Incendios recurrentes dejan una huella creciente en los territorios de Bolivia
La recurrencia de incendios ya afecta a 25,76 millones de hectáreas en Bolivia, revelando que el fuego no solo se extiende, sino que vuelve una y otra vez sobre determinados territorios. Así lo establece el reporte “Recurrencia de incendios en Bolivia 2010–2025”, elaborado por TIERRA, que analiza 16 años de registros para identificar las zonas donde los incendios se han convertido en un fenómeno persistente y los espacios —incluidas áreas protegidas, territorios indígenas y ecosistemas estratégicos— que enfrentan los niveles más críticos de recurrencia.
Según el estudio, entre 2010 y 2025, 25,76 millones de hectáreas registraron recurrencia de incendios, una superficie equivalente al 23,75% del territorio nacional. La mayor parte se concentra en Santa Cruz, Beni, el norte de La Paz, Cochabamba y Pando, particularmente en zonas de expansión de la frontera agropecuaria y en ecosistemas como la Amazonía, la Chiquitania y las llanuras y sabanas del oriente.
El investigador de TIERRA, Efraín Tinta, destacó que el dato más relevante no está solamente en la extensión afectada, sino en la frecuencia con la que el fuego regresa al mismo territorio. Explicó que el reporte clasifica la recurrencia en cuatro niveles: moderado, medio, alto y extremo. Los niveles alto y extremo —entre siete y 16 años con presencia de fuego— son considerados críticos porque indican que los ecosistemas pueden haber superado su capacidad de regeneración.
“Para este análisis hemos diferenciado primero los resultados a nivel departamental y municipal, y posteriormente hemos incorporado otras categorías de análisis, como los territorios indígenas, las áreas protegidas y los sitios Ramsar. Lo que encontramos es que los ecosistemas sufren perturbaciones cada vez más fuertes en función de la cantidad y recurrencia de los incendios, por lo que hemos establecido una clasificación según los niveles de afectación”, precisó.
Más de dos millones de hectáreas enfrentan una recurrencia crítica
De los 25,76 millones de hectáreas con recurrencia de incendios, 2,03 millones presentan niveles alto y extremo, equivalentes al 7,9% de la superficie afectada. Son territorios sometidos a fuego crónico, donde la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo y la disminución de la cobertura vegetal pueden convertirse en procesos acumulativos.
“Consideramos que, a partir de siete años de recurrencia, un ecosistema ya está afectado de manera crítica, porque el daño acumulado puede ser irreversible en el suelo, en la materia orgánica y en la biodiversidad. Esta degradación no implica solamente una pérdida de biodiversidad; también genera efectos secundarios asociados al cambio de uso de la tierra y, con el tiempo, puede traducirse en una afectación ambiental grave”.
La recurrencia también muestra que el fuego está afectando espacios fundamentales para la conservación y la vida de las poblaciones. 174 Áreas Protegidas registraron quemas durante el periodo analizado y 55 presentan recurrencia crítica, con 611.060 hectáreas sometidas a fuego persistente. En los
Sitios Ramsar, cuatro de los 11 sitios del país presentan recurrencia crítica, mientras que 36 territorios indígenas registraron incendios durante más de siete años.
La dimensión territorial del problema es especialmente evidente en Santa Cruz y Beni, que concentran 89,7% de la superficie con recurrencia de quemas. San Ignacio de Velasco encabeza la afectación municipal, con aproximadamente 2,4 millones de hectáreas alcanzadas por incendios recurrentes. En cuanto a la recurrencia crítica, destacan municipios como Exaltación y San Ramón, en Beni; San Ignacio, en Santa Cruz; e Ixiamas, en La Paz.
2024 no fue solamente un año excepcional
El estudio identifica 2024 como el año de mayor superficie quemada registrada en Bolivia, con 12,66 millones de hectáreas, pero advierte que el comportamiento de los últimos años plantea una preocupación mayor: entre 2019 y 2024 se acumularon varios años de alta afectación sin los periodos de recuperación observados en ciclos anteriores.
Las condiciones climáticas contribuyeron a agravar la situación. En 2024, la Chiquitania-Pantanal experimentó un periodo prolongado de déficit hídrico y temperaturas superiores a 32 °C, mientras que la disponibilidad de material vegetal seco favoreció la propagación del fuego. En 2025, una mayor humedad y recuperación de las precipitaciones estuvieron asociadas a una temporada de quemas menos severa.
La evidencia reunida por la investigación sugiere, por tanto, que la discusión sobre incendios debe pasar de la emergencia anual a la gestión de territorios que están siendo sometidos repetidamente al fuego. Esto implica priorizar las zonas de recurrencia crítica, restaurar ecosistemas degradados, fortalecer la participación de las comunidades y mejorar el monitoreo para orientar políticas de prevención y adaptación al cambio climático.
“Esta información es muy útil para el Estado, principalmente para quienes toman decisiones en los territorios. Los gobiernos municipales pueden identificar cuáles son las zonas más afectadas y comenzar a desarrollar tareas preventivas, en coordinación con los poseedores de esas tierras, sean territorios indígenas, comunidades campesinas o predios medianos y empresariales. En el caso de los territorios indígenas y las comunidades campesinas, permite saber dónde están siendo mayormente afectados por los incendios y utilizar esta información para su planificación territorial”, finalizó Tinta.
“Recurrencia de incendios en Bolivia 2010–2025” ofrece mapas y datos detallados sobre la persistencia del fuego en municipios, Áreas Protegidas, Sitios Ramsar y territorios indígenas. Descarga aquí el documento completo en: Reporte de recurrencia de incendios en Bolivia
Fuente: Fundación Tierra