Menos biodiversidad merma salud humana

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La pérdida de biodiversidad tiene efectos perniciosos no sólo en lo económico, ambiental, social o ecológico, como lo han determinado numerosas investigaciones, sino también un impacto sustancial en la salud humana

La acelerada extinción de especies y poblaciones no sólo merma el patrimonio natural del planeta: al mismo tiempo priva a la ciencia médica de herramientas para la caracterización, estudio y también tratamiento de enfermedades.

Por tal motivo, Eric Chivian y Aaron Bernstein, de la Universidad de Harvard, decidieron documentar esta conexión inextricable con la edición del libro Sustainig Life: How Human Health Depends on Biodiversity (Sosteniendo la vida: cómo la salud humana depende de la biodiversidad), lanzado este mes por la Oxford University Press.

Dicha obra, auspiciada por el Programa Ambiental de la ONU y en la que colaboran más de 100 científicos de todo el mundo, es un llamado de alerta sobre la forma en que la intervención humana amenaza con desbalancear las delicadas interrelaciones entre ecosistemas.

“Durante los últimos 50 años, nuestras acciones han resultado en pérdidas de una quinta parte del suelo superficial, una quinta parte de las tierras aptas para cultivo, casi 90% de las mayores pesquerías comerciales y un tercio de los bosques, mientras la población se triplicó de 2.5 a 6.5 mil millones de personas”, escriben los expertos de la Escuela Médica de Harvard en el prefacio del libro.

“Dañamos los hábitats de otras especies llevándolas a la extinción en una tasa cientos e incluso miles de veces mayor que los niveles naturales. Según algunos biólogos, vivimos la llamada ‘sexta gran extinción’. La quinta tuvo lugar hace 65 millones de años, cuando al parecer un asteroide chocó contra la Tierra y terminó con los dinosaurios. La actual la provocamos nosotros”, añaden los editores.

Ambos destacan siete grupos de organismos para ilustrar cómo su pérdida afectaría la salud humana. Estos son: osos, tiburones, caracoles, coníferas, cangrejos, primates y, sobre todo, anfibios, de los que está en peligro un tercio de las 6 mil especies conocidas, con más de 120 extinguidas en las décadas pasadas.

El ejemplo más revelador es la extinción de dos especies australianas de rana (Rheobatrachus vitellinus y R. silus), los únicos anfibios capaces de alojar crías en el estómago.

Estudios preliminares encontraron en ellas una sustancia que inhibe la secreción de ácido y peptina en dicho órgano, lo cual evita que digieran a sus vástagos. Pero la desaparición de ambas impidió indagar nuevos tratamientos contra la úlcera péptica en humanos.

Suicidio ecológico

Otro hecho alarmante es el de los osos polares. Debido a la capacidad que tienen para perder y ganar peso, además de su tejido adiposo característico, estos animales proveen un modelo médico invaluable para investigar la obesidad. Pero podrían desaparecer si este verano hay reducción drástica de glaciares.

Los casos abundan. Mas no habían sido bien difundidos porque es difícil rastrear la compleja interacción entre seres vivos. “En la última década ha habido muchos problemas de enfermedades emergentes (nuevas o ya controladas que surgen otra vez), muchas provocadas por la pérdida de diversidad biológica”, asienta el científico mexicano Gerardo Ceballos González.

El investigador del Instituto de Ecología (UNAM) recuerda que en su laboratorio condujo un experimento con el cual determinó que la incidencia de infección por hantavirus era mayor en los ambientes donde se redujo la biodiversidad de roedores, pues los sobrevivientes fueron mucho más susceptibles a la enfermedad, que se transmite al humano por contacto con esos animales.

En México, recuerda el doctor Ceballos, Lourival Possani en la UNAM estudió al monstruo de Gila, uno de los dos lagartos venenosos que hay en el mundo y hoy amenazado. Con su saliva se produjo uno de los medicamentos más importantes para combatir la diabetes tipo 2.

Pero los beneficios a la salud no sólo derivan de sustancias extraídas del reino animal, pues según el ecólogo, de las 25 mil especies silvestres de plantas que hay en el país, sólo se han evaluado unas 300 para fines médicos. “Y a nivel mundial, hay 300 mil especies vegetales, de las cuales se han estudiado 2 mil o 3 mil. El resto, dice, sigue ahí para que podamos hacer las investigaciones pertinentes”.

Parte fundamental de Sustaining... es el concepto de “servicios ambientales”, que Ceballos define como “aquellos beneficios que directa o indirectamente aportan las plantas y animales al humano”. Éstos abarcan del balance adecuado de temperatura o gases en la atmósfera, gracias a la interacción entre organismos, a los productos y procesos que sustentan la alimentación, sanidad y en general la vida humana.

El experto subraya la importancia de enfocar el problema de la biodiversidad no sólo a cuantificar la extinción de especies, sino también la de poblaciones, a la que considera “un proceso mayor y más grave”, pues si sólo quedara un grupo de cada especie, se acabarían los servicios ambientales. “Estamos perdiendo poblaciones de plantas y animales. De las 5 mil especies clasificadas de mamíferos, se habían perdido más de 116 mil poblaciones a nivel global. Si hiciéramos una evaluación correcta (en lo general), hablaríamos de millones de poblaciones perdidas”.

El Universal, México, 26-5-08

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