Javier Rodriguez Pardo. El Quijote y Sancho Panza

Idioma Español
País Argentina

No vamos a despedir a Javier con esta infinita tristeza, compas. Es injusto nombrar a un luchador de tiempo completo, a un optimista de todas las revoluciones, a un compañerazo como Javier –presente cada vez que su palabra y su cuerpo eran necesarios- con palabras que suenen a lamentos.

Cuando lo conocimos supimos que el Quijote no es solamente una obra literaria grandiosa. Que podía también encarnarse como historia en un buen tipo, dispuesto a embestir de frente contra los molinos transnacionales.

Javier fue un Quijote de novela. También fue un Sancho Panza. Porque al tiempo que apuntaba su lanza contra los molinos, nos enseñaba cómo bajar a tierra nuestras propuestas. Cómo crear la fuerza organizada para resistir. Cómo animarnos a librar todas las batallas. Cómo hacerlo con eficacia.

Javier sembraba la utopía, la regaba y la cosechaba en construcción colectiva. Era una fuerza arrolladora. Era además de una ternura infinita.

Nuestro Quijote/Sancho Panza tenía una paciencia infinita para explicar, buscando palabras sencillas para temas complejos. Y podía también ser un cabrón. Enojarse. Ofenderse. Pelearse. Rebelarse contra el sistema y contra nuestra torpeza para cambiar al mundo. Siempre, siempre, me asombraba su manera sencilla de hacer escuela. Pedagogía del ejemplo, de poner el cuerpo hasta el final, de poner el alma desde el comienzo.

Javier quedará ligado en la memoria colectiva, al No a la mina de Esquel, pero también a muchos No a la minería en las regiones más lejanas y perdidas de nuestra geografía. (Para él no había lugares importantes y lugares secundarios… en todos había que estar). Javier quedará ligado a la creación de la Unión de Asambleas Ciudadanas, a la denuncia de los impactos negativos de la energía nuclear, en Chernobyl o en Formosa. A la defensa de los glaciares. Quedará su palabra en el juicio a la Barrick Gold, en el Juicio Ético Popular a las Transnacionales, en los debates parlamentarios. Quedará unido en nuestro camino, a los talleres de educación popular… y claro, a nuestro andar.

Nuestro Quijote/Sancho Panza arrastraba del setentismo el desprecio por las relaciones de fuerzas adversas propio del montonerismo -que no se hizo parte del poder ni de la cultura hegemónica-, y que mezcló en dosis revolucionarias con el ecologismo del siglo 21.

Lo quisimos mucho. Aprendimos escuchando como niñas y niños sus charlas extensas, interminables, llenas de metáforas. Como a tantos que nos van dejando, lo hubiéramos querido más tiempo a nuestro lado. Todavía necesitábamos su lanza y su escudo, su galantería de caballero andante, su palabra más peligrosa que la lanza, pinchándonos para que concretemos las revoluciones necesarias, para que hagamos nuestra parte del trabajo.

Javier se fue apurado como siempre estaba. Por donde ande, que se cuiden. Seguro que llegará organizando asambleas, enfrentando a las transnacionales de la muerte.

Nuestro Quijote andará por ahí cuidando al planeta. Nuestro Sancho Panza, seguirá siendo el escudero de los sueños eternos, de las grandes rebeldías.

No vamos a despedirlo con tristeza compas, aunque nos cueste. Javier fue un sobreviviente, y como tal aprendió a rehacer la alegría en la lucha. Lo encontraremos entonces en cada gesto digno de rebeldía. Cada vez que demos batallas por la vida, nuestro Quijote / Sancho Panza andará cerquita. Lo adivinaremos revoloteando en cada lucha. Lo sentiremos en los abrazos que nos faltan.

Claudia Korol

11/07/2015

Temas: Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades, Minería

Comentarios

22/07/2015
JAVIER RODRIGUEZ PARDO, por graciela
Bellìsimo, sentido y real homenaje a nuestro Quijote, de Claudia Korol, que comparto "hasta los tuètanos".
Dr Carrasco, Javier, pèrdidas muy valiosas, que nos dejan su heroico ejemplo, para ser sus herederos.