La Internacional campesina siembra el futuro

Idioma Español

Con motivo del Día de la Tierra, cinco agricultorxs de todos los continentes se confiaron a L’Humanité sobre el océano de desafíos al que hacen frente. Estos representantes de La Vía Campesina hacen un llamado a globalizar la lucha contra todas las formas de expoliación.

India, Colombia, Gambia, Canadá, Brasil… hacía tiempo que no se veía semejante asamblea. Una veintena de representantes campesinxs procedentes de los cuatro rincones del planeta se reunieron en Francia, del 10 al 17 de abril, con ocasión de la reunión bianual del comité internacional de coordinación de La Vía Campesina. Un encuentro inédito marcado, en particular, por la visita a la finca de Emmanuel y Cristiana Vandame, en lucha desde hace años en la meseta de Saclay, en Essonne y en Yvelines, contra la urbanización de las tierras y los impactos de la línea 18 del Grand Paris Express [1].

Foto: regardebrut

Bajo un sol abrasador, estxs sembradorxs de futuro han hecho un llamado al internacionalismo del mundo agrícola frente a las amenazas imperialistas y el calentamiento global. Cinco de ellxs abordan sus condiciones de trabajo y su lucha.

 «Sembramos y cosechamos juntxs»

Islanda Micherline Aduel – Tet Kole ti Peyizan Ayisyen, Plaisance, Haití

“ Después de estudiar filosofía, ciencias políticas y derecho, finalmente decidí regresar a vivir a mi comunidad, donde crecí, y vivir de la tierra. Mi principal actividad generadora de ingresos es el cultivo del ñame. Tengo mi propia finca con parcelas muy pequeñas, pero nosotrxs, lxs campesinxs, trabajamos todxs juntxs. Sembramos juntxs, cosechamos juntxs, nos queremos unxs a otrxs. En criollo haitiano, a esto se le llama el “konbit”, el trabajo agrícola comunitario. Practicamos una agricultura de subsistencia, el Estado no nos ayuda. Incluso puedo afirmar que está profundamente en contra del campesinado. Por eso la solidaridad es fundamental, es una forma de resistencia. Ahora hay que amplificar este movimiento y hacer vivir el internacionalismo entre lxs agricultorxs.

Cuba, Haití, Puerto Rico y la República Dominicana son los cuatro países que representan la vida agrícola en la región del Caribe. Desde hace más de sesenta años, la Gran Isla sufre el embargo de los imperialistas estadounidenses. Trabajamos con nuestrxs camaradas de la Asociación Nacional de Pequeños Agricultores (Anap) cubanxs, tratando de apoyarlos mediante campañas internacionales y organizando el envío de alimentos, como cuando participamos en la flotilla para nuestrxs hermanxs en Palestina. Se trata de dar lo que uno tiene, no solo lo que le sobra. Cuba sufre hoy, igual que Haití sufre. Nuestro punto en común es la lucha contra el capitalismo, contra el imperialismo. Contra el patriarcado también. Como mujer campesina, enfrento la violencia a diario. ”

Foto: Miraviento

 «Lxs campesinxs siempre han sido criminalizadxs»

Anderson Amaro – Movimiento de Pequeños Agricultores, MPA, Estado de Bahía, Brasil

“Como coordinador nacional del Movimiento de Pequeños Agricultores de Brasil, puedo decir que lxs campesinxs brasileñxs siempre han sido criminalizadxs, despojadxs de sus tierras e incluso asesinadxs. Esta violencia ha disminuido mucho desde el regreso de Luiz Inácio Lula da Silva, pero aún existe.

Antes de él, Jair Bolsonaro no solo negó la ciencia, sino que sobre todo destruyó las políticas públicas en favor de lxs trabajadorxs, de lxs campesinxs, de lXs más pobres. Ahora, la reconstrucción democrática del país lleva tiempo. Flávio Bolsonaro, hijo mayor del líder de extrema derecha y candidato a las elecciones de octubre, promueve una agenda ultraliberal y con tendencias fascistas, heredada de su padre. El peligro también pesa sobre el Congreso, donde los conservadores pretenden llevar a cabo una caza de comunistas y desmantelar la legislación que protege los territorios indígenas y la naturaleza.

Con Lula, se han logrado muchos avances en la demarcación de territorios indígenas y quilombolas, y en la reducción de la deforestación. El problema es que el cambio climático es una emergencia constante. Lo observo a diario como apicultor, criador de ovejas y productor de maíz y frijoles en una zona semiárida, sacudida por lluvias intensas, sequías y la aparición de huracanes que antes no existían.

Es hora de construir una agricultura campesina liberada de las garras del agronegocio y de las multinacionales sometidas al gobierno de Donald Trump, que quiere hacer de nuestro país su patio trasero. ”

 «Es una verdadera lucha por la tierra»

Goo Jeomsook – Asociación de Mujeres Campesinas de Corea (KWPA), Namhae, Corea del Sur

“Mi principal desafío es el acceso a la tierra. Corea del Sur cuenta con más de 2 millones de agricultorxs. Muchxs están en situación precaria porque no son propietarixs y, por lo tanto, no pueden establecerse de forma duradera para crear su propia explotación. En mi caso es un 50/50: un hectárea pertenece a mi familia y la otra está alquilada. Yo me ocupo más del deshierbe o la cosecha, mientras que mi marido se encarga del arado. Cultivamos arroz, espinacas, pimientos, ajo y calabazas.

La situación es bastante irónica porque mejoro la calidad del suelo, gracias, entre otras cosas, al enriquecimiento en materia orgánica, y por lo tanto la filtración del agua en mis parcelas. Algunos perciben los efectos positivos y tratan de apropiárselos, por lo que a menudo me he visto obligada a cambiar de lugar y empezar de nuevo. Es una verdadera lucha por la tierra. Nuestra Constitución establece que la tierra solo puede pertenecer a lxs agricultorxs, pero desde hace unos veinte o treinta años se han hecho numerosas modificaciones. Por ejemplo, el hijo o la hija de un campesino que la heredó, incluso si no la cultiva y vive en la ciudad, sigue siendo propietario. Hoy, el 70 % de las tierras agrícolas surcoreanas no pertenecen a lxs agricultorxs. ”

 «El gobierno está manipulado por Washington»

Zainal Arifin Fuat – SPI, Yakarta, isla de Java, Indonesia

“ Sufrimos los efectos de la situación en Medio Oriente, con el aumento del precio de la gasolina, aunque esto ya había comenzado con la guerra en Ucrania. En Java, cultivo principalmente arroz, maíz y yuca. Mis compañerxs y yo luchamos por la reforma agraria, para exigir que el Estado redistribuya la tierra.

Entre 2004 y 2024 se había prometido distribuir alrededor de 9 millones de hectáreas a lxs campesinxs; menos del 10 % de ese objetivo se ha cumplido. El contexto nacional y mundial ofrece margen a las grandes empresas para realizar actividades de producción alimentaria intensiva y minera.

Las políticas neoliberales de nuestro gobierno provocan en realidad el acaparamiento de tierras. Este está bajo presión y manipulado por Donald Trump, sobre todo en el plano comercial. El archipiélago sigue importando soja transgénica de Estados Unidos mientras, al mismo tiempo, se lanzan grandes programas para alcanzar la soberanía alimentaria, siempre promoviendo la agricultura química.

Nuestro gobierno proyecta convertir alrededor de 20 millones de hectáreas de bosques indonesios en producción de alimentos y biocombustibles. Estos proyectos nacionales estratégicos, como se les llama, tienen importantes consecuencias para el medio ambiente y los derechos humanos, por lo que nos oponemos a ellos. Existe una alternativa: establecer zonas de soberanía alimentaria basadas en la agroecología, en las que lxs ciudadanxs se apropien de los medios de producción. ”

 «Promovemos una agricultura sostenible»

Chengueto Muzira , Zimbabwe Smallholder Farmer Forum (ZIMSOFF), Mutoko, Zimbabue

“ Mi región es muy árida, generalmente recibe menos de 350 milímetros de lluvia al año. De un año a otro puede no llover nada, luego mucho, pero las precipitaciones se vuelven demasiado abundantes. Esto es lo que hemos sufrido en los últimos dos años, con enormes pérdidas de cosechas, ya que algunxs agricultorxs no tienen suficientes instalaciones de almacenamiento o secado.

Frente al cambio climático, a la evolución de los regímenes de lluvia y de las temperaturas, debemos volver a lo esencial: las semillas tradicionales, el abandono del monocultivo. Nos orientamos hacia la producción de pequeños cereales más resistentes, como el mijo, el sorgo y los cacahuetes. Hemos renunciado a los fertilizantes convencionales en favor de nuestros propios fertilizantes biológicos. También producimos compost, bokashi y un fertilizante foliar cuyo cultivo se aprende en las escuelas de agroecología a nivel comunitario.

Estas estructuras reúnen a 6.000 campesinxs y tienen como objetivo dar sentido a la agricultura sostenible y a la transición justa. Allí fomentamos el aprendizaje y el intercambio, ya sea sobre la conservación de semillas o la elaboración de productos a partir de nuestros árboles y plantas tradicionales. El objetivo es identificar las fortalezas de cada campesinx para que luego formen a otros. Algunos captan el agua de las montañas y la canalizan para regar sus cultivos, o excavan pozos y fosas para abastecerlos. Otros se especializan en la fertilidad del suelo, o practican la multiplicación de semillas, y aplican técnicas de conservación a partir de estiércol de vaca, cenizas o hojas de eucalipto. A esta agroecología es a la que aspiro. ”

Foto: Miraviento

[1] La línea 18 del Grand Paris Express es un proyecto de nueva línea de metro que conectará el aeropuerto de Orly con zonas del suroeste de París. Su construcción ha generado controversia por el consumo y la artificialización de tierras agrícolas, especialmente en la meseta de Saclay, un territorio fértil. Los opositores denuncian sus impactos ambientales y la pérdida de suelos campesinos.

Fuente: La Vía Campesina

Temas: Agricultura campesina y prácticas tradicionales, Movimientos campesinos, Tierra, territorio y bienes comunes

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