Clima: raíces para aguantar la tormenta

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"No son tiempos fáciles, el vendaval viene fuerte, pero también dispersa las semillas. En medio del desastre, otra vez los más chicos, las y los de abajo nos dan fuerza y nos muestran el camino."

15 de diciembre 2015

Por Silvia Ribeiro

París, Francia – Mientras los gobiernos se reunían en un búnker en Le Bourget, aislados de la gente y rodeados de policías, para terminar anunciando un acuerdo desastroso que nos garantiza que el cambio climático irá en aumento, miles de personas de movimientos sociales y organizaciones de base de las cuatro esquinas del mundo desafiaron el temor y las medidas de “seguridad”, para manifestarse de formas creativas, burlando la censura y la represión de las protestas. Y pese a la terrible realidad en París, al caos del mundo mundial, pese a otra ronda de perversidades en las negociaciones oficiales –o quizá por todo esto– también se reunieron para festejar el encuentro de miradas y experiencias, la solidaridad de las resistencias desde abajo.

Fueron dos semanas de contrastes, entre las negociaciones oficiales de la 21ª. conferencia del Convenio de ONU sobre cambio climático (COP21) que cerró en París el 12 de diciembre, y las muchas iniciativas populares que se auto-convocaron para la cumbre climática de los pueblos que se extendió por varias partes de la ciudad, tocando base en Montreuil, suburbio de París y luego haciendo eje en el Centquatre, un centro cultural público recuperado en una zona de migrantes, convertido en Zona de Acción del Clima, con talleres, debates, teatro, música, coordinado por la Coalición Clima 21, compuesta por organizaciones de todo el mundo.

Dentro de la conferencia oficial ¬–que fue más cerrada que nunca, en su mayor parte no se permitió ni la observación de la sociedad civil– cada día salían nuevas máscaras para ocultar la realidad, se anunciaban nuevas vías de escape y conceptos cada vez más abstractos y falsos (como “cero emisiones netas”, “balance entre emisiones y absorción”), todo para que nada cambie, para seguir manteniendo los privilegios y ganancias de las grandes empresas que provocan el cambio climático y los abusos de los gobiernos que las protegen. En el espectáculo de cierre, la mayoría de gobiernos se congratuló y se aplaudió ante las cámaras como si fuera un partido de fútbol. Claro que no se trata de informar sino de entretener. Los grandes medios se dedicaron a confundir más a la gente, diciendo que se había logrando un “acuerdo histórico” y que estamos en camino a enfrentar el cambio climático. Las ONG que se arrogan la representación de la sociedad siendo cáscaras vacías pero con mucho dinero –como Avaaz– y las que son coberturas de las empresas, como WWF y otras, también le hicieron el juego a las mentiras oficiales, diciendo que se ha tomado un gran paso.

De cierta forma es verdad: en la COP 21 los gobiernos dieron un paso adelante, pero como estábamos al borde del abismo, ahora vamos en caída libre. Nos quieren hacer creer que se proponen limitar el aumento de temperatura global a 1,5 grados (máximo tolerable, pero igual con impactos) pero es sólo declarativo, porque la suma de los planes reales presentados por cada gobierno a la Convención, garantizan que habrá un aumento catastrófico de más de 3 grados, mucho antes de fin de siglo.

Maureen Santos

El Acuerdo de París, con su “balance entre emisiones y absorción de gases” en lugar de reducciones reales, legalizó el aumento de emisiones de gases que provocan el cambio climático, al tiempo que aseguraron el negocio de las petroleras para cobrar créditos de carbono por “secuestrar y enterrar” el dióxido de carbono con técnicas de geoingeniería como almacenamiento y captura de carbono (CCS y BECCS por sus siglas en inglés), que además son para extraer aún más petróleo. Aumentaron también el apoyo a programas que despojan a las comunidades de sus bosques, como REDD+ y sentaron bases para que suelos y agricultura sean parte de los mercados de carbono.

“Se necesitan raíces para aguantar la tormenta”, dijeron los representantes de los movimientos de migrantes latinos y asiáticos, de comunidades afroamericanas, de indígenas, de organizaciones barriales, de trabajadores e indocumentados en Estados Unidos, que se convocaron en la plataforma It takes roots to weather the storm para llegar a París a encontrarse con sus iguales. Cindy Wiesner, latina, feminista, activista y coordinadora de la Alianza por la Justicia Global desde las Bases (Grassroots Global Justice Alliance) expresa: “En nuestra delegación hay jóvenes de Alaska, cuya comunidad podría ser evacuada en los próximos diez años, debido al aumento de nivel de mar. Hay madres e hijos que viven a lo largo de los pozos de fracking (gas de esquisto), de las minas de carbón, de las refinerías de petróleo y están enfermos. No tenemos tiempo ni podemos darnos el lujo de aceptar la trampa de que la contaminación y el cambio climático se van a resolver con mercados de carbono y falsas “soluciones” tecnológicas. El movimiento contra el cambio climático en todo el mundo está creciendo en este sentido, porque nuestra sobrevivencia requiere del liderazgo y estrategias que sólo pueden venir desde abajo, desde las bases organizadas.” La Vía Campesina, coincide “El caos climático es grave, amenaza la vida campesina, la alimentación de todos y la soberanía alimentaria, pero los gobiernos sólo proponen empeorar la situación con nuevas formas de despojo de tierra y bosques. Los y las campesinas tenemos soluciones reales: las agroecologías campesinas, las formas de producción y consumo local, descentralizadas y diversas que ya alimentan a la mayoría de la gente y enfrían al planeta. Vamos a seguir, resistiendo y sembrando al mismo tiempo.”

No son tiempos fáciles, el vendaval viene fuerte, pero también dispersa las semillas. En medio del desastre, otra vez los más chicos, las y los de abajo nos dan fuerza y nos muestran el camino.

Fuente: Desinformémonos

Temas: Crisis climática

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