“Desigual y asimétrico”: así tachan organizaciones el acuerdo del Mercosur con Unión Europea
El acuerdo de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea fue firmado el pasado 17 de enero, en Paraguay, después de 26 años de negociaciones. Sin embargo, el Parlamento Europeo frenó la ratificación el miércoles (21). Los europeos remitieron el acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión para que revise si es compatible con los tratados europeos. Ahora, se espera que los jueces resuelvan el caso. La regla es que, además del Parlamento Europeo, las legislaturas de los países que forman parte del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) deben ratificar el acuerdo. Brasil anunció que sigue con su proceso de ratificación.
El acuerdo Mercosur-Unión Europea es considerado el más grande del mundo. Juntas, las dos regiones representan alrededor del 25% del Producto Interior Bruto del planeta, con un mercado integrado por aproximadamente 700 millones de personas. Los defensores del acuerdo lo justifican principalmente porque puede significar el aumento del PIB de los países, especialmente de Brasil. Según el Instituto de Investigaciones Económicas Aplicadas de Brasil, el mayor beneficiado será precisamente este país, con un aumento de su PIB del 0,46% hasta el año 2040.
El tratado prevé la eliminación gradual, a lo largo de los próximos 15 años, del 90% de los aranceles en el intercambio de productos entre ambos bloques.
Pero el optimismo numérico es ofuscado por las bases que fundan el acuerdo. Los países de América Latina ceden sus riquezas minerales y agrícolas y reciben productos manufacturados de los europeos. “En esencia es una estructura neocolonial”, sostienen organizaciones, movimientos sociales e institutos académicos que hacen parte del Frente Brasileira contra el Acuerdo Mercosur-Unión Europea.
La Unión Europea aumentaría, por ejemplo, las importaciones de carne de vacuno, aves de corral, azúcar, soya, miel y otros productos agrícolas de los países del Mercosur, a cambio de más exportaciones de automóviles (especialmente los eléctricos), productos químicos y farmacéuticos, plaguicidas y plásticos. “El acuerdo sirve claramente a los intereses de las grandes empresas agroalimentarias (…). Está hecho a la medida de los deseos de la agroindustria global orientada a la exportación, por un lado, y de la industria automovilística y química alemana, por otro”, sostiene Greenpeace en un informe.
La organización alerta de que el acuerdo alimentará la destrucción de ecosistemas en los países Sudamericanos. “Cada día, los bosques de la región del Chaco de Argentina y Paraguay, o la selva amazónica, la sabana del Cerrado o el Pantanal en Brasil son sustituidos por pastos para el ganado y el cultivo de soja. Directa e indirectamente, este acuerdo impulsará la destrucción de la naturaleza en Sudamérica. Sus disposiciones medioambientales son débiles y el aumento de las exportaciones agrícolas es muy alarmante”, sostiene.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, junto a la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, este viiernes 16 de enero de 2026 en Brasil.
El optimismo por parte de los europeos también se justifica por el hecho de que el acuerdo es clave en la geopolítica actual para el desarrollo de nuevas tecnologías de transición energética, información y defensa. “Ofrece oportunidades muy interesantes para la importación de materias primas fundamentales para las cadenas de valor de las empresas de la UE y de productos estratégicos necesarios para la transición verde y digital”, dice un comunicado del gobierno español. Brasil tiene la segunda mayor reserva mundial de tierras raras, la gran mayoría inexploradas. Con eso esperan reducir la dependencia con China, líder mundial en producción de estos productos.
El acuerdo garantiza la exportación de varios minerales críticos para la transición de la matriz tecnológica de la Unión Europea como níquel, cobre, aluminio y acero y flexibiliza la aplicación de impuestos a las exportaciones de estos minerales. “Si Brasil adoptara un impuesto a la exportación de estos productos, la tasa aplicable a la Unión Europea debería ser inferior a la aplicable a otros destinos, y tampoco debería superar el 25%”, sostiene el texto del acuerdo. Hoy el gobierno puede tributar exportaciones sin restricciones. Además, el tratado eliminará burocracias y barreras en la exportación.
Repitiendo la vieja lógica colonial de importar materias primas y exportar productos manufacturados, los europeos, con el acuerdo, garantizan mercado para sus vehículos electrificados, impulsados por hidrógeno y por nuevas tecnologías “verdes”. Los aranceles serán disminuidos gradualmente con el pasar de los años.
Contrarios
Alrededor de 140 organizaciones brasileñas, que componen el frente contra el acuerdo, lanzaron un comunicado en el cual refuerzan el posicionamiento construido en años de diálogo de la sociedad civil brasileña con organizaciones parlamentarias de Brasil y otros países del Mercosur y de la Unión Europea. “Somos contrarios al Acuerdo Mercosur-Unión Europea. Es un acuerdo desigual y asimétrico, que no trae beneficios para el fortalecimiento de la industria brasileña, tampoco genera empleos o políticas para enfrentar los cambios climáticos”.
De acuerdo con el frente, el acuerdo va a impactar “gravemente a territorios y personas que en ellos habitan y trabajan. Son agricultores familiares, pueblos indígenas, comunidades tradicionales, trabajadores que ya fueron impactados y han sufrido violencia por las grandes corporaciones agroalimentarias y por la minería, principales sectores que se beneficiarán”.
Fuente: Avispa Midia
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