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Autor EFEAGRO Idioma Español Pais Internacional Publicado 23 febrero 2016 11:17

“La soberanía alimentaria puede luchar contra el cambio climático”

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Paul Nicholson es un firme defensor de la agricultura familiar. Como agricultor, pone voz a esos miles y miles de campesinos que labran la tierra a ambos lados del hemisferio y que claman por un cambio de modelo de producción agrícola que respete su derecho a la alimentación. Defiende la soberanía alimentaria entendida como un método de producción agroecológico que cuida los recursos naturales y que puede poner coto al cambio climático.

"La soberanía alimentaria hoy es la propuesta principal no sólo para alimentar la humanidad, sino que es el medio de consumo y producción que va a enfriar el planeta”, capaz de luchar contra el cambio climático. Así lo asegura Paul Nicholson, agricultor miembro del sindicato EHNE (Unión de Agricultores Vascos) y miembro fundador de la Comisión Coordinadora Internacional de Vía Campesina.

Nicholson critica el modelo de alimentación y agricultura industrial como uno de los responsables de los gases de efecto invernadero y que “calienta el planeta en un 55 %“, no sólo por el ingente uso de fitosanitarios, fertilizantes y demás insumos, sino también por estar orientado casi exclusivamente a la exportación.

Señala que el método de producción ligado a la soberanía alimentaria es el modelo agroecológico, “una agricultura pequeña, familiar”, que entre otras cosas prescinde del uso de productos químicos de síntesis y que apuesta por la producción local, que “ya alimenta al 70 % de la población, un dato verificado por la FAO“.

Apunta, además, que “todo el proceso de alimentación globalizado” no está dando respuesta al hambre que padecen 800 millones de personas en todo el mundo y que, debido a su efectos negativos sobre el clima, es una de “las principales razones de la migración”.

En este sentido, resalta que una de las consecuencias fundamentales del cambio climático -causada a su juicio por el modelo de agricultura agroindustrial y la alimentación globalizada- es la migración, causada por la desertización y erosión del suelo.

La soberanía alimentaria es una propuesta política que plantea el derecho de cada pueblo a alimentarse por sí mismo, a definir sus propias políticas agroalimentarias, a proteger sus culturas, sus modelos de producción y sus mercados para un desarrollo más sostenible, con menos dependencia de insumos externos.

Modelo que Paul Nicholson defendió recientemente en su conferencia enmarcada en el ciclo “Agroecología, Soberanía alimentaria, Agricultura urbana y Cooperación internacional” que organiza la Casa Encendida de Madrid todos los viernes de este mes de febrero a las 18 horas.

Nicholson explica que los productos alimentarios que se consumen en el planeta se cultivan por “campesinos y campesinas en sólo un 30 % de las tierras agrarias” del mundo.

Denuncia el acaparamiento de tierras por grandes empresas que dedican el 70 % de la superficie agraria a la agricultura intensiva, sobre todo, a la producción de transgénicos y de energía.

“Además, esa producción alimentaria o no alimentaria va específicamente a alimentar no a las personas sino a la ganadería intensiva de Europa”, de ahí que se plantee un conflicto entre la agricultura industrial y la agricultura sostenible de pequeña escala, según Nicholson.

Asegura que “no es compatible mantener políticas de apoyo a la agroindustria al mismo tiempo que se proclaman las bondades de la agricultura sostenible” y aboga por “quitar todos los apoyos que tiene la agricultura industrial”, porque “la agricultura local tiene enormes dificultades para competir en el mercado”.

Nicholson apunta que aunque desde la Unión Europea se diga que se apoya la agricultura ecológica y que se quiere proteger la agricultura familiar de pequeña o mediana escala, “todas las políticas han favorecido la desaparición de las pequeñas explotaciones”.

Y “lo vemos en España”, donde los activos agrarios están desapareciendo a un nivel extremadamente preocupante”, lamenta Nicholson.

Y recalca: “La pequeña producción familiar, de menor escala, es mucho mas sostenible, mucho más productiva y emplea a más gente. Forma parte de la economía local”.

Fuente: EFEAGRO


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