Convenio de Diversidad Biológica y el pilar de la vida

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Desde este lunes 19 de mayo en la ciudad de Bonn, Alemania, se celebrará la novena reunión de la Conferencia de las Partes (COP-9) del Convenio de Diversidad Biológica (CDB), en donde el objetivo principal de este encuentro será la revisión del Convenio del programa de trabajo sobre la biodiversidad de la agricultura, como sustento de las sociedades humanas, que según Ahmed Djoghlaf (Secretario General del CDB) “aumentará la importancia de salvaguardar la biodiversidad para la agricultura a nivel internacional, nacional y local”

Esta declaración se enmarca justo en un momento en donde existe una grave crisis alimentaria en varios lugares del planeta, así como el fuerte avance de los agrocombustibles y su modelo agrícola homogéneo e insostenible social y ecológicamente ligado estrechamente a la carestía de los alimentos.

La realización de la Conferencia de las Partes coincide también con la celebración del Día Internacional de la Diversidad Biológica o Biodiversidad este 22 de mayo. Recordemos que la biodiversidad ha sido definida como un concepto fundamental, complejo y general, que abarca todo el espectro de la organización biológica, desde genes, pasando por especies, poblaciones, comunidades, ecosistemas y paisajes, así como las escalas de espacio y tiempo en las cuales se mueven dichos componentes.

El CDB fue creado durante la Cumbre de la Tierra del año 1992 en Río de Janeiro, Brasil, como principal instrumento para detener la pérdida de biodiversidad en el globo y asegurar el acceso equitativo y sustentable a los recursos y beneficios que esta representa. Diez años después en abril de 2002, las Partes firmantes del CDB (entre ellas Colombia) se comprometieron a lograr una reducción significativa del índice de perdida de biodiversidad al nivel mundial, regional y nacional para 2010. Sin embargo a menos de cuatro años dichas metas están lejos de cumplirse, debido a que los factores que amenazan la pérdida de biodiversidad como la transformación ecosistémica y el cambio del uso del suelo, siguen operando y se recrudecerán gracias a los efectos del galopante cambio climático global.

Como ya sucedió con el Protocolo de Kioto, los Estados Unidos, por ejemplo, tampoco han ratificado el CDB, y de paso algunos intereses de empresas transnacionales europeas y norteamericanas interesadas en proyectos de prospección y bioprospección (minería y energía), se han “colado” en las discusiones y decisiones sobre la conservación y uso de la biodiversidad, enmarcadas en el CDB.

Es por ello que la efectividad del CDB ha sido cuestionada en varias ocasiones, especialmente hacia los temas de bioseguridad y el denominado biocomercio. Al interior del CDB se ha trabajado en un Protocolo sobre Bioseguridad firmado en la ciudad de Cartagena que sea legalmente vinculante para todos los países miembros. La revisión de dicho protocolo (MOP-4) se está llevando a cabo los días previos a la COP-9 y se ha centrado en el manejo de los transgénicos en los cultivos agrícolas.

Recordemos que para los efectos de intercambio en el mercado, el CDB y el Protocolo de Bioseguridad establecen el cambio de elementos y componentes de la biodiversidad que recaen bajo la soberanía y las leyes de cada estado nación, haciendo que las transnacionales de los recursos genéticos y bioquímicos se vean obligadas a formalizar contratos con los países fuente y establecer reglas del juego “equitativas”. Para esto el CDB define la obligación de realizar un paso previo de aprobación con conocimiento de causa por parte de las comunidades locales y pueblos indígenas residentes en lugares con gran biodiversidad. Sin embargo este argumento representa una ambigüedad porque la biodiversidad ya no sería patrimonio de la humanidad, sino que depende de decisiones de cada país susceptibles a cambios de orden económico.

Es así que el CDB desde su adopción en 1992 pasó a ser un tratado de comercio internacional de biodiversidad más que de conservación (quizá olvidando algunos fundamentos ecosistémicos), que cada vez incluye más a la gran empresa privada en sus decisiones. En la anterior Conferencia del Convenio en Curitiba, Brasil, en el año 2006, se hizo un llamado a los países a promover un diálogo entre actores relacionados con la biodiversidad, incluidos sectores relacionados con el comercio internacional, finanzas, agricultura, silvicultura, turismo, minería, energía y pesca.

Uno pensaría que es clave involucrar al sector privado en la conservación siendo uno de los que con sus prácticas han desencadenado directa o indirectamente la pérdida de biodiversidad en el mundo. Sin embargo la presencia del sector privado es cada vez más influyente, cuando se ha visto que este no pierde de vista un sentido estrictamente económico pese al ropaje verde de sus intenciones, factor que contrasta con los intereses de habitantes campesinos e indígenas de todo el mundo que defienden la biodiversidad y el conocimiento ligado a ella como el sustento de la propia vida.

Ya que citamos a los campesinos e indígenas es aquí donde entra la pequeña agricultura como sustento de la alimentación local, nacional e incluso global. La biodiversidad ha sido fuente y a su vez producto de buenas prácticas de uso que han hecho muchos campesinos alrededor del globo. Estos han sido los promotores y guardianes de semillas durante miles de años. El buen uso del agua, del suelo y la diversificación y rotación de cultivos que estas comunidades han practicado, en muchas ocasiones nos han salvado de crisis alimentarias, como lo han reconocido personajes de la talla de Miguel Altieri.

Se debe reconocer que estos aportes han sido reconocidos también por la ONU y el mismo CDB, por lo cual estas posiciones deben ratificarse plenamente en la exigencia política de mercados más justos de intercambio que aseguren ante todo la seguridad alimentaria y el uso sostenible de la biodiversidad bajo un enfoque ecológico sin invasión a los genomas ni irrupción abrupta sobre los ecosistemas.

En este punto quiero traer un aporte que hace el investigador colombiano Mario Pérez-Rincón (2006) en su tesis doctoral en ciencias ambientales, desde el enfoque de la economía ecológica que me parece pertinente para dimensionar en que se mueve la biodiversidad y su uso en la actualidad. Pérez-Rincón menciona que las relaciones de comercio y ambiente (relacionado especialmente a la biodiversidad) en nuestros países, tienen que ver con las relaciones de intercambio y poder político entre los países del Norte y los del Sur. Esta situación ha traído una asimetría en el intercambio económico en donde a mayor crecimiento de los llamados países desarrollados, mayor demanda de los recursos naturales en los países denominados en desarrollo incentivando así su explotación. Se suma a esto una deuda externa generada precisamente en el establecimiento de proyectos que permitan la explotación, uso y exportación de recursos naturales y biodiversidad.

Es decir, para pagar las deudas que se generan y como no hay otra opción de producir para la exportación, el modelo económico puede derivar a que la población local deba incurrir a prácticas ecológicas destructivas en cuanto al uso del territorio. Esto genera procesos como la rápida deforestación, la ampliación de la frontera agrícola, el uso de plaguicidas, la destrucción de hábitats, entre otros más, sin contar que para un país como Colombia este cuenta con el caso de los cultivos de uso ilícito. Se establece de esta forma una relación comercio y ambiente que perpetúa la pobreza y “subdesarrollo” con una pérdida total del patrimonio ecológico (Pérez-Rincón, ídem). O sea que aparte de cargar con una deuda económica, se suma una deuda ecológica y al parecer esta estructura es claramente validada con el actual modelo de implementación de agrocombustibles que hemos revisado en ocasiones anteriores.

Como vemos, la biodiversidad (y su valor) ha estado medida por la importancia económica que ésta representa. Si la noción de biodiversidad representa el pilar de la vida en el Planeta, pues debemos defender esta noción y no debe ser considerada como un discurso más. Más allá del nivel de uso que esta representa en sus diversas escalas de estructura y funcionalidad (genes, especies, ecosistemas, etc.) en el tiempo y en el espacio, representa el cómo se define la compleja trama de la vida como en algún momento mencionaba Augusto Ángel-Maya. Debemos redefinir la función de la biodiversidad que representa el patrimonio ecológico de los territorios que habitamos como base fundamental de su apropiación, planeación y gestión sostenible, especialmente en el sustento de la seguridad y soberanía alimentaria y en el respeto mismo de la vida.

Hasta pronto.

Notícula: Como todo no es malo, recomiendo mucho a los que puedan asistir, a las celebraciones que se van a hacer esta semana en varias ciudades del país entorno a la biodiversidad. El Instituto Alexander von Humboldt, a través del Mecanismo de Facilitación del CDB en Colombia, la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, y la Pontificia Universidad Javeriana invitan a asistir a las charlas programadas en conmemoración del Día Internacional de la Biodiversidad en 2008. Más información aquí.

Referencia bibliográfica

Pérez-Rincón, M. 2006. Comercio internacional y medio ambiente en Colombia. Tesis doctoral. Programa de Doctorado en Ciencias Ambientales. Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals (ICTA). Universitat Autònoma de Barcelona. Documento electrónico.

Equinoxio, Internet, 20-5-08

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