Miriam Miranda: “Los gobiernos y los Estados le están administrando los bienes al capital transnacional”

Idioma Español
País Honduras

Coordinadora de la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH), Miriam Miranda es una figura determinante de la resistencia territorial, indígena y afrodiaspórica en América Latina. Su liderazgo, forjado en una cultura matrilineal que sitúa a las mujeres en la primera línea de decisión, enfrenta hoy una embestida implacable: el desalojo ilegal de su territorio ancestral por parte de 300 policías y la judicialización de los defensores comunitarios bajo la jurisdicción nacional con cargos amañados de terrorismo y crimen organizado.

Frente a la Corte Suprema de Justicia en Tegucigalpa, el campamento “Viva Berta” sostiene la vigilia por sus derechos y la memoria espiritual de sus ancestros. Miriam compartió con Berta Cáceres 27 años de complicidad y trinchera defendiendo la soberanía de los pueblos indígenas —una dimensión radicalmente política que el cerco mediático internacional suele lavar bajo la etiqueta aséptica de “ambientalista”. En esta entrevista exclusiva para NEGRX, Miranda desarma los discursos del racismo estructural, fustiga el “onegenismo” que administra las crisis del capital y llama a perder el miedo para reconstruir solidaridades vitales.

- La Corte Suprema de Honduras propuso una mesa de diálogo, ¿por qué OFRANEH se niega?

- El gobierno, de una manera muy tramposa, nos ha venido llamando públicamente a un supuesto diálogo que consideramos falso porque no responde a un interés real de resolver el conflicto. Por ejemplo, la ministra de Derechos Humanos —que es una gran racista— mencionó esto en el Examen Periódico Universal sobre discriminación racial ante la comisión de la ONU en Ginebra, para escudarse ante los cuestionamientos diciendo que ya había pactada una reunión con la presidencia de la Corte Suprema. Pero la realidad es que el día lunes 10 de agosto entramos para exponer un tema gravísimo: el traslado de la causa penal contra nuestros compañeros y compañeras hacia una jurisdicción nacional donde se tipifica su acción como crimen organizado y terrorismo. Quieren tratarlos como criminales.

El día 6 de agosto se hizo ese brutal desalojo —con más de 300 policías, un desalojo ilegal, arbitrario y contravencional porque existe una sentencia condenatoria previa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado de Honduras en favor de esa comunidad—, e inmediatamente después trasladaron la causa a la jurisdicción nacional. Eso tiene todos los vicios de nulidad. Se negaron definitivamente a cerrar la causa penal y lo que hacen es convocar, supuestamente de “buena fe”, a un diálogo. ¿Cuál fue nuestra sorpresa? Que llevaron a representantes de los mismos empresarios que impulsaron el brutal desalojo y que trabajan para criminalizar y judicializar a la comunidad. ¿Por qué la Corte Suprema abre un supuesto diálogo con los empresarios que están atentando contra la vida del pueblo garífuna? Desde ese momento nos oponemos y nos dimos cuenta de que era una trampa. No es que nos opongamos al diálogo, pero este no se va a poder realizar mientras no cierren la causa penal contra los compañeros y compañeras.

- ¿Cómo se articula el capital privado, el poder mediático y el aparato judicial para despojar a los pueblos garífunas de sus tierras ancestrales?

- Hoy los Estados y los gobiernos le están administrando los bienes a la empresa privada, al capital transnacional. Los empresarios quieren seguir privatizando la vida; para ellos lo más importante es privatizar todo, hasta el aire que respiramos. Y los medios corporativos están al servicio de esos intereses porque, de hecho, son lo mismo. Los dueños de los medios de comunicación corporativos en Honduras son esos mismos grandes empresarios, que dictan la pauta de qué se habla y qué no, y que también generan odio racial. Construyen una narrativa contraria a las luchas de cualquier sector social, no solo del pueblo garífuna. Nosotras siempre denunciamos estas campañas de odio racista. El año pasado, por ejemplo, hubo ataques armados en dos comunidades a raíz de una campaña difamatoria de Televicentro. Quienes hablan ahí son gargantas asalariadas, gente que no hace periodismo. El periodismo tiene que tener ética profesional, capacidad de discernimiento; no podés poner a cualquiera a hablar burradas sin medir el impacto de lo que comunica y reproduce. Esos empresarios tienen a sus gargantas asalariadas para hacerles el trabajo fácil.

Con lo que hacen contra el pueblo garífuna pretenden deslegitimar y negar nuestra lucha, y también satanizarnos con epítetos racistas como “ustedes no son hondureños, váyanse para África”. Sin embargo, ya hay cuatro sentencias internacionales que reconocen que el pueblo garífuna es un pueblo con carácter indígena y tribal, una mezcla de herencia africana y originaria. Toda esta campaña busca que el pueblo hondureño en general reniegue de lo que es. No hay que ver esto únicamente como un ataque al pueblo garífuna; hay que ver la narrativa que se ha venido construyendo para blanquear la sociedad, para hacer pensar que lo más importante es ser blanco y negar tus propias raíces. Duele cuando nosotras decimos con orgullo que somos garífunas, con una historia de lucha y rebeldía que heredamos de guerreros y guerreras como Barauda y Satuyé, que lucharon en San Vicente contra las colonias británica y francesa porque sabían que si se dejaban colonizar, dejarían de ser quienes eran. Somos un pueblo rebelde, orgulloso de su cultura, que apela a la convivencia humana y al respeto por la naturaleza y los bienes comunes. Ese concepto no le gusta a un sistema depredador y deshumanizante que quiere exprimir hasta el último recurso y que le hace el juego a mentes perturbadas con nombres y apellidos, esos grandes pensadores que creen que pueden destruir este planeta e irse a otro, como la Luna, para destruirlo también. Es una locura y no lo podemos permitir.

- El gobierno de Milei lleva una ofensiva similar de despojo de tierras a comunidades originarias, avance de megaproyectos corporativos y una retórica agresiva contra la defensa de los territorios, enmarcado en el “Escudo de las Américas” promovido por Donald Trump. ¿Considerás que lo que sufren hoy los garífunas en Honduras forma parte de este mismo plan?

- Totalmente que sí. ¿Cómo es posible, si no, que se haya llevado a esa cumbre a todos estos presidentes para decirles qué hacer? Es una cosa horrorosa. Estamos llegando a un nivel en el cual la entrega de la soberanía, de los recursos y de la vida se repite de la misma forma en todos los países de América Latina. En realidad, siempre ha sido así, solo que en cada período histórico toma un nombre diferente. Siempre ha existido ese afán de los blancos de apoderarse de la última parte de los recursos que nos queda en América y en África; no estamos separados de lo que pasa en el continente africano, donde se repartieron las tierras en aquella cumbre de países europeos en el siglo XIX. El despojo, la destrucción ambiental y el desprecio por la humanidad son los mismos, la gran diferencia es que hoy ya casi no quedan recursos. Han destruido tanto en nombre del “desarrollo”, una palabra ficticia que tenemos que cuestionar seriamente. Desde los años 70 y 80 se inventaron esa palabra para justificar que todo debe girar en torno al crecimiento económico. Todavía hoy, en pleno siglo XXI, nos dicen que si nos oponemos a un megaproyecto turístico en el territorio garífuna estamos en contra del desarrollo. Y nos preguntamos: ¿desarrollo para quién?

En esos megaproyectos turísticos viene gente de Europa con paquetes cerrados; ni siquiera conocen la historia de los lugares donde pasan una semana, ni se contactan con las comunidades locales. Son proyectos que despojan a las comunidades para crear paraísos ficticios para que otros vengan a pasarla bien, destruyendo el entorno y asesinando a líderes y dirigentes que se oponen. En Honduras pasa con el proyecto Indura, por ejemplo, al que cínicamente le pusieron un nombre en lengua garífuna. Están usando nuestros nombres tradicionales y de nuestros líderes, como Satuyé, para nombrar sus proyectos de muerte y Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE). Es un despojo tan grande que no solo te quitan el territorio, sino también la historia y la memoria histórica. Seamos claros: son proyectos de muerte para las comunidades y para la naturaleza que nos da la vida. Y esto nos exige una profunda autocrítica como movimientos sociales, porque a veces caemos en la dinámica de administrar las crisis que nos genera el capitalismo. Muchas ONG trabajan en las comunidades con una ideología del “onegenismo” que sostiene a este sistema devorador de recursos. Nosotros tenemos un debate muy fuerte con esto, incluso con organizaciones supuestamente ambientalistas que facilitan el despojo en las costas. Por ejemplo, hay una organización aquí en Honduras que ahora pretende otorgar permisos y carnetizar a los pescadores garífunas para que puedan pescar. ¡La pesca es una actividad tradicional de nuestro pueblo! ¿Cómo va a venir una ONG a darnos un carné para pescar en nuestro propio mar, mientras permiten que los barcos pesqueros industriales devoren los recursos marinos de forma masiva? Es una profunda contradicción.

- ¿De qué manera los movimientos antirracistas, negros e indígenas de América Latina debemos articularnos para hacer frente a esta internacional de la ultraderecha que avanza sobre nuestros cuerpos y territorios?

- Es muy difícil dar una receta. Pero mientras no conectemos las luchas por los territorios y los bienes comunes de las comunidades con nuestras luchas urbanas, no vamos a poder salvar esto ni articularnos de verdad. Te pongo un ejemplo: el agua. Si seguimos atados a las agendas que nos dicta la cooperación internacional y los cooperantes —agendas que pretenden cambiar el mundo haciendo millones de talleres—, no vamos a avanzar. Esas dinámicas nos alejan de la lucha diaria. A estas alturas tenemos que revisar qué estamos haciendo para realmente incomodar. No nos tiene que dar miedo incomodar; a veces nos volvemos demasiado políticamente correctos. No le decimos al pan, pan y al vino, vino por temor a quedar mal con un amigo o con determinado gobierno, ¡mientras a nuestra gente la están matando y asesinando! Hay que hablar claro.

Necesitamos conectar las luchas territoriales con lo urbano, y ponernos de acuerdo en objetivos mínimos y comunes, como el derecho al agua de calidad para el consumo y para la producción agrícola rural y urbana. También es fundamental entender que en el ámbito urbano, los barrios y las colonias son territorios que debemos empoderar. Hay que construir soberanía y autonomía comunitaria en las ciudades para cuidarnos mutuamente, luchar contra la inseguridad y superar el aislamiento del “sálvese quien pueda”. El diseño del sistema urbano está pensado para separarnos: la gente vive en un mismo edificio y ni se conoce, no se brinda ayuda mutua ni se saluda. Nos han instalado un sistema de miedo entre seres humanos; confiamos más en una máquina que en otra persona. Tenemos que perder el miedo entre nosotros y recuperar la solidaridad comunitaria.

- En tus redes sociales usás el usuario @baraudawaguchu en tributo a Barauda, la heroína ancestral garífuna, y el campamento que sostienen hoy frente a la Corte Suprema lleva el nombre de “Viva Berta”. ¿Cómo alimenta esa memoria ancestral la lucha de las mujeres en la primera línea de la OFRANEH?

- El campamento “Viva Berta” lo instalamos desde la OFRANEH, la Red Nacional de Defensoras, el COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) y otras organizaciones para acompañar la audiencia judicial contra uno de los autores del asesinato de Berta Cáceres y hoy está presente en esta lucha. La fuerza espiritual de Berta está presente en todo el pueblo hondureño, y las mujeres la reivindican como una luchadora incansable contra esos monstruos corporativos. Yo siempre reivindico a Berta en su dimensión de defensora de los derechos de los pueblos indígenas, no solo como “ambientalista”. Ese sello de “ambientalista” se lo pusieron a nivel internacional para suavizar su lucha política y restarle peso a su defensa de los derechos indígenas. Compartir 27 años de complicidad con ella me enseñó el valor de esa resistencia de raíz.

El pueblo garífuna tiene una cultura matrilineal donde las mujeres siempre hemos estado al frente de las decisiones. Barauda no estaba en la cocina o en los fogones solamente; ella era una estratega político-militar de primer orden, y así lo registra la tradición oral y los documentos de negociación con los franceses en San Vicente, donde se la ve atenta a los acuerdos junto a Satuyé. La gente garífuna conoce perfectamente ese valor ancestral de nuestras mujeres. Por eso seguimos de pie, no nos van a acabar. Lo más poderoso que tenemos es ese poder de las mujeres garífunas y esa rebeldía que nos impregnaron nuestras ancestras en la lucha contra los colonizadores ingleses y franceses. La rebeldía que nos heredaron es la que nos va a liberar siempre, y por eso seguimos peleando.

Fuente: Página 12

Temas: Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades, Feminismo y luchas de las Mujeres

Notas relacionadas:

El campamento Bertha Cáceres, frente a la Corte Suprema de Justicia, está quedando chico ante la presencia de los pueblos garífunas aglutinados en la OFRANEH y ahora acompañados por el pueblo lenca del COPINH y los campesinos del Aguán que se han sumado a la lucha contra la Ley de la Agroindustria y la exigencia para anular juicio contra los garífunas de San Juan, Tela. Foto: Jorge Burgos/Criterio.hn

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