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Autor Raquel Schrott y Ezequiel Miodownik - Agencia de Noticias Biodiversidadla Idioma Español Pais Argentina Publicado 11 noviembre 2010 11:35

"Mujeres, Naturaleza y Soberanía Alimentaria". Silvia Vidal sobre el feminismo y los recursos naturales

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La Fundación Ecosur y el Programa Argentina Sustentable (PAS) realizaron el 25 de octubre el taller Mujeres, Naturaleza y Soberanía Alimentaria: repensando nuestras prácticas desde perspectivas ecofeministas y de la economía del cuidado. Entrevista a Silvia Vidal (50), ingeniera agrónoma, investigadora en temas de género y ambiente de la Fundación Ecosur.

Por Raquel Schrott y Ezequiel Miodownik para la Agencia de Noticias Biodiversidadla.*

P: ¿Existe un derecho de género sobre el ambiente?

R: Yo diría que existe... Hay prácticas que hacen que la gestión del ambiente tenga un fuerte sesgo de género. La propiedad de la tierra, la forma de acceder a los recursos, por más que haya normativas, tienen una diferenciación que tiene su raíz en la división sexual del trabajo y en cómo han sido creadas las jerarquías desde el comienzo de la civilización.

P: ¿Encontrás alguna señal en los grupos de militantes autoconvocados y en el creciente número de organizaciones ambientalistas no regulares de la presencia de un incipiente movimiento ecofeminista en la Argentina?

R: Creo que hay una práctica de las mujeres al frente de la defensa ambiental, de la soberanía alimentaria, pero como un modo de defender la vida. El ecofeminismo es más una construcción teórica. Uno encuentra que existen prácticas; es como la ecología de los pobres para Martínez Alier. No hay un movimiento ecofeminista instalado en el país ni en América Latina.

P: ¿De qué manera el género diferencia nuestra relación con los recursos naturales?

R: Hay varias teorías... Los ecofeminismos surgen como una crítica al desarrollo occidental. Por ejemplo, Vandana Shiva, desde oriente, plantea que hay una relación especial entre las mujeres y la naturaleza por el hecho de que son dadoras de vida, por el hecho del amamantamiento. Hay otras posiciones que tienen que ver más con la división sexual del trabajo. Los intereses y las percepciones son distintos por el rol asignado a las mujeres y a los hombres, como también son distintos los impactos de las crisis ecológicas, climáticas y económicas. A mí me parece que no hay ninguna relación especial entre las mujeres y la naturaleza, pero lo que sí hay es un mandato de género vinculado con cómo se supone que las mujeres o los varones tienen que comportarse.

P: Conversando con distintas mujeres, nos ha tocado comprobar cómo su involucramiento en los conflictos ambientales se vincula con la necesidad de garantizar la sobrevivencia de sus familias y con ese sentimiento de responsabilidad por las futuras generaciones. ¿Qué casos actuales evidencian más claramente esta necesidad de participación?

R: Yo estoy en contacto el colectivo de mujeres La Verdecita, una propuesta fuerte hacia la soberanía alimentaria y en contra de la expansión de la soja y la contaminación por glifosato. También están preocupadas por el tema de la salud sexual reproductiva, por la violencia de género en todas sus formas. Por mi cercanía a ellas puedo encuadrar su práctica en el ecofeminismo. Me acuerdo de las mujeres del Mocase que están en Algarrobal Viejo, que se autodenominaron Madres del Monte y estuvieron casi tres años, con la ayuda de Greenpeace, yendo a pedir a la mujer del Presidente de la Nación que las ayudara, porque estaban avanzando proyectos de expansión sojera. El tema de las mujeres en Argentina, desde las Madres de Plaza de Mayo, ha sido siempre fuerte. Me acuerdo de las mujeres en lucha que, si bien con un corte más de agricultua capitalizada, defendían sus tierras de los remates. Esto se ha convertido en un movimiento de mujeres en lucha.

P: ¿La participación de las mujeres en estos espacios terminan alejándolas de los hombres?

R: A mí me parece que siempre suman... En las luchas por la sobrevivencia las mujeres no accionan mecanismos para satanizar al varón. Quieren la defensa de la naturaleza, de sus familias, de sus comunidades. La diferencia del ecofeminismo con otras ramas del feminismo es que justamente rompe las dualidades que están marcadas. El ecofeminismo tiene un sujeto más plural donde los hombres son considerados en igualdad de oportunidades.

P: Hablás del dominio de la mujer y la explotación de la naturaleza como el resultado de estructuras sociales jerárquicas y del activismo político como el conductor de un proceso de empoderamiento. Con ese poder acumulado, ¿ejercen las mujeres las mismas prácticas de dominación?

R: Hay un punto de identificación en la naturaleza, tratada de dominar como de someter por los modelos de desarrollo occidentales, y las mujeres, porque hay una cuestión patriarcal que considera a la mujer en un grado inferior. No hay un solo tipo de mujer como tampoco hay un solo tipo de hombre. Hay mujeres que a través del empoderamiento, que no es otra cosa que nivelar el campo de juego, pueden tener las mismas formas de ejercer poder que los hombres, hasta con las propias mujeres. Eso lo vemos en la práctica diaria; un poder que no suma. En realidad, lo que se quiere promover con el empoderamiento de las mujeres o de cualquier grupo subalterno es que tengan capacidades, autonomía, una voz propia para poder negociar en igualdad de oportunidades.

P: Y en torno a la alimentación actual, ¿qué rol ocupa la mujer? ¿Se produjo algún cambio en el papel del hombre respecto a la seguridad alimentaria?

R: Los temas de alimentación están muy definidos de acuerdo al mandato de género. Eso no quiere decir que en un proceso productivo no participen tanto hombres como mujeres. Si nos basamos en un sistema campesino vemos que hay una complementariedad o roles compartidos. Las mujeres trabajan en la conservación de la semilla, pueden conocer las utilidades de especies; los hombres, muchas veces, se encargan de tareas asociadas a la labranza, la venta en el mercado. Dentro de la misma cadena productiva hay roles diferenciados, salvo que estemos hablando de grandes producciones donde la escala y la tecnología asociada hagan que la mujer quede excluida. La incorporación de las mujeres al trabajo remunerado en zonas urbanas no ha sido correspondida con la cantidad de hombres que han pasado a realizar tareas de cuidado en la casa. La ayuda de los hombres, sobre todo en las generaciones más jóvenes, es un avance. El tema es que generalmente no pasa de ser una ayuda complementaria. Se está avanzando hacia una equidad, pero es un proceso lento.

* Raquel Schrott y Ezequiel Miodownik estudian el desarrollo de conflictos por los bienes naturales en Argentina y el potencial de Internet para la distribución de información dedicada.


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