Hernán Scandizzo: “Luchar por la Soberanía Energética, que los pueblos definan qué energías, para qué modelos productivos y para que las disfruten quiénes”

Idioma Español
País Argentina

"Los hidrocarburos tienen un rol importante en la generación de la crisis climática, aunque, para ser justos, no son los hidrocarburos los responsables, sino nuestra forma de consumirlos. El acelerado y siempre creciente consumo de combustibles fósiles explica en buena medida las emisiones de dióxido de carbono y metano que contribuyen al calentamiento global".

A horas del fin de la COP25 en Madrid los interrogantes sobre cómo enfrentamos el cambio climático siguen latiendo con toda crudeza.

Si bien la acción de una nueva generación de militantes ambientales ha conseguido arrinconar aún más al negacionismo, es imposible que las potencias enfrascadas en una escalada de disputa geopolítica aborden las causas estructurales de este enorme desafío. El impulso de las “energías extremas”, o el planteo de falsas opciones como los bonos de carbono o la geo-ingeniería muestran justamente lo contrario. Mientras tanto somos los pueblos del mundo, sobre todo del sur, quienes pagamos la cuenta a veces con la vida.

Desde la Argentina, sumergida en una crisis enorme, los cantos de sirena alrededor de Vaca Muerta se han mantenido constantes durante el cambio de gobierno. Desde la “tierra arrasada” se depositan enormes expectativas en esta formación de hidrocarburos no convencionales y en la cuenca neuquina; pero desde todo punto de vista ¿Es viable la explotación de Vaca Muerta?

Sobre hidrocarburos y la matriz fósil, energías extremas, Vaca Muerta, cambio climático, pero también sobre novedosas experiencias de organización popular y la perspectiva de la Soberanía Energética conversamos Hernán Scandizzo del  Observatorio Petrolero Sur – OPSur

Mientras las evidencias del cambio climático son cada vez más contundentes y se reconocen niveles de emisiones que lejos de disminuir aumentan…

Huerquen: ¿Qué rol tienen los hidrocarburos en la crisis climática?

Hernán Scandizzo: Los hidrocarburos tienen un rol importante en la generación de la crisis climática, aunque, para ser justos, no son los hidrocarburos los responsables, sino nuestra forma de consumirlos. El acelerado y siempre creciente consumo de combustibles fósiles explica en buena medida las emisiones de dióxido de carbono y metano que contribuyen al calentamiento global. En relación a “nuestra responsabilidad”, también habría que hacer una serie de aclaraciones, porque las responsabilidades son diferentes: las de las empresas del sector hidrocarburífero, las de los gobiernos que con sus políticas perpetúan la matriz fósil y las de las personas usuarias de las energías generadas a partir de la combustión de fósiles. Incluso, con respecto a las personas, hay que diferenciar por los niveles de consumo. Si bien muchas campañas de sensibilización por la crisis climática suelen apuntar a la responsabilidad de las personas en términos individuales, por el consumo de combustibles fósiles y derivados (consumos que efectivamente hay que revisar), es necesario apuntar a las políticas de promoción de la extracción de combustibles fósiles que llevan adelante los diferentes gobiernos y las empresas del sector. Por ejemplo, apuntar a la ampliación de fronteras extractivas a partir de la aplicación masiva del fracking en formaciones compactas, no convencionales.

La incorporación de esta técnica significa una ampliación de la matriz fósil en términos geológicos, porque ingresan al radar de gobiernos y compañías formaciones sedimentarias que antes eran desestimadas; y también geográficos, porque cobran interés zonas con escasos o nulos antecedentes en la explotación de hidrocarburos. Territorios donde el uso y el vínculo con la tierra era otro.

Esto pasa con el fracking pero también con las técnicas que permiten la extracción de crudos pesados y extra pesados: hidrocarburos de arenas bituminosas, hidrocarburos de aguas profundas y ultra profundas; las llamadas “ energías extremas”. Energías cuya extracción representa mayores riesgos ambientales, sociales, laborales, sanitarios y financieros.

La responsabilidad es de los gobiernos a partir de las políticas de ampliación de zonas de extracción para la perpetuación de la matriz fósil; y de las empresas que, aunque evidente, no siempre aparece como parte del problema. En ese sentido es importante destacar que en Holanda un conjunto de organizaciones, entre ellas  Milieudefensie y  Greenpeace, promovieron un  juicio contra Shell Royal Dutch por su responsabilidad con el cambio climático.        

Esa es una responsabilidad que desde hace décadas denuncian redes como  Oilwatch, y que tratan de sensibilizar a partir de campañas para dejar el crudo en el subsuelo.

Hqn: A grandes razgos ¿en qué escenario estamos de producción y de consumo de hidrocarburos a nivel mundial?

HS: Hace algunos años una discusión central en el universo de los hidrocarburos era sobre la disponibilidad o no de éstos para mantener la matriz. La discusión era si habíamos llegado o no al “peak oil” o pico máximo de extracción de hidrocarburos, tras el cual sobrevendrá la caída que haría ineludible el cambio de matriz porque no se podría satisfacer la demanda siempre creciente. La mala noticia es que la “irreversible” tendencia a la escasez de combustibles fósiles “fáciles de extraer” fue resuelta, por la “corporación fósil”, con las energías extremas; con el “bienaventurado fracking” y la emergencia de formaciones estrellas como MarcellusPermian o Vaca Muerta. La corporación fósil (gobiernos, empresas, etc.) salió o intenta salir de la encrucijada con desarrollos tecnológicos extremos, sin importar que se incrementen los riesgos, para incorporar al mercado posibles nuevas reservas.  

Hqn: ¿Y a nivel regional y nacional?

HS: El rol de Argentina en la geopolítica mundial de los hidrocarburos es marginal, tanto en términos de extracción como de consumo (y, por tanto, en emisiones de gases de efecto invernadero por esa fuente), está muy lejos del lugar que ocupan Estados Unidos, Rusia, China, etc. A nivel regional sí Argentina tiene alguna relevancia en la extracción de hidrocarburos, pero mucho menor a la de Venezuela, claro, México, Brasil, Colombia o Trinidad y Tobago. Sí es muy relevante la preponderancia de los combustibles fósiles en la matriz energética argentina, que representa un poco menos del 90%, cuando en otros países es más diversificada, con mayor presencia de las fuentes hidráulicas, por ejemplo, como es el caso de Brasil.

A pesar del lugar marginal que ocupa Argentina en relación a las emisiones ha recibido observaciones tanto del  Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales de Naciones Unidas (CESCR), en octubre de 2018; como del  Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en noviembre de 2019, en relación a las implicancias climáticas que tendría la extracción y quema de hidrocarburos almacenados en la formación Vaca Muerta. Se advierte que la extracción masiva de estos no solo pondría en riesgo las metas climáticas de Argentina (que en este momento el país alcanza con cierta holgura a partir de la recesión económica que paraliza el sector productivo lo que no constituye mérito alguno) sino que “la explotación total, con la fracturación hidráulica, de todas las reservas de gas de esquisto consumiría un porcentaje significativo del presupuesto mundial de carbono para alcanzar el objetivo de un calentamiento (no mayor) de 1,5 grados Celsius, estipulado en el Acuerdo de París”, según advirtió el CESCR.

Ese Comité le planteó al Estado argentino que reconsidere la explotación de Vaca Muerta a la luz de los compromisos climáticos asumidos.

Hqn: En nuestro país, durante todo el gobierno de Mauricio Macri como en lo que se anuncia con Alberto Fernández, se habla de la explotación de Vaca Muerta con una expectativa enorme. ¿Cómo es la mirada de las empresas y elites sobre VM para que haya tanto entusiasmo?

HS: En primer término habría que destacar que, si bien tienen presencia compañías como Chevron, Shell, Exxon y Wintershall, las mayores inversiones en Vaca Muerta no las realizaron las ‘big oil’ o grandes petroleras, sino firmas con fuerte presencia nacional. Sea porque un porcentaje mayoritario de las acciones pertenece al Estado, como es el caso de YPF, o porque la propiedad corresponde o al frente de ellas hay empresarios argentinos, como es el caso de Tecpetrol, perteneciente a TechintPampa Energía, de Marcelo Mindlin; o Vista O&G, que dirige el ex CEO de YPF, Miguel Galuccio. Una situación totalmente diferente a la que se verifica, por ejemplo,  en Brasil con el PreSal, donde  grandes compañías como Shell se posicionaron sobre ese mega reservorio de aguas ultra profundas, sobre todo luego del golpe de Estado que destituyó a Dilma Rousseff, cuando el gobierno de Temer quitó a Petrobras la primacía y lo abrió sin restricciones al capital privado.

En el caso de Vaca Muerta, más allá del rol que jugó inicialmente, Chevron estuvo (y está) lejos de transformarse en una jugadora central. Más que realizar millonarias inversiones, le permitió a YPF mostrar una alianza con una gran empresa luego de la expropiación parcial del paquete accionario a Repsol en 2013. Esa alianza fue más una señal a las empresas del sector que una manifestación de interés real por Vaca Muerta, a la luz del desempeño de la compañía estadounidense en los años que siguieron al pacto con YPF. Por lo que entonces, más que achacarle responsabilidades al servicio meteorológico por la anunciada lluvia de inversiones en Vaca Muerta que no llega, habría que revisar si realmente genera tanto entusiasmo o si en lugar de ser un negocio de orden mundial es principalmente una oportunidad para empresas con conexiones locales, como parece constatarse hasta el momento.

Hqn: De ahí a la Argentina como exportadora de hidrocarburos habría un trecho…

HS: Si la justificación del entusiasmo se fundara solo en la existencia de hidrocarburos en el subsuelo, por el potencial que se le adjudica a la formación Vaca Muerta y a otras no convencionales de la cuenca Neuquina, el entusiasmo estaría justificado. Eso claro, obviando las observaciones por las implicancias climáticas, ambientales, sociales, etc. vinculadas a este tipo de explotación.

Ahora, cuando el entusiasmo se lo empieza a tamizar con hechos puntuales como:

- No son las grandes compañías internacionales las que están apostando con fuerza en Vaca Muerta, y esto sobre todo por los volúmenes de inversión financiera que demanda este tipo de explotaciones;

- Los desarrollos realizados hasta el momento tuvieron una fuerte dependencia tanto de las transferencias directas del Estado Nacional vía subsidios, como de usuarixs vía incremento de tarifas, y de trabajadorxs vía flexibilización laboral;

- Se necesitan obras de infraestructura básicas para la reducción de costos operativos, como el acondicionamiento y extensión del tendido ferroviario Bahía Blanca – Añelo y el gasoducto Tratayén – Salliqueló, que no se pudieron poner en marcha a pesar de diferentes intentos (y anuncios) a lo largo de los últimos años;

- Que hay sobreoferta en el mercado mundial de gas y por ende precios bajos;

- Que vía Vaca Muerta se pretende disputar con potencias del sector como Estados Unidos, Rusia, Qatar y una extensa lista de países que llega hasta Trinidad y Tobago…

Si se toman en cuenta estos elementos, el entusiasmo queda en entredicho.

El desarrollo de Vaca Muerta, como megaproyecto extremo, demanda una infraestructura y un financiamiento acorde: extremo, y el dinero para hacer eso no está en el país, por lo que el timón de ese proyecto está lejos de la Casa Rosada y de las gobernaciones provinciales. Igual, las implicancias sociales, ambientales y climáticas del proyecto, tendrían que ser motivos suficientes para poner en cuestión tal entusiasmo.

Hqn: Contanos un poco sobre la experiencia de la  Mesa de de Transición Energética y Productiva de Río Negro ¿Cómo se construyó y quiénes la integran?

HS: La Mesa surge como un espacio de construcción de propuestas en el que intervienen investigadorxs de diferentes universidades nacionales del país -como Comahue, Río Negro, La Plata y Quilmes, por citar algunas-, sindicatos -tanto a nivel de Río Negro, como docentes y estatales, como de conducciones nacionales- y organizaciones socioambientales. El punto de partida es el creciente peso de los hidrocarburos en la economía de Río Negro, el avance de esta actividad sobre las tierras productivas del Alto Valle del Río Negro, el inminente riesgo de que se extienda al Valle Medio, y la tendencia hacia una matriz poco diversificada dominada por la renta hidrocarburífera.

La vecina de Neuquén es justamente el ejemplo de lo que no tiene que suceder. En la década de 1980 – 1990 se consolidó el sector hidrocarburífero como el principal actor sacrificando la posibilidad de tener una matriz productiva diversificada, lo que expone a la provincia a los constantes vaivenes del sector hidrocarburífero, con un crecimiento del sector público en épocas de vacas gordas y un fuerte endeudamiento público (generalmente en dólares) en épocas de vacas flacas. Si Neuquén no tiene una matriz productiva diversificada es porque no existió la decisión política de apostar en serio por el desarrollo del sector agroindustrial, a pesar de décadas de anuncios, y abortó procesos de industrialización, como lo muestra la situación actual del polo ceramista, con las diferentes empresas que se mantienen en pie a duras penas por el esfuerzo de lxs trabajadorxs de FaSinPat, Stefanni y Cerámica Neuquén (Cooperativa de Trabajo Confluencia).

El enclave petrolero es, ante todo, una construcción política, no es una situación dada por la sola existencia de hidrocarburos, y lo que se pretende desde la Mesa es trabajar para que una provincia como Río Negro, que tiene una matriz productiva bastante diversificada -y con sus matices-, no siga el camino de Neuquén.

El  documento que elaboramos y estamos presentando pretende abrir el debate, considerar otros futuros posibles para la provincia más allá de la extracción masiva de hidrocarburos. 

Hqn ¿Cuál es su trascendencia en este escenario de crisis climática y (necesaria) transición energética que enfrentamos?

HS: La propuesta está íntimamente relacionada con la crisis climática, no solo se apunta a contrarrestar el avance hacia el rentismo petrolero sino también a desactivar la bomba de carbono que significa la explotación de Vaca Muerta (Vaca Muerta en un sentido amplio, es decir, en referencia al conjunto de formaciones no convencionales de la cuenca Neuquina y no específicamente a la formación de lutitas que lleva ese nombre). Y en este sentido es muy interesante el trabajo que vienen realizando investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue, que destacan que “la fruticultura bajo riego por manto con cobertura vegetal plena en el interfilar, es una técnica de manejo excelente para controlar las emisiones gaseosas y contribuir a la mitigación del calentamiento global”, como se cita en el documento de la Mesa.

En esta construcción de alternativas al rentismo petrolero hay claramente un foco puesto en enfriar el planeta, por eso planteamos que es necesaria la transición energética y productiva.

Hqn: En tu opinión ¿de qué depende que podamos revertir el rumbo de abismo que representa el aumento de la temperatura global?

HS: Es difícil poder decir de qué depende que podamos revertir el calentamiento global sin poner el peso de la carga en el capitalismo, que sin duda está ahí. Se necesita un cambio sistémico profundo, porque no se ven alternativas para enfriar el planeta en un proceso de transición justa, donde no sean los sectores con derechos más vulnerados los que paguen, sin pensar más allá del capitalismo (no solo del neoliberalismo). En esos términos el rumbo es claro, pero el punto es no quedar hablando del capitalismo en abstracto, como algo inasible. ¿Cómo se construye el camino, la correlación de fuerzas, el poder de abajo, para un mundo socialista, libertario, verde y diverso? desde nuestro lugar, creemos que la lucha es por la soberanía energética inspirada en la lucha por la soberanía alimentaria. Es decir, que los pueblos tomen las riendas y definan, qué energías, para qué modelos productivos, para que la disfruten quiénes. Luchar por la energía como bien común y como derecho obviamente no significa que esa es “la vía” para superar el capitalismo y además lograr el enfriamiento del planeta, pero entendemos que construye cimientos, como las luchas por la soberanía alimentaria, para en confluencia con otras luchas, construir ese poder desde abajo.

- Fotos por OPSur.

Fuente: Huerquen, comunicación en colectivo

Temas: Crisis climática, Crisis energética, Extractivismo

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