Los créditos de biodiversidad: una solución falsa y antigua a la crisis
La compensación es el principal destino de los créditos de biodiversidad, existe hace 40 años y cuenta con un historial muy deficiente, marcado por problemas ambientales y vulneraciones de derechos humanos bien documentadas. Se trata de la misma historia que presentan las compensaciones de carbono, solo que peor, porque en lugar de unos pocos gases de efecto invernadero, estamos hablando de millones de especies con relaciones complejas que no pueden reducirse a unos pocos activos comercializables. Sin embargo, los riesgos de un Consentimiento Libre, Previo e Informado (CLPI) parcial, la gobernanza global, el reparto de ingresos injustos, el acaparamiento de tierras y las violaciones de derechos humanos son similares a los observados en los mecanismos de compensación de carbono.
Los mercados de biodiversidad no son una idea nueva. La compensación de biodiversidad existe desde la década de 1980 y la Comisión Europea ha mostrado interés en los mercados de biodiversidad desde 2010, originalmente bajo el nombre de “bancos de hábitats”, una versión extrema de la compensación de biodiversidad. Posteriormente, intentó, sin éxito, introducir este enfoque mediante una revisión de las directivas de Hábitats y Aves. En la actualidad, la Comisión promueve la transformación de las políticas de conservación de la Unión Europea (UE) en mercados financieros vinculados a la naturaleza con la nueva denominación de créditos de naturaleza. Este debate abre una gran oportunidad para preguntarse por qué y cuáles son las preocupaciones relacionadas.
Respecto a las razones que impulsan esta agenda, se nos dice con frecuencia que el principal obstáculo para abordar la crisis de la biodiversidad es la falta de financiamiento para la naturaleza. Según este argumento, la brecha de financiación es demasiado grande para que los gobiernos puedan cerrarla por sí solos, por lo cual se necesita reorientar el capital privado. En este marco, la creación de un mercado financiero de intercambio de créditos de biodiversidad sería la mejor manera. Este relato es discutible y políticamente sesgado.
La Comisión Europea ha mostrado interés en los mercados de biodiversidad desde 2010. Imagen: Frédéric Hache
El relato sesgado sobre la brecha de financiación
En primer lugar, la supuesta brecha de financiamiento anual de 700.000 millones de dólares podría cerrarse fácilmente reasignando una fracción de los 1.700.000 millones de dólares anuales que se destinan a subsidios para actividades dañinas. Lo que significa que la brecha podría cerrarse por completo con financiamiento público, sin aumentar impuestos ni déficits, lo que cuestiona la supuesta necesidad de capital privado.
Si se tomara la decisión política de seguir subsidiando la destrucción, y depender, en cambio, del capital privado para la conservación, la forma más eficaz y rápida de reorientarlo sería mediante regulaciones que limiten la degradación ambiental. Esto se debe a que cualquier regulación impactará en las ganancias futuras esperadas de los sectores involucrados y provocará que los flujos de capital privado se ajusten automáticamente a las nuevas expectativas de beneficios.
La creación de un mercado de créditos de biodiversidad constituye la última y menos eficaz opción si el objetivo es abordar la pérdida de biodiversidad.
Pero incluso si consideráramos que las regulaciones ambientales alineadas con los límites planetarios serían demasiado “coercitivas” y eligiéramos usar solo incentivos (y no sanciones), seguiría siendo mucho más rápido, eficiente y rentable hacerlo mediante tratamientos fiscales o regulatorios favorables, en lugar de crear toda una nueva infraestructura de mercado financiero basada en una pseudo mercancía.
La creación de un mercado de créditos de biodiversidad constituye, por lo tanto, la última y menos eficaz opción si el objetivo es abordar la pérdida de biodiversidad. Precedentes como el rescate bancario de 2008, el plan de recuperación de la pandemia de Covid-19 o el reciente aumento del gasto en defensa de la Unión Europea también muestran que los gobiernos pueden encontrar dinero cuando quieren hacerlo.
Los mercados de créditos de biodiversidad son considerados una de las herramientas menos eficaces para frenar la pérdida de biodiversidad. Imagen: Frédéric Hache
Falta de integridad ambiental
La privatización y financiarización cambiarán las políticas de conservación, al introducir un requisito de rentabilidad, lo que a su vez las debilitará en comparación con políticas basadas en la regulación. Ya hemos observado las consecuencias perjudiciales de la financiarización en ámbitos como la salud, la educación y la vivienda. A su vez, los créditos de naturaleza implicarían una transferencia de soberanía del Estado hacia los mercados financieros, cuyas prioridades difícilmente coinciden con las prioridades ecológicas. De este modo, se pondría en riesgo nuestro futuro y supervivencia.
También existe un problema fundamental entre la necesidad de contar con una gran cantidad de tipos de créditos para reflejar el elevado número de especies y, la necesidad de reducir esa diversidad en unos pocos tipos de créditos para contar con un mercado financiero líquido, donde compradores y vendedores puedan encontrar fácilmente contrapartes comerciales. Sin embargo, tal nivel de simplificación no es compatible con la integridad ambiental.
De manera crucial, es probable que los créditos de biodiversidad se utilicen principalmente con fines de compensación, ya que no existe otro modelo de negocio a gran escala. La hoja de ruta de la Unión Europea ya sitúa los créditos de naturaleza más allá de la jerarquía de mitigación, cuyo punto cúlmine es la compensación, lo cual refuerza y legitima este enfoque. Particularmente, porque el actual equilibrio de fuerzas políticas probablemente empuje a la Unión Europea a alinearse con el marco del Panel Asesor Internacional sobre Créditos de Biodiversidad, que explícitamente incorpora la compensación.
Sin embargo, existe un consenso científico sobre el hecho de que la compensación de biodiversidad no es posible en la mayoría de los casos. Nuestro conocimiento científico sigue siendo incompleto: la ciencia de la restauración aún está en sus primeras etapas y, simplemente, no es posible transformar millones de especies en unos pocos activos líquidos comercializables. Por ello, la compensación de biodiversidad ha tenido un historial muy deficiente en las últimas décadas. Esto hace que la compensación de biodiversidad no sea “mejor que nada” (como a veces se afirma), sino “peor que nada”. Al crear la ilusión de que el problema está siendo abordado, ayuda a mantener la licencia social para destruir la naturaleza y reduce la presión pública para soluciones reales.
Los mercados de créditos de biodiversidad crean una licencia social para dañar el medio ambiente. Imagen: Frédéric Hache
Los primeros escándalos ya están emergiendo
Probablemente, los créditos y compensaciones de biodiversidad se desarrollarán en el Sur Global, bajo el argumento de que allí se encuentra la mayor variedad de especies animales y vegetales intactas. Sin embargo, en realidad es porque en América Latina, África y Asia la tierra es mucho más barata como consecuencia del colonialismo. Esto podría conducir al mismo acaparamiento de tierras, tensiones y violaciones de derechos humanos que han sido documentadas con las compensaciones de carbono.
Además, recibir pagos para proteger la naturaleza en un territorio con el fin de permitir su destrucción en otro lugar del planeta podría contradecir los valores y la cosmovisión de muchas comunidades. Los Pueblos Indígenas entienden la tierra, las aguas, los animales y las plantas como parientes o como parte de un territorio vivo, no como “capital natural” externo o un conjunto de “servicios ecosistémicos”. Asimismo, los esquemas basados en el mercado corren el riesgo de subordinar la gobernanza territorial indígena a actores financieros externos y agencias estatales, recentralizando de hecho el control sobre territorios, cuya defensa ha sido sostenida durante generaciones.
Los ingresos pueden ser muy útiles para algunas comunidades indígenas. Sin embargo, la clave está en los detalles: qué proporción del órgano de gobernanza está compuesta por representantes indígenas y si reciben al menos el 50% de los ingresos.
Actualmente, existe un fuerte impulso para involucrar a los Pueblos Indígenas y otras comunidades dependientes del bosque en las diversas iniciativas internacionales de créditos de biodiversidad. Sin embargo, esto responde más a fines de comunicación que a un verdadero codiseño y a una distribución justa del poder de decisión y de los ingresos. Incluir a algunos líderes indígenas es una forma eficaz y poco costosa de evitar acusaciones de neocolonialismo verde y de desviar la atención de la falta de integridad ambiental de estos esquemas.
Para ser claros, los ingresos pueden ser muy útiles para algunas comunidades indígenas. Sin embargo, como siempre, la clave está en los detalles: qué proporción de los miembros del órgano de gobernanza está compuesta por representantes indígenas y si reciben al menos el 50% de los ingresos. Además, los proyectos de créditos y compensaciones de biodiversidad suelen promoverse en situaciones en las que las comunidades están sometidas a una fuerte presión económica y política para aceptarlos, lo que puede debilitar el derecho al Consentimiento Libre, Previo e Informado (CLPI), y convertirlo en coerción.
La participación de las comunidades suele responder a estrategias de comunicación más que a una distribución real del poder de decisión y los beneficios. Imagen: Frédéric Hache
El impacto sobre la gobernanza indígena
Es importante aclarar dos puntos: primero, el énfasis actual en la participación indígena indica que una gran proporción de los proyectos de créditos y compensaciones de biodiversidad se llevará a cabo en sus territorios, más que en países del Norte Global.
En segundo lugar, las promesas de ingresos provenientes de la venta de estos créditos son hipotéticos y serán extremadamente volátiles, ya que dependen de los mercados financieros, los cuales son vulnerables a desaparecer en cuanto los líderes del Norte Global dejen de simular que abordan la crisis de la biodiversidad. De hecho, el Reino Unido proporciona un ejemplo claro. Tras iniciar en 2024 un mercado obligatorio de compensación de biodiversidad, el gobierno introdujo en 2025 una alternativa: los promotores inmobiliarios podrían optar por compensar el 110% de la destrucción residual de la naturaleza causada por sus proyectos mediante el pago de una tarifa única a un fondo de conservación.
Si los mercados colapsan, las comunidades podrían perder la posibilidad de volver a sus medios de vida tradicionales (y sin ingresos estables). Así, serían empujadas hacia el despojo o una mayor mercantilización de sus tierras solo para sobrevivir.
Eventualmente, las consecuencias para los Pueblos Indígenas serían especialmente graves: los contratos a largo plazo pueden restringir el uso de la tierra y la gobernanza, mientras que los ingresos prometidos suelen ser efímeros e inciertos. Si los mercados colapsan, las comunidades podrían perder la posibilidad de volver a sus medios de vida tradicionales (y sin ingresos estables). Así, serían empujadas hacia el despojo o una mayor mercantilización de sus tierras solo para sobrevivir.
Ya existe un número creciente de escándalos vinculados a los créditos de biodiversidad, que apuntan a problemas estructurales más profundos: TotalEnergies está destruyendo un parque nacional en Uganda para extraer petróleo; Eiffage está construyendo una represa en Costa de Marfil que daña el bosque, mientras promete falsamente una pérdida neta cero; en Mozambique, el megaproyecto de TotalEnergies ha estado asociado con afirmaciones ambientales engañosas; y en Guinea, proyectos mineros respaldados por actores financieros internacionales han estado vinculados a afectaciones ecológicas a gran escala enmarcados mediante mecanismos de compensación.
Los primeros escándalos vinculados a los créditos de biodiversidad revelan afectaciones sociales y ambientales. Imagen: Frédéric Hache
¿Quién promueve estos mercados?
Entonces, ¿por qué se están promoviendo estos mercados, sabiendo que probablemente serán un fracaso ambiental, igual que lo fueron antes las compensaciones de carbono? El principal objetivo político es proteger el statu quo durante unos años más. Estos mercados dan la ilusión de acción mientras evitan confrontar intereses privados que actualmente se benefician de la destrucción y se niegan a cuestionar paradigmas económicos obsoletos e insostenibles, incluidos la minería, la agroindustria, la infraestructura y el sector inmobiliario.
Dicho de otro modo, la Comisión Europea quiere abordar la crisis de la biodiversidad, pero solo en la medida en que ello no interfiera con el crecimiento económico a corto plazo y la competitividad, que siguen siendo sus prioridades centrales. Probablemente, este mercado pueda ser instrumentalizado para desmantelar aún más las regulaciones ambientales de la Unión Europea, argumentando que ya no son necesarias porque han sido reemplazadas por este mercado. Esto es similar a la política climática y, en particular, a las compensaciones de carbono, que son a la vez un fracaso ambiental y un éxito político, ya que lograron retrasar durante muchos años una acción climática significativa.
Y, por cierto, estos nuevos mercados tampoco están exentos de riesgos para los potenciales inversores privados, que estarían expuestos a altos niveles de riesgo regulatorio y reputacional en esta pseudo-mercancía. Los acontecimientos recientes en el Reino Unido también han puesto de relieve los riesgos de obtener ingresos estables de la venta de créditos de biodiversidad.
El principal objetivo de promover estos mercados es mantener el statu quo. Dibujo: Frédéric Hache
Las soluciones son bien conocidas
Lo que se necesita es reorientar los subsidios dañinos existentes y aplicar regulaciones ambientales más estrictas que aborden las causas estructurales de la pérdida de biodiversidad y estén alineadas con los límites planetarios. El sistema alimentario global es el principal impulsor de la pérdida de biodiversidad, a través de la deforestación para la ganadería. Según la comisión EAT-Lancet, la solución es reducir el desperdicio de alimentos y cambiar la dieta, mediante la reorientación de los subsidios agrícolas, la imposición de impuestos a alimentos no saludables y la regulación de la publicidad. Esto reduciría masivamente la deforestación, recortaría las emisiones de gases de efecto invernadero y disminuiría la contaminación del agua por el uso excesivo de pesticidas.
Otro pilar central es el reconocimiento y fortalecimiento de la gestión indígena. Asegurar títulos colectivos de tierra; reconocer sus sistemas jurídicos y de gobernanza; y proporcionar apoyo público estable y sin condiciones a la conservación la defensa territorial lideradas por Pueblos Indígenas son algunas de las medidas más impactantes que los gobiernos pueden adoptar. Del mismo modo, la sobreexplotación de los recursos naturales, el cambio climático y la contaminación deben abordarse cambiando progresivamente la forma en que consumimos, comemos y viajamos. También se deben implementar regulaciones como la reducción de la producción de plásticos. Por supuesto, esto requeriría enfrentarse a los lobbies privados como la industria alimentaria y agroindustrial, y el actual contexto político no es favorable.
Sin embargo, la historia del progreso social y ambiental muestra varios ejemplos de cómo los cambios transformadores ocurrieron, a pesar de contextos políticos desfavorables: desde el movimiento sindical hasta las sufragistas, el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y el movimiento ambiental, así como las luchas de los Pueblos Indígenas en defensa de sus territorios. Asimismo, varias encuestas muestran que la mayoría de los ciudadanos en todo el mundo están dispuestos a cambiar la forma en que trabajan y viven para abordar la crisis climática. Probablemente, mostrarían el mismo apoyo para abordar la crisis de la biodiversidad. El futuro aún no está escrito: una vez que la organización de base alcance una masa crítica, eventualmente ganaremos.
Frédéric Hache desarrolló una carrera en la banca de inversión y, más tarde, trabajó en la regulación bancaria posterior a la crisis financiera en la ONG Finance Watch. Actualmente, trabaja en la financiarización de las políticas ambientales para el Green Finance Observatory y se desempeña como profesor a tiempo parcial.
Fuente: debatesindigenas.org
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