. La industria y científicos afines afirman que si no detectan material genético foráneo en una planta “editada”, sería igual que una de mejoramiento convencional y no es transgénica. Esto es una falsedad, ya que las alteraciones que se provocan en el genoma nunca ocurrirían de forma natural, entre otras cosas, porque la técnica CRISPR-CAS está diseñada para evitar las defensas naturales de la planta, y los cambios no intencionales suceden en regiones de los genomas que las plantas naturales, sin CRISPR-CAS, no permiten mutaciones. También es falso que no se puedan detectar los cambios genómicos y que no se introduzca nuevo material genético, intencional o no, por ejemplo, de plásmidos, pero incluso proveniente del uso mismo de CRISPR-Cas9. Para supervisarlos, habría que adecuar los métodos de detección y análisis de riesgo, pero eso es lo que la industria quiere evitar.

Asalto a productos básicos de la alimentación humana. La mayor parte de la manipulación edición génica en nuestro continente se está haciendo con arroz y varios países lo han liberado para siembra y venta como “cultivo convencional”, también con trigo manipulado genéticamente, bajo las falsas premisas descritas arriba y se pretende avanzar con maíz, amaranto, frijoles . La mayor parte de los transgénicos “anteriores”, se destinan en su vasta mayoría a usos industriales y forraje, por lo que no llegan en forma directa a la alimentación. En el caso de las plantas con edición génica, se trata de cultivos que van directamente a la alimentación humana, que agregan nuevos riesgos y que pueden llegar a nuestra mesa sin que sepamos de sus peligros.

Contaminación de cultivos nativos y criollos. Los promotores de la edición génica comparan la creación de semillas tradicional y colectiva de las comunidades o la labor de fitomejoradores convencionales afirmando que la manipulación genética que se hace con edición génica sería lo mismo, lo cual es absurdo. Las y los campesinos y fitomejoradores se basan en trabajar con la naturaleza, que pone límites y previene los peores efectos. Con edición génica, las semillas, insectos o microorganismos producen construcciones artificiales que jamás existieron y burlan los límites de la naturaleza. Además, se liberan sin información a nadie, por lo que se pueden cruzar y contaminar cultivos nativos y criollos, sea en campo, en transporte o procesamiento. Como ha sucedido con la contaminación transgénica del maíz. La edición génica es más de lo mismo, pero con más riesgos y menos controles.

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Alianza Biodiversidad-
Temas: Nuevas tecnologías, Transgénicos

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