Declaración de Yaundé: la OMC y el libre comercio provocan hambre, pobreza y desigualdad
Más de treinta años después de la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), las organizaciones campesinas reunidas en Camerún reiteran su constatación de que la OMC y los acuerdos de libre comercio impiden el desarrollo de los países del Sur y conducen a la ruina de lxs pequeñxs productores en todos los continentes, al aumento del hambre en el mundo, a la destrucción del medio ambiente y al aumento de las desigualdades. Hacemos un llamamiento para construir una alternativa a la OMC: un nuevo marco comercial basado en la soberanía alimentaria y la solidaridad internacional.
¡Es urgente y necesario un nuevo marco comercial basado en la soberanía alimentaria!
Nosotrxs, campesinxs de África, América Latina y el Caribe, Europa, Asia, los países árabes y América del Norte, nos hemos reunido del 24 al 29 de marzo de 2026 —en paralelo a la 14.ª Conferencia Ministerial (CM14) de la OMC— para intercambiar opiniones con lxs campesinxs de Camerún, para conocer las realidades de nuestrxs colegas pequeñxs pescadores, y para consolidar la solidaridad del movimiento campesino mundial. Estamos muy agradecidos por la increíble hospitalidad con la que nos ha acogido la Plataforma Regional de Organizaciones Campesinas de África Central (PROPAC).
Nos dirigimos solemnemente a los Estados, y en particular a los Estados del Sur global. Ya es hora de hacer una evaluación crítica de los efectos de la OMC. Ninguna de las promesas que de primera vista suenan bonitas sobre una supuesta «ronda de desarrollo» se ha cumplido. Por el contrario, la OMC —a lo largo de sus 28 años de existencia— no ha sido más que un instrumento de dominación de las grandes potencias del Norte global contra la soberanía económica de los países del Sur.
Lxs pequeñxs productores de alimentos han sufrido los efectos de una ideología perniciosa: la ideología neoliberal, según la cual todos los países deberían renunciar a su soberanía alimentaria para importar, al precio más bajo posible, productos alimenticios procedentes del otro extremo del mundo.
Hoy en día, la guerra imperialista en Irán está provocando un bloqueo masivo de los flujos comerciales mundiales y los países que aceptaron sacrificar su soberanía alimentaria se encuentran atrapados. La lección es clara: hacer que la alimentación de la población dependa de los flujos comerciales internacionales es suicida. Cada país tiene el derecho y el deber de defender su soberanía alimentaria, a fin de garantizar que su población coma hasta saciarse. Para ello, lxs pequeñxs productores, campesinxs, pescadorxs, pastoralistas y Pueblos Indígenas deben ser protegidxs y apoyadxs, ya que son ellos y ellas quienes producen alimentos saludables para más del 70 % de la población mundial.
Hemos seguido de cerca las negociaciones durante la CM 14
Como de costumbre, los países ricos y los grandes países exportadores han intentado imponer una nueva ronda de liberalización, presionando para obtener un mayor acceso a los mercados para la agroindustria y las empresas multinacionales y para la reducción de las ayudas públicas a los pequeñxs productores.
Lamentamos que hayan logrado imponer un acuerdo sobre la pesca que impedirá a los países del Sur apoyar adecuadamente a lxs pescadores artesanales, al tiempo que da rienda suelta a la pesca industrial que destruye los océanos. Los países ricos y agroexportadores proponen ahora una «reforma de la OMC» y un «nuevo enfoque», lo que significa aún más neoliberalismo y globalización del comercio dominada por las empresas multinacionales.
La postura del grupo de países africanos nos ha parecido, con diferencia, la más favorable a los intereses de las poblaciones rurales: los Estados Africanos reconocen la importancia de la soberanía alimentaria, de unos precios justos para lxs pequeñxs productores, de las reservas públicas y del apoyo público a la producción local. Aplaudimos estas posturas. Sin embargo, hace ya más de 25 años, desde la Conferencia Ministerial de Doha, que los países del Sur reclaman que se dé prioridad a la seguridad alimentaria, las reservas públicas, el trato especial y diferenciado y las medidas de salvaguardia especiales, y hace 25 años que no se les escucha. En la CM14, una vez más se les ha ignorado por completo.
Lamentablemente, esto no nos sorprende
La Vía Campesina comprendió desde principios de la década de 1990 que la globalización económica y los acuerdos de libre comercio, y en particular la integración de la agricultura en el proceso de la OMC, iban a ser devastadores para lxs pequeñxs agricultores de todo el mundo, tanto del Norte como del Sur. Hemos constatado que las importaciones a bajo precio destruyen los sistemas alimentarios locales y llevan a lxs pequeñxs productores a la ruina y a la migración forzosa.
Lxs trabajadores migrantes son las primeras víctimas de este sistema neoliberal: privadxs de sus medios de subsistencia en sus países de origen y explotadxs en los de acogida, a menudo se ven obligadxs a trabajar en la agricultura industrial por salarios miserables y en condiciones laborales cercanas a la esclavitud. Los acuerdos de libre comercio y sus capítulos sobre inversión conducen al acaparamiento de tierras, agua y territorios por parte de empresas multinacionales, que expulsan a las poblaciones rurales y devastan nuestro medio ambiente.
De Seattle a Cancún, de Hong Kong a Nairobi, de Buenos Aires a Ginebra y hoy de nuevo en Yaundé, nos hemos levantado para decir «No a la OMC». Estamos en contra de todos los acuerdos de libre comercio: ningún acuerdo comercial debería obligar a un Estado a importar alimentos que destruyan su producción alimentaria local. Nuestra labor no es competir con lxs pequeñxs productores de otros continentes; nuestra labor consiste en producir alimentos saludables para nuestrxs conciudadanxs, protegiendo al mismo tiempo el medio ambiente.
Hemos decidido no trabajar nunca con la OMC y, hasta el día de hoy, reafirmamos que no estamos interesadxs en negociar con la OMC. Estamos convencidx s de que ninguna reforma puede convertir a la OMC en una institución al servicio de los pueblos, por lo que afirmamos que la única reforma útil sería la desaparición pura y simple de la OMC.
Constatamos que la desaparición de la OMC va por buen camino, en particular desde que el presidente Trump decidió en 2016 no nombrar más jueces para el tribunal de apelación del Órgano de Solución de Diferencias. La OMC ha perdido todo lo que hacía que sus decisiones fueran vinculantes. La OMC se ha convertido en una organización zombi, que se encuentra en estado de muerte cerebral, pero cuyo fantasma sigue viniendo a hacernos daño.
Las grandes potencias, con Estados Unidos a la cabeza, no dudan en desobedecer abiertamente todas las normas de la OMC. Hacemos un llamamiento a los países del Sur para que hagan lo mismo, en particular para desarrollar medidas de apoyo y protección de su producción alimentaria local.
La Unión Europea, Brasil y China intentan salvar las apariencias promoviendo un mecanismo de apelación, el Procedimiento arbitral multipartito de apelacion provisional (PAMAP) : hacemos un llamamiento a los países del Sur para que se nieguen a adherirse a este mecanismo, que solo funcionará a su costa.
¡HA LLEGADO LA HORA DE UNA ALTERNATIVA!
Es hora de que todos los países sinceramente preocupados por el bienestar de sus poblaciones trabajen en la construcción de una alternativa a la OMC basada en la soberanía alimentaria, la autodeterminación de los pueblos y la solidaridad internacional.
Desde 2022, La Vía Campesina ha comenzado a trabajar en la construcción de un nuevo marco comercial basado en la soberanía alimentaria. Hemos intercambiado opiniones entre lxs campesinxs de La Vía Campesina, pero también con otros movimientos sociales internacionales de pescadores y pescadoras, pastores y pastoras, Pueblos Indígenas, movimientos de trabajadores y trabajadoras urbanos, etc. Hoy nos sentimos muy orgullosxs de presentar públicamente nuestra propuesta. (enlace al marco).
Nuestra propuesta se basa en la primacía de la soberanía alimentaria: la alimentación es un derecho, no una mercancía, y todos los pueblos tienen derecho a determinar sus sistemas alimentarios y las políticas públicas más adecuadas para apoyar a lxs pequeñxs productores.
Nos enorgullece presentar públicamente nuestra propuesta.
Consideramos que el derecho al comercio debe someterse a los derechos humanos, y en particular a los derechos de los Pueblos Indígenas (UNDRIP) y a los Derechos de lxs campesinxs y otras personas que trabajan en zonas rurales (UNDROP), así como a los Derechos Laborales de los trabajadores y trabajadoras (OIT). Defendemos que el comercio debe replantearse como un instrumento al servicio del bien común y de la autodeterminación de los pueblos, que conduzca a una prosperidad compartida entre las naciones.
Invitamos a todos los países, y en particular a los del Sur, a trabajar con nosotrxs en el seno de las Naciones Unidas para construir juntos este nuevo marco comercial basado en la soberanía alimentaria.
Los espacios legítimos para las negociaciones sobre agricultura, pesca y alimentación son el Comité Mundial de Seguridad Alimentaria (CSA), la FAO y la UNCTAD. Somos conscientes de que este proceso llevará tiempo, pero es hora de ponerse manos a la obra para reconstruir una economía basada en la dignidad humana y en la soberanía de los pueblos.
¡Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza!
Fuente: La Vía Campesina
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