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Autor Cédric Durand Idioma Español Pais Europa Publicado 15 octubre 2015 11:30

Injusticias climáticas: Lo que esta en juego en la COP21 - Entrevista a Julien Rivoire

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La coalición Climat 21 y los objetivos de las movilizaciones. Rivoire nos descifra lo que está en juego y los desafíos que la cuestión del clima presenta a la izquierda y a los movimientos sociales.

10/10/2015

A dos meses de la conferencia sobre el clima, Cédric Durand ha entrevistado para Contretemps-web a Julien Rivoire, responsable sindical de la FSU y uno de los animadores de la coalición Climat 21 (1) que coordina las movilizaciones que se están preparando ante la Cumbre COP21 en París. J. Rivoire nos descifra lo que está en juego y los desafíos que la cuestión del clima presenta a la izquierda y a los movimientos sociales.

Contretemps. Del 30 de noviembre al 11 de diciembre próximos, el gobierno francés hospedará en París la veintiunava Conferencia de los miembros de la Convención-marco de Naciones Unidas sobre el cambio climático de 2015 (2), con el objetivo de conseguir “un acuerdo universal sobre el clima”. Como se sitúa este objetivo con relación a la evolución del cambio climático? En que configuración geopolítica se inscribe?

Julien Rivoire – La expresión “acuerdo universal” es un simple recurso comunicativo destinado a enmascarar la vacuidad de las negociaciones en curso. La realidad es que los dirigentes políticos y económicos mundiales no están a la altura de lo que es sin duda el mayor desafío de nuestra época ; por falta de valentía y de visión se pierde un tiempo precioso aplazando al máximo una reestructuración ineluctable de nuestras economías. Sin embargo las medidas a tomar son conocidas: limitar drásticamente las extracciones de hidrocarburos, realizar inversiones públicas masivas en ahorro energético y en energías renovables y, last but not least, lanzar un programa de creación de empleos movilizando inmediatamente todas las energías disponibles para limitar nuestro consumo de energía y reorganizar nuestras formas de producción y de consumo.

En el marco de las negociaciones multilaterales, un acuerdo que responda at mínimum a lo que preconizaba el último informe del GIEC debería contener tres elementos: en primer lugar, la definición de objetivos de reducción de emisiones adjunta a los compromisos sobre las modalidades de la transición energética; en segundo lugar, medidas de compensación y de apoyo financiero a favor de los países más afectados y, en tercer lugar, un marco de seguimiento de la realización de los acuerdos. Al final, el texto que se someterá a discusión en diciembre tratará sobre todo del tercer componente, mientras que para los otros dos se contentarán con tomar nota de las declaraciones de intención de los Estados. El punto clave es el rechazo a establecer un mecanismo jurídico que obligue a cumplir los compromisos. Por lo tanto el proceso de la ONU se inspira en un espíritu liberal: la creencia en “la sana emulación” entre Estados y el recurso a los mecanismos de mercado para esperar reencontrar el equilibrio climático. (3)

El objetivo principal es evidentemente conseguir una reducción de emisiones que permita limitar el aumento de la temperatura a 2°C en el horizonte 2100. Para conseguirlo sabemos que habría que dejar en el subsuelo casi el 80% de los recursos fósiles conocidos. Esto implica una acción inmediata y decidida a favor de la sobriedad energética y la reconversión de nuestros sistemas energéticos hacia los recursos renovables. Pero el proceso de la COP se estrella contra el peso de los lobbies y la lógica liberal, impidiendo que la humanidad se comprometa decididamente en esta vía. Por ejemplo, en el texto actual, el principio escogido es el de la descarbonización de la economía en el horizonte 2050, lo que equivale a un saldo cero de emisión de gas con efecto invernadero (GES): la huida hacia adelante en la producción de energía fósil sería posible si las emisiones de GES se capturaran. Es pues comprensible que las multinacionales del sector hagan la promoción del “carbón limpio”, amparándose en la ilusión tecnológica para evitar que se ponga en entredicho su fuente de beneficio. Aparte de que estas técnicas inciertas no van a suprimir más que una ínfima parte de las emisiones de gas con efecto invernadero, se necesitarían inversiones colosales en detrimento del desarrollo de las energías renovables. ¡Otro problema, lo que se negocia no son los compromisos de cada país! Cada Estado declara separadamente sus objetivos en el transcurso del año 2015 y la COP no hará más que ratificar esta cantidad. En vista de los objetivos publicados nos situamos en una trayectoria de aumento de 3,5 a 4° de las temperaturas desde ahora hasta el fin del siglo, muy lejos del límite de 2°C de calentamiento que permitiría limitar la magnitud de las destrucciones esperadas a causa del cambio climático.

A partir de la cumbre de la Tierra de Río de 1992, la responsabilidad histórica de los países ricos por las emisiones de GES – y en consecuencia por los desajustes climáticos - está reconocida a través del principio de responsabilidad común pero diferenciada. Esta conquista del proceso de negociación onusiano tiene como consecuencia que los países ricos deben asumir un esfuerzo más importante en el proceso de ajuste en curso, tanto en términos de reducción de emisiones que de financiación de la adaptación en provecho de los países más pobres, que son también los más expuestos. Esta lógica es la que llevó a la decisión de Copenhague, en 2009, de constituir un fondo verde cuyo objetivo es, por una parte, hacer frente a las consecuencias del desajuste climático y, por otra, permitirles “saltarse la etapa carbono” del desarrollo económico, pasando directamente a las energías renovables. Este fondo debe ser financiado por los países ricos a la altura de 100 mil millones por año en el horizonte 2020. En la etapa actual solamente 1/10 de los recursos necesarios han sido movilizados…

El tercer eje de la negociación concierne a la efectividad, la transparencia y la comparabilidad de los progresos realizados por el conjunto de países. Se trata de encontrar un acuerdo sobre los mecanismos de seguimiento de los compromisos: la misma fecha de partida para medir las bajas de GES, por ejemplo, o un acuerdo sobre las unidades de medida. También se trata de elaborar un mecanismo de “revisión” indicando el ritmo de estudios de estos compromisos. Vista la debilidad de las contribuciones y de los esfuerzos anunciados por los Estados, las organizaciones de la sociedad civil quieren que se integre en el texto el principio de “ciclos de compromisos” que permitiría que cada 4 o 5 años los Estados se reencontraran alrededor de la mesa para negociar nuevos objetivos con un “efecto cliquet” (Que impide la vuelta atrás de un proceso una vez alcanzado un cierto estadio) que no permitiría más que revisiones al alza de los compromisos precedentes. Pero parece que incluso esta propuesta puede ser refutada por un cierto número de Estados (entre otros Estados Unidos y la China, de entre los mayores contaminantes) que refutan cualquier dimensión constrictiva del acuerdo.

Finalmente, existe el peligro de que esta 21ª. Conferencia onusiana sobre el clima resulte insignificante cuando precisamente tenemos necesidad de un acuerdo multilateral ambicioso. La alternativa no reside únicamente en avances que se impondrían a algunos países. Todavía menos en “acuerdos bilaterales”, a imagen del concluido entre la China y los Estados Unidos en noviembre 2014. Los países más pobres serían los primeros perjudicados. Por ejemplo, aunque actualmente el fondo verde no está ni mucho menos a la altura, un mecanismo de transferencia de los países más ricos a los más pobres es esencial para estos últimos. Sin embargo, un fondo de este tipo solamente puede establecerse en un marco multilateral.

CTPS. Tu formas parte del equipo animador de la coalición climat 21 que agrupa a varios movimientos sociales y organismos no gubernamentales. Puedes describirnos esta coalición y sus objetivos y explicarnos también los debates que tienen lugar en ella?

La coalición Clima 21 agrupa actualmente a más de 140 organizaciones: asociaciones u ONGs medioambientales, movimientos sociales y altermundialistas, sindicatos, asociaciones de solidaridad Norte/Sur y movimientos de educación popular se encuentran para construir conjuntamente la movilización. Esta convergencia entre movimientos con historias, culturas y preocupaciones tan distintas no es obvia sino que es el fruto de una historia común reciente.

Las movilizaciones sobre cuestiones climáticas – cadenas humanas, campos climáticos, cumbres alternativas, etc. – se han multiplicado en los dos últimos decenios, aunque sin alcanzar niveles masivos. La Haya, en el 2000 y luego Copenhague, donde 100.000 manifestantes desfilaron en 2009 con ocasión de la COP, se encuentran entre los acontecimientos más importantes en términos del número de manifestantes. Pero a pesar de esta masificación del movimiento por la justicia climática y de la fuerza de algunas luchas emblemáticas, como la llevada a cabo contra el aeropuerto de Notre Dame des Landes, el movimiento todavía no ha conseguido desarrollarse al mismo ritmo que la toma de consciencia de la importancia de los desafíos climáticos.

Las movilizaciones de los años 2000 se estructuraron alrededor de dos redes principales. El primero, una gran coalición internacional de organizaciones medioambientales, Climate Action Network (CAN) que agrupa casi 350 ONGs (entre las cuales Greenpeace o Oxfam por ejemplo) y cuya antena en Francia es el Réseau Action Climat (RAC). La segunda coalición, más radical, es Climate justice network (CJN), en la que participan Attac o los Amis de la Terre. Esta última tuvo, en particular, la iniciativa de Klimaforum y de las acciones directas no- violentas en Copenhague.

Las divergencias entre estos movimientos por aquel entonces cristalizaron en tres niveles. A nivel estratégico, el CAN apostaba por el trabajo de lobbying con el objetivo de convencer a los gobiernos y se concentraba en la organización de la movilización en el recinto de la negociación. El CJN, aunque acreditada en parte por Naciones Unidas y presente, por lo tanto, en el recinto de la negociación, desarrolló preferentemente una estrategia de movilización en la calle, en el exterior de la COP. El segundo escollo era programático : las soluciones defendidas por estas dos coaliciones difieren en el distinto análisis del lazo existente entre las cuestiones climáticas y el sistema capitalista mundializado. Para las organizaciones del CAN, puesto que la prioridad consistía en la cuestión climática, se trataba de defender soluciones integrables de inmediato en el sistema, tales como los mecanismos del mercado del carbono. Para CJN, las respuestas a aportar al desajuste climático necesitaban un cambio radical del sistema (de ahí el eslogan « System change, Not climate change »). El tercer nivel de distinción era geoestratégico. Cada coalición tenia sus aliados dentro del recinto. El CAN dibujaba la línea de fractura pertinente entre la Unión Europea y sus aliados, pensado que podrían aportar “soluciones verdes” compatibles con el sistema, en oposición a los Estados Unidos y la China que representaban las fuerzas conservadoras. Para CJN, los países implicados en la revolución bolivariana, especialmente Bolivia y Ecuador, parecían representar un movimiento portador de soluciones de ruptura con el neoliberalismo y el desarrollo productivista.

Sin embargo, la falta de progreso substancial en Copenhague ha modificado las líneas y ha permitido una convergencia entre estas dos grandes redes. El año 2014 lo ha confirmado: desde New York, en Septiembre, pasando por Perú (COP 20) hasta el seno de la coalición francesa Climat 21, las coaliciones nacionales agrupan cada vez al conjunto de estos actores y acogen otros nuevos, especialmente con la presencia de organizaciones sindicales y la implicación en las coordinaciones internacionales de la Confederación Sindical Internacional (CSI). Las causas de este acercamiento y de esta ampliación son dobles. Por una parte, los Estados-aliados han decepcionado y ello por dos lados. Las posiciones de Venezuela, Bolivia o Ecuador han cambiado, especialmente con el desarrollo de proyectos extractivistas y la UE, vistas sus posiciones actuales y la insuficiencia de sus compromisos, ya no puede ofrecer la ilusión de ser la fuerza progresista sobre la cuestión climática capaz de arrastrar a los demás. De esta doble decepción se deriva una conclusión común. Sin movilización social no será posible ningún avance significativo. Resumiendo, esta convergencia es fruto de los fracasos de cada uno. Por supuesto no excluye matices en los métodos de acción ni la persistencia de algunas de ellas en una acción de presión en el seno de las negociaciones . Pero todas ellas coinciden en el carácter decisivo de una movilización social para construir una relación de fuerza.

Este acercamiento entre las dos redes se traduce actualmente en una voluntad de construir una combatividad común para 2015 y más allá, alrededor de tres ideas: 1/ las soluciones no viene solamente “de arriba” y existen alternativas, algunas de ellas ya están en marcha lideradas por movimientos locales. No se trata, por lo tanto, de esperar a que los Estados se dignen hacerse cargo de sus responsabilidades para actuar. En Francia es actualmente la dinámica Alternatiba(4) quien cataliza esta idea; 2/ El cambio climático no cae del cielo, hay responsables que son las multinacionales y los Estados. Apuntar a los culpables tiene un doble efecto positivo: el discurso fatalista no es válido puesto que las causas están identificadas, con lo que el movimiento se dota de “blancos” comunes; 3/ se está de acuerdo a partir de ahora en que la movilización no se terminará con la cop21. Es una de las conquistas, desgraciadamente, de los fracasos repetidos de las distintas COP y de la desilusión de los movimientos más implicados en este proceso onusiano.

Estas convergencias son extremadamente importantes ya que permiten la impulsión de amplias movilizaciones. Evidentemente, tampoco excluyen desacuerdos sobre la necesidad o no de un cambio radical del sistema para responder a la crisis climática y, derivado de ello, matices más o menos fuertes respecto a soluciones de mercado.

CTPS. La movilización que se prepara se anuncia masiva. Se considera la perspectiva de una gran manifestación de centenares de miles de personas y de acciones de desobediencia masiva. Qué etapas van a marcar la preparación de esta marcha? Hay otras iniciativas previstas durante la conferencia?

Centenares de movimientos a través del mundo llaman a tomar la calle en las capitales y grandes ciudades del mundo en la víspera de la apertura oficial de la COP. Se trata de apuntar a las responsabilidades de los políticos nacionales y de no dejarse engañar por las declaraciones de buenas intenciones que no van a faltar durante la cumbre. Un acuerdo internacional, por poco ambicioso que sea, se convertiría en totalmente insuficiente si no se transforma en acciones concretas en las políticas nacionales. Las iniciativas que se organizan el fin de semana del 28 y29 de Noviembre tienen pues por objetivo recordar a cada uno de los gobiernos sus propias responsabilidades. Habrá una gran manifestación en Paris así como en las grandes metrópolis. Se trata, como el 15 de Febrero del 2003 con el movimiento anti-guerra, de un acontecimiento en el que centenares de miles de hombres y mujeres manifiestan su cólera en un gran número de ciudades ante los responsables de los desajustes climáticos, de que tomen consciencia con esta ocasión de su fuerza local y global y que a continuación se apoyen en este éxito para construir un movimiento perenne.

Varias iniciativas van a marcar esta marcha mundial por el clima durante los meses precedentes. (5) En Francia varias decenas de miles de personas se han reunido en Paris con ocasión de un Alternatiba los días 26 y27 de Septiembre. A principios de Octubre tiene lugar una reunión de convergencia de redes internacionales. También circula una llamada a movilizaciones en las universidades el 14 de Octubre. Pero más allá de las iniciativas propias a la cuestión climática, el desafío a ganar es el de ser capaz de articular esta cuestión con otras movilizaciones: con las marchas europeas contra la austeridad a mediados de Octubre que convergerán en Bruselas con ocasión de la cumbre de la UE del 12 al 17, en el seno de la campaña stop-tafta, en nuestras reivindicaciones para luchar contra el desempleo creando los empleos climáticos necesarios a la transición, etc…

En diciembre la movilización no se limitará a una gran manifestación. Durante el fin de semana del 5 y 6 de Diciembre se dispondrán en Montreuil espacios para debates, preparación de acciones y una aldea mundial de alternativas. La semana siguiente habrá en el 104 de París una Zona de Acción Climática (la ZAC). Este espacio estará dedicado tanto al gran público, especialmente durante el día, como a los militantes internacionales que se reunirán al final de la jornada para celebrar asambleas cotidianas, examinar el estado de las negociaciones en el Bourget y también las acciones organizadas en el transcurso de la semana. El 12 de Diciembre finalizaremos conjuntamente con una jornada de acciones y de concentración por la justicia climática, a fin de encarnar en la acción la doble dimensión de resistencia y de alternativas del movimiento naciente: nuestra resistencia común frente a los responsables y parásitos de un sistema inicuo y climaticida, nuestra capacidad de construir un deseo de transformación social y de dar vida a nuestras utopías.

CTPS. El dinamismo de esta movilización contrasta fuertemente con una relativa atonía de las luchas sociales en el hexágono desde hace ya bastantes años. Como explica este contraste? Existen tentativas de ancorar este combate ecologista en la crisis social y política actual y, en particular, integrar de manera sistemática la critica de la injusticia climática con las exigencias de justicia social, las luchas contra las discriminaciones espacio-raciales o también la denuncia de las relaciones neocoloniales de los intercambios ecológicos desiguales?

El dinamismo actual concierne en primer lugar a la convergencia, positiva, de las organizaciones, de las redes militantes y de las luchas. La diversidad de las organizaciones miembros de la coalición Climat 21, la dinámica alrededor de Alternatiba o la llamada de las ZAD a converger en París son indicadores del movimiento en marcha. Pero de momento es demasiado pronto para afirmar que la movilización de Diciembre permitirá volver a empezar en un contexto social y político francés siniestro, o que a escala mundial el movimiento por la justicia climática será capaz de hacer revivir la esperanza “de otros mundos posibles”. De momento debemos dedicarnos a amplificar estas premisas, trabajar para que la movilización se extienda en amplias capas de nuestras sociedades y que el movimiento cristalice durablemente, más allá de las cumbres internacionales, que construya su propia agenda y se inserte dentro de las problemáticas territoriales, a escala nacional para orientar las políticas públicas, a escala más local para suscitar alternativas concretas u oponerse a proyectos inútiles. El tiempo de la COP21 de Diciembre en París debe por lo tanto aprovecharse como una ocasión para profundizar estos movimientos de convergencias y de ampliación. Pero no es más que una etapa. Para imaginar una continuación se necesita el éxito de la movilización de Diciembre, sin sembrar ilusiones: la cuestión climática no va a resolverse con la COP21 cualquiera que sea la magnitud de la movilización. Para que esta movilización no sea un fuego efímero hay que profundizar en las cuestiones de orientaciones estratégicas y reivindicativas.

Cuando la manifestación de New York en Septiembre del año pasado uno de los eslóganes era “Para cambiarlo todo necesitamos a todo el mundo”. “Cambiarlo todo” lleva positivamente en germen la necesidad de una transformación social radical, de nuestros modos de producción y de consumo. Pero el segundo término del eslogan juega con la ilusión de una comunidad de intereses para lograr este cambio. Ya que, frente a la cuestión climática, se juega una nueva gama de enfrentamientos socio-políticos. Los efectos de los desajustes climáticos conllevan nuevas desigualdades, como nos lo ha mostrado el huracán Katrina en 2005 con sus consecuencias dramáticas para las poblaciones afro-americanas en Nueva Orleans. Las responsabilidades son también muy distintas entre los países del Norte y los del Sur: la huella ecológica media de los países de la zona euro es más de dos veces superior a la media mundial y más de 5 veces la de la media de los países del continente africano. Pero esta comparación esconde las desigualdades en el mismo seno de los países del Norte. Un estudio del 2008 realizado en Canadá, pone de relieve que el impacto medioambiental del 10% de los más ricos es 2,5 veces más importante que el del 10% de los más pobres . Un estudio científico publicado en Enero 2014 en la revista Climatic Change señala el hecho de que a escala mundial, 90 multinacionales, mayoritariamente en el sector de las energías fósiles, originan los dos tercios de las emisiones de gas con efecto invernadero. (6)

Hay enfrentamiento porque hay crimen climático. Este crimen beneficia a las multinacionales y al 1% de ricachones denunciados por Occupy Wall Street. Las víctimas son en primer lugar los más pobres. En los países del Sur son ya más de 300.000 los que han perdido la vida a causa de los desajustes climáticos, hasta el 2030 serán 100 millones si las emisiones no se reducen drásticamente. El numero de desplazados climáticos en 2014 ha sobrepasado el de los relacionados con las guerras. En los países del Norte la polución afecta en primer lugar a los pobres. Las clases populares y las poblaciones afectadas por el racismo viven con frecuencia en los barrios más afectados por la contaminación, especialmente industrial. También están más afectadas en términos de mortalidad: en París, el riesgo de muerte en los picos de polución es 3,5 veces más importante entre las clases populares.

La cuestión de las injusticias climáticas debe convertirse en estructurante, tanto en nuestros análisis como para construir reivindicaciones capaces de tejer los lazos con las luchas sociales de los asalariados y de las poblaciones afectadas por el racismo. Ello implica romper con el discurso mayoritario que diluye las responsabilidades y las relaciones de dominio. Ciertamente todos tenemos una dosis de responsabilidad, especialmente en el Norte, donde las formas de vida dominantes son insostenibles. Cuando utilizamos nuestro automóvil en vez del transporte publico, con nuestro despilfarro, con nuestra relación desenfrenada con el consumo, contribuimos a las emisiones de gas con efecto invernadero. Pero esta responsabilidad común está muy diferenciada socialmente. Si bien es cierto que todos estamos “en el mismo barco” hay unos que están al mando, que se aprovechan de las ventajas del puente de mando mientras que otros están en el fondo de las bodegas haciendo funcionar las turbinas. Como pretender que en nuestras sociedades, en que los derechos están repartidos de forma tan desigual, el ir directos al desastre se trata de una responsabilidad común? Del mismo modo, si bien las consecuencias afectaran a “todo el mundo”, cuando el barco se hunde no todos tienen el mismo acceso a las vías de salvamento!

No se trata en absoluto de eliminar de un manotazo la necesidad de una responsabilidad individual que puede ser un primer paso hacia la acción. Los “gestos eco” y las acciones concretas a nuestra escala forman parte de nuestra concienciación individual y colectiva, construyen nuestra coherencia entre la fin de nuestras utopías y los medios para nuestras reivindicaciones inmediatas y visibilizan y hacen pensar lo que podría ser una sociedad post-transición . Pero debemos trabajar esta mediación entre la concienciación individual y la acción colectiva, entre la acción sobre el medioambiente inmediato y la construcción de una relación de fuerza que imponga alternativas sistémicas. Alternativas que respondan a las necesidades sociales y medioambientales, para la accesibilidad y el desarrollo de los bienes comunes en que deben convertirse la energía y los recursos naturales, para la creación de empleos para todos, el desarrollo de servicios públicos… Alternativas que son incompatibles con un sistema capitalista en el que el beneficio es la brújula y el mercado libre la norma.

La asunción de este enfrentamiento implica que a partir del movimiento contra el desajuste climático perdure un movimiento contra sus causas y sus responsables. Hacer que de los dos acontecimientos sobre el clima en París, el de los gobernantes y el nuestro, el primer recuerdo sea para el que preconiza una lucha real contra el desajuste climático y que defiende la idea de una verdadera justicia sobre esta cuestión.

Notas:

[1] http://coalitionclimat21.org

[2] http://www.cop21.gouv.fr/fr

[3] Attac, Le climat est notre affaire, Paris, Ed. Les Liens qui libèrent, 2015.

[4] https://alternatiba.eu

[5] http://coalitionclimat21.org

[6] Carbon Majors Project, 2013: carbonmajors.org

Julien Rivoire, responsable sindical de la FSU y uno de los animadores de la coalición Climat 21 que coordina las movilizaciones que se están preparando ante la Cumbre COP21 en París.

Fuente: http://www.europe-solidaire.org/...

Traducción: Anna Maria Garriga Tarré

Publicado por Sin Permiso


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