“Si una actividad existe para generar utilidades, también debe asumir íntegramente los costos y riesgos que genera”
"Un negocio que no es capaz de internalizar sus riesgos no es sostenible ni técnica ni socialmente. Y cuando esos riesgos afectan vidas humanas, viviendas y territorios completos, ya no hablamos de un problema productivo, sino de un problema ético, legal y de gobernanza".
Opinión de Fundación Keule sobre los incendios forestales en la región del Bio Bio.
Existe una diferencia estructural y fundamental entre el bosque nativo y las plantaciones forestales que debe ser explicitada con claridad en el debate público y técnico. El bosque nativo es un ecosistema natural, multifuncional, que presta servicios ecosistémicos esenciales: regulación hídrica, biodiversidad, captura de carbono, estabilidad de suelos y resiliencia territorial. Su existencia no responde a un negocio industrial, sino a un patrimonio ambiental del país.
Las plantaciones forestales, en cambio, existen con un objetivo claro y explícito: abastecer una industria privada, siendo la materia prima de un negocio que genera utilidades económicas relevantes. No son ecosistemas naturales, sino sistemas productivos intensivos, diseñados, manejados y mantenidos para maximizar rendimiento.
Y aquí está el punto central: Si una actividad existe para generar utilidades, también debe asumir íntegramente los costos y riesgos que genera.
Desde el punto de vista técnico, la evidencia es clara:
- Las plantaciones homogéneas, continuas y de alta carga de combustible incrementan significativamente el riesgo y la propagación de incendios.
- La continuidad espacial de biomasa, la cercanía a centros poblados y la falta de franjas de amortiguación adecuadas no son fenómenos naturales, sino decisiones de diseño y gestión.
- Estos riesgos son conocidos, medibles y previsibles.
Desde el punto de vista legal, el marco también es claro:
- El principio de responsabilidad establece que quien desarrolla una actividad riesgosa debe responder por los daños que esta cause.
- El principio de prevención obliga a anticipar y mitigar riesgos previsibles, no a reaccionar una vez ocurrido el daño.
- El principio de quien contamina paga (internalización de externalidades) impide traspasar a la sociedad los costos de una actividad privada.
- En caso de daño a terceros, se configura responsabilidad civil por negligencia cuando el riesgo era conocido y no fue adecuadamente gestionado.
Por lo tanto, cuando una plantación forestal:
- Está ubicada cerca de viviendas.
- Carece de gestión efectiva del combustible.
- Mantiene continuidad de masas forestales.
- No implementa medidas de mitigación proporcionales al riesgo.
Las externalidades no pueden ser traspasadas a la población, ni justificadas como “eventos inevitables”. Si ocurre un daño, la responsabilidad recae en quien diseñó, gestionó y obtuvo beneficios del sistema productivo.
Esto no es un ataque a la industria forestal. Es una exigencia básica de responsabilidad, profesionalismo y coherencia territorial.
Un negocio que no es capaz de internalizar sus riesgos no es sostenible ni técnica ni socialmente. Y cuando esos riesgos afectan vidas humanas, viviendas y territorios completos, ya no hablamos de un problema productivo, sino de un problema ético, legal y de gobernanza.
Atentamente
Directorio Fundación Keule
Fuente: Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA)
Notas relacionadas:
“Si una actividad existe para generar utilidades, también debe asumir íntegramente los costos y riesgos que genera”
De pampas inundadas a campos sedientos: la agricultura extensiva transforma a Guarayos
Organizaciones ambientales en alerta: El Gobierno busca modificar la Ley de Glaciares en febrero