Contundente denuncia científica a las corporaciones de ultraprocesados
Nestlé, PepsiCo, Unilever, Coca-Cola, Danone, Femsa, Mondelez y Kraft Heinz. Son las principales corporaciones responsables de la «pandemia de enfermedades crónicas» relacionadas con la alimentación por el auge de los productos ultraprocesados. Lo afirma la prestigiosa revista científica The Lancet, en un paquete de tres publicaciones donde participaron más de cuarenta investigadores y que, con una contundente crítica, hace un llamado: «Es necesaria una respuesta global coordinada que confronte el poder corporativo».
Ultraprocesados: productos que enferman
Los productos ultraprocesados se caracterizan por ser formulaciones con diversos aditivos de origen industrial, con altas cantidades de azúcares, grasas y sodio. Ejemplos de estos productos son las frituras empaquetadas, snacks, pasteles y galletas industriales, productos lácteos saborizados, cereales refinados y bebidas azucaradas. Debido al riesgo que pueden representar para la salud de la población, muchos países proponen medidas para evitar su consumo a través de estrategias como el etiquetado de advertencia, la regulación de la publicidad y los impuestos saludables.
En este contexto, The Lancet publicó una serie de tres artículos sobre el mismo tema pero con ejes distintos y complementarios: «Alimentos ultraprocesados y salud humana» (Ultra-Processed Foods and Human Health), es el título formal de la serie.
Consiste en artículos en los que participaron más de 40 investigadores e investigadoras de una docena de países. El primero aborda el avance de los productos ultraprocesados y el impacto en la salud y el ambiente. El segundo precisa propuestas de intervención estatal para revertir la situación. Y el tercero se enfoca de lleno en el poder de las multinacionales de la alimentación. Se dio cuenta de un resumen de los tres papers en un webinar de Colansa.
Repleto de datos cualitativos y cuantitativos, una conclusión destacada es que en 92 estudios analizados se vincula el consumo de ultraprocesados con un mayor riesgo de contraer al menos doce enfermedades crónicas: obesidad, diabetes tipo 2, perjuicios cardiovasculares y mayor mortalidad prematura, entre otras.
Sobre el poder económico, la investigación precisa: entre 2009 y 2023, las ventas del mercado mundial de ultraprocesados crecieron de 1,5 billones a 1,9 billones de dólares, lideradas por un rápido crecimiento de las ventas en países de ingresos bajos y medios. Los países de origen de las principales empresas son Estados Unidos, Suiza, Reino Unido y Francia.
El poder empresario
La investigación detalla las estrategias políticas de las corporaciones: lobby-cabildeo, financiamiento político, infiltración gubernamental, litigio, promoción de modelos de gobernanza (favorables a las empresas), autorregulación, alianza con sociedad civil afín, enmarcar el debate social, desviar la culpa y fabricar dudas científicas.
«Hacia una acción global unificada sobre los alimentos ultraprocesados: comprender los determinantes comerciales, contrarrestar el poder corporativo y movilizar una respuesta de salud pública» (Towards unified global action on ultra-processed foods: understanding commercial determinants, countering corporate power, and mobilising a public health response), es el título del tercer artículo de la serie.
Un dato cuantitativo que muestra el poder corporativo: en 2024, Coca-Cola, PepsiCo y Mondelez gastaron un total combinado de 13.000 millones de dólares en publicidad, cuatro veces el presupuesto operativo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
«Para proteger las ganancias corporativas y asegurar que el crecimiento continúe, la industria de los ultraprocesados implementa un conjunto de estrategias políticas de refuerzo destinadas a contrarrestar la oposición y bloquear, debilitar o retrasar la regulación gubernamental», alertan los científicos y recuerdan que estas empresas siguen el manual de las industrias del tabaco, del alcohol y de los combustibles fósiles, todas actividades que concentran ganancias en pocas manos y tienen amplias consecuencias negativas para la mayor parte de la población mundial.
Una de las herramientas más eficaces que tiene la industria es crear coaliciones afines, desde agencias gubernamentales de apoyo, grupos de la sociedad civil, organizaciones profesionales y académicos. Se trata de una red global de influencia política de los grupos de interés corporativos en la industria de productos ultraprocesados.
«El principal obstáculo para el avance de las respuestas políticas reside en las actividades políticas corporativas de la industria, coordinadas transnacionalmente a través de una red global de grupos de fachada, iniciativas de múltiples partes interesadas y socios de investigación, para contrarrestar la oposición y bloquear la regulación», afirma la publicación.
El trabajo de The Lancet mapeó esos actores que se muestran como independientes pero son espacios de presión para los intereses empresarios. Identificaron 207 grupos en todo el mundo. Y precisan: ocho corporaciones son centrales para esa red de poder. Nestlé cuenta con 137 grupos, Coca-Cola 114, Unilever 106, PepsiCo 105, Danone 91, Mars 74, Mondelez 72 y Ferrero 69. La mayoría de los grupos tienen su base en las ciudades capitales de los principales mercados y están cerca de poderosos tomadores de decisiones en los gobiernos. Casi la mitad ubicada en Washington y Bruselas.
Además de las empresas citadas, otros actores mencionados son los fondos de inversión como BlackRock, Vanguard y State Street, que ocultan sus datos pero son fundamentales en el avance corporativo de la alimentación.
Maquillaje verde e interferencia corporativa
La investigación de The Lancet también llama la atención sobre cómo las corporaciones se visten de verde o se disfrazan de dialoguistas como mecanismo para obtener ganancias y ampliar la venta de ultraprocesados. «Las empresas inician acciones voluntarias e iniciativas de múltiples partes interesadas para proyectar una imagen pública responsable, legitimarse como socios de gobernanza y posicionarse como soluciones a los problemas que ellas mismas generan», explican los investigadores.
Las «iniciativas de múltiples partes interesadas» abordan cuestiones como la nutrición y la salud, los derechos humanos, el cambio climático, la agricultura regenerativa, la biodiversidad y los residuos plásticos. Todas estas cuestiones aparecen en los informes de responsabilidad social de las corporaciones (RSE). En 1974 había una sola de estas iniciativas globales corporativas. En 2023 llegaron a 45. A modo de ejemplo, Nestlé cuenta con su política global de «creación de valor compartido», Coca-Cola con «refrescar el mundo» y Mondelez con «comer bien en los snacks». Son políticas globales donde se muestran responsables y solidarias, pero en realidad son solo un engranaje más para sus negocios.
Los investigadores alertan que hubo un cambio grave de paradigma. Se pasó del papel central de los gobiernos y el derecho internacional en la regulación de la conducta corporativa a otra política, funcional a las empresas: la responsabilidad social corporativa (RSC) y los informes ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), que están ligadas a la autorregulación, las asociaciones y las iniciativas de «diálogo» de múltiples partes interesadas.
«Estas nuevas formas de gobernar han amplificado el poder corporativo en la gobernanza alimentaria global, planteando barreras clave para el avance de las respuestas políticas a los alimentos ultraprocesados», advierte el trabajo y denuncia: «Despolitizan los problemas alimentarios al involucrar a otros (empresas) en las negociaciones, lo que resulta en soluciones más débiles». A modo de ejemplo, precisa que las corporaciones logran así políticas para reformular sus productos, evitar restricciones de comercialización y mantener sus ganancias, a costa del impacto en la salud de la población. Otro claro ejemplo son las Cumbres de Sistemas Alimentarios de la ONU, donde se suele «silenciar el problema del poder corporativo».
La investigación, de 24 páginas y repleta de citas bibliográficas, alerta que la Responsabilidad Social Empresaria (RSE) es una forma de marketing que posiciona a la industria como parte de la solución a los daños relacionados con los ultraprocesados, en lugar de como parte integral del problema.
«Dichas iniciativas distraen de los daños ascendentes de las cadenas de suministro de ultraprocesados, incluido el desvío de recursos de la producción alimentaria principal, la deforestación para cultivar ingredientes básicos, las pérdidas de biodiversidad y la creciente crisis mundial de los plásticos», afirma The Lancet.
A modo de referencia del impacto negativo corporativo, PepsiCo tiene una huella agrícola negativa de tres millones de hectáreas; Nestlé mantiene una huella de carbono de casi el triple de la de su país de origen (Suiza); Coca-Cola, PepsiCo y Nestlé son las principales fuentes de contaminación plástica a nivel mundial.
Ciencia empresaria no es ciencia
The Lancet denuncia que, para fabricar dudas y minimizar las consecuencias de sus productos, las empresas de ultraprocesados influyen en la producción de «conocimiento» y del debate científico. «Los grupos de presión utilizan la investigación patrocinada por la industria para enmarcar argumentos de política, reforzados por relaciones cercanas con académicos, asociaciones profesionales, organismos de investigación gubernamentales y periodistas», señala.
La red de influencia científica global de las empresas es extensa: 3800 artículos publicados entre 2008 y 2023 que contaron con financiación o conflictos de intereses de las empresas de ultraprocesados. Estos «estudios» fueron escritos por más de 14.000 personas cercanas a corporaciones, universidades, gobiernos y grupos de la sociedad civil vinculadas a las corporaciones.
Estos grupos presentan argumentos que siembran dudas sobre el impacto de los ultraprocesados, exageran la incertidumbre científica, confunden el procesamiento y promueven las soluciones preferidas por la industria, por ejemplo la reformulación de productos (y no la restricción de comercialización).
Problema mundial, respuesta global
«Este problema de salud global puede definirse como la pandemia de enfermedades relacionadas con la dieta resultante del desplazamiento –impulsado por las corporaciones– de patrones dietéticos que hace tiempo comprendían alimentos diversos y mínimamente procesados, y comidas y platos preparados a partir de estos alimentos, por un patrón dietético ultraprocesado. En resumen, se trata del desplazamiento de los alimentos reales por productos ultraprocesados», afirma The Lancet.
Recuerda similitudes con el caso de la industria del tabaco, que por años negó el impacto en la salud, y luego se volcó a propuestas de reformulaciones de productos y restricciones superficiales. Los investigadores no dudan: «La respuesta de salud global debe confrontar directamente el poder económico y político de la industria de los ultraprocesados».
Los investigadores llaman a aprovechar esta oportunidad generacional para recuperar los sistemas alimentarios en pos de la salud, la equidad y la sostenibilidad. Señala como indispensable fortalecer economías alimentarias basadas en los derechos humanos, la soberanía alimentaria, la agroecología y la justicia. Insta a apoyar a las comunidades, agricultores y familias para que produzcan y accedan a alimentos diversos, culturalmente apropiados y mínimamente procesados, e integrar la política alimentaria en una gobernanza inclusiva y participativa. «Podemos alejarnos de los sistemas alimentarios extractivos y con fines de lucro, y avanzar hacia aquellos que nutran a las personas y al planeta», afirma.
The Lancet destaca como central que los gobiernos adopten políticas ancladas en la soberanía alimentaria, los principios agroecológicos, los derechos a la alimentación, la salud y los derechos de los niños y las niñas.
Fuente: Saludable Saberlo
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